OIT Cinterfor/OITCinterfor

 

 
English

Búsqueda avanzada
SID

Jóvenes,  formación y  empleo

 

  Novedades
  Sobre este sitio
  Observatorio de experiencias

Documentos y publicaciones
Emprendimiento juvenil
   Evaluación de impacto
  Jóvenes en el medio rural
Juventud y género
Jóvenes y sindicatos
  Legislación
  Eventos
  Enlaces
  Mapa del sitio
Página principal


 Coloque su dirección de correo electrónico para recibir las novedades del sitio.

Enviar la página a un amigo

 

Fecha de actualización:
10/11/2008

 

 

 

O DESEMPREGO DOS JOVENS

José Pastore

 

La alta tasa de desocupación de los jóvenes brasileros es un grave problema. Esto desilusiona a la juventud y desespera a las familias.

En tanto el desempleo general está en el entorno del 10,5%, que es muy elevado, el desempleo de los jóvenes de entre 18 y 24 años alcanza el 22%. Cerca de 4 millones de jóvenes están desocupados, o sea, el 45% del total. Entre estos, están los que buscan empleo por primera vez y los que, habiendo estado empleados, buscan volver al mercado de trabajo, que son la mayoría.

Hubo un tiempo en que el desempleo alcanzaba apenas a los que tenían menos educación. Hoy es diferente. La mayor parte de los jóvenes que han completado el curso medio consigue solamente empleo cuando aceptan trabajos de un nivel más bajo. Lo mismo ocurre con los que tienen diplomas en la enseñanza superior. Esto lleva a muchos jóvenes a preguntar: ¿para qué sirve la educación, si ella no facilita el empleo?

El desajuste entre educación y empleo sucede por el hecho de que el Brasil ha avanzado un poco más en el área de la enseñanza que en el área del empleo. En 1995, el Brasil formó cerca de 1 millón de personas en los cursos de nivel medio. En 2004, formó 2 millones. A pesar de que es irrisorio para el tamaño del Brasil, el número se duplicó. Pero las vacantes no se duplicaron.

En verdad, los empleados públicos y privados pasaron a sacar provecho de este desequilibrio. Las exigencias en el reclutamiento aumentaron de forma significativa y hasta exagerada. Hay alcaldías, por ejemplo, que exigen tener el curso medio completo para la inscripción en concursos para "servicios generales", que incluyen barrenderos, personal de limpieza y trabajadores manuales.

Pero que quede bien claro: no es que sobre educación, lo que falta es el empleo. La solución está en crear más empleos, y no en reducir la educación.

El desempleo de los jóvenes transcurre también por la dinámica de las empresas. Cuando la economía se "enfría", la primera reacción del empresario es parar de contratar. El "congelamiento de las dimisiones" atañe de lleno a los jóvenes, porque son los que tienen menos experiencia. Persistiendo la recesión, la segunda medida es despedir a los que tienen poco tiempo en la empresa, los menos estratégicos y los de menor experiencia -lo que, nuevamente, recae sobre los jóvenes.

Cuando la economía comienza a "animarse", la primera reacción de los empresarios es buscar trabajadores de mayor experiencia, lo que "alija" a los jóvenes. Si la recuperación de las actividades se muestra sustentable, ahí sí comienza el reclutamiento de jóvenes, buscando, de entre ellos, los más educados -aunque sea para ejecutar tareas que no exigen tanta educación.

Para compensar esa dinámica perversa, muchos países estimulan a las empresas a admitir jóvenes con base en los "contratos de formación". Este expediente permite a las empresas contratar estudiantes o recién formados (niveles medio y superior), con un gasto menor y menos burocracia y por un tiempo determinado, que varía de uno a dos años. Para la empresa es bueno porque es más simple y menos oneroso. Para el joven es bueno porque pasa a "comprar experiencia" mientras está trabajando.

Infelizmente, las leyes brasileras no dan esa chance para los jóvenes. La Constitución federal y la CLT establecen los mismos pisos y los mismos gastos para contratar trabajadores de todas las edades, con poca o mucha experiencia. Esto es una complicación más.

Entre nosotros, no existen los contratos de formación. Es una pena. Recordemos que la gran mayoría de los jóvenes comienza a trabajar en pequeñas y micro empresas. El mayor miedo de los empresarios de estos segmentos es el de no tener recursos para despedir un empleado contratado formalmente. La indemnización de despido sin causa justa es del 50% del saldo del FGTS. Además de eso, la empresa tiene que recoger 8,5% al mes, inclusive sobre el 13° sueldo -que da más de un salario por año. Y finalmente, tiene que acometer con los gastos de aviso previo que, en la mayor parte de los casos, es pagado en plata contante y sonante. Para pequeños y micro empresarios, tales gastos son tan altos que justifican el miedo.

La falta de "contratos de formación" perjudica mucho a los jóvenes. Se trata de un expediente que podría ser aprobado por el gobierno para estimular el empleo de la juventud. Abrir oportunidades de trabajo es fundamental para mantener el entusiasmo y el idealismo de los jóvenes. Al final, ellos son nuestro más preciado capital y forman el semillero de líderes que van a dirigir la Nación. Es eso mismo: los jóvenes son una solución, y no un problema. Desilusionarlos en el presente es comprometer el futuro. Eso precisa cambiar.

 

Fuente: O Estado de S.Paulo, martes, 8 de agosto de 2006
Traducción libre

 

Centro Interamericano para el Desarrollo del Conocimiento en la Formación Profesional (OIT/Cinterfor)
Avda. Uruguay 1238 - Montevideo - Uruguay - Tel: (5982) 908 6023 - 902 0557 - 908 0545 - Fax: (5982) 902 1305
  webmaster@cinterfor.org.uy

Copyright © 1996-2008 Organización Internacional del Trabajo (OIT) - Descargo de responsabilidad