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Fecha de actualización:
10/11/2008

 

 
 

POLÍTICAS DE JUVENTUD EN AMÉRICA LATINA:

EVALUACIÓN Y DISEÑO

INFORME DE VENEZUELA

 

Prefacio

 

I. Aspectos metodológicos

 

II. La juventud venezolana.  Inserción e incertidumbre

 

III. Aspectos sociodemográficos

 

IV. El problema educativo.   Matrícula, segmentación y expectativas

 

V. El bloqueo laboral.  Exclusión y precarización

 

VI. La desintegración familiar.  Hogar, pareja y procreación

 

VII. La desmovilización política.  Democracia, percepciones de la vida pública y asociacionismo

 

VIII. La conflictividad y el malestar juvenil

 

IX. Tiempo libre juvenil.  Práticas y demandas

  

Referencias bibliográficas y documentales

 

   

VII. LA DESMOVILIZACION POLITICA. Democracia, Percepciones de la Vida Pública y Asociacionismo.

 

1. Los jóvenes y la democracia

 

Una adecuada comprensión de la relación entre la actual generación juvenil y el modelo democrático venezolano, sugiere centrar la atención en el fuerte compromiso que pudo apreciarse en la juventud durante el proceso de disolución del régimen político autoritario, -llegado a su término al finalizar la década del '50- y en la intensa movilización política que este grupo de población tuvo durante los años en que el nuevo sistema democrático comenzaba a estrenarse. La configuración del escenario político con el que cerraba su ciclo la dictadura en Venezuela, permitía la identificación de una entusiasta y positiva expectativa, respecto a la cual el autoritarismo debía ser superado, dada su condición de régimen estático, rígido y excluyente de las demandas sociales, económicas e institucionales que la sociedad venezolana había venido construyendo a lo largo de los años de la dictadura. La empresa de redimensionar el proyecto nacional, con énfasis en la democracia, fue nutriéndose con arreglo a la incorporación de los intereses y aspiraciones del conjunto de segmentos que conformaban la estructura social de la época.

De esta manera, la democracia adoptó la forma de una "promesa" de satisfacción de las demandas y de profundización de la participación, especialmente, de los sectores emergentes, a través de un movimiento fluido entre las necesidades y expectativas de la sociedad -pluralizadas con motivo del surgimiento de los sectores medios y popular urbano-, y la propuesta de una voluntad de asignar recursos para satisfacerlas. Una de las más claras constataciones de esta situación derivó del carácter y la dirección que adoptó, en el plano económico, el modelo industrializador en el cual aparecían homologados, tanto en su diseño como en el esquema práctico para su ejecución, los objetivos del desarrollo nacional y los de la prometida superación de la inequidad con la que funcionaba el régimen anterior. Igualmente, el efecto demostración provocado por éste nuevo diseño económico localizado, fundamentalmente, en los centros urbanos, generó otra de las dinámicas características del proceso modernizador, a saber, el éxodo masivo de la población a los ciudades, cuya motivación se orientó, principalmente, a asegurar el acceso al empleo y la incorporación plena y estable al mundo educativo.

Durante este período de transición modernizadora, los jóvenes habrían de encarnar los primeros y más importantes comportamientos de resistencia y rebelión con los que la sociedad enfrentó, tanto las fuerzas en los cuales la dictadura se apoyaba, como también los factores retrógrados que habrían sobrevivido en la naciente democracia. De esa forma, se hizo posible, para los jóvenes, la delimitación de un espacio de participación, al interior del cual impulsar y desarrollar la elevada capacidad de movilización que, entonces, caracterizó a la juventud. El desprendimiento, la solidaridad y el vigor que los jóvenes incorporaron a sus actuaciones durante el proceso de cambio frente a las fuerzas propias del autoritarismo, aseguraron, en gran medida, la solución de la tensión entre tradición y modernidad. Y sería este mismo perfil de atributos en sus actitudes y conductas, con el que habrían de participar, de manera decisiva, en la arquitectura social y política del nuevo régimen. Sin duda, el protagonismo de la juventud venezolana en la construcción primigenia del modelo democrático resultó central, por cuanto: "... en la medida que la socialización en los valores tradicionales era mucho más profunda y arraigada entre los adultos, la lucha por la modernización adquirió un importante aspecto generacional... los jóvenes eran el sector de la sociedad que más directamente vivía los procesos de cambio: las migraciones de zonas rurales a urbanas, la extensión y transformaciones de la educación, el crecimiento del empleo industrial, fueron, en general, procesos que comprometieron directamente a los jóvenes" (Martínez y Valenzuela, 1985).

De esta manera, es posible suponer que los grupos juveniles de comienzos de la democracia, pudieron transitar con relativa certidumbre hacia su inserción y realización en la vida social pero, muy especialmente, en el escenario político. El curso posterior del período democrático fue desalentando, gradualmente, la creación de expectativas articuladas a la oferta de movilización y de participación real de comienzos de la democracia, y configurando, al propio tiempo, la reaparición de un esquema polarizado en lo concerniente a la integración social, cuyo vencimiento había sido establecido como uno de los principales propósitos en los esfuerzos de apertura democrática y de modernización. La actividad económica apoyada, primordialmente, en las tesis del desarrollo a través del "modelo sustitutivo" y con relativo éxito en la dinamización de importantes variables (17) localizadas en el plano interno de la economía -debido fundamentalmente al fuerte protagonismo del Estado-, comenzó a orientarse hacia un estilo de desarrollo que fue perdiendo, progresivamente, el contenido social al cual habría pretendido articularse en un comienzo, por estar rígidamente centrado en el incremento de la tasa de ganancia y acompañado de tendencias mono y oligopólicas. En efecto, se fue haciendo cada vez más visible el distanciamiento entre la racionalidad económica del modelo y la restringida capacidad de generación de ofertas y vías de inserción social para un número cada vez mayor de la población. Esta situación afectó, con fuerte intensidad, en principio, a aquellos sectores definidos por la vulnerabilidad a la que ya venían expuestos, por su baja capacidad de movilizar y gestionar sus demandas pero que, sin embargo, lograban mantener relativamente satisfechas sus necesidades básicas. Posteriormente, fueron los sectores medios los que comenzaron a sufrir los efectos restrictivos del modelo económico.

De esta forma, se inició un lento pero continuo proceso de cierre de oportunidades, agravado, además, por el hecho de ser éste un fenómeno que tenía lugar al interior del propio diseño democrático. "...Todo ello impactó fuertemente a la Juventud, lo que no es de extrañar, puesto que, después de todo, estaban en discusión las posibilidades del futuro" (Falleto, 1985). La Educación, por su parte, concebida como uno de los mayores bienes o instrumentos de la democracia para negociar demandas por la distribución de oportunidades sociales y como espacio para el logro de consensos entre los distintos sectores, comenzaba a disminuir su eficacia como mecanismo de movilidad social ascendente para las grandes mayorías. De igual manera, en el mundo del Empleo, tal como puede observarse a partir de la comparación entre las cifras de desempleo juvenil y las de desempleo global de entonces, resultó categóricamente claro que las sucesivas generaciones juveniles han constituido el grupo que ha llevado la peor parte ante el problema de la desocupación. Al tomar, al azar, tres años correspondientes a la pasada década de los '80, se aprecia con absoluta nitidez, el modo cómo el desempleo juvenil duplicó, de modo persistente, al desempleo global:

 

1980

1984

1988

Tasa de Desempleo Juvenil (18)

12.8 %

23.2 %

13.4 %

Tasa de Desempleo Global (19)

5.9 %

12.9 %

7.3 %

 

 

Es así que, las distintas generaciones juveniles de los años de la democracia han atestiguado y padecido, directamente, los impactos de la exclusión y la marginación. Además de los efectos que esta situación laboral y educativa ha venido proyectando en la estructura simbólica de los jóvenes, debe situarse la obstrucción que han sufrido en su participación; "...la actual generación, que ha vivido en una sociedad más compleja, sólo ha conocido la democracia y ha socializado otras conductas y valores, ha encontrado una estructura política reacia a percibir sus demandas y con estilos de participación cerrada que no se corresponden con sus valores" (Bronfenmajer, 1986). En la viabilidad y estabilidad de todo modelo democrático, adquiere carácter estratégico garantizar una adecuada articulación entre las expectativas y las oportunidades para su realización. En el caso de los jóvenes, esta articulación asume formas de insumo decisivo en la relación que ellos establezcan con la sociedad. Considerando, entonces, las serias restricciones que han afectado los marcos de vida de las últimas generaciones y los procesos de exclusión que han padecido, es posible comprender tanto el notable desaliento o distanciamiento de interés respecto al funcionamiento del sistema político, así como la caída objetiva de sus deseos de movilización y participación.

Los resultados de ENJUVE permitieron apreciar la escasa movilización de los jóvenes venezolanos para vincularse e incorporarse a formas de organización asociativa, en virtud de que sólo 17.1% (689.496) de ellos manifestó participar, voluntariamente, en este tipo de agrupaciones. Al propio tiempo, pudo apreciarse la exigua representación de aquellos incorporados a organizaciones políticas: sólo 1.8% (12.389) de los jóvenes actualmente vinculados a algún tipo de asociación, participa en agrupaciones de naturaleza política, lo que implica que, en el total de la actual juventud sólo tres (3), aproximadamente, de cada mil (1000) jóvenes participa en alguna actividad política de forma organizada. Sin embargo, al avanzar en el análisis del vínculo juvenil con el régimen democrático, aparece un resultado de singular significación y, hasta cierto punto, contrastante con lo anterior. Se trata de la cifra referida a que más del 80% de los jóvenes (82.7% / 3.325.251) califica a la democracia como el mejor de los regímenes políticos. Lo singular de este fenómeno es que tal abrumadora apreciación positiva de los jóvenes sobre el régimen democrático, parece realizarse sólo en el plano de sus ideas, puesto que su verdadera participación es sumamente débil

En la cultura política configurada en el país durante los últimos años, no sólo han aparecido debatidas, con inusitada frecuencia, las virtudes y cualidades de la democracia sino, también, ha tenido lugar una intensa confrontación en torno a la solvencia y la eficacia de los factores y componentes de gestión del modelo político -partidos políticos, poderes públicos, sufragio, entre otros- y, en general, una discusión abierta sobre el propio proceso de la gobernabilidad. En estas circunstancias, cobra indiscutible valor histórico y analítico, la reciente irrupción de sucesos sociopolíticos y militares, cuyos impactos han resentido las bases mismas del orden político, y por cuyo conducto se ha revelado impostergable la revisión y el ajuste del esquema de equidad económica, del contenido social del modelo y de las formas de participación. Se puede decir entonces que, en la Venezuela contemporánea, la crisis política ha permitido romper por lo menos dos asociaciones en la interpretación de la democracia. Por una parte, se han llegado a separar los efectos perversos del funcionamiento económico sobre la población, del modelo democrático como culpable. Esto ha dado pie a pensaren soluciones dentro del propio marco del régimen. Y, por la otra, el surgimiento de una imagen en la cual este sistema político y las partes que lo constituyen, no están fatalmente condenados a tener, como rasgo estructural, la insolvencia y la improbidad. Al centrar nuevamente la atención en las cifras obtenidas, se puede apreciar en la juventud venezolana una notable disparidad entre la generalizada valoración de la superioridad de la democracia y la casi inexistente participación social y política que presentan. Más allá de la aparente ambigüedad que presentan estos resultados, en los jóvenes pareciera estar operando una consistente postura de distanciamiento con las actuales ofertas de participación -que poco interpretan y gestionan sus demandas-, acompañada de un sentimiento de apoyo al régimen democrático, siempre y cuando éste sea capaz de superar el modo ambiguo y extemporáneo con que, generalmente, opera y las formas de participación que ofrece a la juventud. Se puede concluir entonces que los jóvenes apoyan la democracia como modelo político, pero desconfían y rechazan sus actuales fórmulas de participación. Al indagar en el terreno del sufragio, pudo apreciarse que en la jornada electoral de diciembre de 1992 para elegir gobernadores y alcaldes, la cifra de abstención juvenil se colocó en 50.7% (1.713.280) del total de jóvenes en edad de votar. Este resultado constituye una expresión visible y consistente con los planteamientos referidos al distanciamiento de los jóvenes actuales con respecto a los mecanismos de movilización y participación que ofrece el actual régimen.

 

17. Incremento del empleo, fuerte esquema de inversiones en las industrias básicas, elevación de los activos del Estado en educación, salud, etc., solidez de la demanda efectiva, relativa estabilidad de los precios, entre otros.
18. Tomado de Primer Informe Sobre La Juventud en América Latina, 1990.
19. Tomado de Indicadores de Fuerza de Trabajo. 1er Sem. 1993. OCEI.

 Percepciones de la vida pública

(Prefacio) (Aspectos metodológicos) (Trayectoria técnica) (Objetivos generales y específicos) (Cobertura poblacional y geográfica) (Diseño de la muestra) (Análisis de los resultados) (La juventud venezolana: inserción e incertidumbre) (Aspectos sociodemográficos) (El problema educativo) (Nivel educacional de la juventud) (Matrícula educativa actual de la juventud) (La separación de los estudios: sus causas) (Expectativas y condiciones de asistencia educativa) (El bloqueo laboral) (El desempleo juvenil) (La iniciación laboral) (Los jóvenes trabajadores) (Capacitación para el trabajo) (Los jóvenes sin ocupación: ni estudian ni trabajan) (La desintegración familiar) (Sexualidad, prevención y procreación) (La desmovilización política) (Percepciones de la vida pública) (Asociacionismo juvenil) (La conflictividad y el malestar juvenil) (Salud) (Tedio juvenil y fantasía suicida) (Tiempo libre juvenil) (Contenido del tiempo libre en los jóvenes) (La demanda de actividades en el tiempo libre) (Referencias bibliográficas y documentales)

 

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