| POLÍTICAS DE JUVENTUD EN AMÉRICA LATINA:
EVALUACIÓN Y DISEÑO
INFORME DE VENEZUELA
Prefacio
I. Aspectos metodológicos
II. La juventud
venezolana. Inserción e incertidumbre
III. Aspectos
sociodemográficos
IV. El problema educativo.
Matrícula, segmentación y expectativas
V. El bloqueo
laboral. Exclusión y precarización
VI. La
desintegración familiar. Hogar, pareja y procreación
VII. La desmovilización
política. Democracia, percepciones de la vida pública y asociacionismo
VIII. La
conflictividad y el malestar juvenil
IX. Tiempo libre
juvenil. Práticas y demandas
Referencias bibliográficas y
documentales
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VII. LA
DESMOVILIZACION POLITICA. Democracia, Percepciones de la Vida Pública y Asociacionismo.
1. Los jóvenes y la democracia
Una adecuada comprensión de la relación entre la actual
generación juvenil y el modelo democrático venezolano, sugiere centrar la atención en
el fuerte compromiso que pudo apreciarse en la juventud durante el proceso de disolución
del régimen político autoritario, -llegado a su término al finalizar la década del
'50- y en la intensa movilización política que este grupo de población tuvo durante los
años en que el nuevo sistema democrático comenzaba a estrenarse. La configuración del
escenario político con el que cerraba su ciclo la dictadura en Venezuela, permitía la
identificación de una entusiasta y positiva expectativa, respecto a la cual el
autoritarismo debía ser superado, dada su condición de régimen estático, rígido y
excluyente de las demandas sociales, económicas e institucionales que la sociedad
venezolana había venido construyendo a lo largo de los años de la dictadura. La empresa
de redimensionar el proyecto nacional, con énfasis en la democracia, fue nutriéndose con
arreglo a la incorporación de los intereses y aspiraciones del conjunto de segmentos que
conformaban la estructura social de la época.
De esta manera, la democracia adoptó la forma de una
"promesa" de satisfacción de las demandas y de profundización de la
participación, especialmente, de los sectores emergentes, a través de un movimiento
fluido entre las necesidades y expectativas de la sociedad -pluralizadas con motivo del
surgimiento de los sectores medios y popular urbano-, y la propuesta de una voluntad de
asignar recursos para satisfacerlas. Una de las más claras constataciones de esta
situación derivó del carácter y la dirección que adoptó, en el plano económico, el
modelo industrializador en el cual aparecían homologados, tanto en su diseño como en el
esquema práctico para su ejecución, los objetivos del desarrollo nacional y los de la
prometida superación de la inequidad con la que funcionaba el régimen anterior.
Igualmente, el efecto demostración provocado por éste nuevo diseño económico
localizado, fundamentalmente, en los centros urbanos, generó otra de las dinámicas
características del proceso modernizador, a saber, el éxodo masivo de la población a
los ciudades, cuya motivación se orientó, principalmente, a asegurar el acceso al empleo
y la incorporación plena y estable al mundo educativo.
Durante este período de transición modernizadora, los jóvenes
habrían de encarnar los primeros y más importantes comportamientos de resistencia y
rebelión con los que la sociedad enfrentó, tanto las fuerzas en los cuales la dictadura
se apoyaba, como también los factores retrógrados que habrían sobrevivido en la
naciente democracia. De esa forma, se hizo posible, para los jóvenes, la delimitación de
un espacio de participación, al interior del cual impulsar y desarrollar la elevada
capacidad de movilización que, entonces, caracterizó a la juventud. El desprendimiento,
la solidaridad y el vigor que los jóvenes incorporaron a sus actuaciones durante el
proceso de cambio frente a las fuerzas propias del autoritarismo, aseguraron, en gran
medida, la solución de la tensión entre tradición y modernidad. Y sería este mismo
perfil de atributos en sus actitudes y conductas, con el que habrían de participar, de
manera decisiva, en la arquitectura social y política del nuevo régimen. Sin duda, el
protagonismo de la juventud venezolana en la construcción primigenia del modelo
democrático resultó central, por cuanto: "... en la medida que la socialización en
los valores tradicionales era mucho más profunda y arraigada entre los adultos, la lucha
por la modernización adquirió un importante aspecto generacional... los jóvenes eran el
sector de la sociedad que más directamente vivía los procesos de cambio: las migraciones
de zonas rurales a urbanas, la extensión y transformaciones de la educación, el
crecimiento del empleo industrial, fueron, en general, procesos que comprometieron
directamente a los jóvenes" (Martínez y Valenzuela, 1985).
De esta manera, es posible suponer que los grupos juveniles de
comienzos de la democracia, pudieron transitar con relativa certidumbre hacia su
inserción y realización en la vida social pero, muy especialmente, en el escenario
político. El curso posterior del período democrático fue desalentando, gradualmente, la
creación de expectativas articuladas a la oferta de movilización y de participación
real de comienzos de la democracia, y configurando, al propio tiempo, la reaparición de
un esquema polarizado en lo concerniente a la integración social, cuyo vencimiento había
sido establecido como uno de los principales propósitos en los esfuerzos de apertura
democrática y de modernización. La actividad económica apoyada, primordialmente, en las
tesis del desarrollo a través del "modelo sustitutivo" y con relativo éxito en
la dinamización de importantes variables (17)
localizadas en el plano interno de la economía -debido fundamentalmente al fuerte
protagonismo del Estado-, comenzó a orientarse hacia un estilo de desarrollo que fue
perdiendo, progresivamente, el contenido social al cual habría pretendido articularse en
un comienzo, por estar rígidamente centrado en el incremento de la tasa de ganancia y
acompañado de tendencias mono y oligopólicas. En efecto, se fue haciendo cada vez más
visible el distanciamiento entre la racionalidad económica del modelo y la restringida
capacidad de generación de ofertas y vías de inserción social para un número cada vez
mayor de la población. Esta situación afectó, con fuerte intensidad, en principio, a
aquellos sectores definidos por la vulnerabilidad a la que ya venían expuestos, por su
baja capacidad de movilizar y gestionar sus demandas pero que, sin embargo, lograban
mantener relativamente satisfechas sus necesidades básicas. Posteriormente, fueron los
sectores medios los que comenzaron a sufrir los efectos restrictivos del modelo
económico.
De esta forma, se inició un lento pero continuo proceso de cierre de
oportunidades, agravado, además, por el hecho de ser éste un fenómeno que tenía lugar
al interior del propio diseño democrático. "...Todo ello impactó fuertemente a la
Juventud, lo que no es de extrañar, puesto que, después de todo, estaban en discusión
las posibilidades del futuro" (Falleto, 1985). La Educación, por su parte, concebida
como uno de los mayores bienes o instrumentos de la democracia para negociar demandas por
la distribución de oportunidades sociales y como espacio para el logro de consensos entre
los distintos sectores, comenzaba a disminuir su eficacia como mecanismo de movilidad
social ascendente para las grandes mayorías. De igual manera, en el mundo del Empleo, tal
como puede observarse a partir de la comparación entre las cifras de desempleo juvenil y
las de desempleo global de entonces, resultó categóricamente claro que las sucesivas
generaciones juveniles han constituido el grupo que ha llevado la peor parte ante el
problema de la desocupación. Al tomar, al azar, tres años correspondientes a la pasada
década de los '80, se aprecia con absoluta nitidez, el modo cómo el desempleo juvenil
duplicó, de modo persistente, al desempleo global:
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1980 |
1984 |
1988 |
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Tasa de Desempleo Juvenil (18) |
12.8 % |
23.2 % |
13.4 % |
Tasa de Desempleo Global (19) |
5.9 % |
12.9 % |
7.3 % |
Es así que, las distintas generaciones juveniles de los años de la
democracia han atestiguado y padecido, directamente, los impactos de la exclusión y la
marginación. Además de los efectos que esta situación laboral y educativa ha venido
proyectando en la estructura simbólica de los jóvenes, debe situarse la obstrucción que
han sufrido en su participación; "...la actual generación, que ha vivido en una
sociedad más compleja, sólo ha conocido la democracia y ha socializado otras conductas y
valores, ha encontrado una estructura política reacia a percibir sus demandas y con
estilos de participación cerrada que no se corresponden con sus valores"
(Bronfenmajer, 1986). En la viabilidad y estabilidad de todo modelo democrático, adquiere
carácter estratégico garantizar una adecuada articulación entre las expectativas y las
oportunidades para su realización. En el caso de los jóvenes, esta articulación asume
formas de insumo decisivo en la relación que ellos establezcan con la sociedad.
Considerando, entonces, las serias restricciones que han afectado los marcos de vida de
las últimas generaciones y los procesos de exclusión que han padecido, es posible
comprender tanto el notable desaliento o distanciamiento de interés respecto al
funcionamiento del sistema político, así como la caída objetiva de sus deseos de
movilización y participación.
Los resultados de ENJUVE permitieron apreciar la escasa movilización
de los jóvenes venezolanos para vincularse e incorporarse a formas de organización
asociativa, en virtud de que sólo 17.1% (689.496) de ellos manifestó participar,
voluntariamente, en este tipo de agrupaciones. Al propio tiempo, pudo apreciarse la exigua
representación de aquellos incorporados a organizaciones políticas: sólo 1.8% (12.389)
de los jóvenes actualmente vinculados a algún tipo de asociación, participa en
agrupaciones de naturaleza política, lo que implica que, en el total de la actual
juventud sólo tres (3), aproximadamente, de cada mil (1000) jóvenes participa en alguna
actividad política de forma organizada. Sin embargo, al avanzar en el análisis del
vínculo juvenil con el régimen democrático, aparece un resultado de singular
significación y, hasta cierto punto, contrastante con lo anterior. Se trata de la cifra
referida a que más del 80% de los jóvenes (82.7% / 3.325.251) califica a la democracia
como el mejor de los regímenes políticos. Lo singular de este fenómeno es que tal
abrumadora apreciación positiva de los jóvenes sobre el régimen democrático, parece
realizarse sólo en el plano de sus ideas, puesto que su verdadera participación es
sumamente débil
En la cultura política configurada en el país durante los últimos
años, no sólo han aparecido debatidas, con inusitada frecuencia, las virtudes y
cualidades de la democracia sino, también, ha tenido lugar una intensa confrontación en
torno a la solvencia y la eficacia de los factores y componentes de gestión del modelo
político -partidos políticos, poderes públicos, sufragio, entre otros- y, en general,
una discusión abierta sobre el propio proceso de la gobernabilidad. En estas
circunstancias, cobra indiscutible valor histórico y analítico, la reciente irrupción
de sucesos sociopolíticos y militares, cuyos impactos han resentido las bases mismas del
orden político, y por cuyo conducto se ha revelado impostergable la revisión y el ajuste
del esquema de equidad económica, del contenido social del modelo y de las formas de
participación. Se puede decir entonces que, en la Venezuela contemporánea, la crisis
política ha permitido romper por lo menos dos asociaciones en la interpretación de la
democracia. Por una parte, se han llegado a separar los efectos perversos del
funcionamiento económico sobre la población, del modelo democrático como culpable. Esto
ha dado pie a pensaren soluciones dentro del propio marco del régimen. Y, por la otra, el
surgimiento de una imagen en la cual este sistema político y las partes que lo
constituyen, no están fatalmente condenados a tener, como rasgo estructural, la
insolvencia y la improbidad. Al centrar nuevamente la atención en las cifras obtenidas,
se puede apreciar en la juventud venezolana una notable disparidad entre la generalizada
valoración de la superioridad de la democracia y la casi inexistente participación
social y política que presentan. Más allá de la aparente ambigüedad que presentan
estos resultados, en los jóvenes pareciera estar operando una consistente postura de
distanciamiento con las actuales ofertas de participación -que poco interpretan y
gestionan sus demandas-, acompañada de un sentimiento de apoyo al régimen democrático,
siempre y cuando éste sea capaz de superar el modo ambiguo y extemporáneo con que,
generalmente, opera y las formas de participación que ofrece a la juventud. Se puede
concluir entonces que los jóvenes apoyan la democracia como modelo político, pero
desconfían y rechazan sus actuales fórmulas de participación. Al indagar en el terreno
del sufragio, pudo apreciarse que en la jornada electoral de diciembre de 1992 para elegir
gobernadores y alcaldes, la cifra de abstención juvenil se colocó en 50.7% (1.713.280)
del total de jóvenes en edad de votar. Este resultado constituye una expresión
visible y consistente con los planteamientos referidos al distanciamiento de los jóvenes
actuales con respecto a los mecanismos de movilización y participación que ofrece el
actual régimen.
17. Incremento
del empleo, fuerte esquema de inversiones en las industrias básicas, elevación de los
activos del Estado en educación, salud, etc., solidez de la demanda efectiva, relativa
estabilidad de los precios, entre otros.
18. Tomado de Primer Informe Sobre La Juventud en América Latina, 1990.
19. Tomado de Indicadores de Fuerza de Trabajo. 1er Sem. 1993. OCEI.
(Prefacio) (Aspectos
metodológicos) (Trayectoria técnica) (Objetivos generales y específicos) (Cobertura poblacional y geográfica) (Diseño de la muestra) (Análisis
de los resultados) (La juventud venezolana: inserción e
incertidumbre) (Aspectos sociodemográficos) (El problema educativo) (Nivel
educacional de la juventud) (Matrícula educativa actual
de la juventud) (La separación de los estudios: sus
causas) (Expectativas y condiciones de asistencia
educativa) (El bloqueo laboral) (El desempleo juvenil) (La
iniciación laboral) (Los jóvenes trabajadores) (Capacitación para el trabajo) (Los
jóvenes sin ocupación: ni estudian ni trabajan) (La
desintegración familiar) (Sexualidad, prevención y
procreación) (La desmovilización política) (Percepciones de la vida pública) (Asociacionismo
juvenil) (La conflictividad y el malestar juvenil) (Salud) (Tedio juvenil y
fantasía suicida) (Tiempo libre juvenil) (Contenido del tiempo libre en los jóvenes) (La demanda de actividades en el tiempo libre) (Referencias bibliográficas y documentales) |
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