3. Asociacionismo juvenil
Una vez examinada la información que ENJUVE ha reportado sobre
importantes aspectos de las percepciones juveniles en torno a la vida pública y, en
general, a la estructura política del país, surge la necesidad de analizar ámbitos
igualmente correspondientes a la subjetividad pero, en este caso, acotados a la esfera de
la movilización activa y directa, con base en la membrecía, los gustos y las
preferencias asociativas. El aporte de realizar un análisis sobre este área de la vida
de los jóvenes, es complementar el enfoque integral que se ha venido adoptando. Por una
parte, en los esfuerzos por conocer la situación objetiva de los jóvenes se ha mostrado
la considerable vulnerabilidad a la que se hallan expuestos, en virtud del agresivo
crecimiento de sus índices de pobreza y del consecuente deterioro de sus vías y
estrategias de inserción a la sociedad. Por la otra, ha podido observarse cómo la
condición juvenil se ha visto, para una gran mayoría de jóvenes, gravemente confrontada
por los perversos procesos derivados de la situación anterior. Han aparecido, en las
ideas de los jóvenes, no sólo imágenes de desaliento y de rechazo al curso general de
la vida pública sino, además, actitudes como la apatía, el minimalismo y el conformismo
que, en conjunto, bloquean las posibilidades reales de construir y gestionar sus propias
demandas.
En tal sentido, resulta útil incorporar ahora al análisis un
lineamiento informativo que aproxime elementos referidos a lo que pudiera denominarse la
posición juvenil. Si en la situación de la actual generación de jóvenes han impactado
tan gravemente los problemas estructurales de la sociedad venezolana, y las consecuencias
de ello se han reflejado, de modo preocupante, en su propia condición, a través de una
considerable dificultad para responder efectivamente ante tales adversidades, cabría
preguntar cuál es la actual capacidad de movilización de la juventud, en qué sectores
de la vida social y con qué propósitos estarían colocados los objetivos de ésta. En
otras palabras, qué posición adoptan los jóvenes. Con ello, se propone una
contribución a la comprensión del fenómeno de la movilización juvenil, a través del
asociacionismo. La pertinencia de incorporar el análisis del asociacionismo juvenil en el
ámbito de la Política, la proporciona el hecho de que esta actividad contribuye
significativamente al proceso de constitución del sentido ciudadano de la vida de los
jóvenes. Sus manifestaciones y efectos trascienden a los procesos de socialización
básica y de adquisición de medios y recursos que tienen lugar en la Familia, la
Educación y el Trabajo. De igual manera, posee contenidos de naturaleza solidaria y se
articula con base en intereses y objetivos comunes, generalmente ubicados en los planos
grupal, comunitario y/o colectivo.
El vínculo asociacionista no debe ser confundido con los nexos
imperativos de pertenencia y de adhesión que existen en la escolaridad y en la práctica
laboral, entre otros, en virtud de que, esencialmente, lo define la adscripción
voluntaria y la libre elección. La práctica asociacionista constituye, el resultado de
una voluntad de participación en la cual el individuo ha podido previamente identificar
propensiones, gustos o aficiones que podría, posteriormente, moldear como vocación. Esta
práctica, cuyas primeras experiencias se realizan de modo libre y espontáneo, debe
avanzar hacia un tipo de regularización que asegure, tanto su permanencia en el tiempo,
como la elevación de su calidad. La práctica asociacionista está orientada hacia el
logro de formas organizativas y habrá de apoyarse en instrumentos normativos al servicio
de los fines y los propósitos que la determinan. De esta forma, el asociacionismo se
diferencia de otras modalidades de participación, por cuanto conjuga la dimensión
subjetiva, dada la libertad con la cual se opta para su realización, y la dimensión
objetiva, en virtud del situado de compromisos y normas a los cuales los participantes
refieren su conducta. Combina, igualmente, el bienestar personal que, se supone, reporta
dicho vínculo, con las posibilidades de promoción y progreso del sector o rubro en el
cual se inscribe.
En la realización práctica del asociacionismo es de singular
importancia la disponibilidad de espacios y lugares de encuentro entre los miembros. Estos
espacios proceden, o bien de la provisión institucional -pública o privada-, o bien de
su conquista o construcción por parte de los actores intervinientes. En resumen, puede
afirmarse que, entre los más importantes elementos que intervienen en la práctica
asociacionista se encuentran la voluntad de adscripción y el sentido de pertenencia, la
aceptación de reglas para el logro de objetivos comunes, el incremento de la calidad de
la actividad o del sector en que se inscribe y, muy especialmente, la presencia de un
sentimiento de solidaridad que la antecede. Este sentimiento, al ser reforzado, afianzado
y regularizado en la práctica asociacionista, habrá de generar positivos impactos en la
construcción de la personalidad del joven y, al mismo tiempo, traducirse en servidor del
cultivo de valores ciudadanos y de convivencia social.
La práctica asociacionista
Los resultados de ENJUVE han permitido establecer, de modo general, que
apenas uno (1) de cada seis (6) jóvenes venezolanos desarrolla algún tipo de vínculo
asociativo, puesto que sólo el 17.1% (689.496) del total de jóvenes declaró participar
de manera voluntaria en alguna agrupación o asociación (ver gráfico 67. p.189).
Más allá de la consideración cuantitativa específica referida al escaso asociacionismo
dentro de la actual generación joven, esta cifra es expresión de las negativas
circunstancias que signan, tanto la situación, como la condición juvenil. Al apreciar el
modo relativamente invariable con el que aparecen los valores del asociacionismo juvenil,
al interior de los distintos subgrupos determinados por el género, el grupo etáreo y el
nivel de vida, es posible suponer, no sólo una clara situación de restricción en el
campo de la oferta y de las posibilidades para favorecer el asociacionismo, sino, además,
el desaliento experimentado por la gran mayoría de jóvenes para emprenderlo. En este
sentido, debe vincularse la debilidad en la vocación asociacionista en los jóvenes, con
la disminución de oportunidades que ha implicado la pobreza y la exclusión social que
los jóvenes han sufrido.
Al fijar la atención en el grupo que declaró participar
voluntariamente en asociaciones, aparece la enorme concentración que se produce en el
campo del asociacionismo deportivo, por cuanto este solo renglón constituye más de la
mitad (53.3% / 378.424) del asociacionismo juvenil y se ubica 39.7 puntos estadísticos
por encima de la religión (13.6% / 96.966), que ocupa el segundo lugar en la generalidad
de la práctica asociacionista. Este volumen, proporcionalmente elevado, implica que por
cada diez (10) jóvenes asociados, cerca de seis (6) lo hacen en asociacionismo deportivo.
Ello resulta relativamente consistente con las situaciones como las siguientes: en primer
término, la fuerte y extendida promoción que el sector público ha hecho en el deporte
en décadas recientes de modo más o menos parecido al énfasis que asignó a la
expansión de la infraestructura y matrícula educativa; en segundo término, este
resultado pareciera constituir un hecho derivado de la considerable centralidad que ha
asignado la industria deportiva a la población juvenil y del amplio y efectivo mecanismo
de publicidad del que se ha servido en su promoción. Una tercera y posible fuente
generadora del fuerte impacto del deporte en el asociacionismo juvenil, podría estar
ubicado -tal como ha sido referido anteriormente- en la intensa construcción de figuras,
ídolos y arquetipos deportivos, provenientes de la diversidad de disciplinas que en los
últimos años han sido auspiciadas, tanto por el deporte profesional como por los
circuitos de la industria y el espectáculo deportivo.
Se pudo observar, igualmente, que en el grupo de jóvenes adolescentes
(59.3% / 235.542) y en el de jóvenes varones (66.7% / 282.589) es donde se refleja la
mayor participación en este tipo de asociacionismo. Asimismo, se aprecia en los jóvenes
pobres una mayor participación (59.2% / 227.046) en el asociacionismo deportivo. El
segundo renglón en el que se concentra el asociacionismo juvenil lo representa el
vínculo religioso con un 13.6% (96.966). Al lado del objeto fundamental del
asociacionismo religioso, generalmente centrado en la catequesis, es posible suponer que
esta incidencia de la iglesia como institución movilizadora de jóvenes, obedezca a su
extendido trabajo en favor de las comunidades, en particular, las de menores recursos. En
efecto, la iglesia dispone de una considerable infraestructura de movilización y actúa,
generalmente, con base en una programación permanente de acción sobre la comunidad,
desempeñando un importante papel en los programas y actuaciones dirigidos a la población
de menores recursos, particularmente en lo que atañe a la atención de problemas como la
educación, la salud, los servicios públicos, la recreación, entre otras. Esta
circunstancia ha favorecido la movilización juvenil hacia el establecimiento del vínculo
asociativo religioso, especialmente, en el caso de la población juvenil femenina (22.7% /
58.424).
Por su parte, el asociacionismo cultural ocupa el tercer lugar, con el
10% (71.541) de la participación juvenil en asociaciones. La escasa incidencia de este
tipo de asociacionismo, podría estar respondiendo, en buena medida, a la progresiva
debilidad que ha afectado al sector cultural en el país -especialmente en inversión,
infraestructura y programas- y, tal como ha sucedido en la Educación, el proceso iniciado
en décadas anteriores con propósitos de expansión y democratización cultural, ha
venido sufriendo severas restricciones, impactando sensiblemente en la participación de
la actual generación juvenil en el asociacionismo cultural. Las cifras de asociacionismo
juvenil comienzan a descender, aún más, en los restantes rubros o renglones de
participación organizada de los jóvenes. La práctica del asociacionismo comunitario,
dentro del conjunto de jóvenes asociados, alcanza sólo el 7.8% (55.946), lo que en
términos globales representa apenas uno (1) de cada 77 jóvenes venezolanos. Esta cifra
revela una clara conexión con las tendencias juveniles de desmovilización y pérdida del
interés por los procesos externos a su circunstancia particular, y, en general, por el
curso de la vida pública. Tal situación se ve agravada por la poca identificación que
los jóvenes experimentan frente al funcionamiento, naturaleza y objetivos de la mayoría
de estas organizaciones.
El asociacionismo con base en la recreación aparece en el quinto lugar
con el 5.3% (38.045) del total de jóvenes asociados. Aunque resulta una cifra bastante
reducida, habría que indicar, en su descargo, que es éste uno de los renglones
asociativos de menor tradición y trayectoria dentro de la institución y la práctica
asociacionista venezolana. Siendo su contenido estrictamente lúdico, las asociaciones
recreativas podrían ser una suerte de organización conexa o, en todo caso, derivada del
resultado práctico, bien del asociacionismo deportivo, o bien del asociacionismo
cultural. El penúltimo lugar del asociacionismo juvenil lo ocupa el vínculo asociativo
con agrupaciones políticas (1.8% / 12.389) y, tal como ha sido comentado, esta cifra
resulta consistente con el distanciamiento operado entre la actual juventud y la
estructura y el funcionamiento de las organizaciones político-partidarias.