VI. LA DESINTEGRACION FAMILIAR. Hogar, Pareja y Procreación
1. Imágenes y vivencias familiares
Una interesante línea de reflexión para comprender las dinámicas
familiares de la actual juventud y, especialmente, la eficacia de la institución familiar
durante el tránsito de los jóvenes hacia la vida adulta, la proporciona el tratamiento
de aquellos aspectos asociados a la subjetividad, la valoración y, en general, al modo en
que se configura la Familia en la estructura simbólica de la juventud venezolana. Al
respecto, cobra importancia fundamental el juicio que, sobre el presente y el porvenir de
la Familia, sobre su fortaleza y sus debilidades, han venido elaborando los jóvenes
venezolanos. Los resultados de ENJUVE han permitido establecer que, sólo en una exigua
minoría de jóvenes (3.9% / 156.561) existen imágenes en las que la Familia aparece como
una institución en proceso de fortalecimiento. De acuerdo con dicha opinión, podría
decirse que sólo este pequeño grupo juzga con optimismo la vitalidad de la institución
familiar y reconoce, con absoluta claridad, posibilidades reales de proyectar su
existencia hacia el futuro.
Aparece otro grupo de jóvenes que, si bien no aprecia en la Familia
fortalezas y recursos incrementados en el presente y el porvenir, estiman, sin embargo,
que la perdurabilidad de la institución familiar se mantiene semejante entre las
generaciones del pasado y las del presente. No obstante, el conjunto de estos jóvenes que
juzgan a la institución familiar como ajena a cambios de cualquier signo, y para quienes,
por tanto "se mantiene igual", apenas alcanza una cifra del 16.6% (666.912). Al
agregar, entonces, este porcentaje de los jóvenes que creen que la institución familiar
no experimenta modificaciones en el tiempo, al conformado por aquellos que reconocen en su
seno el incremento de energías y potencialidades, se conforma una cifra que sólo alcanza
una quinta parte de los jóvenes, mientras que cerca del 80% restante (78.5% / 3.159.887)
considera que la institución familiar, en sus actuales condiciones, tiene seriamente
comprometida su perdurabilidad. En efecto, ocho (8) de cada diez (10) jóvenes conciben
que la institución familiar se encuentra fuertemente intervenida por procesos de crisis y
debilitamiento. El fundamento de esta generalizada y crítica opinión de los jóvenes
sobre el presente y el porvenir de la institución familiar se halla, probablemente,
asociado a un conjunto de causas que proceden de varios factores y se mueven en distintas
direcciones.
En primer término, al comprender que la inmensa mayoría de los
jóvenes perciben a la institución familiar sometida a un proceso de desintegración o de
intensa debilidad, es ineludible el grave problema del deterioro global de las condiciones
de vida. Dicho deterioro se manifiesta como una fuerza que además de restringir, disuelve
aquellos agentes de integración social que tienen su principal asiento en el hogar. El
empobrecimiento material de los hogares -tanto en Venezuela, como en toda América Latina-
ha elevado considerablemente el número de mujeres en la condición de jefes de hogar,
quedando, como es sabido, cada vez menos representada la figura del padre en el grupo
familiar. Otro fenómeno que se observa es que la población juvenil, por estar en
condición de obtener ingresos, deben separarse del hogar para ir al trabajo diariamente.
Esto implica una disminución del tiempo compartido en el hogar y poca calidad en los
intercambios entre los miembros de la familia. Se debe prestar especial atención al caso
de las jóvenes mujeres que ni estudian ni trabajan, quienes en número de,
aproximadamente, 34% del total femenino de jóvenes se hallan prácticamente,
"recluidas" en el hogar. Estas jóvenes con frecuencia se encargan del cuidado
de los niños y/o de los ancianos residentes. Se resalta esta circunstancia puesto que su
vínculo con la familia parece ser de carácter forzado, lo cual generaría, más que
participación familiar, un definitivo aislamiento.
Puede apreciarse entonces que, la vida en el medio familiar y las
correspondientes relaciones entre los miembros del hogar, se encuentran fuertemente
contrariada por la necesidad de lograr ingresos. Además se carece tanto del tiempo para
el fomento y fortalecimiento de la relaciones familiares, como con la distribución y
desempeño armónico de los roles que les toca asumir. Una segunda línea de
identificación de las causas a las cuales atribuir la postura crítica de los jóvenes
sobre la perdurabilidad de la institución familiar, la aporta el hecho de que más de un
tercio (35.0% / 1.411.450) de la actual juventud no fue, efectivamente, criado en hogares
integrados. Su infancia, hasta antes de cumplir 15 años, tuvo lugar en ausencia de uno o
ambos padres. Por esta vía, podrían encontrarse importantes elementos para el
establecimiento de la hipótesis que concibe la evaluación negativa que hacen los
jóvenes sobre el porvenir de la institución familiar, como la expresión de la débil
armonía conyugal entre los padres en sus propios hogares.
Al entrar en la consideración de aspectos de decisiva influencia en el
modo como transcurre la cotidianeidad de los jóvenes en el seno del hogar, se abre una
valiosa línea de interpretación en torno a los juicios que ellos construyen acerca de la
Familia. En este sentido, ENJUVE orientó su indagación hacia el plano de la
intersubjetividad y de los niveles de comunicación entre los jóvenes y los adultos -en
particular entre los padres o personas responsables de su crianza- sobre algunos tópicos
de central interés en el mundo de las representaciones juveniles. Independientemente de
las diferencias intergeneracionales que sería natural suponer entre jóvenes y adultos,
los resultados permiten apreciar notables distancias y oposiciones subjetivas que podrían
estar vinculadas a la construcción del generalizado juicio, entre los jóvenes, en torno
a la crisis y debilidad de la Familia como institución. En efecto, aparecen indicios
reveladores de un esquema de comunicación intrafamiliar poco fluido y, en ocasiones,
hasta contrariado, por los desacuerdos dado que, ante temáticas tan universales como la
política, la sexualidad y las diversiones, se constata entre los jóvenes y los adultos
una gran dificultad en su tratamiento.
En temas y cuestiones de política, cerca de dos millones y medio de
jóvenes (2.487.054 / 61.8%) constituye la cifra compuesta, tanto por aquellos que
manifestaron estar en desacuerdo, como por los que ni siquiera tienen oportunidad de
abordarlos ni de intercambiar opiniones con los adultos responsables del hogar, en virtud
de que dicha temática mantiene clausuradas sus posibilidades de diálogo o abordaje. Esta
misma circunstancia, de abundante desacuerdo y/o incomunicación, se verifica ante temas
como las diversiones y el modo de emplear el tiempo libre para 1.371.358 (34.1%) jóvenes.
De igual forma, ante el tema de la sexualidad y las relaciones sexuales, 2.662.202 (66.1%)
jóvenes, plantearon serias dificultades de comunicación con sus padres o adultos
responsables del hogar de origen. Puede apreciarse entonces, tanto la divergencia como la
ausencia de tratamiento de estos temas en un importante número de jóvenes. A través de
estas amplias zonas de disenso y hasta silencio intergeneracional, se comprueba la
existencia de obstáculos y dificultades en la comunicación que tiene lugar en el medio
familiar. Por lo tanto, la situación de la familia, afectadas por problemas como éste de
la débil comunicación en el hogar, podría estar generando juicios y valoraciones
negativas sobre la institución familiar en la conformación de la personalidad del joven.
Confirmando esta argumentación analítica, desarrollada para la
comprensión de los resultados que arrojó ENJUVE al examinar el modo en el que los
jóvenes construyen el generalizado juicio crítico sobre la Familia como institución,
aparecen el conjunto de fenómenos que, en su opinión, se constituyen en los principales
problemas y adversidades que estarían operando en el seno de dicha institución. Efectivamente,
más de un tercio (35.6% / 1.431.999) de la población juvenil, expresó que la principal
dificultad que estaría afectando a la institución familiar la constituye la
problemática económica. Seguidamente, aparece el grupo de jóvenes que, en un monto
próximo a un tercio (31.7% / 1.277.552) de la población juvenil, atribuyó el proceso de
debilitamiento y crisis de la institución familiar, a las malas relaciones entre padres e
hijos, con lo cual se estaría comprobando la existencia de un esquema precario en el modo
cómo se establece la intersubjetividad y la comunicación entre ellos y los adultos
responsables del hogar. Por su parte, el 23.0% (924.142) de los jóvenes indicó que el
deterioro y crisis de la institución familiar estaría obedeciendo a los problemas que
surgen entre los padres. Si a este grupo se agrega la percepción que tiene una porción
de los jóvenes sobre el peso de las relaciones extramaritales como fuente de problemas,
representada por el 3.5% (141.918), la hipótesis del juicio crítico sobre la
institución familiar como consecuencia de la desintegración en la familia de origen, se
estaría confirmando explícitamente, para más de un millón de jóvenes (1.066.060 /
26.5%).
Se puede, entonces, concluir que existe una relación directa entre los
procesos que en la realidad estarían atentando contra el presente y el porvenir de la
institución familiar -empobrecimiento material, disolución del vínculo parental y
obstáculos en la comunicación, principalmente- y las representaciones que los jóvenes
elaboran sobre esta institución -opiniones, juicios de valor, ideas- y en las cuales
juzgan negativamente su vigencia y proyección. Al considerar los aspectos subjetivos
sobre la institución familiar que se configuran en la conciencia juvenil y habiendo
constatado la existencia de imágenes y valoraciones en las cuales ésta aparece, para una
gran mayoría de ellos, con signos de fuerte debilidad y reveladoras del distanciamiento
intergeneracional, se observa, sin embargo, la considerable influencia que tiene el hogar
de origen sobre los jóvenes, como referente para la constitución de familia propia o
independiente.
Más de tres cuartas partes de los jóvenes 76.5% (3.080.297)
respondieron afirmativamente su deseo de reproducir en el hogar que funden o que ya hayan
fundado el clima o medio interno que caracterizó o ha caracterizado la vida familiar en
su hogar de origen. Esta cifra que expresa un monto mayoritario de jóvenes dispuestos a
reproducir el clima hogareño, al ser contrastada con el 80% que juzga negativamente a la
institución familiar, pareciera estar planteando una situación paradójica en el plano
de la subjetividad juvenil. Tal situación podría estar obedeciendo a una doble
circunstancia. Por una parte, el carácter insustituible que la Familia aún posee en los
procesos de socialización y de inserción primaria a la vida colectiva y, por la otra, el
carácter orientador que adoptan las vivencias familiares en el momento de hacer frente a
la constitución de familia propia, independientemente, a la variedad de factores adversos
y críticos que pudieran estarla afectando.
Sin embargo, no deja de llamar la atención que más de una quinta
parte (21.8% / 875.744) de la actual generación juvenil, no desea reproducir el medio
interno que caracterizó al hogar donde se criaron. Esta cifra, de un monto significativo,
guarda correspondencia directa con las tendencias hacia la desintegración familiar que
han podido observarse en un importante grupo de jóvenes. Ahora bien, en la continuación
del examen de la relación entre los jóvenes y el mundo de la Familia y habiendo
observado algunos aspectos de significativa relevancia ubicados en su estructura
simbólica, resulta oportuno orientar la atención hacia el tratamiento de la situación
familiar objetiva en que se encuentra la actual generación juvenil.
Conviene recordar la considerable importancia que, junto a las
dinámicas familiares, poseen variables como la Educación y el Empleo en el proceso de
tránsito juvenil hacia la vida adulta, especialmente, si de lo que se trata es de
observar el modo en que los jóvenes deberían lograr medios y recursos que aseguren su
inserción plena a la vida social. En este sentido, y tal como se ha venido señalando,
cabría suponer que los jóvenes luego de adquirir una adecuada formación educativa y de
asegurar, por esa vía, su integración al mundo del empleo, estarían en capacidad de
adquirir niveles crecientes de autonomía con la cual avanzar hacia la adopción de un
estatus independiente que asegure la conformación de hogar o familia propia. Sin embargo,
el panorama que ha podido configurarse a la luz de los resultados de ENJUVE revela
notables diferencias y hasta contrastes, entre estos supuestos normativos concebidos para
la juventud y la situación real en la que se encuentran.
Aún cuando el desempeño laboral influye significativamente en los
jóvenes y se le impone con muy pocas posibilidades de postergación, éste no le da la
autonomía necesaria para lograr el adecuado camino a la adultez, ni para adoptar
prácticas que lo lleven a la creación de una familia independiente. Es así que, si bien
más de dos quintas partes de los jóvenes están insertos en el mercado laboral, sólo un
20.5% (823.124) vive de manera independiente. En consecuencia, la situación de
dependencia se verifica para un monto cercano a un 80% (79.0% / 3.180.368) de los
jóvenes, de los cuales más de dos terceras partes (63.6% de los dependientes) se
encuentran ante el contraste que representa la objetiva imposibilidad de autonomía y la
explícita aspiración de alcanzarla. Por otra parte, aunque se identifica como tendencia
mayoritaria el grupo de jóvenes que nunca han estado casados o unidos, situado en 74.7%
(3.006.437) se constata igualmente que el 25.3% (1.016.590) se encuentra o ha estado
viviendo en situación de pareja. Interesa, sin embargo, centrar la atención en la cifra
que reveló la situación específica de quienes actualmente viven con pareja, (22.5% /
904.621), esto es casados o unidos. Este indicador, generalmente asociado a la
autonomización y a la creación de hogar propio, se presenta en una proporción mayor que
el de la independencia real, revelada sólo por el 20.5%.
Hay lugar entonces para suponer que del mismo modo como no existen
equivalencias entre la actividad laboral y la autonomía requerida para la conformación
de familia propia, tampoco la condición de pareja se constituye en factor asociado a la
independencia del hogar de origen. En refuerzo de esta afirmación, referida a la no
correspondencia entre la condición de independencia del hogar de origen y la situación
conyugal, procede fijar la atención en las edades en las cuales los jóvenes venezolanos
han iniciado su vida en pareja. Efectivamente, el 55.8% (568.766) del grupo de jóvenes
que tienen o han tenido pareja, ha iniciado dicha experiencia conyugal antes de cumplir 19
años. Esta temprana y hasta prematura iniciación de la vida en pareja, ratifica que la
situación conyugal no está asociada a la independencia del hogar de origen. Esto se
asume puesto que, obviamente, resulta poco frecuente que un joven venezolano pueda
disponer de los recursos materiales, psicosociales y jurídicos requeridos para el logro
de la autonomía personal y de la vida independiente, habiendo apenas alcanzado los 18
años. Al ver la temprana iniciación de la vida en pareja de los jóvenes venezolanos, el
deterioro de sus condiciones de vida y a las desventajas laborales que sufren pueden
hacerse tres consideraciones. En primer término, la reducción y hasta desaparición del
joven como sujeto de derecho. En segundo lugar, la existencia de una situación de la que
puede esperarse la prolongación forzada de la etapa juvenil en situación de dependencia
de los adultos, más allá de los años normativamente establecidos. Y, por último, como
consecuencia de lo anterior, un incremento de la problemática social que aqueja a los
jóvenes, con respecto a otros grupos de población.