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Fecha de actualización:
2/12/2008

 

 
 

POLÍTICAS DE JUVENTUD EN AMÉRICA LATINA:

EVALUACIÓN Y DISEÑO

INFORME DE VENEZUELA

 

Prefacio

 

I. Aspectos metodológicos

 

II. La juventud venezolana.  Inserción e incertidumbre

 

III. Aspectos sociodemográficos

 

IV. El problema educativo.   Matrícula, segmentación y expectativas

 

V. El bloqueo laboral.  Exclusión y precarización

 

VI. La desintegración familiar.  Hogar, pareja y procreación

 

VII. La desmovilización política.  Democracia, percepciones de la vida pública y asociacionismo

 

VIII. La conflictividad y el malestar juvenil

 

IX. Tiempo libre juvenil.  Práticas y demandas

  

Referencias bibliográficas y documentales

 

   

6. Los jóvenes sin ocupación: ni estudian ni trabajan

 

Las reflexiones que hasta este momento han acompañado los resultados arrojados por ENJUVE, han venido apuntando a la serie de situaciones de dificultad y riesgo que sufre la actual generación juvenil. El lamentable incremento de la interrupción -cada vez más temprana- de los estudios, no sólo permite verificar la ruptura entre el vínculo normativo que en otros tiempos asociaba la condición juvenil con el estatus de estudiante sino, también hace posible percibir las notables diferencias que sufrirá su actuación, como desertores de la Educación, en el marco de un mercado laboral que tiende a ser más exigente en la distribución de sus limitados cupos. Ha podido apreciarse que un número creciente de jóvenes, al pasar a formar parte de la fuerza de trabajo, ven seriamente reducidas sus oportunidades de lograr empleos estables, bien remunerados y con posibilidades de ascenso. Aunque entre la juventud es cada vez menor el número de estudiantes y que la educación formal no asegura a los jóvenes empleos adecuados, su incorporación al trabajo y el logro de ingresos resultan perentorios para la mayoría de ellos. Con todo, el desempeño independiente de cada una de estas actividades -estudiar o trabajar- o la combinación de ambas, permite a los jóvenes que las realizan encarar, con relativa eficacia, los problemas de exclusión que en la actualidad afectan a la sociedad en su conjunto.

Es así, entonces, que la cuestión más grave de todas surge en el grupo de jóvenes en los cuales ha desaparecido el vínculo educativo y no han logrado incorporarse a algún empleo: ni estudian, ni trabajan. Se trata de una situación bastante cercana a lo que pudiera denominarse exclusión total, en la que tienden a generalizarse las condiciones de privación y a acumularse factores y malestares propiciatorios de frustración, desencanto y hasta violencia. Tales sentimientos, naturalmente, habrán de intensificarse en la medida en que se prolongue la situación que los engendra. De acuerdo con los resultados de ENJUVE, más de un millón de jóvenes venezolanos (1.065.848 / 26.5%) se encuentran en esta dramática situación, lo que implica, en términos más puntuales, que uno (1) de cada cuatro (4) jóvenes, aproximadamente, ni estudia ni trabaja.

Esta porción de la juventud venezolana, en la que se conjuga la inactividad educativa y la desocupación laboral, se halla expuesta, en primer término, al incremento de la dependencia del mundo adulto o de aquellas personas que, entretanto, han de hacerse cargo de ellos. Esto produce una menor posibilidad de avanzar hacia la autonomía personal y, consecuentemente, a prolongar de manera forzosa la condición juvenil. De igual forma, el ensayo y aprendizaje de roles adultos -teóricamente concebido para ser desarrollado durante la etapa juvenil- y la adopción de las pautas y los valores correspondientes, resultan, para este grupo, frágiles y defectuosos. Asimismo, estos jóvenes constituyen lo que, efectivamente, puede denominarse un grupo de alto riesgo, toda vez que las carencias a las que están sometidos los colocan en el umbral de una peligrosa propensión al despliegue de conductas definidas como desviación. En efecto, entre muchos de estos jóvenes, la idea de porvenir, de expectativas y de metas a lograr se vuleve confusa y frecuentemente oscilante entre el apremio y el abandono, puesto que se trata de una situación en la cual tienden a alternarse dos opciones extremas. Por un lado, experimentan la urgente necesidad de conformar un esquema de vida que los sustraiga de tal estado de dependencia y privación, en el cual se otorga poca o ninguna importancia a los medios y procedimientos de que se sirvan para lograrlos. Por el otro, adoptan y desarrollan estados genéricos de resignación y laxitud. La primera de estas opciones constituye la antesala de la conducta contraventora, mientras que la segunda implica la cristalización de la renuncia y el conformismo social.

No puede dejar de mencionarse el grave problema de las masas de ocio que los envuelve, como otro de los serios trastornos que acarrea sobre estos jóvenes su estado de inactividad y desocupación. Además de la estigmatización que socialmente sufren, su situación se ve agudizada por el encarecimiento de ofertas y posibilidades para un uso constructivo del Tiempo Libre. La disponibilidad de un tiempo esencialmente vacío y prácticamente interminable, que no es producto de una voluntad de conquistarlo sino de una seria restricción de oportunidades, fomenta en el curso de la cotidianeidad de estos jóvenes, amplios márgenes de vacuidad y resentimiento. Al examinar más detenidamente estos resultados se aprecia que son las jóvenes mujeres las más afectadas por esta situación, por cuanto representan el 71.6% (763.386) del total de jóvenes sin ocupación, colocándose 43.2 puntos estadísticos sobre los jóvenes varones.

En tal sentido, el hallazgo referido al fuerte predominio femenino en esta suerte de estado próximo a la exclusión total, tiende a consolidar lo que, cada vez más, adquiere forma de patrón social de comportamiento, en el cual a la joven mujer, al separarse de los estudios, se le impone la reclusión en el hogar, agudizándose de esta manera sus desventajas. Así se tiene que, por cada diez (10) jóvenes que ni estudian ni trabajan, siete (7) aproximadamente son mujeres jóvenes. Otra importante evidencia reportada por ENJUVE comprueba que es en los sectores más castigados por la crisis, donde los jóvenes padecen mayoritariamente este tipo de exclusión basada en la clausura simultánea de sus vínculos educativos y laborales. Se trata de 761.493 jóvenes (71.4% del total de los jóvenes sin ocupación) en los cuales la separación de los estudios y el bloqueo laboral se produce en el marco de las restricciones impuestas por la pobreza, por cuanto son jóvenes que pertenecen a hogares con las necesidades básicas insatisfechas (NBI). De lo que se desprende, entonces, que por cada diez (10) jóvenes actualmente sin ocupación, aproximadamente siete (7) corresponden a hogares en situación de pobreza.

Los hallazgos permiten establecer que entre pobreza material y desocupación juvenil se conforma una especie de mecanismo de reproducción perversa, en el cual el joven pobre sin ocupación no está en condiciones de aportar recursos -reales o potenciales- para contribuir a superar el estado de restricción e indefensión que lo rodea, pero tampoco la situación de pobreza en la que vive le permite obtener los medios para evitar la carencia de ocupación. Al situar este grave problema de los jóvenes sin ocupación en relación al nivel educativo que han podido alcanzar, se aprecia, con toda claridad, el predominio del grupo que sólo dispone de un patrimonio escolar considerablemente empobrecido, puesto que cerca de dos terceras partes (680.092 / 63.8%) de ellos no tienen ni siquiera la Educación Básica completa. Esta restringida circunstancia educativa no sólo explica la persistente relación entre la deserción escolar en los niveles de mayor elementalidad y el cierre de las oportunidades de empleo sino, además, revela que la conformación del itinerario hacia esta variante de la exclusión total -ni estudiar, ni trabajar- que padecen durante la juventud, comienza a definirse para la mayoría de ellos antes de llegar a ser jóvenes.

Ahora bien, además de haber observado la ostensible vulnerabilidad que, en general, se reconoce en esta elevada porción de la juventud venezolana, afectada por el doble y simultáneo efecto de la deserción escolar y de la desocupación laboral, y las claras divergencias que se aprecian en sus marcos de vida respecto a otros grupos juveniles, resulta conveniente insistir en la precisión de aquellos segmentos en los cuales este problema cobra mayor intensidad. La utilidad de esta precisión está asociada a las posibilidades de aportar elementos de elevada capacidad informativa para orientar el diseño y la ejecución de líneas de intervención política y programática sobre el terreno de la exclusión juvenil. Por tanto es pertinente señalar que, en virtud de las acuciantes y peligrosas circunstancias que rodean la vida de estos jóvenes, del carácter refractario con que se comporta el mercado laboral ante ellos y, sobre todo, del encarecimiento de los recursos públicos para atender su situación, el procedimiento para su focalización y los mecanismos para asistirlos, deben evitar los riesgos de dispersión inmanentes a toda política social.

Ha podido demostrarse que son las jóvenes mujeres quienes, en absoluta mayoría, sufren esta situación de carencia simultánea de la práctica educativa y de la actividad laboral. De igual manera, son los jóvenes que habitan en hogares pobres los que aportan la mayor cantidad de individuos a este dramático estado de inactividad escolar y de obstrucción de oportunidades de empleo. Y, finalmente, es en los jóvenes desertores con menos de nueve (9) años de escolaridad donde el problema se concentra de modo más agudo.

 

 La desintegración familiar

(Prefacio) (Aspectos metodológicos) (Trayectoria técnica) (Objetivos generales y específicos) (Cobertura poblacional y geográfica) (Diseño de la muestra) (Análisis de los resultados) (La juventud venezolana: inserción e incertidumbre) (Aspectos sociodemográficos) (El problema educativo) (Nivel educacional de la juventud) (Matrícula educativa actual de la juventud) (La separación de los estudios: sus causas) (Expectativas y condiciones de asistencia educativa) (El bloqueo laboral) (El desempleo juvenil) (La iniciación laboral) (Los jóvenes trabajadores) (Capacitación para el trabajo) (Los jóvenes sin ocupación: ni estudian ni trabajan) (La desintegración familiar) (Sexualidad, prevención y procreación) (La desmovilización política) (Percepciones de la vida pública) (Asociacionismo juvenil) (La conflictividad y el malestar juvenil) (Salud) (Tedio juvenil y fantasía suicida) (Tiempo libre juvenil) (Contenido del tiempo libre en los jóvenes) (La demanda de actividades en el tiempo libre) (Referencias bibliográficas y documentales)

 

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