5. Capacitación para el trabajo
Una de las más claras expresiones de la insuficiencia escolar,
concebida por los jóvenes en el momento de aspirar a su correspondiente ingreso al mundo
del Trabajo, lo constituye la necesidad de realizar cursos de capacitación. Sin
subestimar la importancia que la educación formal posee para la mayoría de los jóvenes
-insertos o separados del circuito escolar-, cerca del 80% (76.0% / 3.056.934) de ellos
expresó la necesidad de realizar cursos de capacitación, alentados por el propósito de
favorecer sus condiciones de acceso al mercado laboral o, en todo caso, de mejorar el
ingreso o el cargo, por parte de aquellos que se encuentran trabajando. Esta elevada cifra
de demandantes de capacitación estaría revelando, con gran precisión, la convicción
existente en la actual juventud de acceder a conocimientos especialmente eficaces y de
disponer de medios educativos-instrumentales para asegurar su inserción laboral o para
mejorarla.
Resulta muy significativo que este tipo de demanda aparezca un tanto
mayor en el grupo de los jóvenes adolescentes (77.9% / 1.660.490) que entre los jóvenes
adultos (73.8% / 1.396.444), a lo cual habría que añadir el incremento de la necesidad
de capacitación en más de cinco puntos estadísticos a favor de las mujeres jóvenes
(78.8% / 1.552.400) respecto a los jóvenes varones (73.3% / 1.504.534). Cabe afirmar,
entonces, que, si bien la disposición y propensión a la formación complementaria
resulta un hecho indudable en el conjunto de la juventud, lo es en mayor grado en el grupo
de las jóvenes mujeres y en el de los adolescentes, lo cual podría estar determinado por
el hecho de ser éstos dos de los subgrupos juveniles con mayores dificultades para la
inserción laboral. La manifiesta y generalizada necesidad de capacitación laboral en la
juventud se ve seriamente contrastada, y hasta contrariada, con las cifras que indican el
monto de jóvenes que, efectivamente, han accedido a este tipo de formación: mientras
cerca del 80% plantea la necesidad de capacitación para el trabajo, sólo el 21.0%
(848.176) declara haber realizado algún tipo de curso de capacitación. Tal significativo
contraste estaría indicando, no sólo la insatisfacción de una importante demanda en,
aproximadamente, el 60% de los jóvenes, sino, además, la urgente prioridad que
representa para el Estado, el diseño e implementación de políticas orientadas hacia la
capacitación y el empleo juvenil, tanto con la dinámica actual del mercado laboral, así
como con las demandas y necesidades de los propios jóvenes.
En este sentido, resulta oportuno incorporar al análisis la
considerable importancia otorgada por los jóvenes al papel del Estado en la provisión de
este tipo de recurso capacitacional. Al ser indagada la expectativa de la juventud en los
planos de actuación del Estado en favor de ella, cerca del 60% (53.6% / 2.158.249)
expresó que, dicha actuación, mejoraría el ámbito de la Educación y la Capacitación.
Ello implica que aproximadamente seis (6) de cada diez (10) jóvenes, confían en que el
sector público habrá de favorecer a los jóvenes mediante oportunidades de estudio y
capacitación para el trabajo. Por otra parte, al indagar en torno a distintas actividades
y aficiones a los cuales los jóvenes orientarían sus preferencias en el Tiempo Libre,
aparece información de gran utilidad al momento de concebir y diseñar determinados
programas de capacitación juvenil, sobre todo, si se consideran las significativas
diferencias por género que revelan los hallazgos.
Más de un tercio (35.7% / 1.443.384) del total de jóvenes manifestó
su deseo de aprender y practicar actividades tales como servicios técnicos -reparaciones
especializadas en electricidad, radio-técnica, servicio y mantenimiento de equipos, etc.-
y reparaciones domésticas -plomería, carpintería, albañilería, reparaciones
eléctricas simples, etc.-. Pero, mientras esta preferencia se revela en sólo el 9.7%
(191.049) de los jóvenes mujeres, concentra el gusto y la aspiración del 61% (1.252.335)
de los jóvenes varones. La relación por género se invierte en el caso de las
actividades comúnmente denominadas manualidades -costura, bordado, artesanía,
muñequería, etc.-, puesto que la preferencia asciende a 46.3% (912.555) en el sexo
femenino, en tanto que desciende a un escaso 5.8% (119.856) del sexo masculino.
Igualmente, se puede observar la feminización de las preferencias por desarrollar
actividades como decoración y aquellas dirigidas a la estética personal tales como
peluquería, manicura, estética facial, etc.. La primera fue escogida por el 23.8%
(469.375) de las muchachas y sólo por un 6.7% (137.395) de los muchachos. En el caso de
la segunda, si bien la cifra general es relativamente pequeña (5.2% / 210.019), de nuevo
el sexo femenino (7.9% / 155.960) predomina sobre el masculino (2.6% / 54.059).
Finalmente, al centrar la atención en la cifra referida a la preferencia por actividades
artesanales no convencionales, tales como orfebrería, joyería, cristalería, entre
otras, se observa un monto proporcionalmente pequeño, que apenas alcanza 2.2% (90.063) y
que no revela diferencias significativas por género.