| POLÍTICAS DE JUVENTUD EN AMÉRICA LATINA:
EVALUACIÓN Y DISEÑO
INFORME DE VENEZUELA
Prefacio
I. Aspectos metodológicos
II. La juventud
venezolana. Inserción e incertidumbre
III. Aspectos
sociodemográficos
IV. El problema educativo.
Matrícula, segmentación y expectativas
V. El bloqueo laboral.
Exclusión y precarización
VI. La
desintegración familiar. Hogar, pareja y procreación
VII. La
desmovilización política. Democracia, percepciones de la vida pública y
asociacionismo
VIII. La
conflictividad y el malestar juvenil
IX. Tiempo libre
juvenil. Práticas y demandas
Referencias bibliográficas y
documentales
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V. EL BLOQUEO LABORAL. Exclusión y Precarizaci ón
1. La fuerza de trabajo juvenil
Habiendo visto que más de la mitad de la actual generación juvenil ha
desertado de la Educación -la mayoría de ellos con niveles educativos que apenas
alcanzan la Educación Básica- surge de manera inmediata una inquietante interrogante:
¿Cuáles son los restantes espacios sociales por los que puede optar la juventud, una vez
disuelto el vínculo con el mundo educativo?. Al lado del empobrecimiento material social
y educativo de los jóvenes, aparecen los crecientes obstáculos y dificultades que los
afectan en el mundo del Trabajo. La necesidad de lograr de ingresos, incrementada para la
mayoría de ellos por los requerimientos familiares y contrariada por la baja
calificación alcanzada, conforma un marco de condiciones en el que existen muy pocas
posibilidades de demandar y lograr empleos que satisfagan sus necesidades y expectativas
ocupacionales. De esta forma, la juventud venezolana, al tiempo de reducir aceleradamente
su matrícula estudiantil, ha venido incrementando drásticamente su presencia en el
conjunto de la fuerza de trabajo.
Como se verá los resultados de ENJUVE reflejan, de manera irrebatible,
que la inserción laboral de los jóvenes venezolanos, lejos de constituirse en vía o
camino adecuado para el logro de los necesarios procesos de autonomización e
independencia y, por ende, de incorporación plena a la vida social, ha venido
configurándose como experiencia en la que se manifiestan, con grave intensidad, las
dificultades y obstáculos que padecen. Los vínculos que la generalidad de los jóvenes
logran establecer con el estratégico ámbito del empleo se caracterizan por ser débiles,
precarios e inestables. Al analizar la situación laboral de la juventud venezolana con
base en las clasificaciones y definiciones con las que, convencionalmente, se estiman los
índices y dinámicas del empleo (12), se
observa que la fuerza de trabajo juvenil, esto es, el grupo de jóvenes clasificados como
activos ya sea por estar trabajando o demandando empleo, se compone de un 48.8%
(1.960.646) del total de jóvenes. En consecuencia, el resto de la población juvenil o,
lo que es lo mismo el 51.2% (2.059.244), se cuentan como población inactiva, valga decir,
fuera de la fuerza de trabajo. Significa que de cada diez (10) jóvenes aproximadamente,
cinco (5) son fuerza de trabajo o población activa y cinco (5) están fuera de la fuerza
de trabajo o inactivos.
Al considerar las cifras referentes a la población económicamente
activa nacional, según los Indicadores de Fuerza de Trabajo, del 1° semestre del '93
(OCEI, 1993a), se estima que está compuesta por 7.519.107 personas. De esta manera, el
segmento juvenil aporta más de una cuarta parte a la fuerza de trabajo nacional, pues
1.960.646 jóvenes activos representan el 26.1% de ese total de personas activas a nivel
nacional. Es así que de cada (10) personas que componen la fuerza de trabajo nacional,
aproximadamente tres (3) son jóvenes entre 15 y 24 años. Estas cifras, aunque generales,
proporcionan índices bastante claros de la importante participación que tiene los
jóvenes en la dinámica económico-productiva del país. A su vez, dichos datos definen
el papel central de la problemática del empleo y de la inserción laboral en el
enfrentamiento de las dificultades de incorporación social de los jóvenes. Es por ello
que resulta de gran interés analizar la fuerza de trabajo juvenil, a partir de la
clasificación de los resultados según otras variables, tales como grupo de edad, nivel
de vida y género de los jóvenes.
Al analizar la composición etárea de la fuerza de trabajo juvenil se
observa, naturalmente, un predominio de los jóvenes adultos, dado que la tasa de
actividad en este grupo es del 63.6% (1.204.763), mientras que, en el grupo adolescente,
es del 35.5% (755.883). Si bien estos resultados revelan una menor participación por
parte de los jóvenes adolescentes en la fuerza de trabajo, ocurre, sin embargo, que se
trata de una población que, normativamente, debería estar desarrollando sus vínculos
con el mundo social por vía de la inserción educacional, y no a través de la
incorporación a la actividad productiva. Por ello llama la atención que un 35.5% de los
jóvenes entre 15 y 19 años, estén ya incorporados a la población activa nacional.
Considerando que la incorporación al campo del trabajo, es uno de los hitos que marca, de
manera más significativa la entrada al mundo adulto, cabe afirmar que los jóvenes
inician de forma anticipada y hasta prematura su relación con el ámbito laboral. Desde
una perspectiva convencional y normativamente favorable, se esperaría que la
incorporación más conveniente a la actividad productiva, tuviese lugar en
correspondencia con el paso a los años terminales del ciclo juvenil. No obstante, la
situación que reflejan los datos es de signo claramente distinto a lo que debería ser la
relación coherente entre la edad y la inserción al mundo del Trabajo.
Al acercar al análisis la clasificación de los resultados sobre
empleo, según el nivel de vida del hogar de los jóvenes, se constata que, en el grupo de
jóvenes procedentes de hogares en situación de pobreza (NBI), la tasa de actividad es de
45% (1.042.561) siendo menor que la del grupo de jóvenes procedente de hogares con las
Necesidades Básicas Satisfechas (NBS), la cual asciende a 53.8% (862.176). Significa,
entonces, que, en los estratos más pobres, se observa una menor participación de los
jóvenes en la fuerza de trabajo. Conviene recordar que la participación de los jóvenes
pobres respecto a los no pobres en el ámbito educativo, también es menor. En
consecuencia, cabe suponer que, cuando no participan de la fuerza de trabajo, se
encuentran, igualmente, excluidos del sistema educativo, engrosando, de esta manera, el
grupo de jóvenes que ni estudian ni trabajan. Al incluir la variable género en el
análisis de la inactividad en los jóvenes pobres, se constata que son las mujeres
jóvenes dedicadas a los quehaceres domésticos quienes incrementan, en este estrato, la
tasa de inactividad. Mientras sólo el 19.9% (155.278) de las mujeres jóvenes en hogares
no pobres (NBS) están dedicadas a los oficios domésticos, en el grupo de mujeres
jóvenes en hogares pobres (NBI) este porcentaje asciende a cerca del doble, ubicándose
en 38.8% (440.767). Por otra parte, la diferencia entre la tasa de actividad juvenil
masculina y la tasa femenina en el grupo NBS es de 26 puntos, aproximadamente, en tanto
que, dicha diferencia en el grupo NBI, es de 44 puntos (ambas diferencias a favor de los
varones).
Considerando, entonces, el comportamiento de las cifras, no cabe duda
de que es el sexo femenino el que contribuye, a incrementar la tasa de inactividad juvenil
en los estratos de pobreza, lo cual no es de extrañar puesto que, a la mujer joven pobre,
una vez que deserta de la Educación, sólo le resta como única posibilidad cierta la
reclusión en el hogar. En cambio, la mujer joven perteneciente a hogares con las
Necesidades Básicas Satisfechas, tienen mayores oportunidades de capacitación que le
permitan gestionar y demandar empleo y, consecuentemente, incorporarse al mercado laboral.
Ahora bien, independientemente de la variable socioeconómica, el genero femenino
generalmente ha estado en desventaja frente al mercado laboral. Como se podrá apreciar a
lo largo de este capítulo, los jóvenes se encuentran, igualmente, en situación de
desventaja objetiva respecto a los adultos en el ámbito laboral. Lo mismo sucede con los
pobres respecto a los no pobres. Es posible suponer, entonces, que para el segmento
poblacional compuesto por mujeres jóvenes pobres, las probabilidades de incorporación a
la fuerza de trabajo son bastantes reducidas.
Al examinar las tasas de actividad juvenil según el género, se
verifican diferencias bastante significativas y que confirman lo anteriormente planteado
acerca de las desventajas de la población femenina ante el mercado laboral y, en general,
ante la actividad económico-productiva nacional. La tasa de actividad femenina juvenil,
que es de 30.1% y representa un monto de 593.745 mujeres jóvenes, es mucho menor que la
de sus pares masculinos, la cual es de 66.6% equivalente a 1.366.901 jóvenes varones, es
decir, la diferencia entre las tasas es de 36.5 puntos. Del mismo modo, se observa que el
comportamiento de estas cifras en la población total, es muy similar, proporcionalmente,
al que muestran a nivel juvenil: según los Indicadores de la Fuerza de Trabajo del 1°
Semestre '93, la tasa de actividad femenina global es sólo del 36.5%, en tanto que, la
masculina alcanza 80.2% (OCEI, 1993.a). Tal semejanza de comportamiento pareciera estar
indicando que los jóvenes reproducen, en aspectos estratégicos de su inserción a la
actividad productiva, las mismas dinámicas de inserción laboral de la población en su
conjunto. Cabría suponer, entonces, que los problemas y necesidades que presentan los
jóvenes y las demandas que construyen no sean completamente propias de su condición
juvenil sino, en gran medida, un reflejo de los procesos y dinámicas que involucran al
mundo adulto y a la sociedad en su conjunto. Lo que se está observando respecto a la
composición sexual de la fuerza de trabajo juvenil es un ejemplo de este supuesto. Sin
embargo, el planteamiento no pretende simplificar el fenómeno o ignorar los matices
particulares de la problemática del empleo y la inserción laboral en el grupo juvenil.
Por el contrario, se intenta acercar a la reflexión el hecho de que la inserción laboral
juvenil está determinada, tanto por las dinámicas que afectan a la población en su
conjunto, así como por las específicas dificultades y limitaciones que, aún en momentos
de expansión económica, la juventud ha padecido.
12. Fuerza de trabajo o activos
(también denominada población económicamente activa, P.E.A.) que incluye a los que
están trabajando y a los que buscan empleo y fuera de la fuerza de trabajo o inactivos
(población económicamente inactiva) que incluye a los estudiantes, las personas en
quehaceres del hogar, los pensionados y los que están en otra situación.
(Prefacio) (Aspectos
metodológicos) (Trayectoria técnica) (Objetivos generales y específicos) (Cobertura poblacional y geográfica) (Diseño de la muestra) (Análisis
de los resultados) (La juventud venezolana: inserción e
incertidumbre) (Aspectos sociodemográficos) (El problema educativo) (Nivel
educacional de la juventud) (Matrícula educativa actual
de la juventud) (La separación de los estudios: sus
causas) (Expectativas y condiciones de asistencia
educativa) (El bloqueo laboral) (El
desempleo juvenil) (La iniciación laboral) (Los jóvenes trabajadores) (Capacitación
para el trabajo) (Los jóvenes sin ocupación: ni estudian ni
trabajan) (La desintegración familiar) (Sexualidad, prevención y procreación) (La desmovilización política) (Percepciones
de la vida pública) (Asociacionismo juvenil) (La conflictividad y el malestar juvenil) (Salud) (Tedio juvenil y
fantasía suicida) (Tiempo libre juvenil) (Contenido del tiempo libre en los jóvenes) (La demanda de actividades en el tiempo libre) (Referencias bibliográficas y documentales) |
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