OIT Cinterfor/OITCinterfor

 

 
English

Búsqueda avanzada
SID

Jóvenes,  formación y  empleo

 

  Novedades
  Sobre este sitio
  Observatorio de experiencias

Documentos y publicaciones
Emprendimiento juvenil
   Evaluación de impacto
  Jóvenes en el medio rural
Juventud y género
Jóvenes y sindicatos
  Legislación
  Eventos
  Enlaces
  Mapa del sitio
Página principal


 Coloque su dirección de correo electrónico para recibir las novedades del sitio.

Enviar la página a un amigo

 

Fecha de actualización:
2/12/2008

 

 
 

POLÍTICAS DE JUVENTUD EN AMÉRICA LATINA:

EVALUACIÓN Y DISEÑO

INFORME DE VENEZUELA

 

Prefacio

 

I. Aspectos metodológicos

 

II. La juventud venezolana.  Inserción e incertidumbre

 

III. Aspectos sociodemográficos

 

IV. El problema educativo.   Matrícula, segmentación y expectativas

 

V. El bloqueo laboral.  Exclusión y precarización

 

VI. La desintegración familiar.  Hogar, pareja y procreación

 

VII. La desmovilización política.  Democracia, percepciones de la vida pública y asociacionismo

 

VIII. La conflictividad y el malestar juvenil

 

IX. Tiempo libre juvenil.  Práticas y demandas

  

Referencias bibliográficas y documentales

 

   

4. Los jóvenes trabajadores

 

Tal como se ha visto, la población entre 15 y 24 años inserta en el mercado laboral constituye un conglomerado de más de 1.6 millones de personas. Este conjunto de 1.619.969 trabajadores representa el 40.3% de total de jóvenes y refleja una tasa de ocupación juvenil del 82.6%. Igualmente, ha quedado demostrada la preponderancia en la ocupación juvenil, de los jóvenes varones, los jóvenes adultos y los procedentes de hogares con necesidades básicas satisfechas (NBS), pues se trata de una actividad más frecuente en estos grupos de población que en sus respectivos pares complementarios. Habiendo situado este marco de rasgos generales, es pertinente introducir una variable de ineludible consideración en el examen del empleo juvenil, atendiendo a la relación Educación-Empleo: la distribución de los niveles educativos en la juventud trabajadora.

 

Nivel educativo de la juventud trabajadora

Más de la mitad (55.5% / 898.562) de los jóvenes trabajadores poseen como único capital educativo entre 1 y 8 años de escolaridad, lo que implica que ni siquiera han culminado la Educación Básica, nivel que se ha establecido como calificación mínima para optar a empleos en el sector formal. Por su parte, los jóvenes trabajadores con 9,10 u 11 años de escolaridad -es decir, que han alcanzado la Educación Básica o la Media- representan cerca de una tercera parte 31.6% (512.394) del total de jóvenes que trabaja. Mientras que el número de jóvenes trabajadores con algún grado de Educación Superior, constituyen sólo el 8.9% (143.929) del total, en tanto que los profesionales y técnicos superiores, apenas alcanzan la exigua representación del 1.3% (21.263). Esta situación obedece, causalmente, al comportamiento de la deserción escolar en la juventud. Se ha venido afirmando que los factores que inducen a la deserción del sistema educativo presionan, simultáneamente, en favor del imperativo de incorporación al mercado laboral, lo cual explica que la generalidad de los jóvenes al abandonar los estudios, se inserten aunque sea de forma precaria en el mundo ocupacional. Del mismo modo, ya se ha hecho referencia a la mayor frecuencia de la no asistencia escolar en los grupos juveniles con niveles de instrucción más bajos, mostrando así, este fenómeno, una correlación inversa con el nivel educativo expresada en que a menor grado de escolaridad mayor es la tendencia a abandonar los estudios y viceversa.(15) En este contexto, no es de extrañar que la mayoría de los jóvenes que trabajan posean como nivel educativo alcanzado grados correspondientes a la Básica incompleta pues, también la mayoría de los jóvenes con estos grados de instrucción -especialmente con grados de la 1ra. y 2da. etapa de Básica- se encuentran fuera del circuito escolar y, por lo tanto, incorporados al mercado laboral. Entretanto, los jóvenes con niveles educativos más altos, tales como Básica completa y, más aun, algún grado de Educación Superior se encuentran, en su mayoría cursando estudios formales. Esto hace que su representación en el conjunto de jóvenes que trabajan resulte sumamente exigua.

El panorama educativo de la juventud trabajadora refleja una realidad, considerablemente grave, en virtud de que el patrimonio escolar que presenta es marcadamente insuficiente y limitado. Probablemente este hecho profundizará su gravedad en el corto y mediano plazo, toda vez que cerca del 60% de los jóvenes está fuera del sistema educativo y rodeado de un marco de condiciones que, lejos de estimular la reinserción escolar, clausura progresivamente, tanto las motivaciones como las propias posibilidades objetivas de lograrlo. Al observar la cifra correspondiente a los jóvenes que, además de trabajar, se mantienen insertos en la actividad educativa, pareciera ratificarse el carácter irreversible de la baja calificación de la juventud trabajadora: solo el 18.5% (300.219) del total de jóvenes que trabajan, comparten su tiempo de actividad entre el trabajo y el estudio. Es decir de cada once (11) jóvenes que trabajan, solo dos (2), aproximadamente, se mantienen con posibilidades de mejorar su capacitación y calificación educativa, por estar aún insertos en el circuito escolar. Sin embargo, habida cuenta de las dificultades y esfuerzos que implica trabajar y estudiar simultáneamente, y el modo inevitable con que se impone a la juventud la actividad laboral, gran parte de estos jóvenes, probablemente, se separarán en el corto plazo del mundo educativo, pues las adversidades económicas los obligarán a mantenerse dentro del ámbito laboral. En consecuencia, podría pensarse que, al interior de este grupo la deserción educativa viene configurándose de modo potencial, dado que la tensión entre Educación y Empleo se resuelve generalmente, en favor del segundo y en perjuicio de la primera.

 

Categorías ocupacionales de la juventud trabajadora

Al analizar la distribución de la juventud trabajadora según la categoría ocupacional a la que corresponde su empleo o trabajo, se observa que una clara mayoría está empleada en el sector privado: un 45.5% (736.933) del total de jóvenes que trabajan, se desempeñan como trabajadores en empresas privadas de 5 ó más personas, en tanto que 23.4% (378.700) lo hacen en empresas de menos de 5 personas. Es así, que el sector privado proporciona empleo u ocupación al 68.9% del total de jóvenes ocupados. Asimismo, el sector público proporciona muy pocas fuentes de empleo al segmento juvenil, puesto que sólo un 6.8% (110.917) del total de jóvenes trabajadores, están ocupados en este sector.

Entretanto, el 15.2% (246.659) del total de jóvenes ocupados se encuentran en situación de trabajadores por cuenta propia. El 6.6% (106.259), se desempeñan como servicio doméstico. Cabe destacar que, mientras solo 2.4% (27.281) de los jóvenes varones trabajadores se desempeñan como servicio doméstico, se encuentran en la misma situación el 16.8% (78.978) de las mujeres jóvenes trabajadoras. Al sistematizar los resultados de acuerdo a los criterios adoptados para la definición de los sectores formal e informal de la economía, se observa que el 45.2% (731.618) del total de jóvenes que trabajan son trabajadores informales, mientras que el 52.3% (847.850) está inserto en el sector formal. Significa, entonces, que del total de jóvenes ocupados, una cifra próxima a la mitad se desempeñan en actividades propias del sector informal, es decir, son trabajadores por cuenta propia, empleados en empresas de menos de 5 personas o servicios domésticos. Tomando en cuenta las inestables y deficientes condiciones que caracterizan a este tipo de ocupación, hay lugar, entonces, para concluir que se trata de un numeroso contingente de mano de obra juvenil -monto que asciende a 731.618 jóvenes- cuya precaria inserción laboral los mantiene alejados de los beneficios propios del Sistema de Seguridad Social, tales como respaldo de organizaciones gremiales y/o sindicales, prestaciones sociales, asistencia en salud, mecanismos de ahorro, disfrute de vacaciones y horarios convencionales y, en general, de las ventajas de las que disponen los trabajadores del sector formal. De igual manera, se mantienen ajenos a aquellas fórmulas de estímulo asociadas a la movilidad ocupacional con arreglo al incremento de las capacidades, habilidades y talentos que pudiesen asegurar el ascenso en la escala de cargos.

Al observar el desempeño ocupacional de los jóvenes en el sector formal, ya se ha visto que el sector público contribuye con apenas el 6.8% del total de empleos para esta población. Por otra parte, si se considera que la mayor contracción en el comportamiento del empleo, durante la crisis y el posterior programa de ajustes, ha tenido lugar en las empresas privadas modernas -cuya orientación productiva se basa en la incorporación cada vez mayor de tecnologías ahorradoras de mano de obra y demandante de recursos humanos calificados- puede suponerse la debilidad del vínculo laboral que establece el 45.5% de los jóvenes trabajadores en el sector privado formal. Basta con recordar las serias restricciones educativas que han venido afectando a los jóvenes venezolanos. Los índices de ocupación informal en el segmento juvenil adquieren visos de mayor gravedad al compararlos con las cifras de ocupación nacional según sector de la economía. Para el primer semestre de 1993, del total de personas ocupadas a nivel nacional, el 60.2% se encontraban insertas en el sector formal, mientras que 39.8% lo hacían en el sector informal (OCEI, 1993a). Significa, entonces, que la informalidad ocupacional es proporcionalmente mayor en el segmento juvenil que en el grupo poblacional adulto, por lo tanto, son los jóvenes los que padecen con mayor intensidad sus consecuencias.

Las cifras de ENJUVE revelan, igualmente, que los grupos juveniles específicos que acusan una mayor tasa de ocupación informal son los adolescentes, los pobres y los de niveles educativos más bajos. Se observa una ligera diferencia entre los géneros que indica mayor tasa de informalidad en el sexo masculino, sin embargo, el contraste sexual no se presenta con montos significativos, (jóvenes varones, 46.1% ; mujeres jóvenes, 42.9%). En la explicación del alto porcentaje de ocupación informal en el segmento juvenil adolescente (55.0% / 333.867) se deben considerar al menos tres ideas básicas. En primer lugar, por razones estrictamente cronológicas, los jóvenes adolescentes ocupados han alcanzado niveles educativos más bajos que los jóvenes adultos lo cual los coloca en mayor propensión hacia la inserción ocupacional informal. Igualmente por razones de edad, en este grupo se incluyen los jóvenes ocupados con minoría de edad (menores de 18 años) a quienes, por esta condición legal, se les hace más improbable y difícil el acceso al sector formal. Por último, tal como se ha planteado anteriormente, el tránsito de los jóvenes adolescentes por su infancia y/o pubertad se enmarca en el período donde la crisis estructural, sus efectos y las respectivas medidas de ajuste tuvieron lugar con mayor intensidad, lo cual produjo en este segmento mayores tasas de deserción educativa temprana e inserción laboral precoz, factores claramente asociados a la ocupación informal.

En cuanto al nivel de vida, la diferencia de las tasas de ocupación informal entre los jóvenes trabajadores pobres (51.2% / 410.046) y los no pobres (39.3% / 304.787) es de un monto significativo. Obviamente, la mayor incidencia de la informalidad en los jóvenes NBI, está asociada al diferencial de ventajas, recursos y formación educativa que éstos acusan, respecto a sus pares NBS, ante el mercado laboral, lo cual les hace más difícil el acceso al sector formal. Lo mismo sucede con los jóvenes trabajadores de niveles educativos más bajos (1ra. y 2da. etapa de Básica) en quienes incide una tasa de ocupación informal del 57.7%, la cual asciende más de 12 puntos respecto a la tasa global juvenil y más de 36 puntos respecto a la tasa de los jóvenes trabajadores que han alcanzado algún nivel de Educación Superior.

 

Razones para trabajar

Al considerar el esquema de necesidades que determina la inserción laboral de los jóvenes, queda claramente expresado el carácter obligado de esta, toda vez que el 29.2% (472.864) manifiesta como principal razón para trabajar la responsabilidad de mantener a su grupo familiar, mientras que 32.9% (533.306) trabaja por la exigencia de incrementar el ingreso del grupo familiar al cual pertenece. Esto significa que 62.2% de los jóvenes trabajadores se encuentran incorporados al mercado laboral por la ineludible obligación de mantener o asistir económicamente al grupo familiar, por lo tanto, cabe afirmar que los imperativos del trabajo se hallan, para la generalidad de los jóvenes, incontestablemente asociados a los requerimientos impuestos por las cargas familiares. Esta situación se presenta de manera más patente y notoria en el grupo de jóvenes pobres. 69.0% de los jóvenes procedentes de hogares NBI (553.400) manifiestan, como razón para trabajar, la necesidad de proporcionar ingresos a su grupo familiar, en tanto, que en el grupo NBS el porcentaje de jóvenes con estas razones para trabajar desciende a 56.1% (435.017).

Una tercera parte del total de jóvenes trabajadores (32.9% / 533.564) expresó como razón para mantenerse en una ocupación remunerada la necesidad de cubrir sus gastos personales. En el caso de las mujeres jóvenes trabajadoras, esta cifra es relativamente mayor, pues mientras el porcentaje de ellas que dispone de los ingresos percibidos para cubrir los gastos en lo que personalmente incurre es del 42.2% (198.266) en los jóvenes varones trabajadores es del 29.1% (335.298) dado que los mayores porcentajes en este último grupo se encuentran en las razones anteriormente comentadas, referidas a las cargas familiares. Igualmente, sucede en el grupo de jóvenes pobres respecto a los no pobres: sólo 26.5% (212.614) de los jóvenes trabajadores NBI obtiene ingresos para cubrir sus gastos personales, en tanto que esta razón para trabajar se presenta en el 38.7% (300.525) de los jóvenes ocupados NBS. Incorporando al análisis la información acerca del destino que los jóvenes le otorgan a su ingreso, se ratifica, con toda claridad, el considerable peso que tiene sobre la mayoría de ellos la responsabilidad de asumir, en gran medida, el presupuesto de los hogares donde viven y/o de su grupo familiar. El 81% de los jóvenes tiene participación directa en la conformación del presupuesto familiar. En este grupo, se incluye el 59.4% (1.069.146) de jóvenes cuya contribución al sostenimiento del hogar cobra, gradualmente, características de mayor compromiso, toda vez que deben aportar la mitad, la mayor parte o la totalidad del ingreso que perciben.

15. La no asistencia juvenil a un centro de enseñanza se ubica, para los dos primeros niveles de Básica (1º a 6º grado), alrededor del 84%, mientras que en el nivel Superior es del 16.8%, descendiendo a poco menos del 10% si se excluyen los que no asisten por haber culminado.

 

 Satisfacción laboral

(Prefacio) (Aspectos metodológicos) (Trayectoria técnica) (Objetivos generales y específicos) (Cobertura poblacional y geográfica) (Diseño de la muestra) (Análisis de los resultados) (La juventud venezolana: inserción e incertidumbre) (Aspectos sociodemográficos) (El problema educativo) (Nivel educacional de la juventud) (Matrícula educativa actual de la juventud) (La separación de los estudios: sus causas) (Expectativas y condiciones de asistencia educativa) (El bloqueo laboral) (El desempleo juvenil) (La iniciación laboral) (Los jóvenes trabajadores) (Capacitación para el trabajo) (Los jóvenes sin ocupación: ni estudian ni trabajan) (La desintegración familiar) (Sexualidad, prevención y procreación) (La desmovilización política) (Percepciones de la vida pública) (Asociacionismo juvenil) (La conflictividad y el malestar juvenil) (Salud) (Tedio juvenil y fantasía suicida) (Tiempo libre juvenil) (Contenido del tiempo libre en los jóvenes) (La demanda de actividades en el tiempo libre) (Referencias bibliográficas y documentales)

 

 

Centro Interamericano para el Desarrollo del Conocimiento en la Formación Profesional (OIT/Cinterfor)
Avda. Uruguay 1238 - Montevideo - Uruguay - Tel: (5982) 908 6023 - 902 0557 - 908 0545 - Fax: (5982) 902 1305
  webmaster@cinterfor.org.uy

Copyright © 1996-2008 Organización Internacional del Trabajo (OIT) - Descargo de responsabilidad