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Fecha de actualización:
2/12/2008

 

 
 

POLÍTICAS DE JUVENTUD EN AMÉRICA LATINA:

EVALUACIÓN Y DISEÑO

INFORME DE VENEZUELA

 

Prefacio

 

I. Aspectos metodológicos

 

II. La juventud venezolana.  Inserción e incertidumbre

 

III. Aspectos sociodemográficos

 

IV. El problema educativo.   Matrícula, segmentación y expectativas

 

V. El bloqueo laboral.  Exclusión y precarización

 

VI. La desintegración familiar.  Hogar, pareja y procreación

 

VII. La desmovilización política.  Democracia, percepciones de la vida pública y asociacionismo

 

VIII. La conflictividad y el malestar juvenil

 

IX. Tiempo libre juvenil.  Práticas y demandas

  

Referencias bibliográficas y documentales

 

   

3. La iniciación laboral

 

En atención a los supuestos de base en los que se sustenta ENJUVE, específicamente, los aspectos que atienden a la focalización de áreas críticas de la relación Juventud-Empleo, se incluyó en el diseño del estudio un conjunto de preguntas dirigidas a explorar las condiciones y características que rodean a la primera ocupación remunerada de los jóvenes. En esta exploración se consideró, tanto a los que para el momento de la encuesta se encontraban empleados, así como a aquellos que, estando en situación de desempleo o en situación de inactividad, declararon haber trabajado anteriormente. Significa, entonces, que se conformó un grupo constituido por todos los jóvenes que están, o que alguna vez estuvieron, insertos en el mercado laboral. Este grupo alcanza una cifra de 2.615.954, que equivale a un 65% del total de jóvenes. Por tanto, cabe afirmar que de cada diez (10) jóvenes, siete (7) han tenido experiencia laboral en ocupaciones remuneradas con dinero.

Al observar la experiencia laboral juvenil según los géneros, se aprecia que en el sexo masculino juvenil es mayor la experiencia laboral respecto al sexo femenino. En el primero la tasa de experiencia laboral es de 77% (1.580.689), mientras que en el segundo desciende a 52.5% (1.035.265). Asimismo, tal como se esperaría atendiendo a razones cronológicas, la experiencia laboral es mayor en el grupo de jóvenes adultos que en el de jóvenes adolescentes: el 80.7% (1.527.889) de los jóvenes entre 20 y 24 años están o han estado insertos en el mercado laboral, en tanto que, en el grupo entre 15 y 19 años este porcentaje se ubica en 51.1% (1.088.065). En cuanto a la clasificación según el nivel de vida, se observa que la experiencia ocupacional es, proporcionalmente, mayor en el grupo juvenil NBS que el grupo NBI: Mientras en el primero la tasa de experiencia laboral es de 68% (1.090.003) en el segundo baja a 63% (1.455.380). La proporción superior que tienen los jóvenes adultos, los jóvenes varones y los jóvenes no pobres en el grupo con experiencia laboral, es absolutamente consistente con la conformación de la fuerza de trabajo juvenil -donde estos grupos específicos muestran también un predominio significativo- y ratifica lo que se ha venido afirmando acerca de las mayores posibilidades de estos, en relación a sus respectivos complementarios, ante la inserción laboral.

 

Edad de la iniciación laboral

Continuando en el análisis de los resultados, surge una consideración de singular importancia, pues evidencia que, si bien algunos conglomerados juveniles tienen mayores probabilidades de incorporación al mercado laboral, la iniciación en el mundo ocupacional se ve distorsionada, para la generalidad de los jóvenes, por la precocidad que la caracteriza. Es así que resulta ineludible examinar la edad en que los jóvenes emprenden su tránsito por el ámbito laboral. La iniciación en una ocupación remunerada, así como la separación de los estudios y la procreación de hijos, se constituyen en verdaderos hitos en la vida de los jóvenes. Convencionalmente, se espera que los jóvenes se dediquen, principalmente, a actividades educativas que le garanticen formación cultural y profesional y, sobre todo, capacitación para acceder al campo laboral con oficios calificados. Este acceso, debería tener lugar después de la adecuada culminación de los estudios, y de manera más o menos simultánea con el abandono cronológico del período juvenil. Habiendo culminado la formación profesional y logrado una adecuada inserción laboral, se crearía el marco de condiciones para el establecimiento de familia propia. No obstante, la realidad muestra un panorama distinto y alarmante por su marcada diferencia con la lógica de acontecimientos arriba descrita, lógica que, a su vez, ha sido establecida por las expectativas e imágenes sobre la juventud basadas en lo normativo, en las reglas de la sociedad.

Como ya se ha visto, más de la mitad de los jóvenes venezolanos no asiste a un centro de enseñanza. Cerca de una tercera parte de este grupo abandonó los estudios con edades inferiores a los 15 años, esto es, cuando ni siquiera habían alcanzado el período juvenil, y más de la mitad de ellos dejaron de estudiar entre los 15 y los 19 años. Del mismo modo, cerca de una cuarta parte del segmento juvenil ya tiene hijos y, de este total, más de la mitad tuvo su primer hijo entre los 15 y los 19 años. Igualmente en el ámbito del empleo, se observan resultados en torno a la iniciación laboral caracterizados por los mismos rasgos de precocidad. Una cifra cercana a los 48.000 jóvenes (47.642), que equivale al 1.8% del grupo juvenil con experiencia laboral, tuvo su primera ocupación con edades inferiores a los 10 años, mientras que 23.7% (619.252) la tuvieron entre los 10 y los 14 años. Es así, entonces, que más de una cuarta parte (25.5%) de los jóvenes que han trabajado, tuvieron su primera ocupación remunerada antes de haber alcanzado el período juvenil, verificándose en este grupo la lamentable distorsión de la inserción laboral constituida por el trabajo infantil. A pesar de las disposiciones legales que restringen la utilización de mano de obra menor de 15 años, es evidente que un significativo grupo de la actual juventud tuvo esta negativa y perversa iniciación en el mundo del trabajo.

Cerca de dos terceras partes (1.652.531 / 63.2%) de los jóvenes con experiencia laboral, se iniciaron como fuerza de trabajo ocupada entre los 15 y los 19 años. Un monto mucho menor de jóvenes, equivalente al 9.9% (257.812), tuvo su primera ocupación remunerada entre los 20 y los 24 años (13). Estos resultados evidencian que la iniciación laboral tuvo lugar, para un gran contingente de jóvenes, apenas comenzando el período juvenil, y no en la fase terminal del mismo, como, convencionalmente, se esperaría. Si bien la iniciación laboral excesivamente temprana se verifica en la totalidad del actual segmento juvenil, se constata, sin embargo, una mayor frecuencia de la iniciación precoz en subgrupos juveniles específicos. Efectivamente, los jóvenes varones, los jóvenes pobres, los de niveles educativos más bajos y los jóvenes adolescentes, constituyen los grupos juveniles que acusan una iniciación laboral mucho más temprana.

En el caso del sexo masculino, se corrobora la definitiva mayoría que ellos constituyen en todo lo relativo al mundo del Trabajo. Esto confirma el planteamiento que sostiene que el fenómeno laboral, tanto en el segmento juvenil así como en los otros grupos etáreos del conjunto social, sigue siendo eminentemente masculino, pese a los irrefutables incrementos que, durante el período modernizador y la posterior crisis estructural, ha tenido la tasa de participación femenina en la actividad productiva. En los jóvenes pobres (NBI) es más frecuente la iniciación laboral precoz, pues cerca de una tercera parte de ellos (32.2% / 468.401) tuvo su primera ocupación remunerada antes de los 15 años. En el grupo de jóvenes no pobres, (NBS) se observa que, durante la infancia, sólo se iniciaron en el mercado laboral menos de una quinta parte de ellos (17.1% / 186.558). Obviamente, sobre los jóvenes procedentes de hogares con las necesidades básicas insatisfechas pesan más presiones de índole socioeconómica que obligan su incorporación temprana a la fuerza de trabajo y, en general, al mercado laboral -pese a lo difícil que les resulta el acceso- mientras que los jóvenes no pobres, al tener satisfechas las necesidades básicas, tienen mayores posibilidades de postergar su incorporación a la actividad productiva, en aras de una permanencia más prolongada en el sistema educativo. Significa, entonces, que si bien en los jóvenes no pobres se revela una mayor tasa de experiencia laboral, en los jóvenes en situación de pobreza la iniciación laboral excesivamente temprana es mayor.

En el grupo de jóvenes que sólo han alcanzado grados correspondientes a la 1ra. y 2da. etapa de la Educación Básica (hasta 6 años de escolaridad), se observa una mayor frecuencia de la iniciación laboral notablemente temprana, puesto que, más del 40% (365.853) de ellos se iniciaron en el mundo del trabajo antes de los 15 años, mientras que la iniciación laboral antes de los 15 años tuvo lugar sólo para el 17.1% (232.977) de los jóvenes que han alcanzado la 3ra. etapa de la Básica o la Media Diversificada (de 7 a 11 años de escolaridad), y para el 6.2% (15.247) de los que han adquirido algún grado de Educación Superior (12 y más años de escolaridad). Considerando educación y empleo como vías normalmente excluyentes -"Si se trabaja, no se estudia y viceversa..." (Solaris, en Gurrieri, 1971)- es fácil comprender la correlación positiva entre inserción laboral precoz, y bajos niveles educativos. Las razones de distinta índole, especialmente socioeconómicas, que inducen a la incorporación al mercado de trabajo, presionan simultáneamente en favor de la deserción escolar. No es casual que el período etáreo donde tiene lugar el mayor índice de deserción escolar juvenil (15-19 años) sea, igualmente, el período donde la mayoría de los jóvenes se inicia en el mundo ocupacional.

Al situar los resultados según el grupo etáreo, se observa que, en la categoría jóvenes adolescentes (15-19 años), el problema de la inserción laboral temprana denota un considerable incremento en comparación con el grupo de jóvenes adultos (20-24 años). La tasa de iniciación ocupacional durante la infancia es para el grupo adolescente de 36.8% (401.246) mientras que para el grupo adulto es de 17.4% (265.648). Esta situación pareciera estar obedeciendo a que el tránsito de los jóvenes adolescentes por la infancia estuvo enmarcado en el período más reciente, en el cual tuvieron lugar, con mayor intensidad, los efectos de la crisis y de las respectivas medidas de ajuste. Este contexto obligó -y aún obliga- a una considerable mayoría de la población, al desarrollo de estrategias para la obtención de ingresos, entre las cuales se cuenta la incorporación de los niños a ocupaciones remuneradas.

 

Iniciación laboral según categorías ocupacionales

Al observar la distribución de los jóvenes con experiencia laboral, según las distintas categorías ocupacionales en que tuvo lugar su primer trabajo remunerado, se comprueba la preeminencia del sector privado como empleador de fuerza de trabajo juvenil. En efecto, el 42.3% (1.107.290) de los jóvenes con experiencia laboral, tuvo su primera ocupación en empresas privadas constituida por 5 o más personas, mientras que el 29.5% (771.600) se iniciaron en empresas, también del sector privado, de menos de 5 personas. Por otra parte, 11.9% (311.937), se iniciaron como trabajadores por cuenta propia y 9.2% (240.166) lo hicieron como servicio doméstico. Sólo un 5.8% (150.843) de los jóvenes con experiencia laboral, se iniciaron con empleos en el sector público, lo cual demuestra la limitada intervención de este sector como proveedor de primeros empleos al segmento juvenil, pues de cada veinte (20) jóvenes con experiencia laboral, sólo uno (1), aproximadamente, se inició como trabajador al servicio del Estado.

Sistematizando los resultados de acuerdo a los criterios para diferenciar sector formal e informal de la economía (14) se obtienen categorías de mayor valor analítico, que permiten apreciar, las características precarias de la iniciación laboral de la actual juventud. Con base en estos criterios, el sector informal estaría conformado por las categorías trabajadores por cuenta propia, trabajadores de empresas de menos de 5 personas y servicio doméstico, en tanto que el sector formal quedaría circunscrito a trabajadores de empresas con 5 ó más personas y a trabajadores del sector público. En este sentido, se observa que más de la mitad de los jóvenes con experiencia laboral (50.6% / 1.323.703), se iniciaron como trabajadores en el sector informal. El resto (48.1% / 1.258.133) tuvo como primera ocupación empleos en el sector formal.

El sector informal se caracteriza por su situación desguarnecida en lo concerniente a los beneficios de la Seguridad Social. La inserción en este sector es de alta precariedad e inestabilidad, dado que los trabajadores que lo componen sólo reciben como beneficio el ingreso monetario inmediato que obtienen por la venta de su trabajo o mano de obra, en tanto que, sus posibilidades de conformar y negociar mejores condiciones, no sólo laborales en sentido estricto (salario, horario, etc.), sino también aquellas otras asociadas a la calidad de vida (jubilación, salud, ahorros, etc.), son escasas o, sencillamente, nulas. Sin embargo, el problema para este tipo de trabajadores se ubica, no sólo en las pocas posibilidades de Seguridad Social que este sector les ofrece, sino también en sus restringidas capacidades para construir demandas en torno a la obtención de mejores y más estables condiciones de empleo.

En el caso de las primeras incursiones laborales del segmento juvenil, esta situación se expresa con grave intensidad. Tal como se ha expuesto anteriormente, la iniciación laboral precoz, inducida por un contexto socioeconómico desfavorable y con agudo apremio, conlleva generalmente deserción escolar. En estas condiciones de poca edad, formación educativa insuficiente y necesidades básicas insatisfechas, sólo queda como posibilidad cierta el inestable sector informal, pues para estos jóvenes no existían opciones laborales, sino el imperativo de trabajar. El sector formal exige, para proveer de empleos, requisitos mínimos tales como mayoría de edad y formación educativa que comprenda al menos, nueve (9) años de escolaridad (anteriormente 6 años o Educación Primaria), características con las cuales no contaban la mayoría de los jóvenes al iniciarse como trabajadores remunerados. Al considerar el nivel educativo y el nivel de vida de los jóvenes en el análisis de la informalidad en la iniciación ocupacional, se observa de manera más contundente el planteamiento descrito.

Los jóvenes que hasta ahora han alcanzado niveles educativos más bajos (1ra. y 2da. etapa de Básica) son los que presentan la mayor tasa de iniciación laboral en el sector informal (62.7% / 562.605) mientras que los jóvenes que han alcanzado algún grado de Educación Superior, presentan la tasa más baja (30.5% / 75.038). Igualmente, en el grupo de jóvenes pobres (NBI) con experiencia laboral, se registró una más alta tasa de iniciación laboral informal (56.2% / 817.258) con respecto a sus pares no pobres (NBS), quienes mostraron un porcentaje mas bajo que los primeros en 12 puntos, aproximadamente, (43.7% / 475.911). En cuanto a los grupos etáreos, se observa que los jóvenes adolescentes (15-19 años) se iniciaron laboralmente en el sector informal, en una proporción mucho mayor (59.6% / 648.257) que los jóvenes adultos (20-24 años) (44.2% / 675.446) lo cual es consistente con la afirmación de que los jóvenes adolescentes, al haber iniciado su tránsito por el mundo ocupacional en el período de intensificación de la crisis económica, lo hicieron en un contexto de mayores dificultades y limitaciones en comparación con los jóvenes que, actualmente, constituyen la juventud adulta, situación que los colocó en mayor propensión de inserción en el sector informal. Aún más, si se observa sólo a la luz de lo estrictamente cronológico, estos jóvenes tienen menos años de escolaridad que los jóvenes adultos y, habiendo visto que se iniciaron más precozmente en el mundo laboral, probablemente lo hicieron con niveles educativos más bajos que éstos últimos.

En relación a los géneros, la iniciación laboral en el sector formal e informal, no reveló diferencias significativas entre uno y otro sexo . No obstante, dentro de la informalidad, se observan diferencias por género en la categoría, servicio doméstico, pues mientras sólo un 0.8% (12.695) del total de jóvenes varones con experiencia laboral se inició como tal, en el sexo femenino, las mujeres jóvenes que se iniciaron en esta categoría, alcanza un 22% (227.471) del total de mujeres jóvenes con experiencia laboral.

 

13. Obviamente, esta última cifra se compone sólo de jóvenes adultos, pues son los que por razones cronológicas pueden engrosar el grupo en cuestión.
14. Los criterios utilizados para la clasificación de sector de la economía, son los propuestos por la Oficina Central de Estadística e Informática (OCEI) en los Indicadores de Fuerza de Trabajo. 1er Sem 1993.

 Los jóvenes trabajadores

(Prefacio) (Aspectos metodológicos) (Trayectoria técnica) (Objetivos generales y específicos) (Cobertura poblacional y geográfica) (Diseño de la muestra) (Análisis de los resultados) (La juventud venezolana: inserción e incertidumbre) (Aspectos sociodemográficos) (El problema educativo) (Nivel educacional de la juventud) (Matrícula educativa actual de la juventud) (La separación de los estudios: sus causas) (Expectativas y condiciones de asistencia educativa) (El bloqueo laboral) (El desempleo juvenil) (La iniciación laboral) (Los jóvenes trabajadores) (Capacitación para el trabajo) (Los jóvenes sin ocupación: ni estudian ni trabajan) (La desintegración familiar) (Sexualidad, prevención y procreación) (La desmovilización política) (Percepciones de la vida pública) (Asociacionismo juvenil) (La conflictividad y el malestar juvenil) (Salud) (Tedio juvenil y fantasía suicida) (Tiempo libre juvenil) (Contenido del tiempo libre en los jóvenes) (La demanda de actividades en el tiempo libre) (Referencias bibliográficas y documentales)

 

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