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Fecha de actualización:
2/12/2008

 

 
 

POLÍTICAS DE JUVENTUD EN AMÉRICA LATINA:

EVALUACIÓN Y DISEÑO

INFORME DE VENEZUELA

 

Prefacio

 

I. Aspectos metodológicos

 

II. La juventud venezolana.  Inserción e incertidumbre

 

III. Aspectos sociodemográficos

 

IV. El problema educativo.   Matrícula, segmentación y expectativas

 

V. El bloqueo laboral.  Exclusión y precarización

 

VI. La desintegración familiar.  Hogar, pareja y procreación

 

VII. La desmovilización política.  Democracia, percepciones de la vida pública y asociacionismo

 

VIII. La conflictividad y el malestar juvenil

 

IX. Tiempo libre juvenil.  Práticas y demandas

  

Referencias bibliográficas y documentales

 

   

2. El desempleo juvenil

 

Luego de examinar las características objetivas más generales de la fuerza de trabajo juvenil, surge una inmediata e inevitable interrogante: De ese total de jóvenes activos, ¿Cuántos están efectivamente insertos en el mercado laboral y cuántos están buscando trabajo o, lo que es lo mismo, desempleados?. Es bien sabido que, en Latinoamérica, la representación juvenil en el desempleo global y en el subempleo es de una proporción significativa y preocupante. Aún en períodos de crecimiento económico, con incrementos en el producto territorial bruto (P.T.B.), disminución en las tasas de desempleo global, mejoras salariales, etc., los índices de desempleo juvenil -que tiende a ser el doble y a veces el triple del desempleo global- y de subempleo juvenil no modifican sensiblemente sus proporciones (Primer Informe Sobre la Juventud de América Latina, 1990. Rodríguez y Ottone, 1989). En Venezuela, no hay evidencias o indicios que permitan suponer una situación distinta: "A finales de 1986, la fuerza de trabajo total existente en el país alcanzaba a 6.1 millones de personas. De ellas, 629 mil, es decir, el 10.3% se encontraba sin empleo y lo buscaban activamente... En términos de la edad de los afectados, el desempleo es un fenómeno que incide mayoritariamente sobre los jóvenes: 46% de ellos declaró poseer menos de 24 años. Por el contrario, apenas 9.5% de los desempleados eran mayores de 45 años" (Valecillos, 1992).

Las abultadas dimensiones del desempleo en el segmento juvenil han determinado que, dentro de las políticas sociales dirigidas al incremento de su calidad de vida, se contemplen esfuerzos institucionales centrados en la capacitación y el empleo juvenil. En el caso venezolano, el Plan de Capacitación y Empleo Juvenil respalda su diseño y posterior ejecución en atención al "...bajo ritmo de aumento de la población de 15 a 24 años enteramente dedicada al estudio y la alta tasa de crecimiento de los jóvenes en situación de cesantía laboral (subrayado nuestro) obedeciendo ambos, causalmente, al aumento de la deserción escolar y al desarrollo de presiones en favor de la incorporación precoz de los jóvenes al mercado de trabajo, fenómeno éste inducido por el progresivo empobrecimiento de la población venezolana vivido a partir de finales de los años '70" (Ministerio de la Familia, 1993).

Según los resultados de ENJUVE, del total de jóvenes que componen la fuerza de trabajo juvenil, 340.677 (17.4%) están desempleados o desocupados, mientras que 1.619.969 (82.6%) se encuentran ocupados, esto es, insertos en el mercado laboral. Significa, entonces, que de cada veinte (20) jóvenes que componen la fuerza de trabajo juvenil, aproximadamente cuatro (4) están en situación de desempleo. Ahora bien, al observar a la composición de la fuerza de trabajo nacional se tiene que, de 7.519.107 personas, el 93.1% (7.001.319) está trabajando y el 6.9% (517.788) está demandando empleo o desocupados (OCEI, 1993.a). En el caso de la fuerza de trabajo nacional, de cada veinte (20) personas que la componen, sólo uno (1) está desempleado. Esta comparación de resultados evidencia que la tasa de desempleo o desocupación juvenil (17.4%) es 2.5 veces mayor que la tasa de desempleo global (6.9%) y expresa, a su vez, la preocupante magnitud proporcional del negativo fenómeno de la desocupación en el segmento poblacional entre 15 y 24 años.

Al estimar la composición del desempleo juvenil, según los jóvenes sean cesantes o buscadores de trabajo por primera vez (B.T.P.P.V), se corrobora el crítico impacto de la desocupación en este segmento poblacional. Demandar empleo -independientemente a que lo hagan habiendo trabajado antes o por primera vez- convierte, al demandante, en desempleado, más allá de cualquier otra consideración. Sin embargo, existen diferencias sustanciales entre la situación de cesantía y la de demanda de empleo inicial. La cesantía alude a la típica exclusión del mercado laboral, denotando la imposibilidad de continuar incorporado a éste. En efecto, el cesante sufre severas restricciones para la satisfacción de las necesidades -tanto suyas, como del grupo familiar- a consecuencia de la objetiva reducción del ingreso que ocasiona la pérdida del empleo. Inevitablemente, se ve rodeado de presiones que lo inducen al desarrollo de acciones para obtener las indispensables entradas económicas, sensiblemente disminuidas. Es por ello que, a la cesantía, se le ha llamado también desempleo propiamente dicho, pues es la auténtica situación de pérdida del empleo, con consecuencias más agudas y difíciles. Del total de jóvenes que buscan empleo, 263.175 (77.3%) son cesantes o desocupados propiamente dichos, mientras que sólo 77.502 (22.7%) buscan trabajo por primera vez. De lo anterior se concluye que de cada diez (10) jóvenes que buscan trabajo, siete (7) son cesantes, valga decir, se encuentran en la situación más crítica de desempleo.

Analizando las tasas de desocupación o desempleo juvenil   atendiendo a las diferencias determinadas por los subgrupos que lo conforman, se observa que la situación de desocupación afecta con mayor intensidad a la juventud adolescente, a las mujeres jóvenes y a los jóvenes pobres. En el grupo juvenil adolescente, se registra una tasa de desempleo del 19.8%, porcentaje que expresa la situación de 149.789 jóvenes entre 15 y 19 años y que se encuentra 2.4 puntos por encima de la tasa de desempleo global juvenil (17.4%) y 4 puntos por encima de la del grupo juvenil adulto (15.8% / 190.888). En cuanto al desempleo juvenil femenino, éste se ubica en 21% lo que indica una situación de desempleo abierto para 124.392 mujeres jóvenes. Dicha tasa es mayor que la del grupo masculino juvenil en 5.2 puntos, pues esta última se encuentra en 15.8% (216.285). Al compararla con la tasa de desempleo global juvenil, la tasa femenina la supera en 3.6 puntos.

Observando las tasas de desempleo en los grupos de jóvenes clasificados según la situación socioeconómica, es decir, en el grupo de jóvenes procedentes de hogares NBI y en el de jóvenes procedentes de hogares NBS, se verifica una diferencia abrumadora: mientras la tasa de desempleo en el grupo NBS es de 10% (86.098), en el grupo NBI es de 23.2%, porcentaje que alude a la situación de desocupación de 241.669 jóvenes pobres y que está 5.8 puntos por encima de la tasa de desempleo global juvenil. Ante este panorama que presentan las cifras de desempleo juvenil, se verifican como lógica contraparte, mayores tasas de ocupación en los grupos de jóvenes adultos, jóvenes varones y de jóvenes no pobres. Efectivamente, mientras la tasa de ocupación global juvenil es de 82.6%, la correspondiente a los jóvenes adultos es 84.2%, que en términos absolutos equivale a una cifra de 1.013.875 jóvenes entre 20 y 24 años insertos en el mercado laboral. Por su parte, el sexo masculino juvenil registra una tasa de ocupación de 84.2%, la cual revela que 1.150.616 jóvenes varones están trabajando. En cuanto al grupo de jóvenes pertenecientes a hogares con las Necesidades Básicas Satisfechas (NBS) se observa una tasa de ocupación de 90%, cuya expresión en cifras absolutas alcanza un monto de 776.078 jóvenes que se encuentran trabajando o teniendo empleo.

De este modo, hay lugar para concluir que el camino de la inserción laboral, el cual se presenta con grados de dificultad de considerable importancia para el segmento juvenil en su conjunto, es aún mucho más complejo e inaccesible para grupos específicos dentro del mismo, tales como los adolescentes, las mujeres y los pobres, en tanto que, los respectivos grupos complementarios, los jóvenes adultos, los jóvenes varones y los jóvenes no pobres, tienen, mayores posibilidades de acceder e incorporarse a la actividad económico-productiva como fuerza de trabajo ocupada o empleada.

 

 La iniciación laboral

(Prefacio) (Aspectos metodológicos) (Trayectoria técnica) (Objetivos generales y específicos) (Cobertura poblacional y geográfica) (Diseño de la muestra) (Análisis de los resultados) (La juventud venezolana: inserción e incertidumbre) (Aspectos sociodemográficos) (El problema educativo) (Nivel educacional de la juventud) (Matrícula educativa actual de la juventud) (La separación de los estudios: sus causas) (Expectativas y condiciones de asistencia educativa) (El bloqueo laboral) (El desempleo juvenil) (La iniciación laboral) (Los jóvenes trabajadores) (Capacitación para el trabajo) (Los jóvenes sin ocupación: ni estudian ni trabajan) (La desintegración familiar) (Sexualidad, prevención y procreación) (La desmovilización política) (Percepciones de la vida pública) (Asociacionismo juvenil) (La conflictividad y el malestar juvenil) (Salud) (Tedio juvenil y fantasía suicida) (Tiempo libre juvenil) (Contenido del tiempo libre en los jóvenes) (La demanda de actividades en el tiempo libre) (Referencias bibliográficas y documentales)

 

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