2. El desempleo juvenil
Luego de examinar las características objetivas más generales de la
fuerza de trabajo juvenil, surge una inmediata e inevitable interrogante: De ese total de
jóvenes activos, ¿Cuántos están efectivamente insertos en el mercado laboral y
cuántos están buscando trabajo o, lo que es lo mismo, desempleados?. Es bien sabido que,
en Latinoamérica, la representación juvenil en el desempleo global y en el subempleo es
de una proporción significativa y preocupante. Aún en períodos de crecimiento
económico, con incrementos en el producto territorial bruto (P.T.B.), disminución en las
tasas de desempleo global, mejoras salariales, etc., los índices de desempleo juvenil
-que tiende a ser el doble y a veces el triple del desempleo global- y de subempleo
juvenil no modifican sensiblemente sus proporciones (Primer Informe Sobre la Juventud de
América Latina, 1990. Rodríguez y Ottone, 1989). En Venezuela, no hay evidencias o
indicios que permitan suponer una situación distinta: "A finales de 1986, la fuerza
de trabajo total existente en el país alcanzaba a 6.1 millones de personas. De ellas, 629
mil, es decir, el 10.3% se encontraba sin empleo y lo buscaban activamente... En términos
de la edad de los afectados, el desempleo es un fenómeno que incide mayoritariamente
sobre los jóvenes: 46% de ellos declaró poseer menos de 24 años. Por el contrario,
apenas 9.5% de los desempleados eran mayores de 45 años" (Valecillos, 1992).
Las abultadas dimensiones del desempleo en el segmento juvenil han
determinado que, dentro de las políticas sociales dirigidas al incremento de su calidad
de vida, se contemplen esfuerzos institucionales centrados en la capacitación y el empleo
juvenil. En el caso venezolano, el Plan de Capacitación y Empleo Juvenil respalda su
diseño y posterior ejecución en atención al "...bajo ritmo de aumento de la
población de 15 a 24 años enteramente dedicada al estudio y la alta tasa de
crecimiento de los jóvenes en situación de cesantía laboral (subrayado nuestro)
obedeciendo ambos, causalmente, al aumento de la deserción escolar y al desarrollo de
presiones en favor de la incorporación precoz de los jóvenes al mercado de trabajo,
fenómeno éste inducido por el progresivo empobrecimiento de la población venezolana
vivido a partir de finales de los años '70" (Ministerio de la Familia, 1993).
Según los resultados de ENJUVE, del total de jóvenes que componen la
fuerza de trabajo juvenil, 340.677 (17.4%) están desempleados o desocupados, mientras que
1.619.969 (82.6%) se encuentran ocupados, esto es, insertos en el mercado laboral.
Significa, entonces, que de cada veinte (20) jóvenes que componen la fuerza de trabajo
juvenil, aproximadamente cuatro (4) están en situación de desempleo. Ahora bien, al
observar a la composición de la fuerza de trabajo nacional se tiene que, de 7.519.107
personas, el 93.1% (7.001.319) está trabajando y el 6.9% (517.788) está demandando
empleo o desocupados (OCEI, 1993.a). En el caso de la fuerza de trabajo nacional, de cada
veinte (20) personas que la componen, sólo uno (1) está desempleado. Esta comparación
de resultados evidencia que la tasa de desempleo o desocupación juvenil (17.4%) es 2.5
veces mayor que la tasa de desempleo global (6.9%) y expresa, a su vez, la preocupante
magnitud proporcional del negativo fenómeno de la desocupación en el segmento
poblacional entre 15 y 24 años.
Al estimar la composición del desempleo juvenil, según los jóvenes
sean cesantes o buscadores de trabajo por primera vez (B.T.P.P.V), se corrobora el
crítico impacto de la desocupación en este segmento poblacional. Demandar empleo
-independientemente a que lo hagan habiendo trabajado antes o por primera vez- convierte,
al demandante, en desempleado, más allá de cualquier otra consideración. Sin embargo,
existen diferencias sustanciales entre la situación de cesantía y la de demanda de
empleo inicial. La cesantía alude a la típica exclusión del mercado laboral, denotando
la imposibilidad de continuar incorporado a éste. En efecto, el cesante sufre severas
restricciones para la satisfacción de las necesidades -tanto suyas, como del grupo
familiar- a consecuencia de la objetiva reducción del ingreso que ocasiona la pérdida
del empleo. Inevitablemente, se ve rodeado de presiones que lo inducen al desarrollo de
acciones para obtener las indispensables entradas económicas, sensiblemente disminuidas.
Es por ello que, a la cesantía, se le ha llamado también desempleo propiamente dicho,
pues es la auténtica situación de pérdida del empleo, con consecuencias más agudas y
difíciles. Del total de jóvenes que buscan empleo, 263.175 (77.3%) son cesantes o
desocupados propiamente dichos, mientras que sólo 77.502 (22.7%) buscan trabajo por
primera vez. De lo anterior se concluye que de cada diez (10) jóvenes que buscan trabajo,
siete (7) son cesantes, valga decir, se encuentran en la situación más crítica de
desempleo.
Analizando las tasas de desocupación o desempleo juvenil
atendiendo a las diferencias determinadas por los subgrupos que lo conforman, se
observa que la situación de desocupación afecta con mayor intensidad a la juventud
adolescente, a las mujeres jóvenes y a los jóvenes pobres. En el grupo juvenil
adolescente, se registra una tasa de desempleo del 19.8%, porcentaje que expresa la
situación de 149.789 jóvenes entre 15 y 19 años y que se encuentra 2.4 puntos por
encima de la tasa de desempleo global juvenil (17.4%) y 4 puntos por encima de la del
grupo juvenil adulto (15.8% / 190.888). En cuanto al desempleo juvenil femenino, éste se
ubica en 21% lo que indica una situación de desempleo abierto para 124.392 mujeres
jóvenes. Dicha tasa es mayor que la del grupo masculino juvenil en 5.2 puntos, pues esta
última se encuentra en 15.8% (216.285). Al compararla con la tasa de desempleo global
juvenil, la tasa femenina la supera en 3.6 puntos.
Observando las tasas de desempleo en los grupos de jóvenes
clasificados según la situación socioeconómica, es decir, en el grupo de jóvenes
procedentes de hogares NBI y en el de jóvenes procedentes de hogares NBS, se verifica una
diferencia abrumadora: mientras la tasa de desempleo en el grupo NBS es de 10% (86.098),
en el grupo NBI es de 23.2%, porcentaje que alude a la situación de desocupación de
241.669 jóvenes pobres y que está 5.8 puntos por encima de la tasa de desempleo global
juvenil. Ante este panorama que presentan las cifras de desempleo juvenil, se verifican
como lógica contraparte, mayores tasas de ocupación en los grupos de jóvenes adultos,
jóvenes varones y de jóvenes no pobres. Efectivamente, mientras la tasa de ocupación
global juvenil es de 82.6%, la correspondiente a los jóvenes adultos es 84.2%, que en
términos absolutos equivale a una cifra de 1.013.875 jóvenes entre 20 y 24 años
insertos en el mercado laboral. Por su parte, el sexo masculino juvenil registra una tasa
de ocupación de 84.2%, la cual revela que 1.150.616 jóvenes varones están trabajando.
En cuanto al grupo de jóvenes pertenecientes a hogares con las Necesidades Básicas
Satisfechas (NBS) se observa una tasa de ocupación de 90%, cuya expresión en cifras
absolutas alcanza un monto de 776.078 jóvenes que se encuentran trabajando o teniendo
empleo.
De este modo, hay lugar para concluir que el camino de la inserción
laboral, el cual se presenta con grados de dificultad de considerable importancia para el
segmento juvenil en su conjunto, es aún mucho más complejo e inaccesible para grupos
específicos dentro del mismo, tales como los adolescentes, las mujeres y los pobres, en
tanto que, los respectivos grupos complementarios, los jóvenes adultos, los jóvenes
varones y los jóvenes no pobres, tienen, mayores posibilidades de acceder e incorporarse
a la actividad económico-productiva como fuerza de trabajo ocupada o empleada.