| POLÍTICAS DE JUVENTUD EN AMÉRICA LATINA:
EVALUACIÓN Y DISEÑO
INFORME DE VENEZUELA
Prefacio
I. Aspectos metodológicos
II. La juventud
venezolana. Inserción e incertidumbre
III. Aspectos
sociodemográficos
IV. El problema educativo. Matrícula,
segmentación y expectativas
V. El bloqueo
laboral. Exclusión y precarización
VI. La
desintegración familiar. Hogar, pareja y procreación
VII. La
desmovilización política. Democracia, percepciones de la vida pública y
asociacionismo
VIII. La
conflictividad y el malestar juvenil
IX. Tiempo libre
juvenil. Práticas y demandas
Referencias
bibliográficas y documentales
|
|
|
5. Expectativas y condiciones de asistencia educativa
Razones para estudiar
Al considerar las distintas razones que los jóvenes estudiantes
expresan como motivación para mantenerse incorporados a la actividad educativa, se abre
una importante perspectiva de análisis que estaría indicando, además de la propia
valoración de su actividad estudiantil, los niveles de afirmación personal que
experimentan en dicha práctica. Esta línea de indagación podría vincularse con la
tendencia potencial o restrictiva en los jóvenes hacia la deserción. Observando los
resultados, se puede apreciar que las imágenes positivas de la Educación, aún juegan un
papel de importancia fundamental en aquella parte de la población juvenil que permanece
incorporada a la actividad educativa, toda vez que, la gran mayoría (84.4% / 1.383.270)
de los jóvenes estudiantes identifican como principal motivación para proseguir sus
estudios, el avance hacia la construcción de un proyecto de superación personal. Es así
que, pese a la desvalorización que ha sufrido la Educación, en el conjunto de la
conciencia juvenil, conserva todavía el alto poder de atracción que pudo cultivar
durante el período de las transformaciones modernizadoras de la sociedad. El proceso de
formación educativa registra niveles de positiva y estratégica importancia en la
subjetividad de los jóvenes que estudian, contrastando con el comportamiento
objetivamente insuficiente de la Educación para proporcionar medios de inserción social.
Esta circunstancia valorativa, en la cual la Educación es concebida
como proyecto de superación, sólo se ve confrontada con aquellos que asumen la
asistencia escolar como vía para obtener el empleo aspirado (9.0% / 148.541) -razón
ésta de fuerte énfasis utilitario-, por complacer a la familia (3.4% / 56.452) -ésto
es, por una suerte de obligación- y, en menor cuantía, por los que estudian mientras
esperan algún trabajo u otra actividad (1.1% / 18.980). Con todo, el resultado obtenido
refuerza la idea de que, aún cuando los jóvenes estudiantes constituyen una minoría
frente a los jóvenes desertores, los primeros mantienen, sin embargo, en alto grado de
valoración y en situación estratégica a la actividad educativa. Este dato, por cierto,
resulta casi invariable entre jóvenes pobres y no pobres, entre jóvenes adolescentes y
adultos y entre las jóvenes mujeres y los varones.
Aspiración de educación superior
Por otra parte, y en refuerzo de lo anterior, se obtuvo que del total
de jóvenes actualmente incorporados a la Educación, más del 95% (95.2% / 1.559.362)
expresaron su aspiración de obtener un título de Educación Superior, lo cual resulta
una tendencia invariable en el conjunto de los jóvenes estudiantes. Esta expectativa
general pudiera estar obedeciendo, en gran medida, al carácter linealmente ascendente con
que funciona el aparato educativo en su conjunto, puesto que ofrece muy pocas opciones de
acreditación distintas a las del subsistema de Educación Superior, que pudieran resultar
a los jóvenes suficientemente atractivas y eficaces como para adoptarlas. Esto,
independientemente a la positividad del resultado, pone de manifiesto la deficiencia en el
sistema educativo, al colocar un énfasis desmesurado en la Educación Universitaria. Así
se refuerzan, además, las imágenes elitistas burguesas difundidas en torno a la
Educación Superior, como proveedora casi exclusiva de estatus social ocupacional.
El escaso 10% de los jóvenes que ha logrado, al menos, acceder a la
Educación Superior y el exiguo 4% que ha culminado, contrasta con el alto monto de
estudiantes que aspira, ingenuamente, alcanzarla y aún más, titularse. De esta manera,
es posible deducir que tal aspiración opera, en la mayoría de los casos, solo en el
plano imaginario, dado que sus posibilidades de realización educativa se encuentran
severamente restringidas, en virtud de la demostrada adversidad educativa que padecen los
jóvenes.
Problemas asociados al centro de enseñanza
Al lado de las serias dificultades que, tal como se ha visto, afectan a
los jóvenes en su relación con el mundo educativo, en sentido estricto -esto es,
deserción, repitencia, sobreedad, sub-estimación y desvalorización, entre otros- han
venido apareciendo de manera creciente y acelerada, un variado conjunto de fenómenos de
agresivo impacto sobre aquella porción de la juventud que aún se mantiene estudiando.
Este grupo de problemas, en su mayoría asociados al proceso general de empobrecimiento de
la población, atentan directamente sobre las condiciones cotidianas de asistencia a los
planteles y genera cuadros de aguda propensión a la deserción de los educandos. Se trata
de las deficiencias, riesgos y defectos localizados en los propios centros de enseñanza.
Resulta inquietante que más de un millón (1.108.288 / 67.9%) de jóvenes estudiantes,
acusen el efecto de graves problemas localizados en el propio plantel y que, por tanto,
sólo tres (3) jóvenes estudiantes, por cada diez (10) aproximadamente, manifiesten no
sufrir ningún tipo de adversidad en sus correspondientes centros de estudio. Más de dos
tercios de los jóvenes estudiantes esta expuesto a algún tipo de pérdida, riesgo o
dificultad cuya fuente esta localizado en el propio plantel.
Si se procede a desagregar la población afectada por dichos problemas,
a partir del tipo de dificultad que debe enfrentar al asistir al centro escolar, se
obtiene que las carencias en infraestructura, tanto de servicios básicos -agua, luz,
etc.- como de equipamiento escolar y de recursos para la enseñanza, aparecen como el
principal problema para más de la cuarta parte (26.8% / 438.416) de la masa juvenil
estudiantil; ello significa que más de 430 mil jóvenes estudiantes participan de la
experiencia pedagógica en condiciones de precarización material y logística, lo cual
como es sabido se traduce, directamente, en la disminución objetiva de la calidad de la
enseñanza que le es impartida. Tal circunstancia alberga una clara potencialidad de
deserción. Por su parte, un porcentaje igualmente próximo a la cuarta parte (23.8% /
389.565) de los jóvenes estudiantes, indicó como principal problema en su vivencia
educativa, el nocivo fenómeno del ausentismo de los profesores y de la proliferación de
paros y suspensión de actividades. Este par de situaciones se traducen, en definitiva, en
el perverso efecto de la pérdida de clases, trayendo como consecuencia seculares vicios,
como el incumplimiento de los programas de enseñanza, encarecimiento en el logro de
objetivos programáticos, relajamiento en los hábitos de estudio y, en general, la
ineficiencia derivada del desperdicio del tiempo concebido para la formación educativa.
Además, constituye un pésimo modelaje para la construcción de los hábitos de
disciplina, rigor y compromiso con el propósito educativo, con las gravísimas
consecuencias de lo que esta situación aprendizaje implica.
Se obtuvo, asimismo, que el alarmante problema de la inseguridad
personal y los consecuentes riesgos sobre la vida y la integridad de los educandos, se
constituye en el principal problema que afecta la vida estudiantil de más de 200 mil
jóvenes educandos, equivalente al 13.4% (219.348) de ellos. Esta situación de agresiva
emergencia y de inusitado crecimiento, configura una problemática de la mayor importancia
y de la más urgente atención por parte de las instituciones involucradas. En un trabajo
recientemente realizado por la Comisión de Juventud y Deportes del Senado de la
República, orientado al análisis de la violencia juvenil urbana, pudo apreciarse que,
del total de víctimas juveniles de la mortalidad violenta del Area Metropolitana de
Caracas, los estudiantes representan el 16.5%. Cabría suponer que estas trágicas cifras
obedecen "...no sólo a la exposición en la que se han visto envueltos los jóvenes
estudiantes con motivo de la agudización de la problemática delictiva, sino, además, a
los dramáticos saldos que en esta población ha dejado la sustitución de los mecanismos
convencionales de prevención y control policial, por la agresiva represión de las
movilizaciones y manifestaciones protagonizadas por el movimiento estudiantil..."
(Comisión Permanente de Juventud y Deportes del Senado, 1993).
En términos de una interpretación general de estos resultados, hay
lugar para establecer que, a partir del encarecimiento de los servicios básicos y del
equipamiento académico, la reducción de la calidad de los estudios debido a la pérdida
de clases y, lo que es peor, de la creciente conflictividad derivada de la violencia
urbana, cuyos índices arrojan un alarmante saldo de agresividad y hasta de mortalidad
entre los jóvenes estudiantes, se configura un cuadro de cierto pesimismo en torno al
pronóstico inmediato sobre los indicadores del abandono educativo de niños y jóvenes,
toda vez que estas lamentables circunstancias de los planteles vienen a agregarse al
conjunto de dificultades de índole estructural que, en el actual escenario de
empobrecimiento generalizado, han venido contribuyendo a la propagación y profundización
del negativo fenómeno de la deserción escolar.
(Prefacio) (Aspectos metodológicos) (Trayectoria técnica) (Objetivos generales y específicos) (Cobertura poblacional y geográfica) (Diseño de la muestra) (Análisis
de los resultados) (La juventud venezolana: inserción e
incertidumbre) (Aspectos sociodemográficos) (El problema educativo) (Nivel educacional
de la juventud) (Matrícula educativa actual de la juventud)
(La separación de los estudios: sus causas) (Expectativas y condiciones de asistencia educativa) (El bloqueo laboral) (El
desempleo juvenil) (La iniciación laboral) (Los jóvenes trabajadores) (Capacitación para el trabajo) (Los jóvenes sin ocupación: ni estudian ni trabajan) (La desintegración familiar) (Sexualidad, prevención y procreación) (La desmovilización política) (Percepciones de la vida pública) (Asociacionismo juvenil) (La
conflictividad y el malestar juvenil) (Salud) (Tedio juvenil y fantasía suicida) (Tiempo libre juvenil) (Contenido
del tiempo libre en los jóvenes) (La demanda de
actividades en el tiempo libre) (Referencias
bibliográficas y documentales) |
|