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Fecha de actualización:
2/12/2008

 

 
 

POLÍTICAS DE JUVENTUD EN AMÉRICA LATINA:

EVALUACIÓN Y DISEÑO

INFORME DE VENEZUELA

 

Prefacio

 

I. Aspectos metodológicos

 

II. La juventud venezolana.  Inserción e incertidumbre

 

III. Aspectos sociodemográficos

 

IV. El problema educativo.  Matrícula, segmentación y expectativas

 

V. El bloqueo laboral.  Exclusión y precarización

 

VI. La desintegración familiar.  Hogar, pareja y procreación

 

VII. La desmovilización política.  Democracia, percepciones de la vida pública y asociacionismo

 

VIII. La conflictividad y el malestar juvenil

 

IX. Tiempo libre juvenil.  Práticas y demandas

  

Referencias bibliográficas y documentales

 

 

IV. EL PROBLEMA EDUCATIVO. Matrícula, Segmentación y Expectativas

 

1. Educación y juventud

La expansión de la matrícula educativa constituye uno de los más nítidos indicadores de la denominada fase modernizadora que tuvo lugar en América Latina entre los años '50 y '70. Este proceso de cambio estructural vino acompañado por otros vinculados a la dinámica de crecimiento del empleo -en especial en el sector industrial-manufacturero- y al progresivo avance hacia la estabilización política y a la democratización. Para las masas juveniles de aquella época la Educación se convirtió en un referente fundamental a partir del cual definir su inserción a la vida social. Al margen de la diversidad de situaciones nacionales en medio de las cuales se desarrolló el proceso educativo latinoamericano, se pueden nombrar positivos impactos comunes a los países de América Latina. En este sentido, los indiscutibles avances en problemas tan antiguos como el analfabetismo deben ser resaltados. De igual forma, la democratización educativa, promovió un considerable incremento de la población estudiantil en el nivel básico de la enseñanza. Asimismo, favoreció importantes avances en el mejoramiento de las condiciones de acceso a la Educación Superior.

De esta manera, la expansión educativa ejerció un insustituible papel en el impulso de los planes de industrialización nacional, sobre todo en lo concerniente a la formación de recursos humanos para acometerlos. Igualmente, se constituyó en un campo de negociación y concesión ante los crecientes reclamos de participación de los estratos medios de la sociedad y, en buena medida, de aquellos provenientes de los sectores populares: "Los Estados nacionales respondieron positivamente a esta mayor demanda educativa. En parte, por razones de fondo vinculadas con el interés de lograr un efectivo desarrollo educativo y, en parte también, porque era un terreno en el que las concesiones resultaban relativamente sencillas" (Primer Informe sobre la Juventud de América Latina, 1990).

El impacto de la expansión educativa, tuvo también grandes repercusiones en las dinámicas migratorias y, consecuentemente, en los procesos de urbanización. El atractivo efecto generado por el desarrollo de la infraestructura en las ciudades, estimuló e incrementó las expectativas educacionales orientadas hacia un traslado al medio urbano. Tal fenómeno tuvo lugar a pesar de que las políticas educativas auspiciaron la creación de unidades escolares en el medio rural, puesto que la Educación concebida de mejor calidad y dotada de niveles y grados superiores, se asumió como proceso fundamentalmente urbano. Este intenso movimiento en la dinámica de la Educación generó, por otra parte, cambios de gran significación en lo correspondiente al plano intergeneracional.

Tal situación obedeció, no sólo al acceso mayoritario de la población de menor edad al sistema educativo, sino, muy particularmente, al volumen de años de escolaridad y a la calidad programática y curricular de los respectivos grados y niveles de la Educación que obtuvieron las generaciones de entonces, en relación a los perfiles escolares y, en general, al patrimonio educativo de sus padres. "Las diferencias en el nivel educativo de las generaciones adultas y las jóvenes han sido interpretadas como una fuente de tensiones, conflictos y pérdida de capacidad de socialización de los adultos con respecto a los jóvenes, aunque también se ha manifestado que la mayor escolarización de los jóvenes, generalmente, asociada a la socialización en las pautas de cultura urbana, operó como un mecanismo de apertura a procesos de socialización inversa, es decir, de padres por hijos, por ejemplo, para la integración de los migrantes rurales a los medios urbanos" (Braslavsky, 1988, en Rodríguez y Ottone, 1989).

Las evolución estructural en la Educación, propia del período modernizador comenzó, no sólo a detenerse sino, peor aún, a revertirse durante los años de la prolongada crisis de los '80. En efecto, la severa restricción económica impuesta por la crisis y por el conjunto de medidas y decisiones adoptado para enfrentarla provocaron, en el campo de la Educación, al menos tres negativos efectos para la actual generación juvenil. En primer término, la reducción cuantitativa de la cobertura educacional para un número de individuos con edades normativamente escolares, a tenor de lo cual se ha configurado un éxodo creciente y progresivo de jóvenes estudiantes, a medida que se avanza en las distintas etapas de la Educación Básica. De hecho, aún cuando la incorporación al nivel inicial tiene lugar para la casi totalidad de los jóvenes, los tramos correspondientes al 3er., 6to. y 9no. grado constituyen los momentos sucesivos en los cuales se concentra el mayor volumen de abandono de los estudios. El segundo e indeseable efecto, es el referido al deterioro objetivo de la calidad de la Educación ofrecida a los grupos de menor edad. El desaliento relativo que ha experimentado en los últimos años la inversión educacional -traducida en la restricción de gastos en infraestructura y equipamiento y en el envilecimiento del ingreso económico de la planta docente, entre otros- conjuntamente a lo que se ha denominado "segmentación vertical"(6) tiende a reproducir en la Educación, aspectos y características semejantes a la jerárquica diferenciación social, toda vez que, se configuran poblaciones y matrículas estudiantiles socialmente estratificadas y, por tanto, con inequidad en el acceso al conocimiento y con desigual distribución de oportunidades para la inserción laboral.

El tercer rasgo que ha podido identificarse en el panorama de la Educación, en relación a los efectos negativos generados por la crisis, está localizado en el campo de los procesos subjetivos de los jóvenes, procesos en los que construyen sus imágenes de porvenir. Este tercer rasgo consiste en la caída de las expectativas de inserción social a través de la Educación. Probablemente, el efecto demostración que ha producido, sobre la actual juventud la desventura ocupacional y la incertidumbre laboral que, con frecuencia, afecta a las personas formalmente acreditadas en la Educación, se encuentra fomentando en los jóvenes un creciente desencanto con el mundo educativo como vehículo de ascenso social. La baja estima que se tiene de la Educación como recurso para encarar el futuro, puede estar fundamentada en los procesos de elaboración y difusión de arquetipos de conducta juvenil que promueven estilos de vida, generalmente, distanciados de contenidos que estimulen al empeño sistemático requerido por la actividad educativa. El énfasis de estas imágenes elaboradas sobre los jóvenes, ha venido redundando en la promoción de practicas hedonistas e individualistas, sin la correspondiente contraparte en el esfuerzo. Asimismo, inducen un tipo de pragmatismo carente, no sólo de sentimientos de solidaridad social, sino, además, profundamente vacío de sentido de realidad, dada la importancia que asigna a factores como la suerte y la casualidad y a distorsiones valorativas como la exacerbación de la apariencia, el narcisismo y la frivolidad.

De tal manera que, en la actualidad, la empresa de proveer de oportunidades de estudio a las jóvenes generaciones, atraviesa por grandes disyuntivas. La Educación se encuentra en una situación de tensión entre la eficacia de las acciones por mantenerla como mecanismo de integración, ascenso y movilidad, y un modelo económico y social que ha demostrado poco éxito en asegurar, a las mayorías, equidad suficiente para su acceso a los bienes y a la construcción de un proyecto de vida estable y adecuado. Es evidente que, para los jóvenes venezolanos, en sus actuales circunstancias de vida, la Educación, como espacio para la identificación de objetivos en su horizonte social y como garantía para lograrlos, ha venido resultando muy poco eficiente. Al lado del imperativo de los ingresos económicos para hacer frente al proceso generalizado de empobrecimiento de la población, de la reducción de los recursos públicos para la Educación y del debilitamiento de las expectativas académico-estudiantiles de los jóvenes -todos ellos factores causalmente asociados al abandono educativo- se configura, además, "... un sistema amorfo con ciclos que pretenden simultáneamente servir para el desarrollo intelectual, la formación cultural y la capacitación laboral" (Rama, 1.987) pero que sólo logra mediocres resultados que no conforman a nadie, ya que no habilita adecuadamente ni para la enseñanza superior ni para el mercado de trabajo" (Primer Informe sobre la Juventud de América Latina, 1.990).

De esta forma, es posible colocar la reflexión sobre el ámbito educativo en torno a tres ideas básicas. La primera, la creciente debilidad del vínculo juvenil con la Educación. La segunda, la cada vez más limitada formación educativa de los jóvenes, lo cual reedita antiguos esquemas de elitización para minorías con recursos. La tercera, el desplazamiento, discreto pero tendencial, del lugar privilegiado que había venido ocupando la Educación como vehículo de integración y ascenso social, a consecuencia de su progresiva ineficacia para el logro de estos objetivos.

 

6. Negativo proceso de diferenciación interna entre los educandos, adscritos al mismo nivel educativo, pero en instituciones socialmente distintas. Con esta expresión se hace referencia, no solo a la desigualdad cuantitativa en el patrimonio educacional de los jóvenes sino, especialmente, al diferencial cualitativo que se observa en niveles equivalentes del aparato educativo y que se traduce, en definitiva, en una distorsión en los objetivos de la Educación respecto a la eficacia para acceder de modo igualitario o, al menos, sin desventaja a las opciones y posibilidades de empleo.

 Nivel educacional de la juventud

(Prefacio) (Aspectos metodológicos) (Trayectoria técnica) (Objetivos generales y específicos) (Cobertura poblacional y geográfica) (Diseño de la muestra) (Análisis de los resultados) (La juventud venezolana: inserción e incertidumbre) (Aspectos sociodemográficos) (El problema educativo) (Nivel educacional de la juventud) (Matrícula educativa actual de la juventud) (La separación de los estudios: sus causas) (Expectativas y condiciones de asistencia educativa) (El bloqueo laboral) (El desempleo juvenil) (La iniciación laboral) (Los jóvenes trabajadores) (Capacitación para el trabajo) (Los jóvenes sin ocupación: ni estudian ni trabajan) (La desintegración familiar) (Sexualidad, prevención y procreación) (La desmovilización política) (Percepciones de la vida pública) (Asociacionismo juvenil) (La conflictividad y el malestar juvenil) (Salud) (Tedio juvenil y fantasía suicida) (Tiempo libre juvenil) (Contenido del tiempo libre en los jóvenes) (La demanda de actividades en el tiempo libre) (Referencias bibliográficas y documentales)

 

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