4. La separación de los estudios: sus causas
Culminación
En el mundo de la Educación, la culminación de los estudios es la
única situación de signo explícitamente positivo para juzgar el hecho de no estar
estudiando, puesto que, ello se traduce en un doble y simultáneo beneficio que opera,
tanto en el plano individual, como en el colectivo. En efecto, culminar los estudios
constituye, para el educando, la adquisición formal de los medios intelectuales,
académicos e institucionales para optar por el acceso a los correspondientes campos del
desempeño profesional y laboral. Por otra parte, este logro representa, para la familia y
para la sociedad en su conjunto, la compensación a los esfuerzos y recursos asignados al
proyecto estudiantil de la población beneficiaria y, al propio tiempo, favorece las
líneas de avance en la formalización del proceso global de reposición social y de
mejoramiento de las condiciones de progreso y bienestar de la vida colectiva. El resto de
las situaciones asociadas a la separación de los estudios, distintas al logro terminal de
la Educación revelan trastornos, insuficiencias y dificultades que tienen en común la
interrupción negativa del proceso educativo.
La hipótesis de la deserción como el fenómeno que generalmente
determina la separación de los estudios en los jóvenes venezolanos, es la de mayor
fundamentación. Sólo el 4.2% (101.162) de los jóvenes que actualmente no estudian,
respondió que no asisten a un centro de enseñanza por haber culminado sus estudios (10), por lo cual es pertinente
establecer que, con arreglo a estos resultados, en el total de jóvenes que se encuentran
separados de la Educación, sólo uno (1) aproximadamente de cada veinticuatro (24) de
ellos no asiste por haber culminado sus estudios.
Ahora bien, si se procede a situar los resultados en atención a la
clasificación por nivel de vida, se ratifica la estrecha relación entre los
determinantes asociados a la situación de pobreza de los jóvenes y la exigua ocurrencia
de la prosecución educativa, hasta el logro de la culminación. Efectivamente, en el
grupo de jóvenes pertenecientes a hogares con Necesidades Básicas Insatisfechas se
aprecia una caída del índice de culminación hasta el 2.7% (40.671) de éstos, lo cual
se traduce en que apenas uno (1) de cada 36 jóvenes pobres, aproximadamente, manifestó
haber culminado sus estudios. En el caso de los jóvenes pertenecientes a hogares con
Necesidades Básicas Satisfechas, se observa que la separación de los estudios como
consecuencia de haber culminado, alcanza al 7.0% (58.332). En este estrato la culminación
educativa juvenil se verifica, entonces, en aproximadamente, uno (1) de cada catorce (14)
jóvenes que no estudian.
En conjunto, los datos de ENJUVE acerca de la culminación parecieran
estar confirmando la clausura acelerada de las posibilidades de acceso a la acreditación
educativa para la inmensa mayoría de los jóvenes venezolanos, en especial para los de
mayor vulnerabilidad socioeconómica. La rapidez con la que se ha venido imponiendo esta
situación de severa restricción de oportunidades para acceder al nivel Superior de la
Educación y, más aún, para culminarlo, adquiere mayor significación al compararla con
la información proveniente de años recientes. Con base en la información del Centro
Latinoamericano de Juventud. CELAJU, apoyada en cifras de la UNESCO, para 1985 la tasa de
escolarización universitaria en América Latina, se situaba en el 19.3% y alcanzaba para
Venezuela el 26.4% (Primer Informe sobre la Juventud de América Latina, 1990). De igual
forma, y durante los años '86 y '87, se encontró que, de acuerdo con un estudio
efectuado sobre la población estudiantil de la Universidad Central de Venezuela, la
presencia de estudiantes procedentes de los denominados "sectores populares", se
situaba por encima de 10% en la matrícula estudiantil de esa primera casa de estudio del
país. Tal estimación, aún cuando tuvo lugar mediante un método distinto al de la
Satisfacción de las Necesidades Básicas, en virtud de la adopción de otros indicadores
socioeconómicos vinculados a variables como la ocupación de los padres,
habitacionalidad, zona de residencia entre otros, arrojó, sin embargo, que el 11.3% de
los estudiantes pertenecían a los estratos bajos de la población (Angulo y Castro,
1990). Es por esto que, en el examen del fenómeno de la separación de la Educación, por
vía de la culminación de los estudios, no sólo se constata el carácter restrictivo con
el cual se comporta el sector de la Educación Superior en relación a la actual juventud,
sino, además, se puede observar la velocidad con la que ha venido avanzando esta
situación, especialmente, al interior de la población de menos recursos.
Carencia de recursos económicos
Al proceder al examen de los resultados vinculados al conjunto de
causas distintas a la culminación, se hace evidente que la no asistencia a los estudios
puede ser homologada al abandono y/o a la interrupción educativa. Del total de jóvenes
venezolanos que, actualmente, no están estudiando, el 27.5% imputó esta situación a la
falta de recursos para mantenerse dentro de la actividad educacional. En términos
absolutos, esta cifra refiere que, actualmente, más de 600.000 jóvenes (659.525) han
desertado de la Educación por razones atribuibles a la severa restricción de los medios
económicos que la crisis ha impuesto a su respectiva situación de vida. En el grupo de
jóvenes pobres (NBI), esta situación se hace aun más aguda. Efectivamente, al
identificar la situación socioeconómica de los jóvenes que abandonan los estudios por
dicha causa, se obtiene que 67.9% (448.017) son jóvenes que pertenecen a hogares en
situación de pobreza. De lo cual se deduce que, del total de jóvenes que abandonaron los
estudios por restricciones económicas, más de 400.000 son jóvenes pobres.
Necesidad de trabajar
El problema de la restricción objetiva de los recursos para estudiar
es sólo uno de los casos de índole socioeconómica que examinó la ENJUVE para
comprender la problemática del abandono de los estudios. El otro, es aquel referido al
conjunto de la población juvenil desertora de la Educación en la cual se produce el
tránsito forzoso de la esfera de los estudios al mundo del trabajo, esto es, la
deserción causada por el imperativo de la obtención de ingresos. Al respecto, los datos
indican que más de una quinta parte de los jóvenes, 23.1% (551.923) del total de los no
asistentes, señaló que su abandono de los estudios está determinado por la necesidad de
trabajar. Resulta claro, entonces, que se trata de aquel segmento de jóvenes desertores
de la Educación en el que comienza a operar la postergación de los estudios como
consecuencia de su ineludible incorporación a ocupaciones y empleos, que en su gran
mayoría, poco o nada tienen que ver con los estudios que han abandonado.
Esta específica razón del abandono de los estudios por la
impostergable necesidad de trabajar, adopta, en el caso de los géneros, un sensible
distanciamiento entre uno y otro sexo. Mientras que en las mujeres jóvenes la separación
de la actividad educativa por tener que producir ingresos baja a 11.7% (129.138) -casi 11
puntos menos que el promedio global-, para los jóvenes varones está causa se eleva al
32.8% de ellos. Se configura, entonces, una nítida relación entre la deserción
educativa causada por la necesidad de ingresos y la población juvenil de sexo masculino,
lo que en términos absolutos se expresa en que, a nivel nacional, de los 551.923 jóvenes
a los cuales los requerimientos de trabajo les obliga a abandonar los estudios, más de
420 mil (422.785) son jóvenes del sexo masculino. Si se procede a reunir en una sola
cifra las dos causas de abandono escolar examinadas hasta ahora -falta de recursos y tener
que trabajar-, con base a su naturaleza estrictamente socioeconómica, se obtiene que,
juntas, se constituyen en el determinante principal de la deserción educativa en la
actual generación juvenil. En efecto, las razones de tipo socioeconómico ha afectado la
permanencia educativa del 50.6% (1.211.448) de los jóvenes que no asisten a un centro de
enseñanza regular.
Desvalorización de la educación
La tercera causa del abandono educativo, representada por aquellos
jóvenes que no consideran importante asistir a un centro de enseñanza, y que fue
expresada por el 13.6% (325.937) de los que no estudian, refleja un resultado, cuando
menos, controversial, sobre todo si en su comprensión se coloca la atención en dos
grandes y generales planos. El primero, ubicado en el proceso generalizado de
empobrecimiento objetivo de la población y en su especial impacto, como se ha visto, en
la actividad educativa de los jóvenes, debilitándose entre ellos la imagen de la
Educación como vehículo o mecanismo que asegure la movilidad social ascendente. El
segundo, sólo metodológicamente diferenciado del anterior, tiene que ver con la
conformación de amplios marcos anómicos definidos como: "...Situaciones sociales en
que por diversos motivos no existe una adecuada conformidad entre los sujetos y las
expectativas de rol que le son asignados" (Martínez y Valenzuela, 1985).
De esta forma, la separación de los estudios, debido a la
desvalorización de la actividad educativa, pudiera estar planteando, para estos jóvenes,
la ocurrencia de un significativo cambio en la imagen del vínculo clásico entre Juventud
y Educación. Este cambio está relacionado con dos aspectos fundamentales: uno, la
inserción educacional compitiendo, negativamente y en desventaja, con otros medios de
acceso a los espacios de realización personal y ocupacional en el mundo adulto y, por
tanto, expresando la extinción del binomio clásico compuesto por juventud y preparación
académico estudiantil. El otro, referido al solapamiento y a la consecuente sustitución
de causas pues, algunas razones de deserción de clara factura socioeconómica -falta de
recursos y/o necesidad de trabajar- podrían ocultarse tras una postura que atribuye la
separación de la Educación a la subestimación de los estudios. Con todo, el problema de
la desvalorización de la Educación entre los jóvenes desertores, pareciera ser un
fenómeno en proceso de expansión, y sin distingo de extracción social, puesto que, la
diferencia observada en los jóvenes pobres (NBI) que indican esta respuesta (14%), es de
sólo un (1) punto estadístico con respecto a los desertores pertenecientes a hogares con
las Necesidades Básicas Satisfechas (13%).
Problemas de rendimiento escolar
Al avanzar en el análisis de la variedad de causas por las cuales los
jóvenes no asisten a la enseñanza regular, se detecta que los problemas asociados a la
falta de rendimiento provocan el abandono de los estudios en más de una décima parte de
ellos. Resulta oportuno referir, de modo más amplio la perspectiva que vincula la
problemática del rendimiento a la reducción de las aptitudes y capacidades de los
jóvenes educandos y, al vez, involucra factores estructurales que se extienden, desde las
propias condiciones del modelo y del acto pedagógico -sobre todo en lo concerniente a
personal docente, instalaciones, equipamiento, cumplimiento de horario y de calendario,
programas y currícula entre otros- hasta las limitaciones y los obstáculos de índole
familiar, cultural y económica. Se observa, que en el problema del abandono de los
estudios causalmente atribuido a fenómenos como repitencia, sobreedad, dificultades de
aprendizaje y otros -todos asociados a la problemática del rendimiento-, se encuentran
involucrados más de 275 mil jóvenes (275.275 / 11.3%). Esta situación, en el caso de
los jóvenes desertores pobres, impacta directamente en el 12% (189.420) de ellos.
Las condiciones y características mismas del sistema de enseñanza,
podrían estar contribuyendo sensiblemente a la deserción escolar por problemas de
rendimiento, especialmente, en los niños y jóvenes pobres, dado que en la Educación,
"...como todo está organizado para un alumno "tipo", que no se corresponde
con los pertenecientes al estrato popular, naturalmente, fracasan y lo que es peor,
aprenden que no pueden aprender" (Primer Informe sobre la Juventud de América
Latina, 1990). Cabe suponer, entonces, que en el grupo de jóvenes que desertan por
problemas de rendimiento, las posibilidades de su reinserción educativa son
prácticamente nulas, pues desaparece, de manera drástica, la propia motivación para
mantenerse en la actividad escolar. "...La repitencia hace que el adolescente se
sienta mal, ridículo, entre los alumnos de menor edad que él, con lo cual su gusto por
la atmósfera escolar disminuye, lo que hace que el rendimiento caiga aún más y el ciclo
se refuerza." (Escalona y Noguera, 1989). Tanto más preocupante resulta lo que se
puede apreciar al examinar esta respuesta sobre el rendimiento como causa de separación
de los estudios, a la luz de la desagregación por grupos etáreos. En efecto, mientras
que sólo 9.4% (132.342) de los jóvenes adultos (20-24 años) indicaron el bajo
rendimiento académico como razón para la separación de sus estudios, 14.6% (142.933) de
los jóvenes adolescentes (15-19 años) señalaron esta causa como explicación del
abandono educativo. Considerando que es en los jóvenes de menor edad donde esta respuesta
tiene más incidencia, el problema del rendimiento pareciera, entonces, encontrarse en
proceso de expansión progresiva.
Escasez de oferta educativa
Por su parte, la restricción de la oferta educacional constituye, para
el 8.8% de la actual población juvenil desertora, la causa por la cual no continúa
estudiando. Se trata de 210.077 jóvenes, en cuya situación educacional ha tenido lugar
un tipo de deserción causalmente asociada a problemas como la carencia de grados o
niveles superiores, la escasez de cupo para matricularse, el problema de la distancia que
separa su residencia de los centros de enseñanza más cercanos y el cambio de residencia.
Este último caso, referido a la movilidad espacial, merece especial atención, puesto que
revela, para los 72.553 jóvenes afectados por este fenómeno causante de su abandono
educativo, en el hecho de que en la decisión migratoria de la familia no se contempló la
posibilidad de asegurar su permanencia en la Educación sino que, por el contrario, se
clausuró. En tal sentido, parece evidente que, la determinación del éxodo para este
contingente de desertores forzosos de la Educación, estuviese asociado al complejo cuadro
de las decisiones familiares, en las cuales las prioridades educativas juegan un papel
bastante secundario y, su peso, estaría resultando sensiblemente menor a los otros
imperativos, en el momento en que se produce la decisión del cambio de residencia.
Trastornos de salud
La salud como causa determinante del abandono estudiantil, configura un
tipo de problema cuyo valor analítico propende más hacia lo cualitativo que hacia lo
cuantitativo. El peso relativo de esta respuesta es del 3.3% para el total de desertores,
y en el grupo de jóvenes pobres, sólo es un (1) punto mayor (4.0%). Sin embargo,
constituye el origen de la imposibilidad de asistir a un centro de enseñanza para 77.966
jóvenes. Tal circunstancia, por lo demás contribuye a la desmitificación de las
generalizadas, ingenuas y hasta irreverentes imágenes que, respecto a la salud de los
jóvenes, han sido construidas por la sociedad en su conjunto, a saber "los jóvenes
no se enferman" o "nunca se enferman". Son estas expresiones de antigua
data y de gran difusión en la conciencia colectiva. Del mismo modo, este resultado merece
ser examinado en atención a que se trata de un tipo de trastornos que no es leve ni
transitorio en la salud del joven educando sino, más bien, vinculado a un cuadro de
complicaciones físico-orgánicas y/o psicológicas que bloquean sustancial y
considerablemente, las posibilidades objetivas de mantenerse en la actividad educacional,
al extremo de impedir de modo prolongado y hasta permanente la continuación de los
estudios. Por tanto, resulta preocupante que la salud aparezca como un elemento
causalmente asociado a la separación de los estudios de una parte, aunque pequeña, de la
juventud, dado que, por "... tratarse de una etapa de la vida en la que sobre la
salud incide una extensa variedad de fenómenos de origen social, cultural, del desarrollo
biológico, etc... " (Primer Informe sobre la Juventud de América Latina, 1990),
este aspecto estaría mereciendo un tipo de consideración de un tenor distinto al
estrictamente médico asistencial.
Embarazo
La problemática del embarazo, como causa objetiva del abandono de los
estudios en los jóvenes venezolanos, aparece en el 5.7% (136.795) del total de
desertores. Esta cifra se eleva al 12.1% en el caso de las mujeres jóvenes. Siendo,
naturalmente, casi inexistente como factor de interrupción educativa para los jóvenes
del sexo masculino(11), el
resultado revela que el embarazo ha impactado, negativamente, los estudios de 134.270
mujeres jóvenes. La tensión entre el estatuto juvenil y el proveniente de la maternidad
-o de la paternidad, según sea el caso- se resuelve frecuentemente, con arreglo a la
extinción del primero y con agudas carencias para la adopción plena de la condición
progenitora. Probablemente, el embarazo que tiene lugar mientras el joven se encuentra
incorporado a la actividad educativa, traduzca sus consecuencias, no sólo en la
desaparición definitiva del rol de estudiante, sino en la defectuosa y precarizada
vivencia de su período juvenil.