3. Matrícula educativa actual de la juventud
Como ha sido indicado, durante el período modernizador se pudo
apreciar, como rasgo distintivo de la Educación, el significativo incremento de las tasas
de incorporación juvenil a los distintos niveles y etapas del aparato educativo. La
desaceleración progresiva que, actualmente, se observa en la tasa de crecimiento de la
asistencia educativa juvenil, guarda estrecha correspondencia con los negativos impactos
generados, no sólo en la restricción de recursos al sector educativo, sino, además, en
el desaliento generalizado que la Educación ha experimentado como vehículo clásico para
asegurar la movilidad social ascendente. De este modo, se establece que el fenómeno de la
no asistencia escolar presenta signos realmente preocupantes, tanto por el carácter
definitivo con que afecta a la mayoría de los jóvenes que se separan de la Educación,
como también, por la forma recurrente con la cual se presenta en aquel grupo de jóvenes
cuyo vínculo con el sistema educativo es frágil e inestable, dada la forma intermitente
con que se incorporan y desincorporan.
Al apreciar que la cifra global de jóvenes que actualmente asiste a un
centro de enseñanza regular es sólo del 40.5%, se establece, como primera constatación
que la severa y prolongada crisis estructural, operada durante la década pasada y las
medidas de ajuste adoptadas para encararla, han venido restringiendo, considerablemente,
la dinámica de crecimiento de la matrícula estudiantil de los jóvenes. En conjunto, los
resultados permiten afirmar que, más de la mitad de la actual generación juvenil no esta
incorporada a la Educación Formal. De un total de 4.024.406 jóvenes, solo 1.631.396
(40.5%) son estudiantes regulares. La población restante, compuesta por 2.320.966 (57.7%)
que no asisten a un centro de enseñanza y por 64.753 (1.6%) que nunca han asistido,
alcanza la inquietante cifra de 2.385.719 (59.3%) jóvenes que se encuentran objetivamente
separados del mundo educativo. Se deduce entonces que, en la actualidad, por cada diez
(10) jóvenes, sólo cuatro (4) aproximadamente, se encuentran formalmente insertos en la
esfera educativa.
Tal situación confirma la creciente vulnerabilidad a la cual se hallan
expuestos la mayoría de los jóvenes venezolanos, dada la concurrencia de las diversas
desventajas de índole económica, laboral y socio-cultural que los afectan por estar
colocados al margen de la Educación Formal. En la actual generación juvenil, se ha
producido un sensible distanciamiento entre aquellas líneas de correlación positiva que
vinculaban el significado convencional de la juventud con el atributo socio-cultural de la
condición estudiantil, en virtud de los notables contrastes que ofrecen los resultados de
ENJUVE. La reciprocidad de la imagen entre la juventud y la inserción educativa, se
encuentra cada vez más circunscrita a porciones minoritarias de la población juvenil.
Ahora bien, al proceder a identificar la disolución del vínculo educativo juvenil con
las edades en las que se produce la situación anteriormente descrita se hace aún menos
alentadora. Aproximadamente, un tercio (32.2% / 747.609) de los jóvenes que no estudian,
han desertado de la Educación antes de cumplir 15 años, es decir, se trata de desertores
infantiles. Esta situación se vuelve aun más grave, en el caso de los jóvenes pobres
(NBI) por cuanto la deserción educativa durante la infancia se eleva a cerca de la mitad
en este grupo (579.565 / 47.7%). Al agregar al monto global de jóvenes que desertaron
antes de los 15 años, el número de aquellos que lo han hecho entre los 15 y los 19 años
(1.369.375), se aprecia que, en conjunto, el 91% (2.116.984) de los jóvenes que han
desertado, se han separado de la Educación antes de cumplir 20 años.
Al fijar la atención en el resultado correspondiente a los jóvenes
que declararon nunca haber asistido a la enseñanza, aparece una cifra notablemente baja,
en virtud de que solo 64.753 jóvenes, equivalentes al 1.6% del total se encuentran en
esta situación. Tal resultado podría estar verificando, no sólo los logros alcanzados
por la política de expansión general de la matrícula educativa o de masificación
educacional que tuvo lugar durante el período precedente sino, además, la consistente
ampliación de la cobertura regional y la extensión geográfica de la infraestructura
escolar para las etapas iniciales del nivel básico de la Educación, a partir del proceso
de la consolidación del modelo democrático en el país. En efecto, puede afirmarse que
en la actualidad, solo uno (1) aproximadamente, de cada setenta y siete (77) jóvenes
nunca pudo asistir a la enseñanza regular. En lo concerniente a la condición alfabeta de
la juventud venezolana, puede observarse una cifra de 3.905.926 (97.1%) jóvenes en esta
condición, quedando reducido el monto de jóvenes incapacitados para leer y escribir a
103.675 (2.6%). La diferencia apreciada entre este 2.6% de los jóvenes analfabetas
respecto al 1.6% que declaró nunca haber asistido a la escuela, representada por el 0.9%,
pudiera estar asociada al hecho de que, estos últimos, se habrían separado de la
Educación cuando aún no había cristalizado su aptitud para la lectura y la escritura.
De cualquier modo, este reducido monto de jóvenes analfabetas constituye un resultado que
indica la eficacia que han tenido los esfuerzos en el combate al analfabetismo.(9)
En lo que respecta a la matrícula educacional por grupo etáreo se
destaca que para los jóvenes adultos (20-24 años), la inserción en la Educación Formal
se vuelve notoriamente más restringida con respecto al promedio nacional de asistencia,
puesto que, al interior de este segmento, solamente se encuentra asistiendo una cifra
próxima a la cuarta parte (25.6% / 484.662), mientras que el 72.2% (1.368.039) de ellos
han abandonado los estudios. Se deduce por tanto que, aún cuando la permanencia en la
Educación Formal es un hecho que va desapareciendo a medida que se avanza en la edad,
dado el progresivo tránsito al mundo adulto y su consecuente desempeño de los
correspondientes roles y obligaciones, los resultados revelan una drástica caída de la
matrícula estudiantil en la población juvenil adulta, toda vez que, actualmente, tres
(3) de cada cuatro (4) jóvenes adultos, aproximadamente, han abandonado la condición de
estudiantes. Ahora bien, al observar el comportamiento de los resultados en torno a la
asistencia regular a la Educación en el caso de los jóvenes adolescentes (15-19 años)
-segmento juvenil en el cual es previsible encontrar una considerable mayoría
estudiantil- los datos señalan que sólo una cifra próxima a la mitad (1.146.734 / 53.8%
de ese grupo) se encuentra regularmente asistiendo a un centro de enseñanza formal,
mientras que el abandono educativo en este grupo tiene lugar para el 44.8% (952.927) de
los jóvenes adolescentes. De esta forma, se puede concluir que sólo cinco (5) de cada
diez (10) jóvenes adolescentes aproximadamente, se encuentran insertos en la Educación
Formal.
Al incorporar al análisis la relación entre la Educación de los
jóvenes y su nivel de vida -especialmente impactado por la pobreza- la situación de la
inserción educacional alcanza niveles de considerable preocupación e inequidad.
Centrando la atención en los hallazgos de ENJUVE, se obtiene que aquellas explicaciones
que atribuyen lo no asistencia juvenil a la Educación a causas de escala individual y de
naturaleza ético-cultural -en las que abundan imputaciones causales referidas al
relajamiento de hábitos escolares y al deterioro de las responsabilidades- se vuelven
erróneas o insuficientes. La confirmación de la falsedad implícita en estas equivocadas
imágenes, se expresa en la irrebatible relación entre la no asistencia a la Educación
Formal y la situación de pobreza que afecta a las mayorías juveniles. Efectivamente, de
un total de 2.313.215 jóvenes que viven en hogares con Necesidades Básicas Insatisfechas
(NBI) sólo una tercera parte, compuesta por 818.056 (35.4%) de ellos, asisten a un centro
de enseñanza formal, mientras que el 64.2% (1.485.672) de estos jóvenes no están
incorporados a la Educación. "...Es cierto que nos topamos con desertores de todos
los niveles sociales, pero sin duda la proporción de ellos en los niveles de pobreza
crítica es inmensamente superior a la que existe en los niveles más acomodados..."
(Escalona y Noguera, 1989).