2. Nivel educacional de la juventud
A continuación se examina detalladamente lo que, en términos más
ilustrativos, se podría denominar la distribución del patrimonio educativo formal en la
juventud venezolana. El valor analítico de esta información le confiere carácter
puntual, toda vez que se trata de conocer la composición educativa de acuerdo con el
último nivel o año aprobado en cada etapa del sistema educacional, es decir, la
información no corresponde al año o grado que los jóvenes se encontraban cursando para
el momento de la encuesta -puesto que hay jóvenes que no están estudiando-, sino al
nivel educativo efectivamente alcanzado por la juventud. Al fijar la atención en los
230.423 (5.8%) jóvenes que declararon tener aprobado algún grado correspondiente a la
primera etapa de la Educacion Básica, comprendida entre el preescolar y el 3er. Grado, se
configura, de entrada, una preocupante situación dada la absoluta elementalidad educativa
y cultural que estos jóvenes presentan en su correspondiente patrimonio escolar. Visto en
una escala menor, en este grupo se plantea que uno (1) de cada diecisiete (17) jóvenes
venezolanos se encuentra en aguda pobreza educativa. Esta porción de la juventud,
conjuntamente con el 1.6% (64.753) que nunca asistió a un centro de enseñanza regular,
conforma un contingente de aproximadamente 300.000 jóvenes, en los que, sin lugar a
dudas, se observa las más alta vulnerabilidad educacional.
Si se examina, ahora esta cifra en relación a la asistencia escolar de
los jóvenes que declararon tener este nivel educativo, se aprecia, simultáneamente, la
configuración de dos de los más graves problemas de la Educación: deserción educativa
y sobreedad escolar. Por una parte, el abandono en este inicial nivel educativo, el más
elemental de todos, se traduce para el 83.0% (191.171) de ellos como la deserción en su
expresión más drástica y escolarmente empobrecida. Por otra parte, en el 16.5% (37.977)
que actualmente asiste a este nivel, se revela el grave problema de la sobreedad, y la
consecuente fragilidad potencial respecto a las posibilidades de avanzar en los estudios,
dado lo establecido como las edades esperadas de los educandos en este tramo de la
Educación. Puede afirmarse, entonces, que, por cada diez (10) jóvenes que manifestaron
poseer algún grado entre preescolar y tercer grado, ocho (8) son desertores, mientras que
los otros y dos (2) que asisten están afectados por la sobreedad (7). Siguiendo en la misma línea de análisis
adoptada para la primera etapa de la Educación Básica, se aprecia que de los 987.017
(24.5%) jóvenes que declararon tener aprobado entre 4to. y 6to. grado, el 84.7% (837.570)
de este grupo, han abandonado sus estudios, lo que implica que la deserción educativa
juvenil en los que han alcanzado algún grado de este nivel, ha tenido lugar de manera
abrumadora. Mientras que, el 14.7% (145.502) restante que se mantiene estudiando en esta
etapa, acusan la incidencia del problema de la sobreedad. (8)
Al agregar el volumen de jóvenes que indicó poseer alguno de los
grados correspondientes a la segunda etapa de la Educación Básica, -987.017 (24.5%)
jóvenes ubicados entre 4to. y 6to grado-, al monto que declaró poseer niveles
correspondientes a la primera etapa -230.423 (5.8%) jóvenes ubicados entre preescolar y
3er grado-, se conforma un monto de 1.217.440 jóvenes que sólo han alcanzado un nivel
educativo de considerable elementalidad. En este sentido, hay lugar para la constatación
del problema de la segmentación educativa, en especial, en lo concerniente a las
distancias y diferencias cualitativas de este grupo, con respecto a los jóvenes que han
alcanzado niveles superiores a estas dos primeras etapas de la Educación Básica. Se
estima, entonces, que la calificación educativa, dentro de la actual población juvenil
venezolana, es prácticamente nula para cerca de un tercio de ellos (30.3%), más aun si
se considera que, a partir de la implantación del sistema de Educación Básica, se ha
establecido como mínima calificación educativa la aprobación del 9no grado.
De esta manera, resulta claro que estos jóvenes han tenido y tendrán
que enfrentar su inserción a la actividad productiva y a la vida social en su conjunto,
con elevadas carencias y severas restricciones de los recursos y medios educativos y
socio-culturales requeridos por los ámbitos sociales formalmente establecidos. Tal
situación "...genera una ingente población juvenil de desertores que se ven
lanzados a la necesidad de ingresar al mercado laboral permanentemente y sin la
preparación adecuada, con lo cual engrosan las filas de la llamada población activa
desempleada o subpagada, y, como consecuencia, las de pobreza crítica" (Escalona y
Noguera, 1989). En lo que respecta a la última etapa de la Educación Básica, 1.299.901
(32.3%) jóvenes declararon disponer de un nivel educativo ubicado entre el 7mo.y el 9no.
grado. En este grupo se mantiene estudiando el 45.2% (587.552), lo cual constituye la más
alta cifra relativa de asistencia de las que han sido examinadas hasta ahora. Sin embargo,
más de la mitad de ellos (54.6% / 709.094) han abandonado los estudios. De manera que,
aunque la deserción aquí observada, es proporcionalmente menor respecto a la que se
encontró en la etapas anteriores, resulta una cifra de peso considerable, puesto que, por
cada diez (10) jóvenes que han alcanzado algunos de los grados de la tercera etapa de la
Educación Básica, sólo cinco (5), aproximadamente, permanecen estudiando.
Por su parte, del total de jóvenes que han alcanzado algún grado de
la Educacion Media Diversificada (23.8% / 957.629), una cifra próxima a la mitad (451.956
/ 47.2%) -al igual que en el anterior caso de los desertores entre 7mo. y 9no. grado- no
se encuentra asistiendo a un centro de enseñanza regular mientras que 504.145 (52.7%) se
mantienen estudiando. La no prosecución en este grupo pudiera estar influida, por la
culminación de alguna especialidad con la que acreditan y titulan los bachilleratos que
forman técnicos medios, pretendidamente capacitadores para la inserción adecuada al
mercado laboral. No obstante, sólo 13.0% (58.684) de este grupo declaró no asistir por
haber culminado sus estudios, evidenciándose en más del 80% restante, causas vinculadas
al abandono educativo. La última referencia de análisis está dirigida a aquella
porción de la población juvenil que dispone de algún año o grado correspondiente a la
Educación Superior. Se obtuvo que este grupo, compuesto por 408.076 jóvenes, constituye
sólo una décima parte (10.1%) del total de la juventud venezolana, lo que pareciera
mostrar una tendencia a la disminución en las tasas de asistencia a la Educación
Superior, respecto a los montos que alcanzaba en el país a mediados de la década pasada.
Sin embargo, resulta útil destacar la declinación proporcional de la no asistencia en
este nivel respecto a las otras etapas de la Educación en virtud de que sólo el 16.8%,
(68.606) de los que tienen aprobados algún año de Educación Superior, declararon no
estar asistiendo. De este grupo, sólo 28.679 jóvenes manifestaron, como causa de la
separación de la Educación, haber culminado sus estudios. Se deduce, por tanto, aún en
el caso de la juventud universitaria, la concurrencia de factores adversos para el logro
terminal de este tramo de la Educación Formal.