| POLÍTICAS DE JUVENTUD EN AMÉRICA LATINA:
EVALUACIÓN Y DISEÑO
INFORME DE VENEZUELA
Prefacio
I. Aspectos metodológicos
II. La juventud
venezolana. Inserción e incertidumbre
III. Aspectos
sociodemográficos
IV. El problema educativo.
Matrícula, segmentación y expectativas
V. El bloqueo
laboral. Exclusión y precarización
VI. La
desintegración familiar. Hogar, pareja y procreación
VII. La
desmovilización política. Democracia, percepciones de la vida pública y
asociacionismo
VIII. La conflictividad y
el malestar juvenil
IX. Tiempo libre
juvenil. Práticas y demandas
Referencias bibliográficas y
documentales
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VIII. LA
CONFLICTIVIDAD Y EL MALESTAR JUVENIL. Contravenciones, Salud y Fantasía Suicida.
1. Contravenciones
Junto a los nexos de sociabilidad que los jóvenes fundan con
sus pares, vinculados generalmente a la creación y desarrollo de la identidad grupal -la
amistad, el compañerismo y la solidaridad, entre otros- han venido surgiendo fenómenos
fuertemente influidos por las contravenciones y las conductas infractoras. El término
contravención alude a conductas de transgresión y desobediencia, incluyendo, por
supuesto, a aquellas realizadas de modo violento y agresivo. Tales comportamientos,
además de ofrecer posibilidades de interpretación jurídica, por su naturaleza ilícita
y transgresora, indican, a su vez, la búsqueda por parte de sus protagonistas, de
ambientes alternativos de actuación social, de nuevas pautas de comunicación y de otras
formas de autoridad violenta y liderazgo agresivo. Esto, generalmente, como respuesta a
contextos de gran adversidad, segregación y aislamiento social. Independientemente a que
el resultado de ENJUVE revela que la proximidad del hecho contraventor en el medio juvenil
se coloca alrededor del 10% (11.4% / 458.483) y que, por tanto, pareciera de poca
significación, este fenómeno del entorno transgresor del joven, merece, sin embargo, una
más atenta consideración.
Resulta inquietante que, según ENJUVE, por cada diez (10) jóvenes,
aproximadamente, aparezca uno (1), en cuyo entorno inmediato ha tenido lugar algún tipo
de contravención. Pero más grave que lo anterior es la aparición, en el propio medio
juvenil incidido por la conducta contraventora, de posturas tolerantes, de aceptación y,
hasta de simpatía, frente a la comisión de distintos actos contra la propiedad, los
bienes y las personas mismas. Aun cuando parecería obvio suponer la elevación de los
índices contraventores en contextos de crisis estructural y empobrecimiento material como
el actual, el problema, debe situarse, de modo central, en la conformación de un marco de
condiciones, tanto objetivas como subjetivas, que estarían favoreciendo un tipo de
adaptación progresiva ante dicho fenómeno. A este respecto, sería equivocado restringir
el análisis del fenómeno de la contravención juvenil, en sentido estricto, así como el
del surgimiento de una suerte de "cultura de la violencia", a un enfoque que
opera sólo a escala individual o a la estigmatización intrínseca de la condición
juvenil.
En primer término, existen suficientes indicios reveladores de que, en
el estilo de desarrollo adoptado por los países de América Latina, pero en especial en
Venezuela, se ha intensificado la polarización social que venía afectando a la sociedad
con anterioridad a la crisis, obligando a desplegar un diversificado conjunto de
estrategias de sobrevivencia, en respuesta directa a la inequidad con que operan los
mecanismos de distribución de los bienes y riquezas. Es oportuno recordar que la mayoría
de los jóvenes venezolanos vive actualmente en hogares en los que no existen condiciones
para asegurar su existencia mínima: 57.4% -más de 2.300.000- de los jóvenes pertenecen
a hogares con las Necesidades Básicas Insatisfechas, si ha esto se añade que seis (6) de
cada diez (10) jóvenes han desertado del sistema educativo, el resultado que se desprende
es, aunque sencillo, patético: la gran mayoría de los jóvenes venezolanos presentan un
elevadísimo componente de vulnerabilidad en sus condiciones de vida. Como se sabe, la
pobreza y la exclusión, generalmente, resultan ser factores de alta eficacia en la
propensión de conductas contraventoras.
En segundo lugar, en el manejo público de la cuestión delictiva y, en
general, de la violencia han tenido notable influencia los medios de comunicación. Pese a
los esfuerzos de algunas individualidades por otorgarle a este problema un tratamiento
adecuado, en los medios ha predominado una suerte de tríada contradictoria en la cual,
por un lado, incorporan crecientes contenidos hedonistas y de promoción y estímulo al
consumo ilimitado -contrastando abiertamente con las serias restricciones materiales que
afectan a grandes mayorías de la población-; por otro, estigmatizan la ocurrencia del
delito y la violencia a través de un estilo de información y denuncia, generalmente
carente de contenidos orientadores y preventivos y que, más bien, otorga alta prioridad a
las preocupaciones por la competencia y el rating de sintonía y público; por último,
tiene lugar una especie de reciclaje de determinadas tipologías juveniles delictivas,
elaboradas a partir de la identificación y selección de personajes y conductas, que
siendo producidas en el medio delictivo, son proyectadas posteriormente en los guiones y
libretos de la programación correspondiente, con los consecuentes efectos de su
masificación.
En medio de estas circunstancias, la población juvenil aparece como un
grupo altamente impactado, tanto por constituir el segmento del mercado de mayor
importancia y sensibilidad ante las estrategias publicitarias, así como por ser el sujeto
en el que se viene concentrando, un volumen considerable de los comportamientos
contraventores que ocurren en la extensión de la sociedad. La centralidad con la cual es
manejada por los medios de comunicación la representación del joven, se traduce
-especialmente para muchos de los que viven en condiciones de mayor restricción material-
en parámetros de referencia que consolidan, en ellos, actitudes asociadas a la imagen
construida por los propios medios y por la sociedad adulta. En concreto, si bien lo que
los medios divulgan respecto a la relación Juventud y Contravención tendría algún
asidero en la realidad, resulta dudoso que el tratamiento y la difusión que se viene
efectuando sobre esta problemática, esté en condiciones de propiciar su disminución.
Las graves y abundantes evidencias que han venido reuniéndose al
interior del análisis de la relación Juventud, Contravención y Violencia, conjuntamente
a los graves y generalizados procesos de segregación y desintegración social pudieran
estar conformando un trágico coeficiente entre la violencia que provocan los jóvenes y
la violencia que reciben. Un estudio reciente demostró que, para 1992, por cada diez (10)
víctimas mortales de la violencia urbana, siete (7) -equivalente al 67% del total- eran
jóvenes entre 15 y 29 años (Comisión Permanente de Juventud y Deportes del Senado de la
República, 1993). Por otra parte, cabría la posibilidad de interrogar si no se estaría
retardando demasiado la reconsideración de la cuestión juvenil y la de su incidencia en
el hecho transgresor, más allá de la visión jurídico-policial y del estricto accionar
de las políticas de seguridad y orden público. La pregunta surge, no sólo por la
inminencia con que la violencia contraventora actúa sobre este grupo de población y por
la multicausalidad que la engendra, sino también por el peligro acumulativo que se deduce
al constatar que los principales victimarios de jóvenes, son también jóvenes. De esta
manera, hay lugar para suponer que se está configurando en el mundo urbano un auténtico
escenario de exterminio recíproco, localizado en el propio medio juvenil. El tratamiento
y manejo político-institucional de semejante situación se hace impostergable.
Habría que añadir, además, que la flexibilización en los valores
ante la ocurrencia de hechos contraventores en su entorno inmediato de relaciones, podría
deberse a que este tipo de joven encuentra en esos espacios de intercambio, vivencias de
gran intensidad y de ruptura con las rutinas de restricción, ocio y discriminación
propios de los ámbitos a los que ha estado consignado. La tolerancia juvenil ante el
hecho contraventor pareciera ser, para quienes la experimentan, el reflejo de una
frustrada voluntad de participación formal y, su generalización, el efecto perverso de
la clausura de opciones para construir un proyecto pleno de integración social.
(Prefacio) (Aspectos
metodológicos) (Trayectoria técnica) (Objetivos generales y específicos) (Cobertura poblacional y geográfica) (Diseño de la muestra) (Análisis
de los resultados) (La juventud venezolana: inserción e
incertidumbre) (Aspectos sociodemográficos) (El problema educativo) (Nivel
educacional de la juventud) (Matrícula educativa actual
de la juventud) (La separación de los estudios: sus
causas) (Expectativas y condiciones de asistencia
educativa) (El bloqueo laboral) (El desempleo juvenil) (La
iniciación laboral) (Los jóvenes trabajadores) (Capacitación para el trabajo) (Los
jóvenes sin ocupación: ni estudian ni trabajan) (La
desintegración familiar) (Sexualidad, prevención y
procreación) (La desmovilización política) (Percepciones de la vida pública) (Asociacionismo juvenil) (La
conflictividad y el malestar juvenil) (Salud) (Tedio juvenil y fantasía suicida) (Tiempo
libre juvenil) (Contenido del tiempo libre en los jóvenes)
(La demanda de actividades en el tiempo libre) (Referencias bibliográficas y documentales) |
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