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Fecha de actualización:
27/11/2008

 

 
 

POLÍTICAS DE JUVENTUD EN AMÉRICA LATINA:

EVALUACIÓN Y DISEÑO

INFORME DE VENEZUELA

 

Prefacio

 

I. Aspectos metodológicos

 

II. La juventud venezolana.  Inserción e incertidumbre

 

III. Aspectos sociodemográficos

 

IV. El problema educativo.   Matrícula, segmentación y expectativas

 

V. El bloqueo laboral.  Exclusión y precarización

 

VI. La desintegración familiar.  Hogar, pareja y procreación

 

VII. La desmovilización política.  Democracia, percepciones de la vida pública y asociacionismo

 

VIII. La conflictividad y el malestar juvenil

 

IX. Tiempo libre juvenil.  Práticas y demandas

  

Referencias bibliográficas y documentales

 

   

VIII. LA CONFLICTIVIDAD Y EL MALESTAR JUVENIL. Contravenciones, Salud y Fantasía Suicida.

 

1. Contravenciones

Junto a los nexos de sociabilidad que los jóvenes fundan con sus pares, vinculados generalmente a la creación y desarrollo de la identidad grupal -la amistad, el compañerismo y la solidaridad, entre otros- han venido surgiendo fenómenos fuertemente influidos por las contravenciones y las conductas infractoras. El término contravención alude a conductas de transgresión y desobediencia, incluyendo, por supuesto, a aquellas realizadas de modo violento y agresivo. Tales comportamientos, además de ofrecer posibilidades de interpretación jurídica, por su naturaleza ilícita y transgresora, indican, a su vez, la búsqueda por parte de sus protagonistas, de ambientes alternativos de actuación social, de nuevas pautas de comunicación y de otras formas de autoridad violenta y liderazgo agresivo. Esto, generalmente, como respuesta a contextos de gran adversidad, segregación y aislamiento social. Independientemente a que el resultado de ENJUVE revela que la proximidad del hecho contraventor en el medio juvenil se coloca alrededor del 10% (11.4% / 458.483) y que, por tanto, pareciera de poca significación, este fenómeno del entorno transgresor del joven, merece, sin embargo, una más atenta consideración.

Resulta inquietante que, según ENJUVE, por cada diez (10) jóvenes, aproximadamente, aparezca uno (1), en cuyo entorno inmediato ha tenido lugar algún tipo de contravención. Pero más grave que lo anterior es la aparición, en el propio medio juvenil incidido por la conducta contraventora, de posturas tolerantes, de aceptación y, hasta de simpatía, frente a la comisión de distintos actos contra la propiedad, los bienes y las personas mismas. Aun cuando parecería obvio suponer la elevación de los índices contraventores en contextos de crisis estructural y empobrecimiento material como el actual, el problema, debe situarse, de modo central, en la conformación de un marco de condiciones, tanto objetivas como subjetivas, que estarían favoreciendo un tipo de adaptación progresiva ante dicho fenómeno. A este respecto, sería equivocado restringir el análisis del fenómeno de la contravención juvenil, en sentido estricto, así como el del surgimiento de una suerte de "cultura de la violencia", a un enfoque que opera sólo a escala individual o a la estigmatización intrínseca de la condición juvenil.

En primer término, existen suficientes indicios reveladores de que, en el estilo de desarrollo adoptado por los países de América Latina, pero en especial en Venezuela, se ha intensificado la polarización social que venía afectando a la sociedad con anterioridad a la crisis, obligando a desplegar un diversificado conjunto de estrategias de sobrevivencia, en respuesta directa a la inequidad con que operan los mecanismos de distribución de los bienes y riquezas. Es oportuno recordar que la mayoría de los jóvenes venezolanos vive actualmente en hogares en los que no existen condiciones para asegurar su existencia mínima: 57.4% -más de 2.300.000- de los jóvenes pertenecen a hogares con las Necesidades Básicas Insatisfechas, si ha esto se añade que seis (6) de cada diez (10) jóvenes han desertado del sistema educativo, el resultado que se desprende es, aunque sencillo, patético: la gran mayoría de los jóvenes venezolanos presentan un elevadísimo componente de vulnerabilidad en sus condiciones de vida. Como se sabe, la pobreza y la exclusión, generalmente, resultan ser factores de alta eficacia en la propensión de conductas contraventoras.

En segundo lugar, en el manejo público de la cuestión delictiva y, en general, de la violencia han tenido notable influencia los medios de comunicación. Pese a los esfuerzos de algunas individualidades por otorgarle a este problema un tratamiento adecuado, en los medios ha predominado una suerte de tríada contradictoria en la cual, por un lado, incorporan crecientes contenidos hedonistas y de promoción y estímulo al consumo ilimitado -contrastando abiertamente con las serias restricciones materiales que afectan a grandes mayorías de la población-; por otro, estigmatizan la ocurrencia del delito y la violencia a través de un estilo de información y denuncia, generalmente carente de contenidos orientadores y preventivos y que, más bien, otorga alta prioridad a las preocupaciones por la competencia y el rating de sintonía y público; por último, tiene lugar una especie de reciclaje de determinadas tipologías juveniles delictivas, elaboradas a partir de la identificación y selección de personajes y conductas, que siendo producidas en el medio delictivo, son proyectadas posteriormente en los guiones y libretos de la programación correspondiente, con los consecuentes efectos de su masificación.

En medio de estas circunstancias, la población juvenil aparece como un grupo altamente impactado, tanto por constituir el segmento del mercado de mayor importancia y sensibilidad ante las estrategias publicitarias, así como por ser el sujeto en el que se viene concentrando, un volumen considerable de los comportamientos contraventores que ocurren en la extensión de la sociedad. La centralidad con la cual es manejada por los medios de comunicación la representación del joven, se traduce -especialmente para muchos de los que viven en condiciones de mayor restricción material- en parámetros de referencia que consolidan, en ellos, actitudes asociadas a la imagen construida por los propios medios y por la sociedad adulta. En concreto, si bien lo que los medios divulgan respecto a la relación Juventud y Contravención tendría algún asidero en la realidad, resulta dudoso que el tratamiento y la difusión que se viene efectuando sobre esta problemática, esté en condiciones de propiciar su disminución.

Las graves y abundantes evidencias que han venido reuniéndose al interior del análisis de la relación Juventud, Contravención y Violencia, conjuntamente a los graves y generalizados procesos de segregación y desintegración social pudieran estar conformando un trágico coeficiente entre la violencia que provocan los jóvenes y la violencia que reciben. Un estudio reciente demostró que, para 1992, por cada diez (10) víctimas mortales de la violencia urbana, siete (7) -equivalente al 67% del total- eran jóvenes entre 15 y 29 años (Comisión Permanente de Juventud y Deportes del Senado de la República, 1993). Por otra parte, cabría la posibilidad de interrogar si no se estaría retardando demasiado la reconsideración de la cuestión juvenil y la de su incidencia en el hecho transgresor, más allá de la visión jurídico-policial y del estricto accionar de las políticas de seguridad y orden público. La pregunta surge, no sólo por la inminencia con que la violencia contraventora actúa sobre este grupo de población y por la multicausalidad que la engendra, sino también por el peligro acumulativo que se deduce al constatar que los principales victimarios de jóvenes, son también jóvenes. De esta manera, hay lugar para suponer que se está configurando en el mundo urbano un auténtico escenario de exterminio recíproco, localizado en el propio medio juvenil. El tratamiento y manejo político-institucional de semejante situación se hace impostergable.

Habría que añadir, además, que la flexibilización en los valores ante la ocurrencia de hechos contraventores en su entorno inmediato de relaciones, podría deberse a que este tipo de joven encuentra en esos espacios de intercambio, vivencias de gran intensidad y de ruptura con las rutinas de restricción, ocio y discriminación propios de los ámbitos a los que ha estado consignado. La tolerancia juvenil ante el hecho contraventor pareciera ser, para quienes la experimentan, el reflejo de una frustrada voluntad de participación formal y, su generalización, el efecto perverso de la clausura de opciones para construir un proyecto pleno de integración social.

 Salud

(Prefacio) (Aspectos metodológicos) (Trayectoria técnica) (Objetivos generales y específicos) (Cobertura poblacional y geográfica) (Diseño de la muestra) (Análisis de los resultados) (La juventud venezolana: inserción e incertidumbre) (Aspectos sociodemográficos) (El problema educativo) (Nivel educacional de la juventud) (Matrícula educativa actual de la juventud) (La separación de los estudios: sus causas) (Expectativas y condiciones de asistencia educativa) (El bloqueo laboral) (El desempleo juvenil) (La iniciación laboral) (Los jóvenes trabajadores) (Capacitación para el trabajo) (Los jóvenes sin ocupación: ni estudian ni trabajan) (La desintegración familiar) (Sexualidad, prevención y procreación) (La desmovilización política) (Percepciones de la vida pública) (Asociacionismo juvenil) (La conflictividad y el malestar juvenil) (Salud) (Tedio juvenil y fantasía suicida) (Tiempo libre juvenil) (Contenido del tiempo libre en los jóvenes) (La demanda de actividades en el tiempo libre) (Referencias bibliográficas y documentales)

 

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