3. Tedio juvenil y fantasía suicida
Aun cuando, la ocurrencia de los problemas y alteraciones de orden
psicosocial y emocional identificados y registrados en la producción científica e
intelectual contemporánea, no está restringida a algún segmento particular de la
población sino que, por el contrario, afecta indistintamente a los diversos grupos que la
constituyen, es posible, suponer sin embargo, que el período juvenil es particularmente
sensible a la incidencia de perturbaciones emocionales, por tratarse de una etapa definida
con base en su condición de tránsito hacia la consolidación de un perfil definitivo de
hábitos y conductas, el cual habría de cerrarse al acceder a la vida adulta. Al avanzar
en el examen de las alteraciones de tipo emocional y psicosocial, que con tanta frecuencia
impactan al segmento juvenil, y profundizando en los esfuerzos de comprensión de aquellos
aspectos en los que se viene reflejando el malestar de los jóvenes venezolanos, surge un
tipo de fenómeno, hasta ahora, de muy baja consideración, pero al mismo tiempo de
importante significación en la vida contemporánea. Es el caso del modo en que vienen
incidiendo en los jóvenes, los fenómenos del tedio y del aburrimiento.
Pudo encontrarse que más de la mitad de los jóvenes (55.9% /
2.248.093) están afectados por la problemática del tedio y del aburrimiento, esto es,
incididos por un estado psíquico de malestar originado por la ausencia de actividades o
por la realización de actividades indeseadas y, en general, por una sensación de
vacuidad insatisfacción y desinterés (Angulo, 1990). En la práctica, el tedio está
asociado directamente con un peligroso vacío de actividad, o también al imperativo de
tener que hacer lo que no se desea y a la sensible restricción del interés y/o el
entusiasmo. Es evidente que ante estas cifras, hay lugar para objetar la generalizada
creencia referida a que la juventud, cualquiera sea su circunstancia etárea, sexual o
socioeconómica, esta exenta de verse afligida por el fenómeno del tedio, la vacuidad o
el aburrimiento. La indiferencia ante tal problemática, especialmente riesgosa entre los
jóvenes, podría ocasionar el incremento de situaciones insospechadas, puesto que las
perturbaciones y disturbios asociados al mismo crean una situación potencial para
desencadenar conductas, no sólo perjudiciales para el entorno social del joven
-contravenciones y diversos tipos de transgresión- sino que, sumadas a otras fuentes
generadoras de Conflictividad, frustración y fracaso, podrían tornarse en conductas
autodestructivas.
En este sentido, y en refuerzo del análisis del Malestar en el ámbito
psicosocial, cabe centrar la atención en una de las más graves manifestaciones de la
conflictividad en general -pero, muy particularmente, en la de los jóvenes-, dado que se
constituye en el mayor atentado que un individuo puede ejecutar contra si mismo: el
suicidio. Sobre todo cuando, con posterioridad a la proliferación de sensaciones de
vacuidad y hastío, al debilitamiento del vínculo de pertenencia, y a la conformación de
un cuadro de malestares, fracasos e insatisfacciones, comienzan a aparecer imágenes y
fantasías referidas a la autoeliminación, como solución extrema a las dificultades y
conflictos que le rodean. Los hallazgos que ENJUVE pudo establecer al respecto plantean
que, en la actual generación juvenil, la fantasía suicida ha tenido incidencia en
227.973 jóvenes (5.7%). Este resultado, requiere la adopción de un tipo de examen que se
oriente en una perspectiva más cualitativa, si se considera la peculiaridad de la
población en estudio, a partir de los supuestos instantáneos de interpretación
normativa, con base en los cuales es posible atribuirle a los jóvenes una elevada
disponibilidad de estímulos permanentes para fortalecer el apego a la vida en cualquier
circunstancia. Sin embargo, se observa que uno (1) de cada dieciocho (18) jóvenes
venezolanos respondió afirmativamente ante la pregunta de la incidencia de pensamiento
suicida.
El centro del problema no pareciera ser el hecho genérico de pensar en
la posibilidad de quitarse la vida por cuanto podría tratarse de un hecho aislado o
excepcional. Lo preocupante del fenómeno viene dado, más bien, por la frecuencia o
proximidad con la cual podría estar apareciendo la opción anómica del suicidio en la
cotidianeidad de aquellos jóvenes cuyas vivencias concretas entran en contradicción con
sus expectativas de realización. Al respecto, se encontró que si bien de ese total de
jóvenes, en cuya trayectoria de vida ha aparecido la posibilidad del suicidio, el 46.5%
(106.065) indicó que esto tuvo lugar sólo una vez, más de la mitad, (51.0% / 116.348)
revela que la aparición de la fantasía suicida ocurre con regularidad. De modo que, hay
lugar para elevar la atención sobre la variedad de factores y procesos propiciatorios de
esta predisposición a la autodestrucción que, actualmente afecta, aproximadamente, a
treinta (30) de cada mil (1000) jóvenes.
La propensión al suicidio no puede dejar de vincularse con la
situación de difícil inserción social que, actualmente, sufren la mayoría de los
jóvenes. Con ello se hace referencia a factores ya descritos como la ampliación de los
marcos de pobreza material, la restricción educativa, la desocupación, el empleo
precario, entre otros. Asimismo, la fantasía suicida pudiera ser expresión de las
dificultades y problemas que, como se ha visto, afectan a los jóvenes en una escala más
próxima a su esfera particular, y que estarían operando en el medio familiar
-incomunicación, desintegración del vínculo, distorsión de roles, complicaciones para
la adopción de pautas de autonomía-. No obstante, en la consideración de los factores
asociados a la propensión suicida, aparecen con especial énfasis las dificultades que
los jóvenes tienen para la conformación de expectativas adecuadas y para la
construcción de demandas, a partir de las cuales gestionar, eficazmente, su integración
plena a los distintos espacios de realización social.