II. LA JUVENTUD VENEZOLANA: INSERCION E INCERTIDUMBRE
Antes de emprender el tratamiento específico de la problemática
juvenil venezolana, con base en los hallazgos de la Encuesta Nacional de la Juventud
Venezolana. ENJUVE, resulta oportuno destacar que los jóvenes constituyen un sector de la
sociedad, cuya circunstancia se encuentra doblemente contrariada. La primera línea de
dificultades está representada por las serias adversidades a las que están sometidas,
objetivamente, sus actuales condiciones de vida, las cuales reclaman de manera perentoria
esfuerzos inaplazables de superación. La segunda, aparentemente de menor cuantía en su
ponderación, representa un obstáculo de difícil vencimiento, puesto que está referida
a las imágenes y percepciones que la sociedad elabora sobre la condición juvenil. Esta
doble y comprometida circunstancia se traduce en que, de un lado, los problemas reales de
los jóvenes se encuentran generalmente ignorados, mientras que, por el otro, las
imágenes sobre ellos resultan frecuentemente falsas e ilusorias. Basta con examinar las
representaciones que sobre la juventud elaboran los adultos -que ya la han vivido-, para
captar con toda claridad la ostensible disparidad a la que su imagen está expuesta en el
mundo de las representaciones de los distintos grupos que conforman la sociedad adulta.
Del mismo modo, la diversidad existente sobre la noción de juventud se
verifica en las distintas ópticas con las que puede ser apreciada por organismos y
sectores como la educación, la iglesia, la policía, el empresariado, la dirigencia
política y los medios de comunicación, por sólo mencionar algunas de las instituciones
fundamentales en la sociedad actual. Si tal indagación sobre el significado de la
juventud se efectúa en el mundo intelectual y científico, se puede comprobar que las
definiciones recorren una riquísima polisemia. La variedad de significados se extiende
desde las distintas proposiciones formuladas en el campo de la Psicología -cuyo examen
ofrece un sugerente elenco conceptual donde concurren posturas con énfasis
psicoanalítico, conductista, humanista y otros- hasta las derivadas de las concepciones
de la biología y de la medicina; ello, por supuesto, sin entrar en la consideración de
las opiniones y juicios de factura jurídico-normativa, propias del ámbito del derecho.
De tal suerte que, de este rápido recorrido por la variedad de significados generados en
torno a la juventud, se desprende la inmensa dificultad que implica avanzar hacia la
construcción de un concepto único de la misma.
En este informe se trata de ofrecer, más bien, una visión sobre la
juventud venezolana en el marco de algunas referencias fundamentales que aseguren el
tratamiento de su situación actual y de sus problemas más acuciantes. En tal sentido,
sería útil que, en el curso de lo que sigue, pudieran situarse y mantenerse de modo más
o menos permanente, las siguientes ideas:
1.-El carácter transitorio y multidimensional de la condición juvenil
dentro del proceso general de la vida social.
2.-Las notables diferencias que existen entre las imágenes y
representaciones que la sociedad ha construido sobre la juventud y sus reales
circunstancias de vida.
3.-La crítica especificidad de la problemática de los jóvenes para
asegurar su integración a la sociedad.
4.-La creciente propensión de los jóvenes a la vulnerabilidad,
económica y social como consecuencia del impacto de la crisis y del esquema de ajuste.-
A diferencia de las generaciones juveniles de la década de los '60, de
los '70 y aun de comienzos de los '80, las cuales avanzaron y lograron, con relativa
certidumbre, su inserción social, la vida de los jóvenes venezolanos de los últimos
diez años, ha venido siendo agredida por un vertiginoso deterioro y por un drástico
cierre de oportunidades. Las evidencias revelan que la actual generación juvenil se ha
convertido en uno de los grupos de población que refleja y sufre las más dramáticas
expresiones de la crisis. De modo que, actualmente, la juventud entendida como sujeto de
derecho, ha quedado restringida para ser disfrutada por una exigua minoría, mientras que
para la creciente mayoría de los jóvenes del país, el período juvenil se manifiesta
como un estado lleno de malestares, acompañado de una profunda sensación de
incertidumbre sobre su propio futuro. El llamado período modernizador, que operó en
Venezuela a partir de los años '60, constituye un parámetro imprescindible para la
comprensión del proceso juvenil en el país. La fase modernizadora, en los hechos, se
articuló, de modo general, a partir de seis grandes fuerzas transformadoras:
1. El proceso de industrialización
2. La intensificación del proceso de urbanización
3. La expansión de la matrícula educativa
4. La tendencia relativa a la estabilización política y a la apertura
democrática
5. La expansión de los Medios de Comunicación.
6. El incremento de los circuitos de consumo y producción cultural.
Fue este el marco en el cual tuvieron lugar acelerados cambios en las
dinámicas de la población venezolana e importantes transformaciones sociales y
económicas, entre las que se cuentan la expansión del mercado laboral, la elevada
concentración urbana de la población, la expansión y difusión de la cultura de masas
y, en particular, el amplio e intensivo desempeño económico del Estado. En la situación
de las generaciones juveniles de entonces se reflejaban, consecuentemente, las
modificaciones que estaban operando en la estructura social en su conjunto. Pudo así,
conformarse la imagen de una juventud que, aún cuando expresaba las seculares
desigualdades comunes a toda sociedad marcada por una sensible inequidad en la
distribución de los recursos, no mostraba, sin embargo, notables diferencias en lo
concerniente a aspectos considerados nítidamente juveniles. Entre estos aspectos donde
los jóvenes exhibían semejanzas de comportamiento se encuentran sus claves de
orientación social, las imágenes sobre el futuro, la calidad de la cultura política,
las posibilidades de acceso y prosecución en el mundo de la educación, el protagonismo
cultural, las pautas valorativas en la constitución de familia y/o pareja, los hábitos
sociales y las formas de esparcimiento, entre otros. Por tal razón, la visión sobre la
vivencia de la juventud, en aquel período, permitía captarle como una categoría social
enmarcada dentro de un proceso de homogeneización. Ahora bien, los mecanismos y
procedimientos a través de los cuales aquellos grupos juveniles aseguraban su
integración social, comenzaron a detenerse y, en la mayoría de los casos, a revertirse,
especialmente durante durante la década de los '80. Pero este proceso no ocurre tan sólo
por el efecto inmediato e instantáneo de la crisis, la cual por su intensidad, extensión
y persistencia deterioró tremendamente a la población en su conjunto, sino que, como
consecuencia del esquema de decisiones económicas y políticas adoptado para enfrentarla
e intentar revertirla -esto es, el programa de ajustes-, la población juvenil pasó a ser
un grupo postergado en la escala de prioridades concebida al respecto. De lo que se
desprende, que estaba comenzando a operar intensivamente el dramático mecanismo de la
exclusión social de los jóvenes.
Aún cuando el término heterogeneización juvenil puede, en principio,
asociarse a la diferenciación en el estilo de vida, como consecuencia de la libre
adopción de pautas particulares de conducta, el problema de la diversidad al interior de
la actual juventud venezolana obedece, por el contrario, al encarecimiento forzoso de sus
medios y recursos. Es así como, los diferentes subgrupos juveniles surgidos de este
crítico proceso, presentan grandes diferencias, que se extienden desde sus esquemas de
inserción social y de sus esfuerzos de adaptación a los cambios, hasta el modo de
perfilar y presentar sus demandas y requerimientos. En efecto, resulta cada vez más
difícil incluir, dentro de la misma categoría juvenil, al joven trabajador del campo,
con el joven ocupado en el sector informal urbano, o a la mujer joven recluida en su hogar
-desempeñándose como cuidadora de parientes, ancianos o niños y excluida de la
Educación y el Trabajo- con la mujer joven universitaria, por citar algunos ejemplos. Al
lado de la alarmante expansión de la pobreza en la juventud y de su negativo impacto en
aspectos tan decisivos como aquellos referidos a las necesidades básicas -vivienda,
servicios, salud, alimentación, etc.-, en la actualidad se puede apreciar la rápida y
extendida aparición de la conflictividad en su vida cotidiana. Esta se expresa en graves
y negativos fenómenos como la violencia que, con frecuencia, llega a alcanzar niveles de
auténtico exterminio y de crueldad sin precedentes. De igual manera es posible detectar
la conflictividad silenciosamente oculta tras el narcicismo extendido en algunos de los
grupos juveniles urbanos y en la proliferación de conductas consumistas que, cooptadas
comercialmente por los medios y por el "mercado de imágenes", opera en nuestros
jóvenes como una auténtica psicosis de consumo. Asimismo, puede citarse la delincuencia,
como una de las más peligrosas patologías sociales y a la que tan vulnerables resultan
los jóvenes y, en general, diversas manifestaciones de anomia juvenil que llegan,
incluso, a estar asociados al incremento de la propensión al suicidio.
Además del proceso de deterioro general de la Familia y de la
disolución de las parejas adultas, padres o responsables del hogar del joven-, se han
venido intensificando, conflictivamente, las distancias intergeneracionales, en especial
aquellas provocadas por la restricción de recursos y medios para lograr la
autonomización. En este sentido, se revela altamente preocupante la extensión del
fenómeno de la prolongación forzosa del ciclo juvenil y de la consecuente persistencia
del estado de dependencia de los adultos. Igualmente, se observa un debilitamiento de las
pautas formales y/o tradicionales en el establecimiento de pareja, cambios de expectativas
y actitudes juveniles en torno a aspectos como la procreación, la paternidad, la
nupcialidad, así como tendencias a la flexibilización valorativa y práctica respecto a
cuestiones como la sexualidad y la conyugalidad, entre otros. En la esfera Política, un
número creciente de nuestros jóvenes experimenta estados genéricos de indiferencia y
desencanto, no sólo por las dinámicas organizativas y movilizadoras del sistema
político sino, también, por el propio curso de la vida pública, factor determinante
para el régimen democrático, para las fuentes de solidaridad y para el sentido ciudadano
de la vida colectiva. La autoexclusión política de los jóvenes pudiera constituir uno
de los mayores peligros para la estabilidad y legitimidad de la democracia.
A lo anterior habría que agregar los problemas que afectan a los
jóvenes en el mundo educativo. En la visión sobre la problemática juvenil en Venezuela,
se aprecia que, por encima de los graves y seculares problemas educativos definidos como
deserción, repitencia, sobreedad, entre otros, se configura la segmentación educativa.
Este negativo proceso se traduce como un fenómeno que profundiza a las desigualdades
entre los jóvenes, tanto en lo que respecta a la cantidad de años de escolaridad, como
al indeseable diferencial reflejado en la calidad y en los contenidos de la Educación que
le ha sido impartida. De igual forma, no deja de ser preocupante la aparición, dentro de
un importante número de jóvenes, de imágenes en las cuales la actividad educativa
aparece seriamente subestimada y prácticamente eliminada como mecanismo proveedor de
recursos para la construcción de un proyecto de vida.
Por su parte, el tema del empleo juvenil resulta de ineludible
consideración. La inserción laboral de nuestros jóvenes viene presentándose como un
problema de la más alta gravedad y con elevados costos sociales, no sólo por las
dificultades en su manejo práctico sino, además, por la notable indiferencia con la que
generalmente se le evade. Las cifras de desempleo juvenil en Venezuela están tendiendo a
triplicar las cifras de desempleo nacional. Son los jóvenes, también, los que están
comenzando a contribuir de modo considerable al crecimiento del sector informal de la
economía. Compiten en condiciones de desventaja con los adultos en el mercado laboral.
Son los que detentan el mayor nivel de inestabilidad laboral pero, paradójica y
lamentablemente, muestran estados de elevada conformidad con aspectos como el ingreso, el
horario y otros planos de gran importancia en la elaboración del esquema de demandas y de
organización en materia de inserción laboral.