6. El Consejo de Juventud del Uruguay (CJU)
6.1. Antecedentes
En general, existe cierta coincidencia en señalar a la creación del
Comité No Gubernamental para el Año Internacional de la Juventud (AIJ), en 1983, como el
arranque de la historia de las instancias de concertación juvenil en el Uruguay. El
Comité para el AIJ fue constituido a mediados de 1983, con la adhesión de más de
cuarenta organizaciones juveniles y otros tantas instituciones de apoyo, con los objetivos
de aumentar el conocimiento sobre la juventud, promover políticas y programas de
atención a la juventud, lograr una auténtica participación juvenil en la promoción del
desarrollo y la paz, favorecer la coordinación de las organizaciones e instituciones
existentes y promover la formación de nuevos grupos y organizaciones juveniles, en el
marco de la transición democrática que lentamente se iba procesando.
Nucleó a organizaciones estudiantiles, religiosas, sindicales,
barriales, culturales, políticas, deportivas, etc., basándose en una estructura
organizativa muy sencilla, centrada en un Plenario Nacional, un Comité Ejecutivo y
Plenarios Departamentales, contando asimismo con diversas Comisiones de Trabajo. Se
realizaron diversas actividades, centradas en Seminarios y Talleres de debate abierto
sobre los principales problemas a encarar y los caminos más adecuados al respecto,
teniendo que enfrentar numerosas dificultades vinculadas -en lo fundamental- con el
carácter represivo del gobierno entonces vigente. El aporte en ese sentido, no fue menor,
dado que el Comité logró que el tema juvenil adquiriera más "visibilidad"
pública y se analizara en el marco de la búsqueda de soluciones concertadas a la crisis
en la que se debatía el país, especialmente en el marco de la denominada
"Concertación Nacional Programática" (CONAPRO). Sin embargo, su dinámica se
vio permanentemente trabada por factores de índole político-partidario, en general
exógenos al propio Comité, que limitaron significativamente la labor de un mecanismo que
podría haber aportado mucho más al respecto.
Con la restauración democrática se produjeron varios cambios
significativos. Las energías juveniles que se habían concentrado significativamente en
el enfrentamiento a la dictadura militar, fueron dando paso a una creciente
desmovilización, especialmente en Montevideo, fenómeno que con el pasar de los años
siguientes, se transformó en una aguda y generalizada crisis de las organizaciones y
movilizaciones juveniles anteriores, influida -seguramente- por cierto
"desencanto" con la democracia que no resolvía rápidamente los principales
problemas de los jóvenes. Sin embargo, y paralelamente, se fueron desarrollando nuevas
formas de expresión y movilización juvenil, especialmente visibles en los conciertos de
rock en Montevideo, en las actividades deportivas y culturales en el Interior, etc. Lenta
pero persistentemente, las nuevas generaciones jóvenes comenzaban a diferenciarse de las
que anteriormente habían protagonizado aquellos intentos de movilización corporativa y
concertada. Con la creación de la Comisión Coordinadora de la Juventud (CCJ) a fines de
1987, se comienzan a plantear -de nuevo- ciertas condiciones para la concertación
juvenil. En ese contexto, y al influjo de la necesidad de llenar los lugares previstos
para las organizaciones juveniles en la CCJ, se crea el denominado "Plenario de
Organizaciones Juveniles", con un marcado mayor protagonismo de las organizaciones
juveniles de carácter social y cultural, y un menor protagonismo de las juventudes de los
partidos políticos, tan enfrentadas en la etapa del Comité del AIJ.
En esta etapa, aunque la dinámica sigue ligada en buena medida a
iniciativas internacionales en las que participar, se van logrando ciertos consensos en
torno a la necesidad de contar con un mecanismo más eficaz y permanente de coordinación
de tareas entre las diferentes organizaciones juveniles, fundamentalmente como un
mecanismo de interlocución colectiva con el Estado, en un contexto de escasa atención de
la temática juvenil por parte de aquel. Esto, sin duda, representa un avance en la
maduración colectiva de las organizaciones y movimientos juveniles, que ya no se proponen
grandes metas vinculadas con la afirmación democrática y el desarrollo nacional (en el
marco del mantenimiento de viejas posturas contestatarias), sino -más modestamente y más
centradas en la lógica del funcionamiento democrático del país- en un intento por
formar parte de dicho funcionamiento societal y político. Con la creación del INJU y de
las diferentes Oficinas Municipales de Juventud, entre otros elementos, se abre a
comienzos de los años noventa una nueva etapa para el país en general y para las
organizaciones juveniles en particular. Es así que los esfuerzos por la constitución de
una instancia más adecuada de concertación juvenil, fructifican finalmente en la
creación del Consejo de Juventud del Uruguay (CJU), a través de la firma de un Acta
Constitutiva firmada por veinte organizaciones juveniles, el 15 de diciembre de 1991.