5.6. Balance
El saldo de la labor parlamentaria en relación a la problemática
juvenil es precario. Los parlamentarios entrevistados a los efectos de confeccionar estas
notas, en general, coinciden con este juicio, y lo mismo ocurre con otros actores
institucionales relevantes, ajenos al Parlamento pero vinculados estrechamente con la
temática juvenil. La pregunta clave es, entonces, por qué ocurren estas cosas. No es
conveniente simplificar las respuestas, quedándose en la identificación de las causas
más evidentes al respecto. Sin embargo, resulta imprescindible procurar una respuesta
satisfactoria, especialmente si lo que se procura es formular propuestas constructivas al
respecto. En nuestra opinión, las explicaciones de la inoperancia parlamentaria en estas
materias, hay que buscarlas en las asincronías existentes entre la "lógica"
del funcionamiento parlamentario y la "lógica" del fenómeno juvenil,
totalmente diferente -en nuestra opinión- de otros fenómenos sociales (la condición de
la mujer, las reivindicaciones sindicales, las presiones corporativo-empresariales, los
conflictos político- partidarios, etc.) más afines con aquella.
Los jóvenes uruguayos no son un problema explosivo, al menos en las
dimensiones verificadas en otros países latinoamericanos, y medido en términos
clásicos. Así, las protestas estudiantiles se han apagado, las pandillas juveniles no
existen, la adicción a las drogas es irrelevante (en términos comparativos con el
promedio regional y mundial) y así sucesivamente. Los jóvenes tampoco constituyen un
sólido grupo de presión organizado, incidiendo sistemáticamente en las cúpulas del
poder, en defensa de sus intereses particulares en términos corporativos. La lógica
parlamentaria, sin embargo, funciona de manera muy pragmática. Dadas las reglas de juego
del sistema político y electoral, los parlamentarios deben atender constantemente las
señales de la sociedad y sus demandas específicas, de modo de poder mantener los
respaldos electorales que los han ubicado en dichas funciones. Pero esto se procesa a
través de mecanismos muy particulares.
Así, la mayor parte de las decisiones se toman sobre la base del
accionar de los diferentes grupos de presión existentes en nuestro medio, destacándose
los vinculados con las actividades gremiales y sindicales. Vistas así las cosas, la
articulación de ambas "lógicas" (la juvenil y la parlamentaria) resulta
imposible, por lo que resulta "natural" que la temática juvenil no sea atendida
en la órbita parlamentaria. No se trata, por tanto, de falta de voluntad de parte de los
parlamentarios, ni de la existencia de puntos de vista diametralmente opuestos entre los
diferentes sectores políticos representados al respecto. Ni siquiera se trata de la
imposibilidad de atender la problemática juvenil sin afectar (y perjudicar) los intereses
de otros sectores poblacionales. En última instancia, entonces, se trata de un problema
"sistémico", que atraviesa a todos los sectores político-partidarios (sin
excepciones) y que obedece a la propia "lógica" de funcionamiento de una
institución (la parlamentaria) que debe articular intereses particulares, en una época
de crisis, completamente concentrados en las exigencias corporativas coyunturales, y sin
posibilidades reales de trabajar (legislar) con una visión de conjunto y de largo plazo,
en función de la modernización y el desarrollo nacional.