3.2. Organización interna y funcionamiento
La creación de la Comisión de Juventud (en adelante CJ) estuvo
condicionada por el proceso que le dio origen. Entre los factores que interesan en este
momento destacar se encuentran:
el hecho de ser constituida exclusivamente con funcionarios municipales
jóvenes, reasignados a tal función.
el que la resolución de su creación estableciera que "tendrá
intervención preceptiva en el dictamen sobre las propuestas, acciones y resoluciones
relativas al área de sus cometidos, que tengan o hayan tenido origen en cualquier
Departamento de esta Intendencia Municipal".
La integración exclusiva de la CJ por funcionarios municipales
jóvenes tuvo como consecuencia el tener que elegir un personal político-técnico
partiendo de un marco de restricciones. En la práctica costó bastante reasignar una
serie de personas que pudieran responder satisfactoriamente a los desafíos que se
habrían. Por otra parte, "los jugadores se conocieron en el avión" -si cabe el
eufemismo futbolístico- lo cual supuso en el arranque la necesidad de formar un equipo de
trabajo en el marco de tareas ya planteadas. En lo que refiere al carácter preceptivo que
se lo otorga a la CJ en materia de Políticas de Juventud, la resolución expresa una
voluntad política de darle una jerarquía institucional importante a la CJ. Como se verá
más adelante, la aplicación generalizada de este criterio encontraría dificultades,
dado el funcionamiento de la estructura municipal en lo que hace a las múltiples
instancias desde donde se implementan las políticas sociales.
Lo importante a resaltar en este punto, es que la identidad y funciones
asignadas a la CJ, y la existencia de otros organismos a través de los cuales se
implementaban políticas que incluían a los jóvenes montevideanos, ponía de manifiesto
la necesidad de lograr niveles importantes de coordinación. En términos de los recursos
humanos asignados, la CJ comenzó con seis integrantes, de los cuales dos no estaban a
tiempo completo sino que cumplían otras funciones en la estructura municipal. Tomando
como base las recomendaciones surgidas de la comisión que trabajó previo a su
constitución, la CJ definió tres líneas de acción programática: trabajo, cultura y
espacios juveniles. Al margen de las variantes en las acciones realizadas, estas tres
líneas básicas de acción se han mantenido hasta el presente. No obstante, se han
abierto otras líneas de trabajo, algunas de las cuales son fruto de coordinaciones con
otros sectores del gobierno municipal - caso el Programa de Atención Integral al
Adolescente (PAIA), en coordinación con el Departamento de Higiene y ONGs - como el del
apoyo a iniciativas o demandas donde la CJ juega un rol facilitador mediante la cesión de
infraestructura, recursos económicos, auspicios, etc.
El centro del primer año de trabajo estuvo marcado por:
conocimiento de grupos juveniles
conocimiento del funcionamiento de la IMM
apertura hacia las instituciones (públicas y privadas) vinculadas a la
temática,
primeros contactos internacionales
vinculación a la estructura descentralizada (CCZs)
capacitación para la gestión y acopio de información.
En términos de su ubicación institucional, la CJ depende de la
división de Políticas Sociales del Departamento de Descentralización. Entre las
cuestiones más importantes del primer año de gestión, figura la ausencia de un
presupuesto propio, lo que de alguna manera imposibilitaba la planificación de acciones
con certezas mínimas. La primera etapa de funcionamiento de la CJ estuvo pautada por un
desarrollo desigual e incipiente de las diferentes líneas definidas. Hubo un trabajo
intenso en el acercamiento y conocimiento de distintos grupos juveniles, que
fundamentalmente desde el ámbito del quehacer cultural o recreativo, se acercaban en
demandas de apoyos para la realización de actividades de carácter micro. Hubo también
algunas actividades de carácter masivo con fines de lanzamiento y presentación de la CJ.
La búsqueda del conocimiento de la CJ pautó las primeras actividades tratando de darle
impacto público, centradas más que nada en lo recreativo o cultural.
Por otra parte 1991 fue un momento de conocimiento y asimilación de
los mecanismos internos de funcionamiento de la Intendencia en lo que refiere a la
gestión de recursos, trámites internos y canales de aprobación de actividades. Los
intentos de inserción o vinculación a los Centros Comunales Zonales no dieron en esta
etapa los resultados esperados. Seguramente contribuyó a ello la falta de definición de
una estrategia clara de parte de la CJ y sobre todo no tener definidas acciones concretas
que fueran potenciando dicha vinculación. En 1994 y entrada ya la nueva administración
-en la que ha habido cambios en la conducción de la CJ- la vinculación con los CCZs se
ha fortalecido, básicamente a través de la implementación en cuatro de ellos, de
Centros Juveniles. La capacitación para la gestión fue la primer medida que se tomó,
efectuando para ello un acuerdo con una institución del medio a tal fin. En lo que hace
al relacionamiento institucional, se generaron encuentros con organizaciones juveniles,
ONGs, INJU, Oficinas Municipales del interior, examinando posibles campos comunes de
acción.
En cuanto al relacionamiento internacional, el primer contacto se
realizó con el organismo homónimo de la Municipalidad de Buenos Aires, en ocasión que
ésta realizara la Bienal de Arte Joven. Este contacto fue catalogado como de suma
importancia, por el paso en sí mismo, y porque operó como una instancia de comparación
y de feedback para proyectos e ideas que en el ámbito específico de lo cultural la CJ
estaba estudiando. En el mes de octubre de 1991 se realizó la primer gran actividad
masiva que convocó a jóvenes de Montevideo. Esta actividad llamada el "Agitaller de
la Juventud" se propuso como un acercamiento directo a los jóvenes montevideanos con
el objetivo de generar un espacio donde efectuar un diagnóstico conjunto de la
situación, problemas y necesidades de dichos jóvenes. El otro aspecto trascendente de la
realización del Agitaller fue el de que la organización corrió por cuenta de la CJ y la
Subcomisión de Juventud de la Junta Departamental de Montevideo, contando además con la
participación del Plenario de Organizaciones Juveniles de Montevideo y el apoyo técnico
de Foro Juvenil y CELADU. El Agitaller se realizó en dos fines de semana. En el primero
se realizaron talleres en 5 zonas de la ciudad, cuya organización corrió por cuenta de
los CCZs, mientras que en el segundo se realizó un taller general dividido en temas donde
participaron más de 200 jóvenes.
Al margen de la utilidad del taller en sí mismo, para la CJ
representó una instancia muy importante al decir de los entrevistados, ya que fue la
primera actividad coorganizada con instituciones públicas y privadas, pudieron conectar
directamente con las necesidades y planteos con jóvenes que en su mayoría no
pertenecían a organizaciones juveniles tradicionales -sumidas desde hace unos años en
una importante crisis de representación- lo que le permitió a la CJ poder ratificar las
líneas de acción inicialmente planteadas. Pero además de lo anterior, esta instancia
supuso el enfrentar las primeras gestiones internas por recursos, dimensión ésta que
tiene un peso específico muy importante en la concreción efectiva de las políticas,
como se verá más adelante. Para finalizar con esta breve cronología de la primera
etapa, la CJ cierra 1991 con un trabajo que se podría sintetizar como de reconocimiento
de los diferentes campos de acción, aprendizaje y construcción de un equipo de trabajo,
y una autoevaluación desde una gestión inicial de sus posibilidades futuras, para dar
paso a un año donde debería consolidar efectivamente su acción. Sin duda el hecho de
que este necesario período de puesta en rodaje se realizara en la segunda mitad de 1991,
constituye para la CJ un handicap importante, considerando el período de gestión que
resta.