3.6. Conclusiones
Para finalizar se realizan algunas observaciones y propuestas a manera
de síntesis. La población joven es la que exhibe los mayores niveles de desprotección
de las instituciones públicas y privadas que conforman el sistema nacional de salud. La
matrícula juvenil es la menor dentro de las Instituciones de Asistencia Médica Colectiva
(IAMC-Mutualistas), por lo que su atención, se realiza mayoritariamente en servicios del
Ministerio de Salud Pública. Las situaciones por zona geográfica son diferenciales: en
Montevideo, es donde tienen los mayores niveles de desprotección; en el Interior, es
donde más deben recurrir a los servicios del MSP. A finales de 1989, alrededor de 17.500
jóvenes de 14 a 24 años, de Montevideo, y 14.500 jóvenes de la misma edad, en el
Interior, no tenían ningún tipo de cobertura sanitaria. 40.600 jóvenes en Montevideo y
119.000 jóvenes del Interior, sólo accedían a servicios prestados por organismos del
MSP y 130.000 jóvenes montevideanos y 89.000 del Interior, estaban afiliados al sistema
mutual.
La situación de los jóvenes pertenecientes a los hogares de menores
ingresos, era, en ese mismo año, notoriamente desventajosa. En Montevideo, su
desprotección duplicaba la media del grupo de edad y triplicaba la del conjunto de la
población. Su situación pudo haberse agravado en los pasados dos años, por descenso en
la matrícula mutual, efecto derivado de la pérdida de poder adquisitivo de la familia, y
una mayor exposición al empleo informal. El supuesto generalizado, de que los jóvenes
enferman menos y, que por lo tanto plantean menores demandas de atención en salud que
otros grupos de edad, queda cuestionado cuando se considera su participación en la
reproducción humana, o se analiza la morbi-mortalidad de la población. Más de las dos
terceras partes de los niños nacidos vivos en el país, son hijos de madres jóvenes,
proporción que trepa hasta casi las tres cuartas partes en algunos departamentos del
Interior del país. La responsabilidad de los jóvenes en la reproducción biológica de
la sociedad, no es debidamente tenida en cuenta, en la instrumentación de las políticas
de salud o de las políticas de apoyo a las parejas jóvenes. Más de la mitad de las
madres jóvenes son atendidas en instituciones de asistencia pública y, el parto normal y
las complicaciones del embarazo, parto o puerperio, explican más de la mitad de los
egresos hospitalarios de los jóvenes, en centros departamentales del Interior. El país
no dispone de un adecuado sistema de salud juvenil. Los enfoques con que se la comprende,
suelen partir de la enfermedad, y no de la concepción de salud integral, con la que la
temática debe ser abordada y desarrollada.
Por lo general los servicios se han ido montando a partir de cierta
enfermedad en particular, basados en la predominancia de alguna de las disciplinas que se
ocupan de la temática de la salud juvenil, con poca capacidad para articularse con el
conjunto de actores a involucrar en el sistema, otorgando, además, una baja
participación a los jóvenes en la gestación y conducción de los programas. Se debe
pensar en la articulación de programas de promoción de la salud y en acciones
educativo-preventivas, más que en la atención de los problemas, una vez consolidados.
Para ello es necesario el involucramiento activo de los diferentes actores del dominio de
la juventud y del campo de la salud. En la base de todos los programas debiera estar la
búsqueda de la promoción de estilos de vida sana, en un medio ambiente saludable,
procurando el desarrollo de la salud en todos los sectores de la población y en todo el
territorio nacional. La existencia de los Programas Prioritarios del Ministerio de Salud
Pública, parece ser la base operativa más indicada, para intentar articular un Programa
Nacional en Salud Juvenil, dada su inserción en la estructura ministerial, y su afinidad
con la temática de juventud. Los Programas Prioritarios desarrollan su acción en base a
diferentes áreas de gestión, que implican la labor en las áreas de investigación y
diagnóstico, coordinación de agentes involucrados en la temática, focalización de su
acción en zonas geográficas o en grupos etáreos prioritarios, realización de campañas
educativo-preventivas, capacitación de agentes de salud, revisión y formulación de
propuestas de leyes y reglamentos y, rectoría en su particular área de acción.
El desarrollo de un Programa Nacional en Salud Juvenil, permitiría la
optimización y reforzamiento de los esfuerzos, aún dispersos e insuficientes, que
despliegan un número limitado de agentes públicos y privados. Para la realización de
cualquier tipo de programas de promoción o prevención y educación para la salud, es
vital procurar involucrar a los jóvenes en su propio ámbito de acción. De allí, que la
articulación de un Programa Nacional de Salud Juvenil, deba basarse en el trabajo
conjunto con los organismos ya existentes, y en la promoción de nuevos espacios de
comunicación y encuentro. Al mismo tiempo, si se desean mejorar la eficacia y eficiencia
de los actuales programas en curso, habrá que intensificar las acciones de investigación
y estudio, de capacitación de personal especializado y multiplicadores en el campo de la
salud, y de evaluación y seguimiento de las políticas implementadas.
Por último, debe tenerse en cuenta, que habrá que imprimirle una
reorientación a los recursos financieros con que hoy se atiende la salud de la población
joven. Debe pensarse en la cobertura inmediata de la población joven desprovista de toda
cobertura del sistema de atención en salud, prioritaria para los jóvenes de menores
ingresos, a quienes se puede identificar como desertores tempranos del sistema educativo y
externos totalmente al mercado de trabajo, o con una inserción precaria o informal en el
mismo. Debe mejorarse la calidad de la cobertura del sistema de atención público, ya que
es a ellos a quienes se dirigen los mayores requerimientos. La posibilidad de atención en
unidades específicamente destinada a jóvenes, encuadrada en estrategias de salud basadas
en comportamientos y pautas culturales de los distintos sectores juveniles, parece ser una
medida adecuada, de acuerdo a experiencias generadas en otros contextos nacionales
asimilables al medio uruguayo. Tanto el subsistema mutual -donde hoy no existe ninguna
experiencia en salud adolescente o juvenil- como el subsistema público -donde las
experiencias son limitadas- deberían pensar que la reasignación de los recursos hacia
las áreas de promoción, prevención y educación en salud, resultará beneficiosa no
sólo para las nuevas generaciones y el país, por lo que ello pudiera significar en
disminución de enfermedades y decesos, sino también para el propio sistema, sobre el que
disminuiría la presión de demanda de servicios.