3. Políticas de salud adolescente y juvenil
3.1. Introducción
Para analizar el estado de situación de la atención de salud de los
jóvenes, hay que remitirse, a la consideración de una pluralidad considerablemente
extensa de agentes que interactúan en el ámbito de la salud, circunstancia que escapa a
los lineamientos del presente trabajo. En función de ello, en primer término se
analizará solamente aquellos actores considerados como más relevantes, procurándose, a
partir de su análisis, la comprensión lo más abarcativa posible de la temática de la
atención de la salud juvenil en el Uruguay. El análisis de los programas en salud
juvenil será realizado en función del organismo responsable de su conducción,
analizándose en primer término los programas generales de proyección nacional, en
segundo término los programas nacionales focalizados en alguna temática particular y,
por último, algunos programas de alcance local o departamental.
3.2. Programas prioritarios del Ministerio de Salud Pública (MSP)
Los programas más relevantes en salud juvenil en Uruguay, están
articulados sobre la base de diferentes programas desarrollados por el Ministerio de Salud
Pública, en particular de los definidos como Programas Prioritarios. Tras sucesivas
definiciones y reestructuras iniciadas en la pasada administración nacional, y
continuadas en las sucesivas direcciones ministeriales, se han ido articulado diferentes
programas de salud, que si bien no tienen una definición expresa en torno a la juventud
como grupo objetivo prioritario, en los hechos, terminan enfocando buena parte de su
acción sobre la población joven. En efecto, la acción desplegada por los programas de
Accidentes de Tránsito, Hábitos Tóxicos, Materno-Infantil, Salud Bucal, SIDA-VIH/ETS,
sin estar focalizados sobre la juventud, tienen a los jóvenes como los destinatarios
centrales de su acción. Particular relevancia adquiere, en ese contexto, el Programa de
Salud Adolescente que, si bien comprende sólo a parte de la población juvenil (comprende
edades entre los 10 y 19 años), tiene, en este caso, definición expresa por cierto
segmento de la población joven. Si bien cada uno de los Programas Prioritarios tiene sus
definiciones particulares de acción a nivel nacional, es posible identificar siete áreas
comunes, en las que, con énfasis diferentes, desarrollan su acción.
Una primera preocupación se centra en la necesidad de un seguimiento
de la evolución del área que atendida. Para ello, algunos de los programas han montado
su propio servicio de información y documentación o de seguimiento estadístico, con lo
que disponen como en el caso del Programa Nacional de SIDA-VIH y ETS, por ejemplo, de
información actualizada sobre la evolución de la enfermedad. En algunos casos, la
información es recogida de la División Estadística del MSP, con lo que se cuenta con la
probabilidad de un seguimiento de las tendencias en el largo plazo. En otros casos, como
por ejemplo en el Programa de Control de Discapacidad y Mortalidad por Accidentes de
Tránsito, se han diseñado instrumentos específicos para la recolección de
informaciones sobre morbilidad que contribuyan a mejorar la capacidad de los diagnósticos
realizados hasta el momento. Es frecuente, que la tarea de diagnosis desarrollada por los
diferentes Programas Prioritarios sea difundida, puesta a consideración y reelaborada,
tras su presentación en seminarios o ateneos, promovidos por los propios programas, o a
los que son invitados a participar. Una segunda área de actuación de los Programas
Prioritarios, se centra en la coordinación de los agentes públicos y privados vinculados
con la temática.
Esta misión es uno de los ejes centrales de su acción. La
coordinación se establece con el conjunto de los organismos responsables del tratamiento
y rehabilitación en el área de la enfermedad que los ocupa, así como también, con los
agentes que actúan en los campos de la promoción y la prevención de la salud: ANEP y
organismos desconcentrados, Comisión Nacional de Educación Física (CNEF), Ministerios,
Intendencias Municipales, Instituto Nacional del Menor (INAME), INJU, Universidad de la
República y otros poderes del Estado. Se establecen, en cada caso particular, instancias
de coordinación con organismos privados del campo de la salud: Instituciones de
Asistencia Médica Colectiva (IAMC-Mutualistas), Policlínicas Comunales, etc.; de la
educación, la recreación o el deporte; ONGs de promoción y desarrollo; etc. En alguno
de los casos, los Programas han articulado Comisiones Nacionales o Departamentales con los
que coordinan permanentemente su acción. Un tercer campo de actuación de los Programas
Prioritarios se relaciona con la ejecución de buena parte de su gestión en grupos
priorizados o en áreas territoriales focalizadas. Este tipo de definiciones, particular a
cada uno de los Programas, lleva, en algunos casos, como el de Hábitos Tóxicos, a
focalizar su acción en los departamentos del Sureste del país, en los que recrudece el
consumo de alcohol y drogas ilícitas. En el caso del Programa de Accidentes en tanto, se
ha llevado a priorizar la educación y prevención de accidentes de tránsito de 18 a 25
años.
Una cuarta área de acción común de los Programas Prioritarios se
puede identificar en torno al despliegue de diferentes campañas educativo-preventivas,
desarrolladas en algunos de los casos, a través de los medios masivos de comunicación.
En todos los casos, aún en aquellos programas que no se ha accedido a la difusión a
través de la prensa, la radio o la televisión, se ha puesto especial cuidado en el
diseño de diferentes soportes a través de los cuales alertar acerca del peligro de la
enfermedad que los ocupa, informar acerca de las posibles medidas que tiendan a reducir
los riesgos de exposición a la misma y de proporcionar información sobre los diferentes
servicios de salud a los que puede acceder la población. Una quinta área de acción se
vincula con la capacitación de agentes de salud. Ello no se refiere, únicamente, a la
formación de multiplicadores o dinamizadores de la acción en los ámbitos particulares
de gestión de agentes que trabajan en el campo de la educación, la prevención o la
promoción de la salud, sino, también, como en los casos de los programas de Hábitos
Tóxicos o de SIDA-VIH y ETS, por ejemplo, a la formación de profesionales y auxiliares
de la salud, para una mejor atención de la población objetivo de los programas. Una
sexta preocupación común de los Programas Prioritarios ha sido la de examinar, evaluar y
proponer modificaciones o complementaciones a la legislación vigente, en el campo
particular de operación de cada uno de los Programas.
A través de la coordinación con diferentes organismos gubernamentales
y distintos poderes del Estado, se han ido identificando lagunas o imperfecciones en la
legislación nacional o disposiciones departamentales, que se ha sugerido llenar o
modificar, a los efectos de incidir en la disminución de los factores generadores de
riesgo, de exposición o, consolidación de la enfermedad. Tales los casos, por ejemplo,
de las modificaciones a las leyes y reglamentaciones de tránsito sugeridas por el
Programa de Accidentes, o las sugerencias en torno a ámbitos y comercialización de
bebida alcohólica y tabaco, formuladas por el Programa de Hábitos Tóxicos, en trámite,
actualmente, a nivel parlamentario. Finalmente, un área común a los diferentes Programas
Prioritarios, hace referencia a la misión de rectoría de cada uno de ellos en su
particular ámbito de acción, definiendo las políticas a impulsar en la materia, entre
los diferentes agentes del campo de la salud. Es en función de estas áreas de acción
que los Programas Prioritarios pueden cumplir un importante papel en el campo de la salud
juvenil. No obstante, debe tenerse en cuenta que los Programas, como se señaló, no
tienen una misión expresa en el ámbito de juventud, por lo que no se los puede
considerar, estrictamente, como propuestas desarrolladas desde la óptica de las
políticas de juventud.
Por otra parte, debe tenerse en cuenta que los Programas son de
relativamente reciente creación y, que los mismos han recibido modificaciones en los
sucesivos cambios en la dirección del Ministerio, por lo que su inserción institucional,
legitimidad y capacidad de conducción de los esfuerzos, es todavía limitada. Los
Programas Prioritarios, si bien cuentan con personal calificado en su dirección, carecen
en la mayoría de los casos del personal necesario y suficiente como para desarrollar una
efectiva labor en el área. El presupuesto destinado a cada Programa es también limitado,
lo que incide en su capacidad de cobertura nacional y su llegada a diferentes grupos
poblacionales. Los Programas Prioritarios cuentan con una coordinación general, nexo de
relación con el resto de los programas del Ministerio, y la Dirección General de la
Salud de la cual dependen.