1.3. La Universidad del Trabajo
La Universidad del Trabajo en Uruguay, es la encargada de impartir la
enseñanza técnica. Tradicionalmente la enseñanza técnica tuvo en el país una
connotación de "enseñanza de segundo nivel", mientras la educación
secundaria, en tanto vía privilegiada de acceso a la formación universitaria era la más
jerarquizada socialmente. La UTU no escapa a los problemas generales del sistema educativo
formal, pero es en el último tiempo que ha estado fuertemente en el centro del debate,
dado que la revalorización de su importancia conlleva un más detallado análisis. Un
estudio realizado por una Misión Técnica del BID revisa la población captada por UTU,
sus niveles de eficiencia y eficacia, la calidad de la educación ofrecida, las causas de
la deserción, el tema de los egresos y la relación con la estructura productiva.
Dos aspectos resultan relevantes: la contradicción entre
"vocación" y "rol" institucional, y el divorcio con respecto al mundo
del trabajo. Soluciones existen y están al alcance de la propia UTU, pero las inercias y
bloqueos son muy grandes, por lo que se requieren reformas en profundidad La UTU en cuanto
a composición de la matrícula y rendimiento estudiantil es antes una institución de
educación media profesional, que una institución de educación técnica. En términos
relativos, la mayoría de su población está en el Ciclo Básico, manteniéndose ese
sector constante en el quinquenio 87-91 en poco menos de un tercio del total. Pero tal
como lo muestran las cifras disponibles, si se suman Ciclo Básico y Formación
Profesional de primer nivel, en ninguno de los 5 años la matrícula es menor del 50% de
la total de UTU. Agregando Formación Profesional de segundo nivel, en los 5 años oscila
entre el 65 y el 70% del total. Respecto al origen social de los estudiantes, un estudio
sobre quienes ingresan al Ciclo Básico de UTU efectuado en 1992, confirma para ese sector
una importante presencia de adolescentes en situación de pobreza o próximos a ella.
Una serie de indicadores fundamentan esa caracterización:
el 45% repitió uno o más cursos en su pasaje por la escuela (de entre
ellos el 75% tenían madres con -como máximo- primaria terminada)
el 60% tenían 13 años o más, y de entre ellos 6 de cada 10 habían
repetido algún año de primaria, en tanto que entre quienes tenían 14 y 15 años los
alumnos repetidores eran 8 de cada 10 y entre los de 16 años, 9 de cada 10
de acuerdo al índice de utilización de la vivienda empleado, el 45%
vivían en condiciones de hacinamiento; el 40% pertenecían a familias con tres o cuatro
hermanos y el 33% con más de cinco hermanos
el 69% de la madres y el 72% de los padres tenían como nivel de
instrucción, educación primaria incompleta o completa.
Si bien los indicadores directos de exclusión son los de hacinamiento
y de nivel educativo de los padres, todos los otros recogidos tienen una alta correlación
con los indicadores de pobreza. La combinación del conjunto de datos seleccionados
sugiere que por lo menos la mitad de quienes ingresan se encuentran en situación de
pobreza. Los recursos son un tema de debate y de confrontación en relación a su
asignación para el conjunto del sistema educativo y a la distribución entre los
distintos subsistemas. El informe sobre las 22 escuelas del interior de UTU realizado por
el BID plantea dudas sobre la eficiencia del gasto en este organismo, a partir de la
relación entre el número de alumnos y el de docentes. Incluyendo la matrícula del Ciclo
Básico, el estudio relevó 8 alumnos por profesor, a partir de lo cual afirma que dicha
proporción es pedagógicamente muy aceptable y permitiría inferir que en las escuelas
referidas se ofrece un buen nivel de enseñanza- aprendizaje. Luego contrasta esa
aseveración con las condiciones docentes, curriculares, de infraestructura y
equipamiento, concluyendo que el indicador no expresa la eficacia pedagógica de los
servicios, sino el alto costo de operación y funcionamiento de las escuelas.
Atendiendo al rendimiento interno del sistema, el panorama es similar
al de la matrícula. El informe sobre las 22 escuelas técnicas del interior, analiza el
"rendimiento bruto", o sea el número de ingresos confrontado con el de egresos,
que si bien no proporciona datos rigurosos (al no distinguir alumnos nuevos y
repetidores), permite una aproximación global al rendimiento del sistema. Tal como lo
muestran las cifras disponibles, el rendimiento resultante de la comparación entre
ingresos y egresos tiene una gradación similar a la matrícula. Cuanto más alto el nivel
de formación, menor es tanto la matrícula como el rendimiento del sistema con los
matriculados. Importa agregar que en tanto los índices anteriores no consideran la
repetición escolar, es probable que los problemas de rendimiento sean aún más agudos.
En conclusión, retornando a la afirmación del principio, ambos indicadores, matrícula y
rendimiento, parecen corresponder más a una institución de educación media profesional,
que a una técnico-profesional. La distinción es importante porque si bien ambos roles no
son incompatibles, el discurso y las prioridades institucionales parecen corresponder más
a una identidad del segundo tipo. La conclusión general más importante que surge desde
varios de los temas abordados, es la existencia de un desajuste entre la vocación hacia
la educación técnica y el desarrollo tecnológico, y el rol efectivamente cumplido, que
sin excluir lo anterior enfatiza lo que se ha caracterizado como educación media
profesionalizante. Ese desajuste se complementa con una relación con importantes
carencias con la estructura productiva y consecuentemente con el mundo del trabajo.