1.5. La orientación vocacional y ocupacional
Finalmente, en este repaso de los procesos desarrollados en el ámbito
de las políticas educativas en los últimos años, importa reseñar los avances que se
han ido procesando en materia de orientación vocacional y ocupacional. La orientación en
un sentido amplio, no sólo circunscripta a lo profesional o vocacional, es una de las
grandes carencias de nuestra actual educación media. El Ciclo Básico Unico en su
documento de creación de enero de 1986, la define como su "hilo conductor",
pero ha tenido poco éxito en la implementación de esa definición. El CODICEN creó en
1991 el Sistema Nacional de Orientación Vocacional y Ocupacional (SNOV), cuyos programas
parecen ser uno de los instrumentos más efectivos en la llegada desde el nivel central de
ANEP hasta cada institución local, pero su acción ha estado centrado, por el momento,
más en la dimensión vocacional que en la ocupacional.
El Instituto de la Juventud realiza sistemáticamente cursos de
orientación vocacional y ha implementado un Servicio de Asesorías, que incluye la
atención a demandas tanto para obtener trabajo como para desarrollar iniciativas
productivas. Hay además una creciente oferta de parte de organizaciones no
gubernamentales, con amplia experiencia en el campo de la orientación laboral. Existe por
lo tanto un nivel mayor de desarrollo de la orientación vocacional, que se manifiesta no
sólo en las acciones antes reseñadas, sino también en un amplio y diverso conjunto de
actividades llevadas a cabo tanto en instituciones públicas como privadas. Ello
probablemente responde a la tradición de la enseñanza secundaria y a la inercia de la
correspondiente imagen social de la misma, como fundamentalmente preuniversitaria.
Justamente, la población objetivo prioritaria de estos servicios debería ser aquella
para la cual ni los cursos actuales de UTU ni los estudios terciarios disponibles,
constituyen una buena oferta. Son el grupo que ha engrosado y sobredimensionado el 4o. y
5o. año de Bachillerato y abandona la educación formal al final de secundaria o en los
primeros años del nivel terciario.
Ellos parecen estar requiriendo en primer lugar información y
orientación, que maximicen la eficacia de los esfuerzos de formación que están
realizando tanto a nivel de la enseñanza formal como de los institutos privados de
formación profesional. Pero más ampliamente parece necesario diseñar políticas desde
adentro y desde afuera del sistema educativo formal, que acompañen y apoyen de distintas
formas las estrategias educativo laborales que estos jóvenes están en condiciones de
desarrollar. Ello exige una articulación mayor entre las varias iniciativas existentes, y
supone la superación de tradiciones muy arraigadas en nuestra sociedad, de trabajos
aislados e inconexos en una misma esfera de acción.