1.4. La educación superior
Las cifras proporcionadas por los últimos Censos Universitarios,
denotan que la matrícula universitaria creció entre 1960 y 1988 en un 400 %, pasando de
15320 a 61428 de estudiantes matriculados. Este crecimiento explosivo se produjo
conjuntamente con un fuerte proceso de feminización de la matrícula y un desarrollo
mucho más evidente de las Escuelas Universitarias, más que de las Facultades más
tradicionales. La masificación ha traído consigo un deterioro muy evidente de la calidad
de la enseñanza que se imparte, lo que sumado a la relación entre ingresos y egresos
(solo la tercera parte de los estudiantes que comienzan a estudiar, egresan con un título
universitario y esto después de muchos años) cuestiona seriamente los verdaderos
alcances de la democratización en el acceso a la educación superior.
Luego de ser una de las Universidades más importantes de América
Latina, la Universidad afronta una situación de pérdida de la calidad de la enseñanza
impartida y una necesidad de reformulación que no debiera postergarse .Las posibilidades
de una reforma universitaria se han visto obstruidas por dos tipos de factores. Por un
lado existen inercias burocráticas y resistencias que paralizan la posibilidad de
reformas y una racionalización de los recursos existentes. Por otra parte, los niveles de
remuneración en términos reales de funcionarios y docentes se han visto reducidos en los
últimos años, fruto de la escasez de recursos presupuestales. Durante los años sesenta
la Universidad fue un foco de permanentes tensiones políticas y sociales, y durante los
años setenta fue intervenida y manejada con criterios totalmente ajenos a las tradiciones
universitarias más arraigadas. Será recién con la restauración democrática, que se
comenzarán a procesar algunos intentos serios de cambio, que prosperaron solo en parte,
entre otras cosas debido a las fuertes resistencias internas al respecto.
Dicho proceso ha continuado durante los últimos años, y se han puesto
en práctica innovaciones de importancia entre las que se encuentran:
La creación de nuevas Facultades (Ciencias Exactas y Naturales,
Ciencias Sociales)
Creación de "carreras cortas" que permitan una salida más
rápida al mercado laboral
La instrumentación del Programa de Ciencias Básicas (PEDECIBA)
Una mayor apertura de la Universidad al medio, reflejada en la
concreción de numerosos convenios con empresas e instituciones públicas y privadas (5 en
1985 y 400 en 1993).
Sin embargo la Universidad de la República sigue siendo
básicamente una productora de profesionales tradicionales, cumpliendo en escasa medida
sus naturales funciones de investigación y extensión. Del mismo modo, el cogobierno
universitario, creado en 1958, resulta a esta altura sumamente "pesado" e impide
totalmente la fluidez y la dinámica que hoy exigen los tiempos en que vivimos. Existen,
entonces, al menos dos Universidades: una que en realidad abarca el primer año (y el
segundo en algunos pocos casos), para todos aquellos que quieren obtener títulos
universitarios, y otra con los ciclos superiores, con carácter terminal para aquellos
(muy pocos por cierto) que pueden cumplir con su deseo al respecto. Sumado a ello, la
Universidad de la República es cada vez más una Universidad de Montevideo, ya que cada
vez son menos los estudiantes del Interior que logran acceder a ella, y muchos menos los
que logran completar sus estudios a nivel superior. Paralelamente a este tipo de procesos
reproductivos y de virtual estancamiento en la Universidad de la República, se creó la
Universidad Católica y se reconoció a la ORT como institución de educación superior,
con lo cual se rompió -al menos simbólicamente- el monopolio existente en ese sentido.
Desde el gobierno nacional han existido solo algunas propuestas de
cambio en estas materias, centradas casi exclusivamente en el tema del cobro de matrícula
universitaria, y cada vez que han surgido voces señalando errores y pidiendo
rectificación de rumbos, las respuestas han sido terminantes y exclusivamente centradas
en la defensa cerrada de la autonomía universitaria. Actualmente la Universidad está en
un proceso de discusión de sí misma, que se vio reforzado con la aparición en 1993 de
un documento suscrito por cuatro Decanos de entonces, presentado ante el Consejo Directivo
Central de la Universidad de la República. En el mismo se planteaba la necesidad de
repensar a fondo la institución universitaria, y se proponían medidas para comenzar a
procesar los cambios necesarios. Se destacan a continuación algunos pasajes que alumbran
sobre el estado de la discusión.
"En un mundo en transformación vertiginosa las universidades
están siendo sometidas en forma constante a nuevos desafíos y creciente tensiones. De
algo podemos estar seguros: dentro de 20 o 30 años las instituciones de educación
superior poco tendrán que ver con su perfil actual. Si en la Universidad de la República
no abrimos desde ahora el camino de los cambios a partir de nuestra propia iniciativa y
capacidad, ellos habrán de producirse de todas formas, acompañando los procesos
científicos, educativos, sociales y culturales que definirán el devenir del país y de
la región".
`(....) "Debemos comenzar a diseñar el perfil de la Universidad
del futuro, flexible y eficiente, comprometida en términos de creatividad y cobertura con
las nuevas demandas sociales, sometida naturalmente a evaluación y cambio permanentes,
integrada por múltiples lazos al resto del sistema educativo y a la sociedad".
Desde el comienzo, las afirmaciones son terminantes: "con estas
dimensiones -sostienen- la Universidad se ha vuelto imposible de administrar e
ingobernable y debe ser reemplazada por un sistema de educación superior que comprenda
varias unidades autónomas coordinadas por un Consejo de Educación Superior, el cual debe
ocuparse de los grandes lineamientos". Agregan más adelante "que la nueva
estructura debe poseer una auténtica descentralización geográfica, atendiendo a los
problemas culturales y tecnológicos de las regiones de implantación". Esas unidades
estructuradas por núcleos centrales de fuerte peso académico y responsables de carreras
de larga duración, alrededor de los cuales funcionen politécnicos organizados en
carreras muy específicas de corta o media duración".
En referencia al gobierno de la Universidad, proponen guiarse por el
principio de la centralización de las políticas y la descentralización de la
administración, creando vice-rectorados y vice-decanatos, de manera de cubrir
adecuadamente las diferentes áreas de trabajo. Proponen asimismo "descentralizar la
gestión de recursos financieros y recursos humanos hacia las unidades operativas", y
"crear auditorías académicas nacionales o internacionales que visiten a los
servicios e in situ detecten la implementación real y efectiva de programas de mejora de
la calidad de sus funciones". Los cuatro Decanos tienen -además- una clara
preocupación en relación al vínculo entre democratización en el acceso y la calidad de
la educación que se imparte. "Es bueno que todos los jóvenes estudien, pero no
todos lo mismo ni al mismo nivel. Es malo y costoso, en cambio -agregan-, que un alto
porcentaje de estudiantes abandone la carrera en el primer año de la misma, condenados a
la frustración y/o al desempleo". "La Universidad -agregan- no puede abdicar de
su vocación de excelencia, democratizar la enseñanza no puede ser desnaturalizarla,
calidad supone selección permanente".
Para enfrentar los problemas en este plano, proponen "abrir
drásticamente el abanico de opciones a nivel terciario y superior en el marco de un
sistema educativo flexible, de modo que todo estudiante que lo desee pueda continuar
algún tipo de estudios, (...) ampliar dramáticamente el número de formaciones
superiores relativamente cortas (2 o 3 años) que capaciten directamente para el mercado
de trabajo, (...) crear posibilidades reales de una gran movilidad a nivel horizontal
(entre diferentes unidades de nivel similar) y vertical (entre unidades de diferente
nivel), (...) crear sistemas de evaluación y selección que permitan mantener la
excelencia en medio de la masificación, (...) y estudiar fórmulas de ingreso selectivo
para algunas carreras", enfatizando siempre "la enseñanza activa, desterrando
el enciclopedismo", para que "el estudiante aprenda pensando, decidiendo y
haciendo en contacto con situaciones reales, de tal modo que lo más precozmente posible
desarrolle una amplia capacidad de autoaprendizaje".
Por otra parte, reconociendo los avances que se han producido en los
últimos años, llaman la atención en relación a la escasa proporción de académicos
dedicados fundamentalmente a la investigación, la necesidad de aumentar y apoyar más la
labor de los jóvenes científicos, la necesidad de ampliar la cooperación internacional
en estos dominios, y la necesidad de una Ley de orientación general en materia de ciencia
y tecnología, de la que Uruguay carece. El Documento se sumerge luego en temas vinculados
con los recursos financieros. "Debe asegurarse que el Estado asuma la responsabilidad
de garantizar una asignación constante que permita que el personal universitario reciba
salarios dignos y decorosos", sostienen, y agregan que "es necesario identificar
y proponer posibles fórmulas para un ingreso presupuestal mayor" y
"rediscutirse los términos del control financiero que realiza el Estado y la
posibilidad de flexibilizar normas de ejecución presupuestal que en el presente se
aplican a la Universidad".
Para los cuatro Decanos "la revisión de los aspectos legales debe
ser una consecuencia del programa de cambios que finalmente sea aprobado". Sostienen
que entre sus propuestas, "existen muchas que pueden sin duda implementarse dentro de
la Ley Orgánica de 1958 y hay otras que exigirían un nuevo ordenamiento jurídico. Sin
embargo -agregan- la discusión de los aspectos legales deberá ser la culminación del
proceso de transformación universitaria y no su inicio, pues los problemas de la
Universidad no residen, en primera instancia, en su Ley Orgánica. Esta deberá
modificarse en la medida en que las transformaciones de estructura y funcionamiento así
lo requieran".