I. URUGUAY: CONTEXTO SOCIAL, ECONÓMICO Y POLÍTICO
1. Características socio-demográficas
Uruguay tiene una población de 2 millones 955.000 habitantes (48.7%
hombres, 51.3% mujeres). El 46% de la población se localiza en la capital del país,
Montevideo, el 38% en el interior urbano, mientras que sólo l 6% habita las zonas
rurales. La estructura macrocéfala del país en términos de la distribución
demográfica, se corresponde con la estructura centralizada de los recursos económicos,
servicios y ofertas socioculturales, lo que le otorga fuertes características de país
urbano. La tasa anual de crecimiento vegetativo es de 6.7 por mil para el período
1990/1995, siendo la tasa bruta de natalidad de 17.08 y la tasa de mortalidad de 10.3. La
mortalidad se ubicaba en 20 por mil en 1993. La tasa global de fecundidad es de 2.3
mientras que la tasa neta de reproducción es de 1.1.. La estructura de los hogares es
predominantemente nuclear, con un promedio de 3.3 personas por hogar.
Sin embargo, los indicadores globales encubren condiciones deficitarias
de la reproducción biológica y social del país. Se puede afirmar que la natalidad en
Uruguay se ha convertido en variable de control de las oportunidades sociales, dando lugar
a un nuevo sistema de estratificación con base a los roles reproducidos. Así, aquellos
sectores sociales que compiten por lugares de protagonismo o integración social exitosa
demoran o inhiben su reproducción, mientras que los hogares que se hacen cargo
mayoritariamente de dicha reproducción, se asocian a indicadores negativos:
casi la mitad de la sociedad uruguaya se reproduce en condiciones de
insatisfacción de sus necesidades (43% de los niños nace en hogares con Necesidades
Básicas Insatisfechas, NI);
el índice de natalidad de las mujeres con bajo nivel educativo
(primaria competa o incompleta) duplica el índice de natalidad de las mujeres con mayor
nivel de instrucción;
un alto porcentaje de esos niños son hijos de madres adolescentes;
a su vez, la probabilidad de encontrar madres adolescentes es mayor en
los hogares con jefatura femenina y con inestabilidad de la pareja progenitora de la joven
madre.
Para confirmar la reproducción biológica como uno de los círculos de
pobreza, es relevante considerar que mientras el 41% de los hogares con NI en Montevideo
tiene por lo menos 1 niño de entre 1 y 5 años de edad, solamente el 16% de los hogares
con NOS cuenta en su núcleo con niños de esa edad. Por lo tanto, las unidades familiares
con niños pequeños se convierten en doblemente vulnerables, por la pobreza en que viven
y por el peso de una mayor carga reproductiva. Por otra parte, si de considera como
indicador la línea de pobreza ajustada (LPG) en vez del NBI, están en situación de
pobreza el 10% de los hogares de Montevideo y el 19.4% de los hogares del interior urbano,
lo que implica 623.400 personas en esta condición. Según este indicador el 27.7% de los
menores de Montevideo 14 años y el 47.2% en el interior urbano son pobres. (Fuente:
Alicia Melgar, en base a la Encuesta Nacional de Hogares). El envejecimiento de la
población se produce como resultado de la baja tasa de natalidad ya mencionada y del
incremento de la esperanza de vida ubicada en 72.4 años.
A las variables mencionadas, debe agregarse el impacto de emigración
internacional. Se estima que entre los años 966 y 1984 ha emigrado aproximadamente el 15%
de la población del país, siendo su composición selectiva: población joven,
predominantemente masculina y de buen nivel de calificación. La tendencia migratoria
descendió a partir de 1985 pero describe curva ascendente a partir de 1987. En resumen,
es posible afirmar que el temprano proceso de transición demográfica de la sociedad
uruguaya en el marco de la región no se correspondió con el proceso de modernización
estructural y económica, generándose así fuertes contrastes entre las expectativas de
integración sistémica y el bloqueo de esa posibilidad. Los jóvenes han sido los más
castigados por este bloqueo, produciéndose diversas formas de exclusión de dicho sector.
Entre sus consecuencias cabe señalar el proceso de moratoria de la autonomización y por
tanto de la asunción de sus roles adultos, tanto productivos como reproductivos. Según
la primera Encuesta nacional de Juventud realizada en 1989, uno de cada cinco varones
entre 25 y 29 años continua viviendo en situación de "adolescente", esto es,
dependiendo del hogar de origen. Estos elementos confirman, que ha pesar de los avances
registrados en la última década, se mantienen los mecanismos de reproducción de la
pobreza, con la importancia social que significa su concentración en las edades más
dependientes.