2. El Contexto Económico y Político
Uruguay se apresta a ingresar el tercer milenio con una serie de
desafíos, de cuya concreción exitosa depende la continuidad de una tradición histórica
de país con altos estándares de calidad de vida en el contexto de la región, erigidos
sobre la base de una también prolongada tradición de democracia política estable y de
país con altos niveles de integración social. Desde su nacimiento como estado
independiente, Uruguay ha ocupado una ubicación geopolítica, que le ha valido la
caracterización de Estado "buffer" o "tapón", entre dos de los
grandes países latinoamericanos como lo son Argentina y Brasil. A pesar de su pequeñez
territorial, debido a su temprano proceso de urbanización a comienzos del siglo, el país
conoció la aparición y ascenso tempranos de una importante clase media, que logró
consolidar su calidad de vida a partir de la muy fuerte presencia de un Estado que
desarrolló políticas sociales exitosas en su época, fundamentalmente las relativas a
educación, salud y seguridad social. El país consolidó su estrategia de desarrollo en
la primer mitad del siglo en base a un modo de producción agroexportador, aprovechando
que las circunstancias del contexto internacional de la época, generaban posibilidades
para la colocación de productos con bajos niveles de valor agregado en el mercado
internacional.
El país emprendió a partir de la década de los 50, y al igual que
muchos de los países del continente, un procesos de sustitución de importaciones, al
influjo del modelo desarrollista cepalino de la época. Dicho proceso dio lugar a un
período de estancamiento económico de más de 30 años del cual aún el país no ha
podido salir. Al igual que en el resto de los países de la región, la década de los 60
trajo consigo una muy fuerte convulsión social y política, en un país que se pensaba a
sí mismo con orgullo como la "Suiza de América", y que quedó perplejo ante un
contexto desconocido e imprevisible en aquellos tiempos. La aparición de la guerrilla
urbana, y la radicalización política de la derecha, unido a un cada vez más creciente
protagonismo de los militares, dio lugar a un proceso -que debido a su complejidad es
imposible e inconveniente abordar en todas sus dimensiones en este trabajo- que tuvo como
corolario la ruptura del orden democrático vía instalación de una dictadura militar que
se prolongó por espacio de once años. La dictadura militar uruguaya se sumó a las otras
tantas que se dieron en los países de América Latina en la aciaga década de los 70.
Recuperada la democracia en 1984, donde los jóvenes uruguayos tuvieron
un protagonismo decisivo, se abre una nueva etapa. La década de los 80 estuvo pautada por
un doble proceso: a la vez que la reinstitucionalización y transición democráticas
conllevaban una lógica expectativa en lo que hace al logro de la estabilidad como punto
de partida a la resolución de los problemas sociales más urgentes; al mismo tiempo, la
recesión económica, el deterioro de las condiciones de intercambio internacional y el
peso de la deuda externa, provocaba un sentimiento de desasosiego, cuando no de pesimismo
por la magnitud del desafío para la renaciente democracia. La deuda social provocada por
la crisis económica, el aumento de los niveles de pobreza y sobre todo de la
marginalidad, se conformaban en el horizonte como el principal "talón de
aquiles" de la ansiada estabilidad democrática. El primer gobierno democrático post
dictadura, tuvo que enfrentar una situación dominada por los temas de la transición:
reinserción de las fuerzas armadas, resolución de los problemas de derecho humanos
avasallados por la dictadura, la reparación de injusticias cometidas durante el período
anterior (reposición de los destituidos) y la movilización social de los trabajadores
sindicalizados que reivindicaban recuperar los niveles salariales perdidos en tiempos de
dictadura.
Completada la transición democrática. la década de los 90 se abre
con el recambio en el gobierno mediante el acceso al mismo del Partido Nacional, que junto
al Partido Colorado constituyen los partidos tradicionales que han tenido a su cargo la
conducción de país a lo largo de su historia. El sistema político uruguayo ha sido
hasta 1971 -fecha de conformación de la coalición de izquierdas Frente Amplio- un
sistema bipartidista con un claro predominio en el poder del Partido Colorado. Asumido el
gobierno de Luis A. Lacalle en marzo de 1990, el país se encontraba en una situación
económica difícil, caracterizada por un déficit fiscal que ascendía al 7.4% del PBI.
El gobierno entrante adjudicó como principal causal del déficit el alto índice de
inflación del que partía la nueva administración - había trepado al 89% en el año
anterior. El espíritu del gobierno del Partido Nacional fue dar impulso a una
transformación estructural de la economía sobre la base de tres grandes ejes:
En lo que refiere a la estabilización de la economía, el gobierno
concentró su tarea en el abatimiento del déficit fiscal y de la inflación. Se procedió
a un ajuste fiscal, consistente básicamente en el aumento de impuestos y la reducción
del gasto público. Si bien la elevación de impuestos fue llevada a cabo, las medidas de
contención del gasto no dieron resultados al final del período. El objetivo de rebaja
del déficit fiscal fue exitoso -contención del gasto público mediante- hasta 1993.
Durante 1994 el déficit fiscal alcanzó el 2.9%. Se estableció una especie de cambio
fijo, consistente en la creación de una banda de flotación del dólar para impedir la
depreciación de la moneda nacional. Para la consecución del objetivo de liberalización
de la economía, se procedió a la desgravación arancelaria, que promovió las
importaciones. En cuanto al objetivo de reforma del estado, se promovió la privatización
de algunas empresas públicas y se propuso la reforma del sistema de seguridad social como
ejes de la misma. Este fue el plano en que el gobierno de Lacalle cosechó más reveses,
ya que a pesar de aprobarse en el parlamento una ley de privatización de algunas empresas
públicas, la misma fue posteriormente plebiscitada y rechazada por una contundente
mayoría del 72% de la ciudadanía. Tampoco corrió suerte la reforma de la seguridad
social, ante la oposición de los sectores de jubilados y pensionistas. De allí en más
la política económica quedó centrada casi exclusivamente en la baja de la inflación a
través del abatimiento del déficit fiscal. Como balance del anterior período de
gobierno el país, se destacan las siguientes aspectos:
Merced a una muy favorable coyuntura internacional, y sobre todo
regional, hubo una mejor performance en cuanto a los principales indicadores
macroeconómicos.
Los cinco años de gestión arrojaron un crecimiento económico, donde
el promedio anual de crecimiento del PBI fue de 3.9%.
Aumentó el consumo privado a razón de un 6.7% anual, debido
fundamentalmente al crecimiento del poder adquisitivo en dólares de la población.
Aunque no en los guarismos que se habían fijado como metas, la
inflación descendió al 45% anual en 1994.
De todas maneras la inflación uruguaya sigue siendo una de las mayores
de América Latina, luego de los procesos de ajuste estructural que han ocurrido en los
países de la región.
El salario real creció un 3% en todo el período y las cifras de
desempleo se mantuvieron estables alrededor del 9%.
Como saldos negativos aparecen:
El déficit de la balanza comercial en 800 millones de dólares.
La caída del sector industrial como consecuencia directa de la
política de fomento de las importaciones.
No han existido grandes modificaciones en cuanto a la distribución del
ingreso nacional que continua siendo regresiva.
Si bien la tasa de desocupación no aumentó debido al aumento de la
oferta de empleo, ésta no acompasó el crecimiento económico, aumentando además la
precariedad del empleo.
Los sectores en situación de pobreza, con escasa capacidad de presión
han sido quienes han pagado los costos del ajuste, dado que además de la pérdida de
ingreso se encuentran en una situación de desventaja en cuanto a su capacidad de
negociación social.
Para finalizar es necesario agregar que en el período anterior se ha
dado un paso trascendente en lo político. Con la firma del Tratado de Asunción, se dio
lugar a la creación del MERCOSUR, integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y nuestro
país. Uruguay tiene una clara y creciente dependencia de las economías argentina y
brasileña (el 46% de las exportaciones uruguayas se dirige a ambos países) por lo que el
MERCOSUR representa un desafío y a la vez una oportunidad para nuestro país. Realizadas
las elecciones nacionales de 1994, volvió a asumir el gobierno nacional el Partido
Colorado, pero el sistema político ofrece un panorama único en la historia del país: la
división del electorado en tercios. En efecto, sólo algo más de 30.000 votos separaron
al Partido Colorado del Encuentro Progresista (coalición electoral que tiene como socio
hegemónico al Frente Amplio), ubicándose el Partido Nacional en el segundo lugar. Por su
parte el cuarto lema electoral, el Nuevo Espacio (también perteneciente a la izquierda)
cosechó un 5% del electorado nacional.
Luego de un proceso de negociaciones se ha constituido un gobierno de
coalición integrado por el Partido de gobierno y el Nacional. Ello ha permitido que pese
a la oposición del Encuentro Progresista, se haya cumplido uno de los principales
objetivos de este gobierno, como es la reforma de la Seguridad Social. Otras de las
cuestiones definidas como importantes por el actual gobierno es el de la reforma política
y la continuación de la reforma de estado, aunque ha diferencia de la conducción
anterior, el actual gobierno no tiene un énfasis privatista tan marcado. De todas maneras
el panorama económico que se le presenta al gobierno de Sanguinetti no es auspicioso en
el corto plazo. La coyuntura regional ha desmejorado, sobre todo por los cambios ocurridos
en Argentina. El crecimiento económico del anterior período se había basado en una muy
importante demanda argentina, sobre todo en el sector turismo (3 puntos del PBI), lo que
repercutía además favorablemente en el sector de la construcción (el "boom"
de la construcción del período pasado tuvo como uno de sus impulsos al dinamismo de
Punta del Este, que en un altísimo porcentaje es visitado por argentinos).
Si bien Brasil, a partir de la implementación del Plan Real ha
mejorado sustantivamente su economía, no es menos cierto que el tipo de exportaciones que
Uruguay realiza a ese país supone menor valor agregado que la que se da hacia Argentina,
por lo que los requerimientos de mano de obra son menores. En lo que va del año el
desempleo a pasado al 11%, lo que comienza a generar preocupación social. El actual
equipo económico dispuso inmediatamente de asumido un nuevo ajuste fiscal, y ha anunciado
que la economía atravesará una fase de recesión hasta 1997. En este contexto, la
propuesta de Presupuesto quinquenal, que en este momento está a discusión del Parlamento
Nacional, está signada por la austeridad en materia de inversión en Políticas Sociales.
Estos datos son de gran importancia a la hora de evaluar las oportunidades para la
ejecución de la políticas sociales en general, y de las políticas de juventud en
particular.