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Fecha de actualización:
27/11/2008
Weller, J.
Los jóvenes y el empleo en América Latina: desafíos
y perspectivas ante el nuevo escenario laboral. Bogotá: CEPAL;
Mayol; GTZ, 2005. 302 p.
Presentación
La
juventud latinoamericana actual parece disponer de condiciones sumamente
favorables para su desarrollo pleno en los diferentes ámbitos
de la vida. En comparación con las generaciones previas, posee
niveles más elevados de educación formal, un mejor manejo
de las nuevas tecnologías que son determinantes para el desarrollo
económico y productivo, una mayor adaptabilidad en contextos
volátiles como los que caracterizan a la región en las
décadas recientes y una mayor esperanza de vida. Además,
los atributos que le son característicos se presentan como
factor de éxito en lo estético y lo recreacional, como
puede observarse diariamente en las campañas de mercadeo.
Sin embargo, una serie de obstáculos impiden el aprovechamiento
pleno de estas ventajas, entre los que predominan los problemas de
inserción laboral, dado que para la gran mayoría -a
pesar de las profundas transformaciones sociales, culturales y valóricas
recientes- el trabajo y el empleo siguen siendo el principal mecanismo
de integración social y la base fundamental para aprovechar
el potencial de una autonomía más marcada, que es lo
que muchos jóvenes anhelan.
Las dificultades de la inserción laboral de los jóvenes
han sido reconocidas como un problema global, por lo que proporcionar
a éstos trabajo digno y productivo se ha definido como una
de las metas para alcanzar los objetivos del milenio. Sin embargo,
al analizar la tasa de desempleo juvenil, que ha sido escogida como
indicador para medir los avances en el cumplimiento de esta meta,
no sólo se observa que los avances han sido escasos, sino también
que entre todas las metas es la que registra el peor desempeño.
Según datos de la Organización Internacional del Trabajo
(OIT), en América Latina y el Caribe -entre 1993 y 2003- el
desempleo de los jóvenes de 15 a 24 años aumentó
de 12,4 a 16,6%, triplicando la tasa correspondiente a los adultos.
Prácticamente la mitad de los desempleados de la región
son jóvenes. Asimismo, destaca la gravedad del problema en
el caso de las mujeres jóvenes cuya tasa de desempleo a nivel
regional alcanzó al 20,8%, comparado con un 14,0% en el caso
de los hombres jóvenes. Pero no sólo en los desempleados
se reflejan los graves problemas de inserción laboral juvenil.
En el grupo de 15 a 19 años, uno de cada 20 jóvenes
no estudia, no se desempeña en oficios del hogar, ni trabaja
y tampoco busca trabajo, tratándose, sin duda, de jóvenes
de alto riesgo social. Además, el 20% de las mujeres jóvenes
del mismo grupo etario se ocupan en oficios del hogar, lo que no les
promete perspectivas favorables para una futura inserción laboral.
Finalmente, entre los jóvenes que sí trabajan, un elevado
porcentaje lo hacen en condiciones precarias, inestables, con bajas
remuneraciones y sin la posibilidad de acumular un tipo de experiencia
que les permita desarrollar trayectorias laborales ascendentes.
Ahora bien, el hecho de que la tasa de desempleo juvenil supere a
la de los adultos, por sí solo no sería preocupante.
Dado que entre los desempleados se encuentran tanto cesantes como
personas que buscan trabajo por primera vez y puesto que para la gran
mayoría de las personas esta primera búsqueda ocurre
en su juventud, sería sorprendente que la tasa de desempleo
juvenil fuera menor que la de los adultos. Sin embargo, un desempleo
juvenil persistentemente elevado, así como una inserción
laboral precaria, causan preocupación por múltiples
motivos.
En efecto, una débil inserción laboral juvenil representa
una subutilización del capital humano creado con apoyo de la
inversión social de los países, lo que significa que
no se aprovecha todo su potencial para el crecimiento económico
y, por tanto, para la generación de bienestar material. Un
desaprovechamiento de los avances en educación implicaría
que los graves problemas que caracterizan a la región en términos
de desigualdad tienden a profundizarse, al cerrarse uno de los principales
canales de movilidad social. Además, la inserción laboral
débil, temprana o tardía, relacionada frecuentemente
con altos niveles de deserción escolar, afecta sobre todo a
jóvenes procedentes de hogares pobres, con lo que se refuerza
la transmisión intergeneracional de la pobreza. Finalmente,
los jóvenes con inserción laboral precaria son parte
importante de la población de riesgo que enfrenta problemas
de adaptación y marginación social.
La inserción laboral juvenil depende en gran medida de las
oportunidades de los jóvenes de acumular capital humano, social
y cultural, las que se distribuyen muy desigualmente. En definitiva,
la realidad sociolaboral de la juventud es sumamente heterogénea.
Específicamente, no eran equivocadas las expectativas de que
los jóvenes se beneficien de los cambios recientes en la oferta
-sobre todo en su nivel educativo y en sus habilidades con las nuevas
tecnologías- y de la creciente demanda por las competencias
que éstas entrañan, pero ello sólo es válido
para una proporción limitada de cada grupo etario y requiere
un contexto macroeconómico favorable.
Las políticas y los programas de fomento de la inserción
laboral juvenil deben tener en cuenta esta heterogeneidad. Para los
grupos con mayores problemas de inserción, sobre todo hombres
y mujeres jóvenes de bajo nivel educativo, resultan determinantes
los programas que faciliten un primer empleo en un entorno formal,
no sólo para su inserción inmediata en el mercado de
trabajo, sino también para su futuro laboral. Por otra parte,
cabe destacar que una economía en expansión es condición
necesaria para la inserción laboral productiva de los jóvenes,
ya que en economías estancadas, sin un ambiente que estimule
nuevas contrataciones, ni aun los mejores programas pueden tener un
impacto importante. En un contexto de bajo crecimiento económico,
la demanda está limitada incluso para jóvenes que cumplen
con las pautas de conocimientos y habilidades requeridas hoy en día
por las empresas.
Con el fin de hacer un aporte a la comprensión de los obstáculos
que impiden la inserción laboral productiva de los jóvenes,
y al desarrollo de políticas y programas para mejorarla, la
Cepal ha llevado a cabo el proyecto "Integración de jóvenes
al mercado laboral" en cinco países de la región,
con el apoyo del gobierno de la República Federal de Alemania
y la colaboración de la Sociedad Alemana de Cooperación
Técnica (GTZ). En este libro se presentan los principales resultados
de este proyecto, y confiamos en que contribuya significativamente
al análisis y debate acerca de los programas y políticas
tendientes a mejorar la inserción laboral de los jóvenes,
de manera que éstos puedan aprovechar su potencial mediante
trayectorias productivas que les permitan realizar sus anhelos de
vida y contribuir plenamente al desarrollo socioeconómico de
sus países.
José Luis Machinea,
Secretario Ejecutivo de la CEPAL
Centro Interamericano para el Desarrollo del
Conocimiento en la Formación Profesional (OIT/Cinterfor)
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