ENTRE LOS DOS SENDEROS... O LA
SEDUCCION DEL MERCADO,
LA RELIGION Y LA FAMILIA
1. La familia y la comunidad
Dijimos que los jóvenes rurales, que fueron el eslabón clave para la
expansión senderista en el campo, podían convertirse en el eslabón más débil, y que
la debilidad surgía de su ubicación entre dos mundos contrapuestos, como se advierte en
el Gráfico 2. Tensados en Allpachaka entre la orden del partido de eliminar el ganado y
el llanto de las pastoras. Y cuando son nombrados como nuevas autoridades, tensados entre
la lógica de gobierno del partido y las lealtades, rencillas y venganzas familiares de
las comunidades que quedan bajo su responsabilidad. Un testimonio de alguien que era por
entonces simpatizante de Sendero Luminoso, un profesor de una comunidad de La Mar,
provincia de Ayacucho, ilustra esta tensión:
"Lo peor que habría hecho Sendero de repente es haber confiado en
gente muy joven de cada localidad, con muy poca experiencia...Es decir, los que habían
venido de otros sitios / dejaron como responsables a los hijos de la mismas localidades y
se fueron...Ellos ya tergiversaron totalmente los planes de gobierno que tenía Sendero,
entonces ya optaron por tomar actitudes de venganza, de rencilla, de repente un papá con
otro papá ha tenido algún lío por cuestión de linderos de sus chacras, de animales, de
robo, de pérdidas, peleas de marido y mujer; como Sendero les había dado responsabilidad
a los jóvenes de la localidad, entonces comenzaron a tomar represalias, tomar venganzas,
ahí es donde se producen las matanzas, de ahí viene toda la disconformidad de la
gente".
Tensados, finalmente, entre el partido y el mercado como posibles vías
de "progreso" y movilidad social. La entrada del Ejército constituye un primer
momento decisivo. Pedro "se quiebra", pero muchos otros optan por integrarse al
partido y se convierten en el semillero que permite, junto a otros factores, que Sendero
Luminoso se extienda por diferentes partes del país, donde encuentra pequeñas escisiones
de los diferentes partidos de izquierda que hacia 1980 decidieron dar la lucha en el
terreno de la democracia representativa. Y encuentra asimismo jóvenes independientes pero
radicalizados e imbuídos de la "idea crítica", maduros para su prédica en
medio de la crisis creciente del país.
Otros siguen combatiendo en Ayacucho, como el hermano menor de Pedro,
pero ni allí ni en otras partes del país se volverá a repetir el escenario ayacuchano
de principios de los ochenta. Sendero Luminoso queda en buena medida convertido en un
actor entre otros; armado y por tanto poderoso, pero sin la cierta hegemonía de la
primera etapa. Constituye una fracción dentro de algunas comunidades; o se implanta en
una o varias comunidades enfrentadas a otras por disputas seculares, quedando así inmerso
en contradicciones que a veces se remontan incluso a etapas anteriores a la conquista
española (véase Degregori, 1985).
La participación en Sendero Luminoso se vuelve menos eufórica y más
penosa; menos voluntaria y más presionada. Julián, joven de la selva ayacuchana del río
Apurímac, se queja: "Uno tenía que ir durante uno o dos días íntegros a lugares
lejanos, a veces de hambre, descalzos, nos decían, así se tiene que sufrir para
liberarnos" (del Pino, 1994).
La fortaleza en esos años le viene a Sendero Luminoso, por un lado, de
su descomunal voluntad política; por otro, de la conducta de los sucesivos gobiernos, que
ya en 1984 un informe de Américas Watch definió como "abdicación de la
autoridad democrática"; finalmente, de la estrategia represiva de las Fuerzas
Armadas, que resultó contraproducente pues hizo aparecer a Sendero Luminoso para muchos
campesinos como el "mal menor".
Un segundo y decisivo momento de viraje se dio hacia 1988, cuando
Sendero Luminoso decide pasar de la defensiva al equilibrio estratégico. De acuerdo a Mao
(1939/1971)), la guerra popular tiene tres fases: defensiva, equilibrio y ofensiva
estratégica. Después de su primer congreso (1988), Sendero Luminoso decide que ha
llegado el momento de pasar al equilibrio. Para ello necesitaba más armas, que podía
conseguir especialmente a partir de su entronización en el valle del Huallaga, principal
productor de hoja de coca del mundo. Necesitaba más combatientes, que también podían
conseguir entre la capa juvenil ya caracterizada. Pero sobre todo necesitaba más apoyo
campesino. El incremento de demandas de Sendero Luminoso sobre el campesinado más
víveres, más reclutas, más apoyo como 'masa' en acciones armadas atentó contra
el frágil equilibrio al que el campesinado había llegado en muchas partes y que usando
un término de Stern (1989) podemos denominar "adaptación-en-resistencia". Las
nuevas demandas hacían más difícil la adaptación y favorecían la resistencia. La
respuesta de Sendero Luminoso fue incrementar la violencia contra el campesinado. Lo que
consiguieron fue la masificación de los "comités de defensa civil", que las
FFAA habían tratado de conformar sin mayor éxito desde 1983. Es que la decisión
campesina de enfrentar activamente a Sendero Luminoso coincidió con un viraje en la
estrategia de la FFAA (o más bien con la elaboración, al fin, de una estrategia), que
disminuía la represión generalizada y se centraba en una más selectiva /. Al mismo
tiempo, trataba de establecer lazos paternalistas/asistencialistas con el campesinado. Esa
fue la primera derrota estratégica en nueve años de guerra para Sendero Luminoso, que en
la sierra central y surcentral quedó empantanado en una guerra de desgaste contra el
campesinado.
Es por entonces que el hermano de Pedro, a quien su familia había
seguido intentando contactar y rescatar desde Lima, deja finalmente la columna
guerrillera y se traslada, desnutrido y enfermo a la capital donde la familia lo oculta,
le proporciona nueva identidad y, cuando la guerra aprieta también en Lima, lo envía al
extranjero.
2. Los "comités de defensa civil"
¿Qué hacen los jóvenes rurales en la nueva situación? A partir
de 1983, la migración masiva del campo a la ciudad se convirtió en la principal
"solución". Fue el caso de Pedro. Hacia mediados de la década, el campo y los
pequeños pueblos de las zonas de guerra, ya desde antes escasos en jóvenes, se vieron
totalmente despoblados de ellos.
Hacia fines de la década, se abren otras posibilidades. La primera y
más general para los pocos que quedaron en el campo: incorporarse en los comités de
defensa civil o "rondas". En la sierra, pertenecer a los comités permite acceso
a los recursos comunales, aún cuando sean exiguos, luego de experiencias frustrantes en
la Lima colapsada de esos años. En algunos casos, cuando los adultos han conformado los
comités, pueden oponerse al regreso de los jóvenes, especialmente si tienen educación
secundaria o superior, por temor a que resulten ser "infiltrados" senderistas.
Pero en la mayoría de casos el regreso es valorado debido a la escasez de fuerza de
trabajo y de combatientes para las rondas, que se enfrentan en inferioridad de armamento y
hombres contra Sendero Luminoso, capaz de "concentrar fuerzas en un solo punto y
atacar a los enemigos uno por uno", como recomendaba Mao.
En la ceja de selva de Ayacucho (valle del río Apurímac), donde se
cultiva la coca, la pertenencia a los comités proporciona también ingresos en tanto ya
no todos hacen rondas como en otros lugares, sino un grupo de jóvenes remunerados por la
propia población. En San Francisco, la capital del valle, reciben 180 soles mensuales, en
Palmapampa, capital de la pasta básica, de donde parten las avionetas colombianas,
reciben 280 soles /. Cuenta Susi (varón y jefe rondero):
"Ahora ya hay comando especial estable. Cuando hay peligro ellos
salen. Ellos sí son rentados. Ya los campesinos trabajan casi a tiempo completo. Más
antes sí, cualquier cosita que se escuchaba tocaban cornetilla y el jefe pedía: necesito
50 hombres, necesito tantos hombres armados. Aunque sea dos, tres días, una semana, doce
días. Así hemos sufrido años. Ahora cada zona cuenta con su propio comando especial,
son jóvenes de 18 a 35 años, que resguardan y brindan seguridad a la población".
Como puede advertirse, el carácter prolongado de la guerra choca con
el pragmatismo de los jóvenes rurales que, cuando ven que la "república de nueva
democracia" se aleja en el horizonte, buscan otros caminos. Sea la supervivencia en
las comunidades o el ingreso a la economía del narcotráfico en la selva. Esas opciones
estaban ya esbozadas en el testimonio de Pedro. Pero no sólo encuentran canales de
movilidad social, sino también identidad. Paradójicamente, esta vez se trata de los
menos educados.
3. Los evangélicos
En efecto, durante los años de guerra, diferentes denominaciones
evangélicas pentecostales, la mayoría de ellas autóctonas, proliferan en la sierra
surcentral: Ayacucho, Huancavelica, Apurímac. Ellas crecen sobre todo en las zonas más
golpeadas por la guerra y entre los estratos más pobres y menos educados /.
Cabe aclarar que en otras zonas de los Andes, hasta fines de la década
de 1980 la religión católica y los partidos políticos de izquierda fueron capaces de
proporcionar a los jóvenes niveles de identidad que dificultaron o bloquearon el avance
de Sendero Luminoso en el campo. Esto sucedió especialmente allí donde tenían fuerza
las comunidades cristianas de base, inspiradas en la Teología de la Liberación, y donde
éstas se entrelazaron con las organizaciones campesinas influenciadas por los partidos de
izquierda. Es el caso de Puno en el extremo sur del país (véase Rénique, 1987, 1991),
así como también en Cajamarca, en el extremo norte del país (véase Starn, 1991).
Ayacucho, por el contrario, es sede de uno de los obispados más conservadores del país
/. Allí fueron los evangelistas los que proporcionaron una identidad que no sólo
bloqueaba la relación de Sendero Luminoso con el campesinado, sino que confundía a los
militantes senderistas para los cuales los "ajusticiamientos" eran una forma de
paralizar a la población por el terror. Para su sorpresa, los asesinatos de evangélicos
no producían el mismo efecto pues en vez de paralizarse y someterse al partido, ellos
celebraban con cantos y alabanzas que su hermano(a) asesinado(a) estuviera en la gloria.
Pero en situaciones de extrema pobreza, los que permanecían en el
mundo de los vivos no podían ver cómo diezmaban a jóvenes en muchos casos encargados de
la manutención de sus familias. Desesperados porque el 5to mandamiento les impedía
responder a Sendero Luminoso en sus mismos términos, fue también en el valle del
Apurímac donde los evangélicos encontraron la respuesta. Leyeron cómo Jehová dio
permiso al pueblo de Israel para enfrentar a los filisteos y autopercibiéndose como David
y a Sendero Luminoso como el "anticristo", constituyeron las rondas más
aguerridas y desataron una "guerra santa" en el valle. En diferentes pagos
surgieron líderes que condujeron esa guerra. Uno de ellos, Sambrano, del pago de
Miraflores:
"Les leía historias y citas bíblicas a su ejército, compuesto
por cristianos de distinto credo, para darles confianza y seguridad en la lucha contra el
enemigo. Daba cuenta estar protegido por Dios, no temía a nada, nunca lo matarían.
Armado de citas bíblicas y dogmas llegaba a la población comprometiendo a la gente. 'Yo
no tengo miedo, tenemos que luchar, ustedes tienen que creer en mí. Síganme, no les
pasará nada', decía. Los hermanos dicen que están en el juicio final. No tienen miedo a
la muerte porque Dios los protege" (Ponciano del Pino, 1994).
Esa historia la cuenta Rolando, 25 años, miembro de las rondas de
Miraflores, quien escuchó y acompañó a Sambrano, asesinado en 1992. Como no hay isla
(ni selva) feliz, son los narcotraficantes de Palmapampa los últimos beneficiarios de
esta "guerra santa". Los evangélicos evitan entrar a la economía de la coca,
por lo general trabajan como peones o cultivan sus chacras con otros productos.