SENDERO
LUMINOSO
Desde
esta perspectiva, Sendero Luminoso aparece, por un lado, como
portador de un orden autoritario, que se expande de manera violenta
en contraposición y lucha no sólo contra el Estado sino contra
esos otros intentos más o menos democráticos que surgían desde
la sociedad. Por otro lado, Sendero Luminoso aparece como una
reacción antimoderna.
Si
tomamos en cuenta los criterios que ha señalado Durston (CEPAL,
1994) en este seminario para definir la modernidad rechazo
a las certezas, sensibilidad ante lo complejo y aleatorio, tolerancia
y valoración de la diversidad, democratización Sendero Luminoso
se ubica en las antípodas. Sin embargo, es antimoderno, mas no
indio ni indigenista /. Por el contrario, Sendero Luminoso es
un proyecto antimoderno que surge en las entrañas mismas de aparatos
que supuestamente debían generar modernidad: la universidad y
la escuela. Porque Sendero Luminoso nació del encuentro que se
produjo en la Universidad de Ayacucho entre una elite intelectual
provinciana mestiza con una base social juvenil también provinciana
y mestiza (Degregori, 1985), que sufría un doloroso proceso de
desarraigo producto de lo que Favre (1984) llamó "descampesinización
y desindianización" /. A ellos Sendero Luminoso les ofrece
una nueva identidad política basada en el marxismo-leninismo-maoísmo.
En
1989, un estudio de Chávez de Paz sobre los sentenciados por delitos
de terrorismo en las cárceles de Lima /, corroboró estas afirmaciones.
La mayoría eran jóvenes provincianos mestizos con educación superior
al promedio. Así, el 57.4% de condenados por delito de terrorismo
eran jóvenes de 18 a 25 años vs. el 41% para el total de
condenados (los condenados por delitos comunes que aparecen en
estas comparaciones son aquellos que los han cometido en la provincia
de Lima). El 16.4% de condenados por terrorismo eran mujeres,
vs. el 10.7% para el total de condenados. El 49.8% del
total de condenados era soltero, mientras que entre los sentenciados
por terrorismo el porcentaje de solteros se elevaba al 70.5%.
El 76.5% de condenados por terrorismo eran provincianos. De ellos,
55.7% habían nacido en capitales de provincia y el 20.8% en pequeños
pueblos que no lo eran. Entre estos últimos podríamos ubicar a
los jóvenes rurales. Por otra parte, del total de provincianos
condenados por terrorismo, el 87% provenía de las provincias que
el Mapa de la Pobreza del Perú señala como las más empobrecidas,
que coinciden casi totalmente con las provincias andinas. Por
último, el 63.4% de sentenciados por terrorismo ha completado
educación secundaria o tiene diferentes niveles de educación superior
(incluyendo título profesional y/o estudios de post-grado: 4.9%)
vs. el 34% para el total de sentenciados.
Es
importante puntualizar que los indicadores "provinciano"
y "mestizo" tienen gran importancia en un país centralista
y racista. Nos centraremos, sin embargo, en el indicador "educación
superior al promedio", por la importancia que tiene la educación
para entender las tensiones que afectan a la juventud, especialmente
a la rural, y la propensión de un sector de ella a aceptar el
discurso senderista.
Según
cifras de la CEPAL para 1985 sobre cobertura educativa, entre
los países de América Latina el Perú pasa del puesto décimo cuarto
en 1960 al puesto cuarto en 1980. Y entre los que las Naciones
Unidas llama "países de nivel medio de desarrollo",
que son alrededor de setenta, la evolución del porcentaje de jóvenes
de 18 a 25 años que siguen educación secundaria o superior es
la siguiente: en el conjunto de esos setenta países el porcentaje
pasa de 17% en 1960 al 52% en 1980. En ese mismo período, el porcentaje
de jóvenes de 18 a 25 años que estudia secundaria o superior en
el Perú pasa de 19% a 76% /.
Esta
expansión educativa avanza a contracorriente del repliegue de
la inversión estatal en el sector, especialmente en lo que se
refiere a la educación universitaria donde se produjo lo que Lynch
(1990) llama un proceso de "masificación sin proyecto".
El repliegue de las elites hacia universidades particulares y
extranjeras, dejó a la universidad estatal en una tierra de nadie.
Ese vacío fue ocupado en la década de 1970 por lo que hemos denominado
"la revolución de los manuales": la expansión por las
universidades de todo el país de los manuales de marxismo-leninismo
producidos por la Academia de Ciencias de la URSS y otros textos
difundidos por las Ediciones en Lenguas Extranjeras de Pekín (Degregori,
1990a). Estos manuales crean un cierto "sentido común"
autoritario y confrontacional, que a través de las Facultades
de Educación y los maestros que de ellas egresan, llega hasta
los estudiantes secundarios, especialmente provincianos, como
lo que Portocarrero y Oliart (1989) han denominado "idea
crítica".
Por
tanto, la débil presencia de Sendero Luminoso entre el campesinado
hacia 1980 se debe por un lado a una serie de reveses que ese
partido sufrió en la década de 1970 en diversas organizaciones
sociales de Ayacucho en las que había tenido influencia anteriormente
(Degregori 1985, 1990), pero es también consecuencia de una opción.
En los primeros años de la década de 1970, precisamente cuando
el resto de los pequeños partidos que conformaban la izquierda
peruana de entonces deciden "ir a las masas", Sendero
Luminoso se replegó hacia la universidad de Ayacucho donde su
líder máximo, Abimael Guzmán, y el núcleo inicial de Sendero Luminoso
se concentraron en el estudio del marxismo hasta elaborar una
línea sumamente ortodoxa con la cual expandieron su proselitismo
entre los universitarios con los cuales conformaron un partido
pequeño pero ideológica y orgánicamente muy compacto.
Sendero
Luminoso se convirtió así en el clásico partido stalinista que
se construye desde el vértice hacia la base y desde la ideología
hacia la organización. Por tanto, conforme avanzaban en la elaboración
de su proyecto el movimiento social dejó de interesarles. Si,
como afirma una de sus consignas centrales: "salvo el
poder todo es ilusión", entonces salvo el partido, que
es el instrumento privilegiado para alcanzar el poder, todo es
ilusión. La sociedad es una ilusión. En todo caso, sólo les interesa
en tanto masa moldeable a imagen y semejanza del partido (Degregori
1989). En ese sentido, lo que priorizan son lo que denominan "organismos
generados" por el partido, que constituyen el vínculo entre
éste y las masas. Se van convirtiendo así, en términos de Wieviorka
(1990), de movimiento social en antimovimiento social, para acabar
convertidos cada vez más en grupo terrorista conforme transcurre
la década de 1980.
Las
bases para esa potencial transformación se encontraban sin embargo
desde un principio en la ideología y la composición social de
Sendero Luminoso cuya columna vertebral hacia 1980 la constituían
profesores y estudiantes universitarios, así como maestros rurales
crecidos en el humus del Perú anterior a la Reforma Agraria estamental,
jerárquico, señorial pero que a diferencia de lo que pasa
entre la mayoría de peruanos de ese y otros estratos a partir
de mediados de siglo, no quisieron o no tuvieron que romper de
modo significativo con su "cultura política" autoritaria
para convertirse en revolucionarios. Por el contrario, la relación
que Sendero Luminoso propone establecer entre partido y "masas"
resulta semejante a aquella que existía en las décadas previas
entre mistis e indios, pues de acuerdo a Sendero Luminoso
"el partido lo decide todo". Como antes lo decidían
los mistis /, habría que añadir. La relación se asemeja
también a aquella que existía entre los maestros tradicionales
y sus alumnos.
Así
es como plantean la relación partido-"masas" los documentos
de Sendero Luminoso: "la guerra popular es un hecho político
que va machacando con acciones contundentes las ideas en
la mente de los hombres..." (PCP, 1988). El propio Abimael
Guzmán (1988) afirma:
"...a
las masas hay que enseñarles con hechos contundentes,
para con ello remacharles las ideas...las masas en
el país necesitan la dirección de un Partido Comunista, esperamos,
con más teoría y práctica revolucionaria, con más poder, llegar
al corazón mismo de la clase y del pueblo y realmente ganarlo.
¿Para qué? Para servirlo, eso es lo que queremos."
Como
puede verse, el lenguaje es de una violencia impresionante contra
las masas, que en el mismo párrafo se dice amar y servir. Se trata
de una relación ambigua donde afloran los tortuosos sentimientos
de amor/odio del superior por el inferior, de ciertos maestros
tradicionales por sus alumnos, tal vez buenos pero más bien torpes
a los cuales hay que enseñarles que "la letra entra con sangre".
Esta
voluntad de restaurar relaciones que aunque veladas por un lenguaje
"revolucionario" son de facto estamentales, en
un contexto en el cual la tendencia predominante es la democratización
social, es lo que convierte a Sendero Luminosos en un proyecto
antimoderno. Es pertinente incluir una última anotación que refuerza
nuestra idea inicial: que es un proyecto antimoderno pero no indio
ni indigenista. Sendero Luminoso se asocia más bien a los proyectos
modernizantes que intentaron ciertos sectores mistis,
ciertos terratenientes y poderes locales que consideraron que
era necesario "civilizar al indio" y desarrollar un
proceso de modernización sin modernidad. Pero en este caso, negando
la existencia del indio como tal, en el discurso y en la acción.
En
el discurso, Sendero Luminoso constituye una versión radical de
las posturas "integracionistas". En ninguno de sus documentos
se dice una sola palabra sobre la cuestión étnica: las diferencias
étnicas no existen en el Perú, sólo las clases. Por eso no existe
contradicción entre el proyecto senderista y la educación oficial,
etnocida, que desprecia los rasgos culturales no occidentales
e ignora el pluralismo étnico-cultural. En el caso de Sendero
Luminoso, las tradiciones andinas aparecen como supersticiones
a la luz de la ciencia del marxismo-leninismo y cualquier propuesta
pluralista entra en contradicción con su reduccionismo clasista.
En
la acción, es a partir de estas premisas que puede entenderse
el verdadero genocidio que desata Sendero Luminoso contra los
campesinos más indios de Ayacucho. Es decir, contra aquellos mayoritariamente
monolingües quechuas, que habitaban las punas por encima de los
3,500 mts. de altura en las provincias de Huamanga, Huanta y La
Mar; y contra ciertos grupos étnicos de la Amazonía como los Asháninkas
/. Como veremos más adelante, dicho genocidio resultó tanto o
más brutal que el que las Fuerzas Armadas desataron en los años
1983-84 e influyó decisivamente en el alineamiento mayoritario
del campesinado con el Estado y las Fuerzas Armadas, contra Sendero
Luminoso. Pero antes, regresemos a 1980 y veamos el papel de los
jóvenes rurales.