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Fecha de actualización:
27/11/2008

 

 

 

Juventud rural en Brasil y México. Reduciendo la invisibilidad

 

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INTRODUCCIÓN

LA DOBLE EXCLUSIÓN Y LA TRIPLE INVISIBILIDAD

La juventud rural es sin duda uno de los sectores socio-demográficos más excluidos (1) de la sociedad civil latinoamericana. El grado extremo de su exclusión se asocia a dos fenómenos propios de su condición de jóvenes rurales: tienen pocos o nulos derechos de voz en la toma de decisiones familiares y comunitarias y de control sobre recursos, por la herencia gerontocrática y patriarcal de las culturas campesinas; y carecen de espacios propiamente juveniles en el campo.

A estas dos formas de exclusión propias de la juventud, se les suman otras más generales -como la exclusión que afecta a todas las comunidades rurales en el tercer mundo, la que afecta a los sectores pobres y con poca educación formal. También hay formas particulares de exclusión que afectan a subsectores de la juventud rural, como la indígena y la femenina.

La invisibilidad es uno de los aspectos más nefastos de la exclusión social, ya que a su vez contribuye a perpetuar la exclusión. En forma incluso mayor a la mujer rural, la juventud rural (2), sufre de invisibilidad ante los ojos de planificadores y estudiosos del desarrollo rural. En ausencia de un conocimiento empírico, detallado y concreto de la juventud rural, manejamos estereotipos de los jóvenes rurales que dificultan cualquier esfuerzo por superar su exclusión de los quehaceres de la sociedad y del desarrollo.

La juventud rural:

- es casi invisible en muchos institutos nacionales de juventud, por el fuerte sesgo urbano en sus programas para la juventud -programas que en muchos casos son trasladados a las áreas rurales sin adaptación a las realidades específicas de los jóvenes rurales-.

- es invisible en la gran mayoría de programas de combate a la pobreza rural, los cuales no suelen tomar en cuenta las diferencias entre participantes por edades -a pesar de que en muchos programas de desarrollo rural la mayoría de los participantes activos y entusiastas son jóvenes con fortalezas y problemas muy diferentes de los de sus mayores-.

- en tercer lugar, la juventud rural es incluso invisible entre los investigadores sociológicos, casi todos ellos de origen urbano, y entre los cuales hay muy pocos "juvenólogos" especializados en juventud rural. A nivel regional, en consecuencia, hay pocas publicaciones serias, con riqueza conceptual y con base empírica, sobre juventud rural. Libros de cobertura y relevancia regional existen sólo a partir de 1990, cuando el IICA publica el libro de William Reuben, Juventud Rural en América Latina (Reuben 1990). Más recientemente, la CEPAL publica en 1996 una colección de artículos sobre el tema de Juventud Rural, Modernidad y Democracia (CEPAL/UNICEF/OIJ, 1996).

Entre algunos investigadores de juventud, la invisibilidad es prácticamente total, al punto de que se preguntan: "¿Existe la juventud rural en América Latina"? Por supuesto, se entiende el porqué de la pregunta: si a los 15 años un joven o una joven rural es jefe de hogar, casado y con hijos, y no estudia sino trabaja para sobrevivir, parece legítimo suponer que su juventud terminó antes de comenzar.

Es decir, se entiende la pregunta en el contexto de una cierta línea de pensamiento que sostiene que el concepto de juventud es un invento relativamente reciente y urbano; que la emergencia de una categoría social de juventud significó crear un espacio cultural propiamente juvenil, y un período de moratoria o postergación de la asunción de roles adultos, lo que sería la esencia de la "juventud". Pero este punto de vista refleja en forma parcial e insuficiente en sí la compleja realidad juvenil en sus muy diversas manifestaciones concretas. Lo que es más grave, asumido sin matices, esta línea de pensamiento alimenta un estereotipo sobre las etapas de vida en el campo derivado de una actitud despectiva hacia las culturas rurales y del desconocimiento de sus realidades concretas.

Basta una revisión somera de la literatura para constatar que las civilizaciones más antiguas y también las culturas llamadas primitivas manejan el concepto de juventud y ordenan esta etapa de vida con variadas conductas, relaciones e instituciones específicas a ella. La juventud no es, por ende, ni reciente ni urbana. Lo que es más, las evidencias empíricas demuestran que la imagen de los jóvenes rurales precozmente adultos todos -resumida arriba- corresponde a una minoría de los jóvenes rurales reales en la América Latina de los años 90. Aun en estos casos, sostenemos, hay juventud en el mundo rural, e incluso hay moratoria de la asunción plena de roles adultos en varios ámbitos de la vida.

Si pretendemos promover la incorporación de la juventud rural en el quehacer del desarrollo, en reconocimiento de sus derechos y también de su potencial aporte clave (como el sector más educado y dinámico de la sociedad rural) al desarrollo, es necesario superar esta invisibilidad y este estereotipo. Como un primer paso, el análisis comparativo de las encuestas oficiales de hogares de América Latina da algunas luces fundamentales.

Superar la invisibilidad y los estereotipos que se manejan comúnmente en torno a la juventud rural requiere, entonces, de una combinación de un marco conceptual adecuado a esta tarea, y datos empíricos desagregados que contribuyan a dar cuenta de la gran variedad de maneras de vivir la juventud en distintos contextos rurales. Se propone aquí desarrollar estas dos líneas, para ver: como la juventud rural es similar a la juventud en otros medios; como se diferencia de la juventud urbana; y como las juventudes rurales (y los jóvenes individuales) se diferencian entre si.

 

 

 

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(1) Sobre el concepto de "exclusión social", véase Rodgers et al., 1955.
(2) Gracias a la difusión reciente de un enfoque de género, se ha empezado a superar la invisibilidad de la mujer rural. Por lo demás, nadie niega la existencia de mujeres en el campo, problema que sí afecta a la juventud rural, como veremos más adelante. Por otro lado, la identidad juvenil es transitoria; los mismos jóvenes y también los adultos saben que perderán esta condición en un plazo relativamente breve, lo cual contribuyen a la falta de preocupación activa al respecto de la problemática juvenil.

 

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