<<
volver al index
INTRODUCCIÓN
LA DOBLE EXCLUSIÓN Y LA TRIPLE INVISIBILIDAD
La juventud rural es sin duda uno de los sectores socio-demográficos
más excluidos (1)
de la sociedad civil latinoamericana. El grado extremo de su exclusión
se asocia a dos fenómenos propios de su condición de jóvenes rurales:
tienen pocos o nulos derechos de voz en la toma de decisiones familiares
y comunitarias y de control sobre recursos, por la herencia gerontocrática
y patriarcal de las culturas campesinas; y carecen de espacios propiamente
juveniles en el campo.
A estas dos formas de exclusión propias de la juventud,
se les suman otras más generales -como la exclusión que afecta a todas
las comunidades rurales en el tercer mundo, la que afecta a los sectores
pobres y con poca educación formal. También hay formas particulares
de exclusión que afectan a subsectores de la juventud rural, como la
indígena y la femenina.
La invisibilidad es uno de los aspectos más nefastos
de la exclusión social, ya que a su vez contribuye a perpetuar la exclusión.
En forma incluso mayor a la mujer rural, la juventud rural (2),
sufre de invisibilidad ante los ojos de planificadores y estudiosos
del desarrollo rural. En ausencia de un conocimiento empírico, detallado
y concreto de la juventud rural, manejamos estereotipos de los jóvenes
rurales que dificultan cualquier esfuerzo por superar su exclusión de
los quehaceres de la sociedad y del desarrollo.
La juventud rural:
- es casi invisible en muchos institutos nacionales
de juventud, por el fuerte sesgo urbano en sus programas para la juventud
-programas que en muchos casos son trasladados a las áreas rurales sin
adaptación a las realidades específicas de los jóvenes rurales-.
- es invisible en la gran mayoría de programas de combate
a la pobreza rural, los cuales no suelen tomar en cuenta las diferencias
entre participantes por edades -a pesar de que en muchos programas de
desarrollo rural la mayoría de los participantes activos y entusiastas
son jóvenes con fortalezas y problemas muy diferentes de los de sus
mayores-.
- en tercer lugar, la juventud rural es incluso invisible
entre los investigadores sociológicos, casi todos ellos de origen urbano,
y entre los cuales hay muy pocos "juvenólogos" especializados
en juventud rural. A nivel regional, en consecuencia, hay pocas publicaciones
serias, con riqueza conceptual y con base empírica, sobre juventud rural.
Libros de cobertura y relevancia regional existen sólo a partir de 1990,
cuando el IICA publica el libro de William Reuben, Juventud Rural en
América Latina (Reuben 1990). Más recientemente, la CEPAL publica en
1996 una colección de artículos sobre el tema de Juventud Rural, Modernidad
y Democracia (CEPAL/UNICEF/OIJ, 1996).
Entre algunos investigadores de juventud, la invisibilidad
es prácticamente total, al punto de que se preguntan: "¿Existe
la juventud rural en América Latina"? Por supuesto, se entiende
el porqué de la pregunta: si a los 15 años un joven o una joven rural
es jefe de hogar, casado y con hijos, y no estudia sino trabaja para
sobrevivir, parece legítimo suponer que su juventud terminó antes de
comenzar.
Es decir, se entiende la pregunta en el contexto de
una cierta línea de pensamiento que sostiene que el concepto de juventud
es un invento relativamente reciente y urbano; que la emergencia de
una categoría social de juventud significó crear un espacio cultural
propiamente juvenil, y un período de moratoria o postergación de la
asunción de roles adultos, lo que sería la esencia de la "juventud".
Pero este punto de vista refleja en forma parcial e insuficiente en
sí la compleja realidad juvenil en sus muy diversas manifestaciones
concretas. Lo que es más grave, asumido sin matices, esta línea de pensamiento
alimenta un estereotipo sobre las etapas de vida en el campo derivado
de una actitud despectiva hacia las culturas rurales y del desconocimiento
de sus realidades concretas.
Basta una revisión somera de la literatura para constatar
que las civilizaciones más antiguas y también las culturas llamadas
primitivas manejan el concepto de juventud y ordenan esta etapa de vida
con variadas conductas, relaciones e instituciones específicas a ella.
La juventud no es, por ende, ni reciente ni urbana. Lo que es más, las
evidencias empíricas demuestran que la imagen de los jóvenes rurales
precozmente adultos todos -resumida arriba- corresponde a una minoría
de los jóvenes rurales reales en la América Latina de los años 90. Aun
en estos casos, sostenemos, hay juventud en el mundo rural, e incluso
hay moratoria de la asunción plena de roles adultos en varios ámbitos
de la vida.
Si pretendemos promover la incorporación de la juventud
rural en el quehacer del desarrollo, en reconocimiento de sus derechos
y también de su potencial aporte clave (como el sector más educado y
dinámico de la sociedad rural) al desarrollo, es necesario superar esta
invisibilidad y este estereotipo. Como un primer paso, el análisis comparativo
de las encuestas oficiales de hogares de América Latina da algunas luces
fundamentales.
Superar la invisibilidad y los estereotipos que se
manejan comúnmente en torno a la juventud rural requiere, entonces,
de una combinación de un marco conceptual adecuado a esta tarea, y datos
empíricos desagregados que contribuyan a dar cuenta de la gran variedad
de maneras de vivir la juventud en distintos contextos rurales. Se propone
aquí desarrollar estas dos líneas, para ver: como la juventud rural
es similar a la juventud en otros medios; como se diferencia de la juventud
urbana; y como las juventudes rurales (y los jóvenes individuales) se
diferencian entre si.

---------------------------------------------
(1) Sobre el concepto de "exclusión
social", véase Rodgers et al., 1955.
(2) Gracias a la difusión reciente de un enfoque de
género, se ha empezado a superar la invisibilidad de la mujer rural.
Por lo demás, nadie niega la existencia de mujeres en el campo, problema
que sí afecta a la juventud rural, como veremos más adelante. Por otro
lado, la identidad juvenil es transitoria; los mismos jóvenes y también
los adultos saben que perderán esta condición en un plazo relativamente
breve, lo cual contribuyen a la falta de preocupación activa al respecto
de la problemática juvenil.