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Fecha de actualización:
13/08/2008

 

 

Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación COSUDE
Sección desarrollada con el apoyo de la
Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación - COSUDE

 

Empleabilidad, calidad, equidad y género
en el diseño y la gestión
de las políticas de formación y empleo

El actual escenario laboral - configurado por la intersección de la sociedad del conocimiento, la crisis del paradigma de empleo de masas, estable y previsible y la integración definitiva y creciente de la mujer - no sólo plantea el riesgo de la obsolescencia vertiginosa de conocimientos y ocupaciones sino el desafío de la generación del propio empleo. Ambas condiciones impactan en la construcción de la identidad colectiva e individual porque la cantidad y calidad del empleo del que dispone una sociedad determina su grado de inclusión y equidad y porque el trabajo incide de manera determinante en la formulación y concreción del proyecto de vida de las personas.

Desde la dimensión colectiva, la generación de condiciones para que hombres y mujeres puedan satisfacer su derecho a un trabajo decente es un elemento esencial tanto para la competitividad y la productividad como para la lucha contra la pobreza.

Desde la dimensión individual, para poder enfrentar la contracción del empleo, los cambios constantes en los contenidos y la manera de hacer las cosas, la incertidumbre y los actuales requerimientos del mundo laboral, las personas necesitan realizar esfuerzos constantes y adicionales de aprendizaje, de identificación de oportunidades y recursos así como de un alto grado de autonomía. Para ello tienen que conocerse a sí mismas y a la realidad en la que están insertas, reconocer y valorar las propias capacidades y limitaciones y hacerlo en relación con las exigencias, características y perspectivas de inserción y desarrollo laboral que el entorno económico y social ofrece.

Reconocer que, para el acceso al trabajo así como para la inclusión social, se requiere de un abanico amplio de competencias personales y sociales no implica de ninguna manera responsabilizar o culpabilizar a quienes carecen de ellas y exonerar al sistema y a las políticas socioeconómicas de su papel y responsabilidad en la habilitación de oportunidades. Por el contrario, plantea la necesidad de considerar como un conjunto articulado e interdependiente al proceso de ajuste entre el logro de un desarrollo sostenible e incluyente, las nuevas condiciones y exigencias de la producción y las necesidades y capacidades de varones y mujeres. Esta confluencia conduce y refiere a las políticas de formación para el trabajo porque ellas tienen la responsabilidad de constituirse en el punto de encuentro, el espacio de articulación, entre las necesidades y posibilidades del sistema productivo y de quienes producen, varones y mujeres. Por ello, y con más intensidad que nunca, la formación profesional y técnica es un derecho humano fundamental y un elemento esencial de la Agenda del Trabajo Decente, con un papel determinante en la configuración de un entorno que lo haga posible. No habrá trabajo decente sin democracia, justicia, equidad social y participación ciudadanía. Y no habrá nada de esto sin educación y formación para el trabajo.

Para avanzar en el cumplimiento de esta función integradora, la formación debe atender simultáneamente a sus dos pilares: el empleo y las personas, lo que se denomina la doble pertinencia.

Las políticas de formación no pueden por sí mismas y menos aún en solitario generar empleo. Pero tienen la potencialidad de gestionar, mediante un enfoque integrador y sistémico, los conocimientos, esfuerzos y recursos de los distintos actores e instancias que confluyen en la generación de empleo.
Las políticas de formación pueden y deben apoyar a las personas para que pasen del estatus de sujetos pasivos -dependientes de una intervención externa que los acerque a una oferta de trabajo escasa - a sujetos activos, detectores y constructores de oportunidades.

Para ello es necesario:

  • Interactuar con el entorno productivo y social para, atendiendo a sus señales y requerimientos adecuar y fortalecer la calidad de la oferta formativa, haciendo que los trayectos ocupacionales sean pertinentes y eficaces para incrementar la productividad y competitividad y mejorar las condiciones de empleo de las personas.
  • Colocar el foco en el sujeto que aprende para:
    concebirlo como un ser integral, situado y condicionado por su género y su realidad social y económica que se vale de capacidades y vivencias, conocimientos, sentimientos y valores a partir de los cuales puede cambiar y mejorar sus condiciones de inserción social y laboral mediante estrategias individuales y colectivas.
    recuperar y fortalecer en los trayectos formativos competencias que trasciendan y atraviesen diversos desempeños a lo largo de la vida y en distintos campos ocupacionales.
  • Revisar sus metodologías y prácticas para hacer de la formación un instrumento de expansión de las oportunidades de mujeres y varones y de mejoramiento de la equidad, eliminando barreras y mensajes explícitos y ocultos que limitan las reales potencialidades de los sujetos.

Desde este enfoque el diseño y la gestión de las políticas de formación para el trabajo deberían orientarse a:

* Hacer de la calidad y la equidad un nexo crucial, un "binomio inseparable"
* Incorporar la formación para la empleabilidad y la ciudadanía y la perspectiva de género como enfoques interdependientes y transversales.

La adopción de estas dos grandes premisas faculta la atención, de manera integral y articulada, de las condiciones y los requerimientos de competencias del mercado actual de trabajo y de las personas; de las características y demandas de los nuevos perfiles ocupacionales y de las necesidades de valorización, desarrollo y fortalecimiento de las capacidades individuales.

Para ello se hace necesario revisar y reformular desde estos enfoques los diversos componentes y dimensiones del quehacer formativo.

Así, y sólo para mencionar algunos, se requerirá:

  • Adoptar un enfoque integral y sistémico que entienda a la formación como una realidad compleja cuyas dimensiones y componentes están conectados directa o indirectamente y en permanente interacción.
  • Revisar el entramado de actores que intervienen en el contexto laboral local y hacia los que habrá que articular intervenciones. Identificar nuevos actores (¿será suficiente con los que tradicionalmente conocemos?).
  • Arbitrar mecanismos de actualización del currículo. Integrar y combinar disciplinas para la construcción de la oferta, colaborar entre distintos campos técnicos y ocupacionales, atendiendo al carácter transversal de muchas de las competencias valorizadas en el desempeño laboral.
  • Revisar el currículo en sus contenidos y métodos.
  • Certificar perfiles y competencias o validar la oferta con el reconocimiento de distintos actores.
  • Atender, no sólo a los niveles de participación de mujeres y varones en los cursos, sino a las condiciones en que lo hacen. Observar "cómo lo hacen". Contemplar las distintas modalidades de participación en los procesos, para diseñar la oferta, dejando de lado estereotipos.

Desde este marco de referencia, uno de los principios rectores del accionar de Cinterfor/OIT ha sido la voluntad de recuperar, articular y potenciar los aprendizajes y esfuerzos nacionales y regionales en pos del mejoramiento continuo de la formación profesional y de su rol como herramienta de promoción de la igualdad de oportunidades y de lucha contra la pobreza y la discriminación. Esta voluntad de construir colectivamente y de socializar el conocimiento acumulado, en el último decenio, se ha visto reforzada por la ejecución de los Programas FORMUJER, PROIMUJER y CALIDAD Y EQUIDAD EN LA FORMACIÓN.

La implementación de estas intervenciones le ha permitido a Cinterfor/OIT y a las entidades ejecutoras disponer de una potente plataforma de experimentación y aprendizaje para:

  • desarrollar y sistematizar un modelo de políticas compuesto por un paquete innovador de metodologías, herramientas y buenas prácticas transferibles a otras entidades y países para apoyar la implementación de políticas de formación acordes con la organización y naturaleza del trabajo actual y para incrementar la empleabilidad, especialmente de las mujeres y los colectivos más afectados por la pobreza, discriminación y exclusión;
  • contribuir, mediante la diseminación y cooperación técnica, a la generación de capacidades en los actores sociales y la formación de opinión y a la toma de conciencia sobre la necesidad y los aportes de la transversalización de género para la innovación y el mejoramiento de la calidad de las políticas públicas e institucionales de formación y empleo.

Este sitio está precisamente dedicado a compartir todo lo aprendido y logrado en estas temáticas con el fin último de seguir avanzando y construyendo conocimiento entre todas y todos.

Acceda al Gráfico del Modelo de Políticas



 

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