Empleabilidad,
calidad, equidad y género
en el diseño y la gestión
de las políticas de formación y empleo
El actual escenario laboral - configurado por la intersección
de la sociedad del conocimiento, la crisis del paradigma de empleo de
masas, estable y previsible y la integración definitiva y creciente
de la mujer - no sólo plantea el riesgo de la obsolescencia vertiginosa
de conocimientos y ocupaciones sino el desafío de la generación
del propio empleo. Ambas condiciones impactan en la construcción
de la identidad colectiva e individual porque la cantidad y calidad
del empleo del que dispone una sociedad determina su grado de inclusión
y equidad y porque el trabajo incide de manera determinante en la formulación
y concreción del proyecto de vida de las personas.
Desde la dimensión colectiva, la generación de condiciones
para que hombres y mujeres puedan satisfacer su derecho a un trabajo
decente es un elemento esencial tanto para la competitividad y la productividad
como para la lucha contra la pobreza.
Desde la dimensión individual, para poder enfrentar la contracción
del empleo, los cambios constantes en los contenidos y la manera de
hacer las cosas, la incertidumbre y los actuales requerimientos del
mundo laboral, las personas necesitan realizar esfuerzos constantes
y adicionales de aprendizaje, de identificación de oportunidades
y recursos así como de un alto grado de autonomía. Para
ello tienen que conocerse a sí mismas y a la realidad en la que
están insertas, reconocer y valorar las propias capacidades y
limitaciones y hacerlo en relación con las exigencias, características
y perspectivas de inserción y desarrollo laboral que el entorno
económico y social ofrece.
Reconocer que, para el acceso al trabajo así como para la inclusión
social, se requiere de un abanico amplio de competencias personales
y sociales no implica de ninguna manera responsabilizar o culpabilizar
a quienes carecen de ellas y exonerar al sistema y a las políticas
socioeconómicas de su papel y responsabilidad en la habilitación
de oportunidades. Por el contrario, plantea la necesidad de considerar
como un conjunto articulado e interdependiente al proceso de ajuste
entre el logro de un desarrollo sostenible e incluyente, las nuevas
condiciones y exigencias de la producción y las necesidades y
capacidades de varones y mujeres. Esta confluencia conduce y refiere
a las políticas de formación para el trabajo porque ellas
tienen la responsabilidad de constituirse en el punto de encuentro,
el espacio de articulación, entre las necesidades y posibilidades
del sistema productivo y de quienes producen, varones y mujeres. Por
ello, y con más intensidad que nunca, la formación profesional
y técnica es un derecho humano fundamental y un elemento esencial
de la Agenda del Trabajo Decente, con un papel determinante en la configuración
de un entorno que lo haga posible. No habrá trabajo decente sin
democracia, justicia, equidad social y participación ciudadanía.
Y no habrá nada de esto sin educación y formación
para el trabajo.
Para avanzar en el cumplimiento de esta función integradora,
la formación debe atender simultáneamente a sus dos pilares:
el empleo y las personas, lo que se denomina la doble
pertinencia.
| Las políticas de
formación no pueden por sí mismas y menos aún
en solitario generar empleo. Pero tienen la potencialidad de gestionar,
mediante un enfoque integrador y sistémico, los conocimientos,
esfuerzos y recursos de los distintos actores e instancias que confluyen
en la generación de empleo. |
|
Las políticas de
formación pueden y deben apoyar a las personas para que pasen
del estatus de sujetos pasivos -dependientes de una intervención
externa que los acerque a una oferta de trabajo escasa - a sujetos
activos, detectores y constructores de oportunidades. |
Para ello es necesario:
- Interactuar con el entorno productivo y social para, atendiendo
a sus señales y requerimientos adecuar y fortalecer la calidad
de la oferta formativa, haciendo que los trayectos ocupacionales sean
pertinentes y eficaces para incrementar la productividad y competitividad
y mejorar las condiciones de empleo de las personas.
- Colocar el foco en el sujeto que aprende para:
concebirlo como un ser integral, situado y condicionado por su género
y su realidad social y económica que se vale de capacidades
y vivencias, conocimientos, sentimientos y valores a partir de los
cuales puede cambiar y mejorar sus condiciones de inserción
social y laboral mediante estrategias individuales y colectivas.
recuperar y fortalecer en los trayectos formativos competencias que
trasciendan y atraviesen diversos desempeños a lo largo de
la vida y en distintos campos ocupacionales.
- Revisar sus metodologías y prácticas para hacer de
la formación un instrumento de expansión de las oportunidades
de mujeres y varones y de mejoramiento de la equidad, eliminando barreras
y mensajes explícitos y ocultos que limitan las reales potencialidades
de los sujetos.
Desde este enfoque el diseño y la gestión de las políticas
de formación para el trabajo deberían orientarse a:
* Hacer de la calidad y la equidad un nexo crucial, un "binomio
inseparable"
* Incorporar la formación para la empleabilidad y la ciudadanía
y la perspectiva de género como enfoques interdependientes
y transversales.
La adopción de estas dos grandes premisas faculta la atención,
de manera integral y articulada, de las condiciones y los requerimientos
de competencias del mercado actual de trabajo y de las personas; de
las características y demandas de los nuevos perfiles ocupacionales
y de las necesidades de valorización, desarrollo y fortalecimiento
de las capacidades individuales.
Para ello se hace necesario revisar y reformular desde estos enfoques
los diversos componentes y dimensiones del quehacer formativo.
Así, y sólo para mencionar algunos, se requerirá:
- Adoptar un enfoque integral y sistémico que entienda a la
formación como una realidad compleja cuyas dimensiones y componentes
están conectados directa o indirectamente y en permanente interacción.
- Revisar el entramado de actores que intervienen en el contexto laboral
local y hacia los que habrá que articular intervenciones. Identificar
nuevos actores (¿será suficiente con los que tradicionalmente
conocemos?).
- Arbitrar mecanismos de actualización del currículo.
Integrar y combinar disciplinas para la construcción de la
oferta, colaborar entre distintos campos técnicos y ocupacionales,
atendiendo al carácter transversal de muchas de las competencias
valorizadas en el desempeño laboral.
- Revisar el currículo en sus contenidos y métodos.
- Certificar perfiles y competencias o validar la oferta con el reconocimiento
de distintos actores.
- Atender, no sólo a los niveles de participación de
mujeres y varones en los cursos, sino a las condiciones en que lo
hacen. Observar "cómo lo hacen". Contemplar las distintas
modalidades de participación en los procesos, para diseñar
la oferta, dejando de lado estereotipos.
Desde este marco de referencia, uno de los principios rectores del
accionar de Cinterfor/OIT ha sido la voluntad de recuperar, articular
y potenciar los aprendizajes y esfuerzos nacionales y regionales en
pos del mejoramiento continuo de la formación profesional y de
su rol como herramienta de promoción de la igualdad de oportunidades
y de lucha contra la pobreza y la discriminación. Esta voluntad
de construir colectivamente y de socializar el conocimiento acumulado,
en el último decenio, se ha visto reforzada por la ejecución
de los Programas FORMUJER, PROIMUJER y CALIDAD Y EQUIDAD EN LA FORMACIÓN.
La implementación de estas intervenciones le ha permitido a
Cinterfor/OIT y a las entidades ejecutoras disponer de una potente plataforma
de experimentación y aprendizaje para:
- desarrollar y sistematizar un modelo de políticas compuesto
por un paquete innovador de metodologías, herramientas y buenas
prácticas transferibles a otras entidades y países para
apoyar la implementación de políticas de formación
acordes con la organización y naturaleza del trabajo actual
y para incrementar la empleabilidad, especialmente de las mujeres
y los colectivos más afectados por la pobreza, discriminación
y exclusión;
- contribuir, mediante la diseminación y cooperación
técnica, a la generación de capacidades en los actores
sociales y la formación de opinión y a la toma de conciencia
sobre la necesidad y los aportes de la transversalización de
género para la innovación y el mejoramiento de la calidad
de las políticas públicas e institucionales de formación
y empleo.
Este sitio está precisamente dedicado a compartir todo lo aprendido
y logrado en estas temáticas con el fin último de seguir
avanzando y construyendo conocimiento entre todas y todos.
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