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Muchas
de estas inequidades se fundamentan en el orden de género
y en las relaciones de clase, generacionales, culturales, étnicas,
etc. y así como su índole es diversa pero interrelacionada,
los modos y estrategias de abordaje y resolución para revertirlas
deberían ser igualmente diversos y contextualizados.
Tradicionalmente, las políticas de empleo
y formación han acudido a subsidios o becas para compensar
estas diferencias de partida; mayoritariamente, se los ha concebido
como un instrumento adicional y se los ha administrado de forma
estandarizada.
La experiencia del Programa FORMUJER condujo,
primero, a revisar este instrumento desde la perspectiva de género
para que aportara a la resolución de las cuestiones que
impiden o limitan el acceso y permanencia de las mujeres (limitaciones
y exigencias derivadas del cuidado infantil y/o de los adultos
mayores, estereotipos y barreras que condicionan las opciones
vocacionales, el acceso a puestos directivos; a áreas tecnológicamente
innovadoras, al campo de la ciencia y tecnología, etc.)
y , luego, a reformular su rol, sus objetivos, modalidades y forma
de gestionarlo.
Así, se llegó a conceptualizar y
validar la incorporación en las políticas formativas
del componente Estrategias complementarias, dirigido a diseñar
e implementar un conjunto de respuestas (metodologías y
acciones) y/o contribuciones diversas - de carácter pedagógico,
económico, cultural u organizacional- que, atendiendo a
las desigualdades del punto de partida, permitan facilitar el
ingreso y la permanencia de las personas en situación de
desventaja social y económica, en los procesos formativos,
mejoren su empleabilidad y contribuyan a incrementar la equidad
de oportunidades.
En el diseño y en los comienzos de la ejecución
del Programa FORMUJER, se previó la implementación
de un Sistema de Becas por condición de género dirigido
a apoyar la participación de las mujeres de bajos ingresos
en los procesos formativos y a promover la diversificación
ocupacional. En la medida en que se fue desarrollando la formación
por competencias y formulando el dispositivo de Proyecto Ocupacional
(PO), se constató que las becas, siendo coherente con la
mirada de género, podían constituirse en una estrategia,
en una herramienta didáctica para fortalecer las competencias
de empleabilidad, promover el poder de decisión de las
mujeres y las capacidades autogestivas de mujeres y varones. Para
ello, desde los talleres de Orientación Ocupacional se
trabajó en cómo aplicar los recursos asignados para
resolver los problemas e impedimentos de mujeres y varones para
llevar adelante su PO. Se estimuló a l@s participantes
para que definieran qué tipo de apoyo necesitaban, de acuerdo
a sus necesidades reales y diferenciadas, generando un proceso
participativo donde las personas se expresan e involucran en el
análisis de su propia realidad y de su problemática,
así como en la identificación y gestión de
las soluciones. En muchos casos, la solución a estas necesidades
se encontró colectiva y solidariamente (por ejemplo, la
organización de la guardería en el lugar de trabajo,
atendida por las propias participantes en horarios diferenciados
al de la formación o por quienes no tenían trabajo,
la compra colectiva de materiales o equipos para el ejercicio
de la ocupación o del microemprendimiento). También
las instituciones se articularon con el entorno para apoyar la
instrumentación de l@s estudiantes y resolver los distintos
temas (desde el cuidado de niños, el transporte al acceso
de préstamos para la habilitación del trabajo por
cuenta propio, asociativo, microempresarial, etc.). con lo cual
fueron adquiriendo experiencia y fortalezas como dinamizadoras
de redes con los actores y potencialidades del entorno. Algunas
de las competencias que se promueven de esta manera son: la identificación
de problemas en el espacio familiar y público, el reconocimiento
de saberes y recursos, la capacidad de resolución de problemas,
el fortalecimiento de la toma de decisión sobre los propios
ingresos, la promoción de las competencias de negociación,
el empoderamiento con su mensaje de sujeto que tiene derecho a
elegir y decidir
Esta concepción de Estrategias complementarias,
en sustitución de subsidios y como herramienta didáctica,
incorporada a la metodología de Proyecto
Ocupacional y en interacción con el componente de Articulación
con el entorno productivo y social para trabajar las posibilidades
que éste ofrece para resolver las necesidades y expectativas
de l@s participantes:
faculta una mejor focalización en la población
meta y en la personalización del proceso formativo;
aporta un mensaje claro acerca de la existencia de dimensiones
de la empleabilidad que no dependen sólo de la persona
pero sobre las cuáles ella y las instituciones pueden
incidir;
promueve la modificación del rol de la formación
y de su articulación con el desarrollo local para la
formulación de propuestas situadas y viables territorialmente;
fortalece la asociatividad y las redes personales e institucionales;
mejora la asignación y la gestión participativa
de los recursos y del financiamiento;
desde la perspectiva de género, además de enfrentar
las inequidades económicas y sociales, se complementa
con la Orientación Ocupacional para revertir la segmentación
y discriminación, consolidando una política proactiva
de modificación de estereotipos en el espacio privado
y en el público laboral;
se aplica tanto a los programas de emergencia ocupacional y
combate a la pobreza como a los de promoción de la equidad.
Los principales productos y resultados alcanzados
por este componente en los Programas FORMUJER y PROIMUJER se presentan
en la Caja de Herramientas adjunta. Asimismo un mayor detalle
sobre las experiencias de implementación aplicadas y los
impactos logrados en cada uno de los países participantes
se encuentra en la publicación Un
modelo de políticas de formación para el mejoramiento
de la Empleabilidad y la equidad de género: el Programa
FORMUJER, Cinterfor/OIT, 2004,
a la que se accede desde este portal.
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