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El concepto de calidad ha ido cambiando en el último siglo.
Inicialmente se le daba el sentido de "conformidad con las
normas", ajuste a las especificaciones establecidas para
un producto. Posteriormente se definió como "satisfacción
de las demandas y exigencias de cliente", incluyéndose
además la preocupación no sólo por la calidad
de los productos sino también de los procesos. Luego se
planteó sustituirlo por el concepto de excelencia, entendido
como "lo mejor posible": los mejores componentes, los
mejores procesos, la mejor gestión, etc. Estos tres momentos
pueden verse también como dimensiones complementarias para
pensar la cuestión de la calidad.
En el campo de la formación profesional se podría
hablar entonces de tres dimensiones a tener en cuenta 1
:
- Calidad normativa o de conformidad. "Plantea la
necesidad de que el formador y la formación posean unos
contenidos mínimos básicos (conceptos, habilidades
y destrezas, actitudes y valores) y unas técnicas o estrategias
básicas metodológicas, de orientación o
tutoría (psicopedagógica, didáctica y de
análisis sociológico de la realidad donde se desarrolla
esta formación)." Estos requisitos mínimos
deberían ser "un todo integrado y fácilmente
valorable para el desarrollo de su función, para la coordinación
y el trabajo en equipo y para las propuestas de mejora e innovación
en base a la recogida de datos respecto a estos criterios".
Y deberían ser requisitos "asumidos de forma consensuada
por expertos internos y externos de reconocidos prestigio en
la materia o en el campo correspondiente".
- Calidad como adaptación a las necesidades, expectativas,
y motivaciones del cliente. En el caso de la formación
profesional el "cliente" refiere a los diversos actores
con los que se relaciona: el sistema productivo, las empresas,
las organizaciones, la familia y la sociedad en general en las
que debe insertarse la población destinataria de la formación.
Y, obviamente, l@s propios participantes. (También los
"clientes internos" deben ser tenidos en cuenta: l@s
otr@s integrantes o equipos de la institución.) Esta
exigencia de responder a múltiples necesidades y expectativas
ha puesto en crisis a muchas instituciones de formación,
en un contexto en que esas necesidades y expectativas han cambiado
y cambian mucho y rápidamente. Muchas instituciones,
por ejemplo, no han podido aún responder a la demanda
por nuevas especialidades y modalidades de formación,
y continúan ofreciendo otras que ya no tienen demanda.
- Calidad de "segunda generación", entendida
como respuesta a expectativas y motivaciones personales y sociales
a través de la creación de actitudes y conocimientos.
Es decir, una formación que permita desarrollar "actitudes
y valores capaces de generar conocimientos (...) con posibilidades
de ser transferibles por la persona participante a otros contextos
y escenarios organizativos y aplicables a otros problemas y
soluciones". Un conocimiento que tenga también valor
añadido "por su impacto en entorno familiar, social
y organizacional (barrio, empresa u organización donde
desarrolla el participante su actividad), así como el
impacto laboral y tecnológico en un grupo o sector social
o productivo. Este nivel implica no sólo los contenidos
intrínsecos de la formación sino también
a los procesos de gestión y organización, entre
los que se incluye el trabajo en equipo de los miembros de la
institución de formación y, sobre todo, la generación
de una cultura capaz de integrar y responsabilizar a todos los
miembros que intervienen en los procesos, generando formas innovadoras
de gestionar la formación."
En definitiva, una formación de calidad sería aquella
que:
además de poseer unos niveles técnicos suficientes
[calidad normativa]
y capacidad de adaptarlos a cada escenario organizativo de formación,
comunidad educativa y alumnado [satisfacción del 'cliente'],
posibilita la creación de nuevas necesidades y expectativas
personales, sociales y de desarrollo / promoción profesional
en l@s participantes [calidad de segunda generación].
Desde la perspectiva de la calidad de segunda generación,
el impacto de la formación puede ser evaluado en tres áreas
o niveles: personal, organizacional y social y personal. 2
A nivel personal una formación de calidad promueve cambios
profundos en las personas que les posibilitan un desarrollo
profesional continuo a lo largo de su vida. En este sentido
"aprender a aprender" continuamente es importante,
pero también "aprender a desaprender", ser
capaces de revisar lo establecido para poder descubrir nuevas
posibilidades de pensar y hacer.
Esto vale también para el ámbito organizacional.
Las instituciones de formación de calidad no se
limitan a transmitir conocimientos: son organizaciones que
generan y gestionan conocimientos. Y lo hacen a partir del
contacto permanente con los avances científicos y tecnológicos,
del contexto productivo y social en el que están insertos
y de sí mismas, de su propia experiencia permanentemente
revisada. Se constituyen así en organizaciones que
aprenden 3, desatando procesos colectivos
en que el conocimiento tácito, el "saber hacer"
de las personas y los equipos que la integran, se transforma
en conocimiento explícito y puede ser entonces revisado
y repensado colectivamente. Y dónde también el
conocimiento explícito, formalizado, se convierte en
conocimiento tácito, en saber hacer concreto que se expresa
en la práctica cotidiana de la organización.
A nivel social calidad y equidad son inseparables: una
formación de calidad es una formación que lucha
contra la desigualdad, sirviendo efectivamente de puente entre
las necesidades y posibilidades productivas del contexto y quienes
producen, entre el empleo y las personas, entre el entorno productivo
y los individuos y grupos sociales. Un contexto que condiciona
a las personas y a la formación, pero que también
lo desafía y al que puede transformar.
Por eso la formación profesional es un instrumento
clave del desarrollo, pero de un desarrollo entendido no sólo
como crecimiento económico sino como oportunidades crecientes
para todos y todas: un desarrollo incluyente, centrado en las
personas. Ello requiere, asimismo, de la transversalización
de la perspectiva de género porque al concebir a las
personas de manera integral, situadas y condicionadas por su
entorno cultural, económico y comunitario, al valorizar
los factores personales y relacionales que inciden en las trayectorias
de vida, conduce a una lectura diferente y más amplia
del desarrollo y la productividad y produce un cambio en la
concepción de la formación para el trabajo y en
la práctica pedagógica. La perspectiva de género
es condición e impulso de la innovación y de mejora
continua de la política y la tecnología formativa.
Desde este enfoque, como propone el Programa FORMUJER, una formación
de calidad y con equidad es aquella que:
promueve la participación plena de los sujetos en
el mundo del trabajo, acompañando sus procesos de reconocimiento
y adquisición de saberes y habilidades;
procura remover inequidades que se originan en visiones
estereotipadas sobre el papel que juegan las distintas personas
según su sexo, origen, situación social, conocimientos,
etc. Estas visiones obstaculizan el libre acceso a opciones
de formación y de trabajo;
fomenta la igualdad de oportunidades, la participación
democrática, la multiculturalidad, la atención
a grupos desfavorecidos y su inserción social, laboral
y económica;
se construye como una herramienta sensible y, por tanto,
pertinente a los requerimientos que plantea el contexto
laboral y social así como sus diversos actores;
busca mejorar el impacto de sus intervenciones, articulándose
en estrategias más amplias de desarrollo local o colectivo.
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1- Tomamos aquí como referencia "El
concepto de calidad y su evolución", de Guillermo
Domínguez y Luz Lozano, en Calidad y formación:
binomio inseparable, INEM, Madrid 2003 (pp. 45-80). Los entrecomillados
pertenecen al texto de Domínguez y Lozano. Véase
también La gestión de la calidad en la formación
profesional, Fernando Vargas Zúñiga, CINTERFOR,
Montevideo 2003.
2- Referencia: Taller sobre "Criterios de
evaluación de calidad en el impacto de la formación".
José Luis Pascual et. al., en Calidad y formación:
binomio inseparable, op.cit.
3- Referencia: La quinta disciplina: organizaciones
que aprenden, Peter Senge, Barcelona, Granica 1995 y La educación
en la empresa, Ernesto Gore, Granica, Buenos Aires.
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