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Fecha de actualización:
23/12/2009

 

 


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Tendencias Mundiales del Empleo de las Mujeres. Ginebra: OIT, 2008.

En 2007 trabajaban 1.200 millones de mujeres en todo el mundo. Esta cifra representa un aumento de 200 millones de mujeres o de 18,4 por ciento durante una década. Sin embargo, durante ese período también aumentó el número de mujeres desempleadas de 70,2 a 81,6 millones, y en 2007 las mujeres aún tenían más posibilidades que los hombres de encontrarse sin empleo. La tasa de desempleo femenino fue de 6,4 por ciento, mientras que la de desempleo masculino llegó a 5,7 por ciento (ver Tabla 3). Al mismo tiempo, las mujeres que tienen un empleo suelen desempeñarse en los sectores menos productivos de la economía y como parte de grupos que están más expuestos a riesgos y tienen menos oportunidades de cumplir con los requisitos del trabajo decente, como el acceso a protección social, derechos fundamentales y la posibilidad de expresarse en el lugar de trabajo. Además, como consecuencia del tipo de trabajo disponible para las mujeres (tanto en lo referido al sector como a la situación del empleo), con frecuencia tienen remuneraciones más bajas que las de los hombres.

Pero no todo son malas noticias al revisar el mercado laboral de las mujeres. También hay tendencias positivas: los niveles de educación de las mujeres continúan elevándose en todo el mundo y en muchas partes se reducen las brechas de género asociadas a algunos indicadores laborales. Con el fin de determinar cuáles son las regiones donde se registra un mayor progreso en la integración económica de las mujeres y hay igualdad de oportunidades para lograr un trabajo decente, el Informe de este año está organizado en base al análisis de nueve tendencias al nivel regional. El informe pone en evidencia que la mayoría de las regiones han registrado avances en el número de mujeres que tienen acceso a empleos dignos, pero aún está pendiente lograr una plena igualdad de género en términos de acceso a los mercados laborales y condiciones de trabajo.

El empoderamiento económico de las mujeres está estrechamente relacionado con sus posibilidades de participar en el mercado de trabajo y con las condiciones que enfrentan quienes logran encontrar un empleo. La comunidad internacional insiste cada vez más en la necesidad de promover el trabajo decente como la única manera de encontrar una fórmula sostenible para superar la pobreza. De hecho, recientemente fue introducida una nueva meta en los Objetivos de Desarrollo del Milenio que pide lograr “empleo pleno y productivo y trabajo decente para todos”. También hay un mayor reconocimiento del papel clave de los mercados de trabajo para distribuir los beneficios del crecimiento hacia los pobres y los grupos desfavorecidos. Por lo tanto, el acceso a los mercados y más específicamente a empleos decentes es esencial para lograr una mayor igualdad entre mujeres y hombres. El trabajo decente para las mujeres es necesario para el desarrollo económico, ya que en el largo plazo las economías no pueden permitirse ignorar un recurso desaprovechado como el que representa la fuerza de trabajo femenina.

En este contexto resulta interesante hacer notar que la región más exitosa en términos de crecimiento económico durante la última década, Asia Oriental, es también donde se registra la mayor tasa de participación de las mujeres en la fuerza laboral, bajas tasas de desempleo tanto para mujeres como para hombres, y brechas de género relativamente menores tanto en la distribución por sector como por situación. Por supuesto hay muchos factores que impulsan el desarrollo económico, y aprovechar al máximo el potencial productivo tanto de la fuerza laboral de los hombres como de las mujeres es uno de ellos, pero no es el único factor determinante. El modelo a buscar es uno en el cual las mujeres puedan contribuir al crecimiento y al mismo tiempo beneficiarse de este crecimiento como participantes del mercado de trabajo, teniendo en cuenta que una de estas condiciones no se produce automáticamente como consecuencia de la otra. Si las mujeres permanecen estancadas en empleos con poca remuneración y baja productividad no lograrán los retornos que se merecen por su trabajo. En resumen, el aumento de la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo tiene un gran potencial como contribución al desarrollo económico, pero será posible aprovecharlo solamente si sus empleos son decentes. La mayoría de las regiones tienen un largo camino por delante para avanzar hacia la integración económica de las mujeres y para aprovechar este enorme potencial.

Es evidente que hay desafíos pendientes relacionados con el logro de una mayor igualdad de género en el mundo del trabajo, alcanzar esta meta es importante y vale la pena hacer frente a esos desafíos. Por ahora es un hecho que el número de mujeres en los mercados laborales es menor que el de los hombres. En todo el mundo aún hay menos de 70 mujeres (66,9) económicamente activas por cada 100 hombres.

Este informe aborda las tendencias del mercado laboral de las mujeres al nivel regional. En lo que se refiere a tendencias mundiales, estas son algunas de las más significativas:

  • De todas las personas empleadas en el mundo, 40 por ciento son mujeres. Esta proporción no ha cambiado durante los últimos 10 años.

  • La proporción de mujeres en edad de trabajar (más de 15 años en la mayoría de los países) que tienen empleo (la relación empleo-población) fue de 49,1 por ciento en 2007, menor que la relación empleo-población de los hombres de 74,3 por ciento. En ambos casos la relación disminuyó levemente la última década.

  • En números absolutos, el número de mujeres y hombres mayores de 15 años del mundo era igual en 2007 (2.400 millones de cada grupo). Pero de ese total sólo 1.200 millones de mujeres tenían empleo, por debajo de los 1.800 millones de hombres.

  • En los países industrializados parte de la brecha de empleo puede ser atribuida a que algunas mujeres eligen libremente permanecer en sus hogares pues pueden permitirse no ingresar al mercado de trabajo. Pero en algunas regiones menos desarrolladas del mundo, el permanecer al margen de la fuerza de trabajo no es una elección de la mayoría de las mujeres, sino una situación forzada. Lo más probable es que las mujeres de estas regiones preferirían trabajar si fuera socialmente aceptable. Por cierto, esto no significa que estas mujeres permanezcan ociosas en sus casas, ya que la mayoría realizan actividades domésticas. Sin embargo debido a que el trabajo en los hogares continúa siendo clasificado como una ocupación no económica, estas mujeres no son consideradas parte de la fuerza de trabajo.

  • Para atraer más mujeres a la fuerza de trabajo es necesario comenzar por garantizar igualdad de acceso a la educación y a las oportunidades para obtener las calificaciones necesarias para competir. Cada vez son más las mujeres que logran acceder a la educación, pero en algunas regiones la igualdad en materia de educación aún no es una realidad.

  • Además será necesario aumentar el acceso de las mujeres a una mayor variedad de sectores y ocupaciones con el fin de mejorar sus oportunidades en el mercado laboral. La capacidad de las sociedades para aceptar el nuevo papel que desempeñan las mujeres en la economía y la capacidad de las economías para generar empleos para las mujeres son requisitos esenciales para mejorar la participación de las mujeres en el mercado laboral y para el desarrollo económico en general.

  • En general no hay una diferencia de género significativa cuando se trata de jóvenes (15 a 24 años) que buscan empleo. La tasa de desempleo de las mujeres jóvenes de 12,5 por ciento es apenas más alta que la de hombres jóvenes de 12,2 por ciento. Los jóvenes tienen tres veces más posibilidades que un adulto de encontrarse en situación de desempleo.

  • Hace 10 años la agricultura era el principal proveedor de empleos para las mujeres. En cambio, en la actualidad es el sector de servicios. De todas las mujeres con empleo en 2007, 36,1 por ciento se desempeñaba en la agricultura y 46,3 por ciento en servicios. En el caso de los hombres la proporción registrada fue de 34,0 por ciento en la agricultura y 40,4 por ciento en servicios.

  • Mientras más pobre es la región, mayor es la posibilidad de que las mujeres se desempeñen como trabajadoras familiares auxiliares o por cuenta propia. Estas dos categorías forman el recientemente definido “empleo vulnerable”. Las trabajadoras familiares auxiliares en general no suelen ser económicamente independientes.

  • Pasar del empleo vulnerable al empleo remunerado y asalariado es un paso importante hacia la independencia económica y la autodeterminación de muchas mujeres. La independencia económica, o al menos la participación en la distribución de los recursos en la familia, es mayor cuando las mujeres son trabajadoras remuneradas y asalariadas o son empleadoras, es menor cuando están empleadas por cuenta propia, y aún más baja cuando son trabajadoras familiares auxiliares.

  • La proporción de mujeres en trabajo remunerado y asalariado aumentó en los últimos 10 años de 41,8 por ciento en 1997 a 46,4 por ciento en 2007, mientras que la de empleo vulnerable bajó de 56,1 a 51,7 por ciento. Sin embargo el empleo vulnerable aún es mayor entre las mujeres
    que entre los hombres, en especial en las regiones más pobres del mundo.

  • La situación de las mujeres en el mundo del trabajo ha mejorado, pero el avance ha sido lento. A pesar que la proporción de mujeres en trabajo remunerado y asalariado y en empleo vulnerable ahora es más parecida a la de los hombres, la lentitud del cambio hace que las diferencias aún sean significativas.

 

Contenido

1. Panorama general
2. África Subsahariana
3. África del Norte
4. Oriente Medio
5. América Latina y el Caribe
6. Asia Oriental
7. Asia Sudoriental y el Pacífico
8. Asia Meridional
9. Europa Central y Sudoriental (no UE) y CEI
10. Economías Industrializadas y la Unión Europea

Anexos

Gráficos

Acceda al documento completo en pdf

Comunicado de prensa OIT: Tendencias mundiales del empleo de las mujeres 2008: Aumenta el número de mujeres en la fuerza laboral, pero más de la mitad de las trabajadoras tienen empleos vulnerables

 

 


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