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Fecha de actualización:
27/11/2008

 

 

 

 

Asia sudoriental y el Pacífico

Progreso, pero con retos formidables aún

 

La Región de Asia sudoriental y el Pacífico (OIT/SEAPAT) es muy diversa en términos de sistemas económicos y en cuanto al tamaño, el nivel de desarrollo, el trasfondo cultural y la historia de los distintos países que abarca. Estos factores han influido respectivamente sobre las mujeres trabajadoras en las sociedades, las economías y los mercados de trabajo.

Asía sustenta todavía ampliamente el criterio tradicional de que el papel primario de las mujeres es ser madres y esposas, y que el de los hombres es trabajar y ganar el pan. Sin embargo, con los crecientes niveles de educación de las mujeres, el desarrollo económico y un cambio demográfico, muchas más se han incorporado al mercado del trabajo y las relaciones entre hombres y mujeres han experimentado a la vez un cambio progresivo. Las mujeres gozan de mayor igualdad en el trabajo en unos países que en otros. De forma semejante, en los últimos años, diversas fuerzas económicas, tales como la liberalización la reestructuración económica en el marco de una creciente mundialización y las recientes crisis financiera y económica asiáticas han afectado también profundamente el bienestar socioeconómico y las pautas de empleo de millones de mujeres y hombres en la región. A pesar de algunos progresos conseguidos durante la pasada década, una gran mayoría de mujeres trabajadoras en Asia y en el Pacífico siguen trabajando en los sectores no estructurado y rural, en tareas peor remuneradas, con menor seguridad en el trabajo y con formas de empleo más atípicas que aquéllas de que gozan los hombres.

Disminución o aumento en porcentaje de las brechas entre géneros de las TPFT

Participación en la mano de obra

La participación de las mujeres en la mano de obra dentro de la región va desde un 26 a un 83% según los países. Un estudio reciente de la OIT sobre las tendencias globales de cambio en la participación en la mano de obra muestra que ciertos factores económicos, así como determinadas medidas políticas, están incidiendo sobre el mercado laboral. El gráfico que sigue muestra los cambios en las diferencias por géneros de las correspondientes tasas de participación en la fuerza de trabajo (TPFT) entre 1980 y 1990, y, allí donde resuelta posible, para 1990-97, desde una perspectiva de crecimiento individualizada. Registra los países según su crecimiento en los últimos 15 años. China era la indiscutible protagonista, seguida de la República de Corea y de Tailandia.

Las variaciones en las diferencias entre los géneros son distintas, como se observa en el gráfico al disponer los países según su grado de crecimiento económico. Mientras que las economías china y vietnamita se comportan razonablemente bien en esos términos, a pesar de las transiciones que han experimentado, varias economías, tales como las de Tailandia, Malasia, Hong Kong y China, no avanzan tanto como cabe esperar. Sri Lanka, a pesar de un crecimiento económico comparativamente bajo, redujo significativamente las diferencias por géneros de las TPFT, presumiblemente en razón de las medidas políticas tomadas con anterioridad. Hay una llamativa diferencia entre la India, cuya economía creció a un ritmo algo más rápido, y Sri Lanka, donde entre 1980 y 1990 se ensanchó la brecha entre géneros de las TPFT. En el otro extremo, Australia y Nueva Zelandia redujeron las diferencias relativas en las TPFT en una época en la que sus economías crecían lentamente por sus políticas en favor de las mujeres, que comenzó a finales de la década de 1960 y dio sus frutos durante la de 1980..., pero la reducción fue menor en la década iniciada en 1990. En mencionado estudio de la OIT llegó a la conclusión de que los factores económicos pueden complementar o reformar los factores sociales, ya sea reduciendo o aumentando los diferenciales entre géneros.

 

 

Empleo y subempleo

En los países de la región que se encuentran en vías de desarrollo, una grana mayoría de las mujeres trabajan en el sector urbano no estructurado o en el sector rural. En los primeros años de la década de 1990, los niveles de su ocupación en el sector no estructurado, como porcentaje del empleo total femenino en el sector urbano, iban desde los dos tercios en Pakistán al 10% en Bangladesh. Los niveles de subempleo femenino son también altos si atendemos al número de horas trabajadas. En general, el subempleo tiende a afectar más a las mujeres que a los hombres. Están presentes en el trabajo doméstico y su tasa de participación en el empleo a tiempo parcial es abrumadoramente elevada, lo que viene a mostrar que el empleo de las mujeres está condicionado por sus responsabilidades familiares y la limitación del tiempo que pueden dedicar a las actividades remuneradas. Una forma extrema del trabajo de las mujeres es el no remunerado, que rara vez se contempla en las estadísticas de economía: se trata sobre todo de un trabajo doméstico y voluntario, que de ordinario no queda consignado en los sistemas de contabilidad nacionales y que, por lo mismo, tampoco se incluye en el PIB. Además, existe un número creciente de mujeres con empleos atípicos.

 

Empleo atípico

  • Trabajadoras migrantes

Tendencias generales

Cada vez son más las mujeres que abandonan sus países natales para ir al extranjero en busca de trabajo; las mayoría de ellas aparecen englobadas en ocupaciones tan estereotipadas como el servicio doméstico o la industria de la "diversión". Las estadísticas muestran que –en algunos países, muchas, y otros la mayoría– de estas trabajadoras inmigrantes están empleadas en condiciones irregulares. Una importante razón de semejantes altísimos niveles de irregularidad es la de que, en los países de procedencia, la principal institución que debería velar por esas trabajadoras –el Estado– puede limitarse a prescribir y supervisar las formalidades y los canales de emigración.

En los días de la Conferencia de Pekín, el número total de trabajadores migrantes en Asia se elevaba a unos 6 millones de personas. Aunque los sistemas de acopio de datos sobre la migración no descomponen las cifras por sexos (es decir, no diferencian), se calcula que la cuarta parte de esas personas (1,5 millones) eran mujeres. Las mujeres han comenzado a reducir el desequilibrio de géneros imponiéndose en los flujos de emigración autorizados de los países quen envían emigrantes, tales como Indonesia las Filipinas y Sri Lanka.

La migración puede ser para las mujeres un medio de promoción personal, pero también puede tener el efecto contrario cuando el resultado es que otros pasen a dominar sus vidas. Y si bien es verdad que en la mayoría de los casos se derivan de ellas beneficios económicos, las familias –y sobre todo los hijos– a menudo se resienten por la ausencia del padre o de la madre.

 

Ocupaciones vulnerables

La migración laboral se da porque existe una demanda económica de servicios. Esa demanda está controlada y conformada institucionalmente por los "guardianes" de la sociedad, que son el reflejo de sus intereses económicos, de sus preocupaciones sociales o políticas y, en ocasiones, incluso de sus preferencias personales. Allí donde el desarrollo económico es fuerte y duradero, determinadas tareas son progresivamente rechazadas por todos los nacionales, excepto los más pobres (trabajos "SALEP", en inglés). Si, en general, los inmigrantes se concentran en ese tipo de trabajos, todavía es más cierto que las mujeres inmigrantes se ven forzadas a ocuparse mayoritariamente en aquellos donde su situación es más vulnerable.

Las mujeres inmigrantes empleadas como trabajadoras domésticas están sometidas a abusos y explotación, e incluso a violencias. El trabajo doméstico, incluso cuando la contratación se haga de conformidad con las normas y permisos de inmigración, en la mayoría de los países no está protegido por la legislación laboral. Más aún, las trabajadoras domésticas se encuentran aisladas, en ocasiones tienen prohibido abandonar la casa, y es frecuente que sus empleadores o intermediarios les retengan sus pasaportes, lo que ofrece a éstos un medio para conseguir su sumisión forzada. Afortunadamente las trabajadoras domésticas han capeado la crisis financiera asiática mucho mejor que la mayoría de los demás trabajadores migrantes. El tipo de trabajo que desempeñan, y su bajo costo, hace que las familias que las emplean se lo piensen dos veces antes de despedirlas. Los inmigrantes que trabajan en el sector del sexo son casi siempre mujeres, y su situación, regularizada o no, las convierte en el grupo más vulnerable de todos. La cifra de trabajadoras migrantes empleadas en este sector es considerable; en tanto que la de empleadas en el sector de servicios o en la producción industrial es mucho menor.

  • Niñas trabajadoras

Más de tres de cada cinco niños que trabajan en todo el mundo lo hacen en países asiáticos en vías de desarrollo –153 millones–, y el 46% son niñas. Si el trabajo en el seno de la familia fuera tenido en cuenta en las estadísticas, la cifra de niñas trabajadoras sería mucho más elevada. La opinión generalizada es que la crisis asiática que estalló a mediados de 1997 ha hecho hecho aumentar el número de niños y niñas que han dejado la escuela para incorporarse al mundo del trabajo. La pobreza sería la causa del trabajo infantil, que desaparecería al aumentar los ingresos familiares. Sin embargo, esta opinión no se ve apoyada por los datos recientes de los países asiáticos de baja y media renta, los cuales sugieren que, al igual que ocurre con el problema de las desigualdades entre los adultos por razón del género, se requiere algo más que el mero crecimiento económico para erradicarlo.

La mayoría de las niñas (y de los niños) trabajan en la agricultura, la pesca y la explotación forestal. Dependiendo de la medida en que los niños se vean favorecidos a la hora de la escolarización y de la división sexual del trabajo que prevalezca en una sociedad determinada, las niñas pueden superar a los niños en el trabajo agrícola y en el sector de servicios. Por otra parte, las niñas son muy vulnerables a los abusos y el acoso físico o emocional, en particular cuando son introducidas a trabajar en el sector del comercio del sexo o trabajan en el servicio doméstico para familias privadas. En general, los niños que trabajan pierden tiempo de escolaridad y de formación profesional. Por consiguiente, tienden a ocuparse en tarea de baja productividad y se ven constreñidos a mantener en el futuro ese mismo tipo de trabajo, sus familias tendrán ingresos bajos y sus países quedarán relegados a los peldaños inferiores de la división internacional del trabajo.

  • Trata de personas

La trata de mujeres, así como de niños y niñas, es un fenómeno que sigue dándose en muchas partes del mundo. Sus pautas están ligadas a la percepción de la disparidad de rentas entre los países. Tailandia es el principal país receptor de mujeres y de niños objeto de semejante tráfico, procedentes de los países más pobres que lo rodean. Pero, a la vez, muchas mujeres thai y filipinas son objeto de una trata que las lleva a países o zonas de rentas altas, tanto dentro como fuera de Asia. El Sudeste asiático, India y Pakistán son los principales receptores de otros de la subregión. Algunas mujeres son llevadas después al Oriente Medio. Un rasgo llamativo de esta práctica es su selectividad en función de la edad y del lugar de origen. Las jóvenes entre los trece y los veinte años se destinan a la industria del comercio del sexo o al servicio doméstico privado, y a los menores se los utiliza para la mendicidad o la prostitución. Los costos de semejante tráfico son altísimos para sus víctimas y las comunidades de donde proceden en términos de salud, así como de violencia física y psicológica.

 

La pobreza en su dimensión relativa al género

  • La pobreza de las mujeres – sus causas

La pobreza atiende a afligir a las mujeres más que a los hombres. Hay una relación directa entre el predominio del sector agrícola y la incidencia de la pobreza; cuanto más alta es la participación sectorial de la agricultura en el empleo total, más pronunciada es la pobreza, y precisamente en el propio sector agrícola sobre todo. Puesto que las mujeres se encuentran excesivamente representadas en la agricultura y en las actividades relacionadas con él, donde se dan los ingresos y los niveles salariales más bajos, la pobreza las afecta en una proporción desmesurada. Y lo que vale para la agricultura vale también para el sector no estructurado: predominan en él las actividades de bajos ingresos y, en conjunto, hacen que dicho sector esté a caballo sobre la línea de la pobreza. Muchas mujeres buscan refugio en las actividades del sector no estructurado, pero la mayoría de ellas apenas pueden satisfacer sus necesidades personales y las de sus hijos. También el desempleo las afecta, en general, de forma desproporcionada, por lo que su suerte es peor que la de los hombres en los países en desarrollo de Asia y del Pacífico.

En algunos países, esta dimensión de la pobreza en su relación con el género puede medirse también por la incidencia de familias encabezadas por mujeres. Si bien no puede decirse que les vaya peor que a las otras familias en todos los casos, sí es verdad que en los países donde se halla extendida la pobreza están en desventaja. Las mujeres tienen menor acceso al empleo y a las oportunidades de obtener ingresos, puesto que tienden a mostrar menor movilidad que los hombres, y tampoco pueden acceder como ellos a los bienes y recursos de producción. Por eso es más probable que los hogares encabezados por mujeres se vean afectados cuando se producen ajustes estructurales u otras reformas y cuando los boiernos recortan sus inversiones sociales.

  • La crisis financiera: su impacto sobre las mujeres

Las valoraciones cuantitativas del impacto de la crisis asiática sobre la participación de las mujeres en la mano de obra, el desempleo y los ingresos, indican un claro empeoramiento en algunos países y variables resultados en otros. En el sector estructurado parece haber habido consecuencias de diferente signo según los países. Pero, con la excepción de Corea, donde parece haberse desalentado a las mujeres trabajadoras, las tasas de participación de las mujeres han ido para arriba (por ejemplo, en Filipinas e Indonesia), lo que indica que las mujeres han incrementado su nivel de actividad económica ganando menos o lo mismo que antes. En general, la crisis asiática ha traído la penuria a muchas mujeres debido a la alta tasa de inflación y al decaimiento del mercado, que han determinado que las poblaciones más pobres, en particular, se hundieran aún más en la escala de la pobreza. El golpe ha sido especialmente duro para las mujeres empleadas en la agricultura, trabajadoras domésticas, dedicadas a la artesanía tradicional, tejedoras y vendedoras.

En los recortes provocados por la reciente crisis financiera asiática, la discriminación por razón del género ha sido también un grave problema, y aunque las mujeres han reaccionado buscando medios de obtener ingresos complementarios para proveer a las necesidades básicas de sus familias, lo cierto es que la disminución de sus retribuciones se está prolongando excesivamente en el retroceso de la economía en conjunto. Más aún: han comenzado a reaparecer en primer plano preocupantes formas de empleo, tales como el trabajo infantil, y lacras como el tráfico de mujeres y niños. Sin embargo, sigue abierto el debate acerca de si las cortapisas sociales que hoy encuentran las mujeres en el mercado del trabajo pueden ser removidas mediante políticas y disposiciones sociales específicas que protejan a las mujeres, o simplemente fomentando la igualdad de los géneros en el trabajo, de consuno con las políticas económicas globales tendentes a conseguir un crecimiento a largo plazo.

Las mujeres en Asia y en el Pacífico

  • Los trabajos de las mujeres son en su mayoría de escasa exigencia de capacitación, mal pagados y de baja calidad, en una limitada gama de sectores y ocupaciones en los peldaños inferiores de la escala laboral

  • La calidad y niveles de empleo están vinculados a sus niveles de pobreza

  • Entre las mujeres se dan un desempleo y un subempleo mayores que entre los hombres, así como, con mayor frecuencia, en modalidades de empleo atípicas

  • En muchos países constituyen la mayoría en los sectores de empleo rural y no estructurado

  • En algunos países las mujeres han visto mejorar su acceso a la formación y al empleo, aumentar su autonomía económica y reducirse la brecha que, por razón del género, les asigna una posición social inferior a la de los hombres

  • El empleo flexible brinda oportunidades a hombres y mujeres, pero son pocas las mujeres que pueden compaginar el trabajo remunerado con sus responsabilidades familiares

  • La mundialización tiende a fomentar la desreglamentación, el redimensionamiento a la baja de las empresas, el abastecimiento externo, el sector no estructurado y los contratos de trabajo a tiempo parcial o en el hogar, todo lo cual tiende a quedar fuera del alcance de la legislación laboral y de la protección social

  • La mundialización ha aumentado desproporcionadamente la cifra de mujeres que trabajan en el extranjero en ocupaciones precarias, vulnerables y explotadoras,

Otras lecturas y enlaces en la red internet

(La región de África)   (La región árabe)  (Europa central y oriental)   (La región de américa latina(Rusia y otros países de la CEI(Asia sudoriental y el pacífico)

 

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