En los últimos tiempos, la evolución de las tendencias económicas
globales, sumada a la inestabilidad política, a la extensión de
los conflictos armados y a una creciente pobreza, ha influido
significativamente sobre la participación de las mujeres africanas
en el mundo del trabajo y su contribución al desarrollo económico
de la región. Lo cual plantea un serio reto a los esfuerzos por
realzar el papel y la consideración de las mujeres en África tal
como los consagró la Declaración de Pekín de 1995.
Problemas: Mundialización y conflicto armado
La mundialización de la economía ha trasladado la demanda desde
los sectores primarios a los sectores de servicios, reduciendo
consiguientemente las oportunidades de ingresos para los productores
africanos, que exportan principalmente materias primas. Por otra
parte, la mano de obra de África carece de la formación y los
recursos necesarios para competir eficazmente en el actual mercado
mundializado. Los programas de reajuste estructural y de devolución
de la deuda han supuesto una reducción sistemática de los servicios
sociales y una disminución del valor de los bienes producidos
por las mujeres en el sector primario. Pero si es todo el continente
africano, en conjunto, el que se ha rezagado en términos de desarrollo
económico, a las mujeres les ha correspondido la peor parte por
causa de las históricamente arraigadas desigualdades que aún existen
en lo relativo a oportunidades económicas y educativas y a la
prestación de servicios sociales.
Como resultado de todo ello, la inmensa mayoría de las mujeres
en África siguen ocupadas en una agricultura de subsistencia como
lo estaban hace tres décadas, con anterioridad a la independencia.
Durante ese tiempo ha crecido la contribución económica de las
mujeres africanas a los ingresos familiares, pero sólo un porcentaje
relativamente pequeño de ellas ha podido beneficiarse de nuevas
oportunidades. Aun así, lejos de ser víctimas pasivas del cambio
económico, lo cierto es que, a través de su actuación económica,
esas mismas mujeres han desempeñado con frecuencia un papel determinante
en la orientación de la transformación económica de sus comunidades.
Aparte de desestabilizar la vida política y económica, el conflicto
armado en África ha ahondado el pozo de la pobreza. Una alarmante
novedad de la pasada década es que la mayoría de las víctimas
de estas guerras sean mujeres y niños; las personas desarmadas
se han convertido en objetivos de los alzados en armas. Por eso
no puede sorprendernos que una gran mayoría de los siete millones
de refugiados que hoy existen en África la compongan mujeres con
sus hijos. Este preocupante estado de cosas tiene un adicional
efecto depresor sobre el desarrollo social, las perspectivas económicas
y la calidad de vida. Para el desarrollo de África es imprescindible
una resolución duradera de estas crisis.
Un cambio en los roles de hombres y mujeres
Aunque las sociedades africanas difieren en cuanto a su organización
social, la mayoría comparten determinadas características. Una
de ellas es la complejidad de los roles en función del género.
Tradicionalmente, las mujeres desempeñan múltiples roles y gozan
de diversas posiciones basadas en la edad, el parentesco y la
afiliación. Éstas, a su vez, determinan y confieren distintos
niveles de autoridad en diferentes dominios de las esferas pública
y privada, así como accesos, también diferentes, a los recursos
materiales y humanos.
En los últimos cincuenta años se han producido algunos cambios
importantes. Las mujeres han tenido un papel significativo en
el paso de una economía de subsistencia tradicional a otra más
abierta y dependiente del comercio, que ha transformado las sociedades
rurales a lo largo y ancho del continente africano. A pesar de
ello, mientras que la participación de los hombres como trabajadores
en los sectores modernos es una realidad perfectamente visible,
la actividad de las mujeres en la trasformación de las unidades
de producción tradicionales dentro de sus comunidades no es tan
aparente, y su contribución a la economía moderna es un hecho
en gran parte ignorado.
Para valorar con exactitud la posición y consideración de las
mujeres en el seno de las sociedades del continente africano es
preciso comprender en alguna medida la complejidad y la variedad
de los papeles que desempeñan. Sólo entonces será posible diseñar
intervenciones susceptibles de producir resultados óptimos.
- Indicadores sociales
Desde 1995 los índices totales de alfabetización en el África
subsahariana han pasado del 40 al 50%. La escolarización femenina
parece haber crecido, aunque todavía son relativamente pocas
las mujeres que estudian en centros de enseñanza secundaria
y superior. Las tasas de mortalidad infantil, por cada 1.000
nacimientos, han pasado de 96 al 104, en tanto que las mortalidad
maternal han permanecido prácticamente constantes. El número
de hogares en los que la mujer es la principal fuente de ingresos
familiares ha aumentado notablemente en la pasada década y se
estima hoy en un 25%.
- Participación en la mano de obra
En el África subsahariana, más del 75% de las mujeres que trabajan
lo hacen en el sector agrícola; sólo un 3%, aproximadamente,
en el industrial; y en torno a un 15% en el sector de servicios.
Por contra, en el Norte de África sólo encontramos un 20% de
mujeres ocupadas en el sector agrícola, en tanto que alrededor
del 56% trabajan en el de servicios y el 26% en el industrial.
En la mayoría de los países del continente son pocas las mujeres
que gozan de un empleo regulado. Las que lo tienen se concentran
predominantemente en puestos de oficinas en el sector público.
La mayoría de las mujeres son trabajadoras independientes dentro
del sector primario de producción o en el sector no estructurado.
- Cambios institucionales
Hay crecientes pruebas de que está cobrando fuerza en África
la voluntad política de mejorar la situación de las mujeres.
Cada vez son más los gobiernos que han creado ministerios y
mecanismos para abordar específicamente los problemas de género
e integrar la preocupación por la mujer en todos los aspectos
del desarrollo político, económico y social. Países como Benin,
Burkina Faso y Malí han montado recientemente un ministerio
para asuntos de la mujer. Una proporción significativa de gobiernos
africanos han ratificado los convenios que los comprometen a
promover la igualdad de géneros en el mundo laboral. Más aún,
las asociaciones de trabajadores y de empleadores han creado
puntos de atención a las cuestiones de género para ocuparse
específicamente de los intereses de las mujeres.
Principales retos
- Insuficiente empleo en el sector estructurado
Las mujeres del continente africano tienen los niveles más bajos
del mundo en cuanto a participación en el sector estructurado
de la economía. Y las empleadas en este sector apenas se encuentran
representadas en los puestos directivos. Ambas cosas pueden
achacarse a un complejo conjunto de factores, entre los que
se incluyen la falta de acceso adecuado a la formación profesional
y a la educación sistematizada, a prácticas discriminatorias
en el sector estructurado y a la persistencia de estereotipos
sexuales en las profesiones.
- Altos niveles de participación en la agricultura y
en el sector no estructurado
La mayoría de las mujeres africanas trabajan en la agricultura
y en los sectores no estructurados. Ahora bien, estos tipos
de empleo se caracterizan por un rendimiento comparativamente
pobre, bajos salarios y condiciones laborales que no respetan
la normativa generalmente admitida.
- Efectos negativos de la transformación económica mundial
La mundialización de la economía y los programas de ajuste estructural
han marginado a las mujeres trabajadoras y recortado drásticamente
su acceso a las «redes de seguridad» sociales.
- Extensión del conflicto armado
La guerra ha afectado a muchísimas mujeres y a las personas
a su cargo. En muchas zonas del África rural, las minas terrestres
han convertido en peligrosas amplias extensiones de tierras
cultivables. La destrucción de la infraestructura de y medios
de producción amenaza con impedir para muchas generaciones el
desarrollo del capital humano.
- La situación legal de la mujer
Las mujeres africanas desconocen en general los instrumentos
legales que se encuentran a su disposición. La legislación moderna
(la adopción del derecho romano-holandés) y una interpretación
interesadamente simplificada del puesto de las mujeres en la
sociedad tradicional las han relegado a la consideración legal
de menores. Consiguientemente, el acceso a los recursos productivos
tales como el crédito y la propiedad individual de la tierra,
el derecho a poseer bienes con independencia del marido y el
de extender a quienes dependen de ellas los beneficios sociales
derivados de su trabajo les son negados por pura rutina.
- Creciente feminización de la pobreza
El sector de una agricultura de subsistencia y el sector no
estructurado son los que muestran los índices más altos de pobreza
urbana y rural. La historia enseña que la mayoría de los gobiernos
han invertido muy poco en estos sectores. Las familias encabezadas
por mujeres presentan índices de pobreza más elevados que los
de aquellas en las que el cabeza de familia es un hombre, pero
el número de las primeras está aumentando a consecuencia de
la guerra y de la emigración de trabajadores.
- Inadecuada capacidad de las instituciones para desarrollar
programas
Pese a la voluntad política de desarrollar estrategias para
mejorar la participación de las mujeres en el mundo del trabajo,
muchas de las instituciones comprometidas en esta tareay sus
componentes carecen de los conocimientos técnicos y de los recursos
materiales necesarios para alcanzar sus objetivos.