La mundialización ha visto un espectacular crecimiento
de las cadenas de producción, que ahora se extienden por todo
el mundo. Las zonas francas de exportación (ZFE) albergan muchas
de las empresas implicadas en esas cadenas. Existen actualmente
en el mundo unas 2.000 ZFE, como mínimo, que dan empleo a unos
27 millones de personas. Entre el 60% y el 90% de los trabajadores
de esas zonas son mujeres, a menudo jóvenes y que han encontrado
allí su primer empleo. La experiencia del trabajo que tienen
estas mujeres difiere notablemente de la de los hombres que
trabajan con ellas. Porque esas mujeres tienen, además, responsabilidades
domésticas y desempeñan determinados roles "tradicionales"
que complican su vida laboral. Sin embargo, la falta de sensibilidad
hacia el género por parte de quienes establecen políticas, de
los administradores, empleadores e incluso de los sindicatos
hace que no sea tenida en cuenta la especial situación de las
mujeres que trabajan en esas zonas. De esta forma se ven negativamente
afectadas por políticas que en teoría no discriminatorias con
respecto al género, pero que en la práctica discriminan a las
mujeres.
Los administradores y empleadores de la zona
son conscientes de los problemas planteados por el absentismo,
el abandono y la baja productividad, pero a menudo se ven impotentes
para resolverlos. Un obstáculo que han de superar es la falta
de una perspectiva sensible a las cuestiones de género, sin
la cual es difícil apreciar la naturaleza real del problema;
en concreto, la doble carga de trabajo y responsabilidades familiares
que han de sobrellevar con frecuencia las mujeres trabajadoras,
así como el efecto negativo de unos límites socialmente impuestos
a su educación, formación y oportunidades profesionales. Pero
una perspectiva atenta al género dotaría a los responsables
de la planificación y a los ejecutores de los planes en la práctica
de la capacidad de análisis necesaria para adoptar medidas para
que las mujeres puedan compaginar su trabajo y sus responsabilidades
familiares, así como para darles un acceso a las oportunidades
de formación y promoción en sus carreras del que ahora carecen.
Otro ejemplo de particular importancia para
las mujeres es el del cuidado de los hijos. En muchas ZFE en
todo el mundo, las mujeres tienen dificultad para encontrar
instalaciones adecuadas donde dejar a sus hijos mientras ellas
trabajan. Se trata de un problema que las hace perder mucho
tiempo y dinero, y que las agobia también. En algunos casos,
la madre se ve obligada incluso a dejar el trabajo para cuidar
de sus hijos, privando a la familia de sus ingresos y al empleador
de una trabajadora con experiencia. Si las autoridades y los
empleadores de la zona combinaran sus recursos, podrían crear
o subvencionar centros de atención de día, que aliviarían la
carga de las madres trabajadoras y las animarían a reintegrarse
al trabajo después de haber dado a luz. Algunas empresas de
zonas francas han montado pequeñas guarderías dentro de las
instalaciones de la fábrica, mientras que otras han apoyado
la creación de otras de carácter comunitario.
Otro importante ámbito de preocupación es el
de la formación, tanto profesional como en iniciativas de autoempleo.
En muchas ZFE las mujeres se ocupan en tareas de transformación
o montaje muy simples y reciben sólo una formación mínima. En
los casos peores, esto quiere decir que una mujer puede llevar
trabajando cinco años en una empresa de confección y no saber
cómo acabar una prenda completa, porque se ha limitado a realizar
una sola tarea repetitiva. Lo que significa que carece de una
habilidad que pueda transferir a otro tipo de trabajo. Como
resultado de ello, puede ser que abandone la zona con escasas
posibilidades de encontrar empleo en cualquier otra parte. Es
esencial, por consiguiente, que a los empleadores de las ZFE
se les ofrezcan incentivos para formar a sus trabajadores y
que los administradores de la zona brinden facilidades para
una formación continuada. Si ofrecen también formación práctica
en medios de autoempleo, las mujeres trabajadoras que abandonen
la zona podrán emprender actividades generadoras de ingresos
basadas en las habilidades adquiridas durante su permanencia
en ella, que incluso podrían ser generadoras de empleo.
La OIT prepara actualmente un manual que tendrá
como objetivo conciencias acerca de la especial situación de
las mujeres que trabajan en la ZFE y exponer las mejores prácticas
para abordar los problemas a los que se enfrentan.