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Fecha de actualización:
17/07/2008

 

 

 

 

La violencia en el trabajo

Una carga costosa

La violencia en el trabajo no es sólo peligrosa para el trabajador afectado: tiene también consecuencias sobre la dignidad y la calidad de vida de las personas expuestas a ese riesgo. Más aún, afecta a la productividad por sus efectos negativos y de distracción sobre el ambiente de trabajo. En pocas palabras, la violencia en el trabajo es una costosa carga para el trabajador, la empresa y la comunidad.

¿De qué se trata?

La violencia en el trabajo abarca una amplia variedad de comportamientos, que van desde el maltrato físico al maltrato psicológico. Tradicionalmente, la atención se ha centrado en la violencia física, pero cada vez se reconoce más el impacto y el daño que causa la violencia psicológica. Y otro tanto cabe decir contra la violencia perpetrada mediante la repetición de un comportamiento inaceptable, tal como el acoso sexual, la intimidación o la coacción.

La dimensión de la violencia es insospechada. En algunos sectores en particular, está aumentado. También aumenta la conciencia de ella, aunque todavía permanece oculta en gran parte.

¿Quién es vulnerable?

La vulnerabilidad a la violencia varía según el tipo de trabajo. Los trabajadores expuestos a mayor riesgo de violencia son los que manejan dinero o atienden al público, los que toman decisiones que afecta a las vidas de sus clientes o pacientes, los que trabajan en instituciones asistenciales, en mantenimiento, los trabajadores nocturnos y los que trabajan en solitario. Muchos de estos sectores ocupan sobre todo a mujeres, que son las más vulnerables.

Algunas categorías de trabajadoras son doblemente vulnerables a la violencia:

  • Migrantes y trabajadoras de distinto origen étnico que el de sus compañeros de trabajo
  • Mujeres empleadas en zonas francas de exportación

¿Quién la perpetra?

La violencia puede venir de otros miembros de la familia, de compañeros de trabajo y de clientes. Es un medio para controlar a otro, al que las mujeres son más vulnerables según la edad y la consideración que tengan en su empleo.

Se hace más opresiva aún cuando se asocia la posición jerárquica en la empresa.

¿Qué la provoca?

La pobreza, el desempleo, las crisis económicas, unos ingresos inseguros, el colapso del estado, la competencia por recursos económicos y propiedades, la desigual distribución de la riqueza: todas éstas son las raíces de donde brota la violencia contra las mujeres.

La migración y el tráfico humano se relacionan asimismo con la percepción de disparidades económicas. Existen porque hay un mercado, mantenido por una demanda de consumo, y porque en algunas partes del mundo la feminización de la pobreza, la falta de acceso a los recursos y los crecientes índices de desempleo y de inseguridad económica han aumentado la masa de posibles candidatos tanto a la migración como a ser objeto de tráfico.

Algunas políticas laborales y de migración aumentan indirectamente la vulnerabilidad de las mujeres a la violencia:

  • A las zonas francas de exportación o maquiladoras se las ha eximido de l cumplimiento de las actuales normas del trabajo, con objeto de atraer la inversión extranjera
  • Los países exportadores de mano de obra han tendido a menudo a recortar los pactos dominantes en el mercado, ofreciendo mano de obra femenina con cláusulas más favorables y en detrimento del bienestar de las mujeres migrantes. Y en los países importadores de mano de obra, unas leyes de inmigración selectivas y parciales respecto del género a menudo han impulsado a las mujeres inmigrantes a un empleo precario, ilegal y desprotegido.

Las normas culturales y la percepción que resulta de ellos en diferentes contextos y culturas a propósito de lo que constituye violencia son sumamente diversas. La discriminación contra las mujeres y los estereotipos de género en muchas situaciones de la vida –incluido el trabajo– tienden a perpetuar la violencia contra las mujeres. Pero, como problema que es de derechos humanos, no se puede tolerar por razones culturales.

¿Qué se puede hacer al respecto?

Es importante abordar el problema de la violencia desde todos los ángulos. La OIT se enfrenta al problema de la violencia contra las mujeres en el mundo del trabajo como una cuestión con tres frentes: un problema de derechos humanos, un problema laboral, y un problema de salud y de seguridad social. He aquí algunas recomendaciones que pueden contribuir a solventarlo:

  • En el nivel de la empresa: Impedir la violencia en el trabajo es responsabilidad de la dirección de la empresa. La violencia es perjudicial para su funcionamiento eficiente. Cualquier estrategia para combatir la violencia en la empresa debería poner remedio a las raíces que pueda tener en la propia organización, dirección y relaciones interpersonales, aumentar la seguridad de los trabajadores y proporcionar rehabilitación y consejo psicológico, cuando sea necesario, para ayudar a las víctimas a superar las consecuencias de la violencia.
  • En el nivel nacional: Si fuera menester, habría que revisar la legislación nacional para que la violencia sea considerada un delito, se penalice a quienes la perpetran y se refuerce la protección a sus víctimas. En cuanto al hecho en sí, debería considerarse en todos sus aspectos –legal, médico, psicológico y necesitado de asistencia social– y en todas sus fases: prevención, tratamiento de las víctimas, tratamiento de los autores, reintegración.
  • En el nivel internacional: La Plataforma para la Acción de Pekín ha arrojado mayor luz sobre el problema de la violencia contra las mujeres, pero aún son escasos los instrumentos legales de carácter internacional para combatir la violencia y la explotación, y los que ya existen se están ratificando a cuentagotas. Debe hacerse más en este campo. Las campañas de sensibilización y de presión son importantes para suscitar una concienciación mayor y en algunos casos han conducido a la negociación de códigos de conducta relativos a las condiciones de trabajo. Con respecto a la migración y al tráfico de mujeres y niños, habría que buscar la cooperación en el nivel regional o subregional. La protección de las mujeres migrantes tendría que abordarse mediante acuerdos bilaterales entre países o buscando la aprobación de unas normas mínimas internacionales al respecto.

¿Qué ha hecho la OIT en esta materia?

La OIT lleva muchos años interesándose por este problema. La protección de las mujeres (y de los menores, tanto niños como niñas) ha sido materia de varios Convenios y Recomendaciones de la OIT. Más aún, su Declaración sobre los principios y derechos fundamentales en el trabajo de 1998 reiteró la necesidad de eliminar todas las formas de trabajo forzado u obligatorio, la erradicación eficaz del trabajo infantil y la eliminación de la discriminación con respecto al empleo y la ocupación. En 1999, la Conferencia Internacional del Trabajo debatió también el tráfico en el contexto del nuevo Convenio de la OIT sobre la prohibición de las peores formas de trabajo infantil.

 

Convenios y Recomendaciones de la OIT

  • Convenio sobre el trabajo forzoso, 1930 (núm. 29)
  • Convenio sobre los trabajadores migrantes (revisado), 1949 (núm. 97)
  • Convenio sobre la abolición del trabajo forzoso, 1957 (núm. 105)
  • Convenio sobre la discriminación (empleo y ocupación), 1958 (núm. 111)
  • Convenio sobre la edad mínima, 1973 (núm. 138)
  • Convenio sobre los trabajadores migrantes (disposiciones complementarias), 1975 (núm. 143)
  • Convenio sobre pueblos indígenas y tribales, 1989 (núm. 169) (El primer instrumento internacional en el que se abordó directamente el acoso sexual.)
  • Convenio sobre la prohibición de las peores formas de trabajo infantil, 1999 (núm. 182), y Recomendación, 1999 (núm. 190)

 

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