La violencia en el trabajo no es sólo peligrosa para el trabajador
afectado: tiene también consecuencias sobre la dignidad y la calidad
de vida de las personas expuestas a ese riesgo. Más aún, afecta
a la productividad por sus efectos negativos y de distracción
sobre el ambiente de trabajo. En pocas palabras, la violencia
en el trabajo es una costosa carga para el trabajador, la empresa
y la comunidad.
¿De qué se trata?
La violencia en el trabajo abarca una amplia variedad de
comportamientos, que van desde el maltrato físico al maltrato
psicológico. Tradicionalmente, la atención se ha centrado
en la violencia física, pero cada vez se reconoce más el impacto
y el daño que causa la violencia psicológica. Y otro tanto cabe
decir contra la violencia perpetrada mediante la repetición de
un comportamiento inaceptable, tal como el acoso sexual, la intimidación
o la coacción.
La dimensión de la violencia es insospechada. En algunos sectores
en particular, está aumentado. También aumenta la conciencia de
ella, aunque todavía permanece oculta en gran parte.
¿Quién es vulnerable?
La vulnerabilidad a la violencia varía según el tipo de trabajo.
Los trabajadores expuestos a mayor riesgo de violencia son los
que manejan dinero o atienden al público, los que toman decisiones
que afecta a las vidas de sus clientes o pacientes, los que trabajan
en instituciones asistenciales, en mantenimiento, los trabajadores
nocturnos y los que trabajan en solitario. Muchos de estos sectores
ocupan sobre todo a mujeres, que son las más vulnerables.
Algunas categorías de trabajadoras son doblemente vulnerables
a la violencia:
- Migrantes y trabajadoras de distinto origen étnico que el
de sus compañeros de trabajo
- Mujeres empleadas en zonas francas de exportación
¿Quién la perpetra?
La violencia puede venir de otros miembros de la familia,
de compañeros de trabajo y de clientes. Es un medio para
controlar a otro, al que las mujeres son más vulnerables según
la edad y la consideración que tengan en su empleo.
Se hace más opresiva aún cuando se asocia la posición jerárquica
en la empresa.
¿Qué la provoca?
La pobreza, el desempleo, las crisis económicas, unos ingresos
inseguros, el colapso del estado, la competencia por recursos
económicos y propiedades, la desigual distribución de la riqueza:
todas éstas son las raíces de donde brota la violencia contra
las mujeres.
La migración y el tráfico humano se relacionan
asimismo con la percepción de disparidades económicas. Existen
porque hay un mercado, mantenido por una demanda de consumo, y
porque en algunas partes del mundo la feminización de la pobreza,
la falta de acceso a los recursos y los crecientes índices de
desempleo y de inseguridad económica han aumentado la masa de
posibles candidatos tanto a la migración como a ser objeto de
tráfico.
Algunas políticas laborales y de migración aumentan indirectamente
la vulnerabilidad de las mujeres a la violencia:
- A las zonas francas de exportación o maquiladoras se las ha
eximido de l cumplimiento de las actuales normas del trabajo,
con objeto de atraer la inversión extranjera
- Los países exportadores de mano de obra han tendido a menudo
a recortar los pactos dominantes en el mercado, ofreciendo mano
de obra femenina con cláusulas más favorables y en detrimento
del bienestar de las mujeres migrantes. Y en los países importadores
de mano de obra, unas leyes de inmigración selectivas y parciales
respecto del género a menudo han impulsado a las mujeres inmigrantes
a un empleo precario, ilegal y desprotegido.
Las normas culturales y la percepción
que resulta de ellos en diferentes contextos y culturas a propósito
de lo que constituye violencia son sumamente diversas. La discriminación
contra las mujeres y los estereotipos de género en muchas situaciones
de la vida incluido el trabajo tienden a perpetuar
la violencia contra las mujeres. Pero, como problema que es de
derechos humanos, no se puede tolerar por razones culturales.
¿Qué se puede hacer al respecto?
Es importante abordar el problema de la violencia desde todos
los ángulos. La OIT se enfrenta al problema de la violencia contra
las mujeres en el mundo del trabajo como una cuestión con tres
frentes: un problema de derechos humanos, un problema laboral,
y un problema de salud y de seguridad social. He aquí algunas
recomendaciones que pueden contribuir a solventarlo:
- En el nivel de la empresa: Impedir
la violencia en el trabajo es responsabilidad de la dirección
de la empresa. La violencia es perjudicial para su funcionamiento
eficiente. Cualquier estrategia para combatir la violencia en
la empresa debería poner remedio a las raíces que pueda tener
en la propia organización, dirección y relaciones interpersonales,
aumentar la seguridad de los trabajadores y proporcionar rehabilitación
y consejo psicológico, cuando sea necesario, para ayudar a las
víctimas a superar las consecuencias de la violencia.
- En el nivel nacional: Si fuera menester,
habría que revisar la legislación nacional para que la violencia
sea considerada un delito, se penalice a quienes la perpetran
y se refuerce la protección a sus víctimas. En cuanto al hecho
en sí, debería considerarse en todos sus aspectos legal,
médico, psicológico y necesitado de asistencia social
y en todas sus fases: prevención, tratamiento de las víctimas,
tratamiento de los autores, reintegración.
- En el nivel internacional: La Plataforma
para la Acción de Pekín ha arrojado mayor luz sobre el problema
de la violencia contra las mujeres, pero aún son escasos los
instrumentos legales de carácter internacional para combatir
la violencia y la explotación, y los que ya existen se están
ratificando a cuentagotas. Debe hacerse más en este campo. Las
campañas de sensibilización y de presión son importantes para
suscitar una concienciación mayor y en algunos casos han conducido
a la negociación de códigos de conducta relativos a las condiciones
de trabajo. Con respecto a la migración y al tráfico de mujeres
y niños, habría que buscar la cooperación en el nivel regional
o subregional. La protección de las mujeres migrantes tendría
que abordarse mediante acuerdos bilaterales entre países o buscando
la aprobación de unas normas mínimas internacionales al respecto.
¿Qué ha hecho la OIT en esta materia?
La OIT lleva muchos años interesándose por este problema. La
protección de las mujeres (y de los menores, tanto niños como
niñas) ha sido materia de varios Convenios y Recomendaciones de
la OIT. Más aún, su Declaración sobre los principios y derechos
fundamentales en el trabajo de 1998 reiteró la necesidad de
eliminar todas las formas de trabajo forzado u obligatorio, la
erradicación eficaz del trabajo infantil y la eliminación de la
discriminación con respecto al empleo y la ocupación. En 1999,
la Conferencia Internacional del Trabajo debatió también el tráfico
en el contexto del nuevo Convenio de la OIT sobre la prohibición
de las peores formas de trabajo infantil.