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Fecha de actualización:
27/11/2008

 

 

 

 

Seguridad social y protección social

Sistemas justos para las mujeres en todos los sectores

En general: La mayoría de los trabajadores del mundo carecen todavía hoy de cualquier forma de protección social que no sea su capacidad para trabajar y para ahorrar parte de lo que ganan. Y la masiva incorporación de mujeres al mercado del trabajo en nuestros días ha puesto en tela de juicio los sistemas de protección social existentes, tales como el de la seguridad social. En efecto: la mayoría de los sistemas de seguridad social que encontramos en todo el mundo fueron creados cuando la proporción de mujeres en el mercado del trabajo era muy baja. Muchos de ellos se desarrollaron a partir del modelo tradicional de familia, basado en el matrimonio, y en el que el hombre era el único que aportaba ingresos y estaba plenamente integrado en el mercado del trabajo, en tanto que la mujer se encargaba de las tareas domésticas y de cuidar a los hijos.

Con el paso de los años, esta idea de la estructura familiar ha cambiado significativamente debido al importante aumento del número de mujeres trabajadoras. A esto hay que añadir los cambios que se han producido en la composición y tamaño de las familias, resultantes del aumento de los divorcios, de la cohabitación y de familias monoparentales -en su mayoría a cargo de mujeres-, así como de las familias con menor número de hijos. También se han producido cambios radicales en los valores sociales, en particular en los que subrayan la importancia del individuo y reclaman la plena igualdad entre los géneros. Estos cambios tienen serias implicaciones para la seguridad social y la protección social, que deben acomodarse ahora a las condiciones presentes.

En el sector no estructurado: Los trabajadores del sector no estructurado se cuentan entre los grupos más numerosos de los que carecen de protección social, porque están excluidos de los programas privados y de los patrocinados por los estados, y en concreto de los de seguridad social. Y las mujeres que trabajan en ese sector son todavía más vulnerables a múltiples riesgos debido a su doble papel en el trabajo y en el hogar, así como a sus altos niveles de exclusión social.

 

¿Por qué una protección social?

Los mecanismos de protección social tienen una importancia crítica para garantizar que las personas tengan capacidad de trabajar y de hacerlo productivamente, que los bienes obtenidos mediante la remuneración de su trabajo estén protegidos frente a los diversos riesgos a que se enfrenta la población trabajadora, y que las personas que no están trabajando tengan medios para conservar u obtener esos bienes.

La importante contribución de las mujeres a la economía sigue siendo ignorada en gran parte por el estado y la comunidad, y apenas se refleja en las estadísticas nacionales y regionales. Las mujeres, pues, siguen altamente expuestas a un círculo continuado de pobreza. Tradicionalmente se las ha excluido también de participar de forma directa en la elaboración de los planes de seguridad social, aunque con frecuencia son quienes mayor necesidad tienen de ellos por la múltiple carga que les imponen sus papeles económico, biológico y social.

 

¿Qué tienen de malo los sistemas actuales?

En general: Existen mecanismos tradicionales de protección social (lazos de parentesco, atención de los hijos a sus padres, fuentes de crédito locales y grupos de ahorro, etc.), pero que no siempre demuestran su eficacia. Los estudios nos dicen también que no cabe esperar que las fuerzas del mercado, por si solas, prporcionen seguridad a los pobres, ni siquiera cuando existe demanda de ella.

Sin embargo, ocurre con frecuencia que el estado no puede asumir en su totalidad la carga de procurar una cobertura eficaz a toda la población, y que es preciso introducir innovaciones en la gestión y en la financiación. Más aún, la seguridad social patrocinada por el estado y los planes privados de seguridad social se caracterizan por la parcialidad respecto del género en sus prestaciones, que tratan a las mujeres como dependientes y beneficiarias, y que a menudo sólo abordan las preocupaciones "femeninas" a través de la provisión de prestaciones por maternidad y/o atención sanitaria a las madres y los hijos. Es relativamente raro encontrar mecanismos de seguridad social que contemplen con un perspectiva integradora los múltiples papeles de las mujeres trabajadoras. En su mayoría no las tratan como individuos que necesitan tipos específicos de seguridad y flexibilidad en el diseño de los planes para proporcionársela, sino que la ven como parte de una unidad familiar en la que el hombre tiene la responsabilidad de ganar el pan.

En el sector no estructurado: Los planes de seguridad social basados en el empleo (en los que el empleador y el estado contribuyen con una parte de su costo financiero) tienen un fallo fundamental con respecto al sector no estructurado. No existe un empleador claramente definido (la mayoría de los trabajadores del sector no estructurado son asalariados eventuales o trabajadores independientes), y en los casos en que sí hay un empleador (pequeñas empresas y fábricas, trabajadores por contrato, etc.), la aportación del empleador para la protección social del empleado rara vez está regulada por las leyes o sancionada eficazmente.

Preocupa en especial la creciente "feminización" de diferentes formas de trabajo, a menudo las menos protegidas por los gobiernos en su legislación social y, en consecuencia, donde la explotación es mayor. Se han denunciado sórdidos ejemplos en mercados donde no existen prácticamente reglas, donde prevalecen el destajo y la retribución a tanto por pieza, en las zonas francas de exportación, y especial en el trabajo a domicilio notoriamente "invisible". Estos trabajadores tienen jornadas de trabajo extremadamente largas, y muy a menudo trabajan en condiciones de lo más deplorables y por un salario misérrimo. Las cadenas de producción y abastecimiento están notablemente fragmentadas, lo cual complica aún más la tarea de legislar sobre ellas y la exigencia práctica de responsabilidades de protección social a sus trabajadores; e incluso, de existir, sería particularmente complicado el mecanismo para prestar apoyo financiero y exigir una participación contributiva para tales planes.

 

¿Qué progresos se han hecho?

En los países industrializados: Se han logrado significativos progresos, en particular en el campo de una legislación encaminada a dar igual trato a los hombres y a las mujeres en los planes de seguridad social. Sin embargo, a pesar de estos progresos, todavía existen serias limitaciones en estos planes debido a la gran proporción de mujeres que trabajan a tiempo parcial, eventualmente, en empresas familiares o en el sector no estructurado.

En los países en transición: Como consecuencia de la reestructuración económica, se ha producido una regresión en la protección social para las mujeres, concretamente en relación con la atención a los hijos, la asistencia sanitaria y las pensiones de vejez.

En los países en vías de desarrollo: Los progresos han sido modestos y el empleo ha aumentado en sectores no cubiertos por la seguridad social, tales como el no estructurado y el agrícola, en los que un alto porcentaje de sus trabajadores son mujeres. Además, los programas de ajuste estructural aplicados en estos países han traído consigo un aumento del desempleo y de la pobreza, que afecta gravemente a las mujeres.

¿Que hace falta aún?

Aunque sería deseable introducir el reconocimiento de derechos a la seguridad social para todos los miembros de la comunidad, incluidas las mujeres no asalariadas o las que han tenido que interrumpir su empleo para cuidar a sus hijos, es muy poco probable que las condiciones económicas y financieras permitan considerar esta ampliación plena en los próximos años. Por consiguiente, habrá que elaborar planes de transición, mucho más teniendo en cuenta que coexisten iferentes generaciones de mujeres que no han gozado de las mismas posibilidades de acceso a un empleo. Desde esta perspectiva, debería prestarse especial atención, sobre todo en los países en desarrollo, a la posibilidad de establecer sistemas de seguridad locales y de pequeña escala, así como sistemas menos regulados y basados en las ya existentes redes de solidaridad para las mujeres. Este tipo de protección a menudo puede ser más eficaz y más fácilmente adaptable a las circunstancias nacionales y al sector no estructurado.

Orientación

  • Trabajar por la supresión de todas las disposiciones directamente discriminatorias en la legislación de la seguridad social

  • Adaptar soluciones para cada país en relación con el problema de compaginar un empleo que proporcione ingresos con las responsabilidades familiares

  • Desarrollar mecanismos para cubrir las necesidades de las mujeres con bajos ingresos, y extender la asistencia a las más pobres mediante planes no contributivos, como complemento de los sistemas tradicionales de seguridad social

 

Enfoque

  • Analizar los sistemas de protección social de los Estados Miembros para elaborar medidas para proteger a las mujeres de ocuparse ser encaminadas en masa a tareas inadecuadas
  • Analizar los factores que han contribuido a excluir a la mayoría de los trabajadores de la cobertura de la seguridad social regulada
  • Identificar y analizar posibles colaboraciones y alianzas con redes locales de solidaridad, sociedades civiles, gobiernos locales, ONG, el sector privado y las organizaciones internacionales, con el objetivo de extender la protección social a los hombres y a las mujeres
  • Proporcionar asistencia técnica a los países para la puesta en marcha de sistemas no tradicionales e innovadores
  • Mejorar las estadísticas de protección social; en particular desglosadas por géneros, para comprender mejor las necesidades de las mujeres

La OIT ha adoptado Convenios relativos a diversos aspectos de la seguridad social.

Convenios de la OIT sobre seguridad social

  • Convenio sobre la seguridad social (norma mínima), 1952 (núm. 102)
  • Convenio sobre la igualdad de trato (seguridad social), 1962 (núm. 118)
  • Convenio sobre la conservación de los derechos en materia de seguridad social, 1982 (núm. 157)



Si bien es cierto que las ONG se han mostrado eficaces a la hora de abordar estas necesidades, también lo es que el problema en conjunto requiere una legislación y unos planes patrocinados por el estado, así como nuevos esquemas y nuevas formas de participación en ellos por parte del sector privado. Un ejemplo venturoso de esto último es el de la Asociación de Mujeres Empleadas por Cuenta Propia (SEWA) en la India. Es hoy uno de los programas de seguridad social contributiva mayores y más amplios para las mujeres que trabajan en el sector no estructurado. Asegura actualmente a 32.000 trabajadoras y, significativamente, se puso en marcha con el apoyo inicial del gobierno.

El plan SEWA tiene significativas implicaciones para la financiación y la dirección de una seguridad social para los trabajadores de todo el mundo ocupados en el sector no estructurado. Sus lecciones y su estilo de dirección muestran el camino para programas basados en la ocupación y en la comunidad, tanto en países en desarrollo como en los industrializados.

 

¿Qué está haciendo la OIT?

La Unidad STEP (siglas en inglés de Estrategias e Instrumentos contra la Exclusión social y la Pobreza) de la OIT está estudiando programas en otras partes del mundo, espacialmente en África y Latinoamérica, donde son notablemente distintos las instituciones y los mecanismos de financiación para el sector no estructurado, aparte de existir otros retos.

El programa previsto del Departamento de Seguridad Social está estrechamente vinculado a uno de los objetivos estratégicos de la OIT: "Reforzar la cobertura y la eficacia de la protección social para todos". Tendrá un claro impacto sobre el desarrollo, porque mejorará las condiciones de empleo de una gran parte de la mano de obra fuera del sector estructurado. Además, absolutamente todas sus actividades garantizarán que las mujeres tengan igual acceso que los hombres a la protección social y que no estén en desventaja por sus responsabilidades domésticas y del cuidado de sus hijos. El programa estará orientado hacia estos fines. Se resumen aquí brevemente la orientación y el enfoque del programa, para que estos puntos sirvan como recomendaciones y directrices potenciales para otras organizaciones preocupadas por este importante problema.

El reto

El reto sigue siendo encontrar un enfoque apropiado en el nivel de la comunidad que asegure una masa de riesgos proporcionada, con la garantía de que la sostenibilidad del sistema no se pone en peligro. Hacen falta mecanismos financieros innovadores y y un estudio del empleo de la ayuda al desarrollo. Y aunque gran parte de la seguridad comunitaria puede basarse en mecanismos de puesta en común de riesgos a través de la solidaridad y de la ayuda del estado, esto no excluye la participación del sector privado cuando sea conveniente.

Esta aproximación a la seguridad social con un enfoque integrador de distintos puntos de vista ha sido beneficioso para las ONG, puesto que la vinculación de planes bancarios a la seguridad ha aumentado la participación en los respectivos programas... y ha suscitado asimismo mayor interés por la afiliación sindical, allí donde existían sindicatos. El trabajo de la Unidad STEP, del Departamento de Seguridad Social y de otras iniciativas de investigación y de elaboración de políticas en todo el mundo han marcado el inicio de un cambio en el énfasis puesto por los gobiernos, las ONG y las organizaciones internacionales. Hay que atender a los intereses de todos los componentes de la fuerza del trabajo, en especial a los de los trabajadores del sector no estructurado, a los que de ordinario no se presta atención.

Pero tal vez el dato más significativo se que los estudios de investigación llevados a cabo han puesto de relieve que los trabajadores pobres pueden y desean pagar por servicios que consideran importantes, eficientes y sensibles a sus necesidades, y en cuyas elaboración y eficacia puedan ellos implicarse directamente.

¿Se dan cuenta de esto los gobiernos y el sector privado?

 

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