Asombra
ver hasta qué extremo los mercados del trabajo en el mundo se
encuentran segregados atendiendo al género de los trabajadores.
Según afirma Richard Anker en un libro publicado recientemente
por la OIT, de entre todos los trabajadores del mundo no incluidos
en el sector agrícola, aproximadamente un 60% están en alguna
ocupación en la que como mínimo el 80% de los trabajadores dedicados
a ella son de un mismo género, hombres o mujeres. Lo que significa
que la mayoría de los trabajadores del mundo desempeñan ocupaciones
que el anterior dato permite considerar "femeninas"
o "masculinas".
El
problema
Esta
segregación ocupacional por géneros es una importante causa de
ineficiencia y rigidez en el mercado del trabajo. Comporta exclusión
y discriminación, así como un desaprovechamiento de recursos humanos,
puesto que en la práctica puede darse el caso de que, por razón
de su género, se vean excluidas de una ocupación muchas de las
personas más capacitadas y adecuadas para desempeñarla. Es, a
todas luces, una importante rémora en la economía y afecta negativamente
a la competitividad internacional de algunos países. La discriminación
en el mercado del trabajo y la desigualdad entre hombres y mujeres
tienen también graves efectos negativos sobre las futuras generaciones.
Puesto que las decisiones de los padres y de los propios jóvenes
sobre la educación y la formación profesional de éstos se basan,
en parte, en las oportunidades que ofrece el mercado del trabajo,
la segregación ocupacional y la discriminación en el mercado del
trabajo afectan negativamente a la cantidad y el tipo de educación
y formación que reciben las niñas y las mujeres. Lo cual, a su
vez, contribuye a perpetuar las desigualdades entre los hombres
y las mujeres tanto en el mercado del trabajo como en sus hogares.
La
segregación ocupacional por razón del género es en gran medida
un problema de las mujeres, puesto que es más desventajosa para
ellas que para los hombres. De entrada, las mujeres están empleadas
en una gama de ocupaciones más restringida que la de los hombres.
Según el citado libro de Anker, las ocupaciones no agrícolas en
que predominan los hombres son unas siete veces más numerosas
que aquellas en las que predominan las mujeres. Más aún, las ocupaciones
"femeninas" son, en general, menos atractivas, con tendencia
a estar peor pagadas, menos consideradas y con menores posibilidades
de progresar en ellas. Un ejemplo aludido con frecuencia a propósito
del restringido marco e que puede moverse la carrera profesional
de las mujeres es el famoso "techo de cristal" que impide
a las mujeres ocupar los altos cargos de dirección, tal como lo
evidencia el hecho de que casi el 90% de directivos, administradores
de alto nivel y personas en puestos legislativos son hombres.
Pero
importa advertir que esta segregación ocupacional por razón del
género se está convirtiendo en una creciente preocupación también
para los hombres. En los últimos años, en efecto, el crecimiento
del empleo ha favorecido, en general, a las típicas ocupaciones
"femeninas" (como las del sector de servicios), más
que a las típicamente "masculinas" (como las del sector
manufacturero).
Las
causas
Se
han propuesto diversas teorías para explicar por qué existe en
el mundo tanta segregación en el trabajo por razón del género.
Algunos economistas hacen hincapié en el capital humano, y en
el hecho de que las mujeres tienden a poseer menos y menos relevantes
años de educación y de experiencia en el mercado del trabajo,
en comparación con los hombres; como resultado de lo cual, las
mujeres tienen diferentes calificaciones e intereses con respecto
a los tipos de ocupaciones que les convienen. Otros economistas
subrayan la existencia de mercados del trabajo segmentados y que,
en comparación con los hombres, las mujeres se enfrentan a una
mayor competencia por puestos de trabajo, ya que se "agolpan"
en una gama menor de ocupaciones. Estas teorías explican parcialmente
la segregación ocupacional en razón del género.
Las
teorías feministas y los análisis de género sobre esta cuestión
se preocupan principalmente de las variables que no son propias
del mercado del trabajo. Destacan que la posición desventajosa
de las mujeres en el mercado del trabajo se debe al patriarcado,
a la posición subordinada de las mujeres en la sociedad y a las
responsabilidades que asumen con las tareas domésticas y el cuidado
de los hijos. Los datos que aporta el libro de Anker corroboran
el punto de vista feminista, por cuanto los típicos estereotipos
sociales con respecto a las supuestas capacidades de las mujeres
(propensión natural a prestar cuidados, mayor destreza manual)
se corresponden estrechamente con las características de las típicas
ocupaciones "femeninas" (por ejemplo, enfermera y niñera,
costurera y mecanógrafa, cajera y contable, etc.). De forma similar,
los estereotipos negativos que la sociedad aplica a las mujeres
(tales como menor fuerza física, supuesto desinterés por supervisar
a otros, etc.) se corresponden estrechamente con aquellas ocupaciones
de las que las mujeres tienden a estar ausentes (por ejemplo,
trabajadores de la construcción, directivos, supervisores, etc.).
Consideraciones
estadísticas
Al
presentar o interpretar estadísticas acerca de la segregación
ocupacional por géneros, es importante tomar en consideración
los detalles de los datos ocupacionales que se analizan, puesto
que el nivel de segregación ocupacional por géneros observado
es muy sensible a la clasificación de las ocupaciones que se utilice.
Por ejemplo, según Anker, el "índice de disimilitud"
(el índice de desigualdad que se emplea más comúnmente) en las
ocupaciones no agrícolas, varía por término medio entre 0,25 y
0,66, en relación directa con el desglose de los datos utilizados
en los cálculos. Y mientras que, utilizando una clasificación
ocupacional no desglosada de un solo dígito, las mujeres parecen
estar razonablemente bien representadas entre los profesionales,
los datos típicos cuando se emplean dos dígitos muestran que la
mayoría de las mujeres profesionales o bien son maestras, o bien
desempeñan ocupaciones en medicina, odontología y veterinaria.
Un desglose más refinado de las clasificaciones revela mayor segregación
todavía, puesto que la mayoría de las mujeres que trabajan en
ocupaciones médicas, odontológicas y veterinarias son enfermeras
y, entre las maestras, es mucho más probable que las mujeres predominen
en la educación preescolar primaria, ocupaciones feminizadas en
comparación la enseñanza secundaria y la universitaria.
Niveles
y tendencias en el mundo
Importa
decir que existen grandes variaciones en el mundo en cuanto a
los niveles y las tendencias de la segregación ocupacional por
razón del género. La región de Asia y el Pacífico presenta el
nivel más bajo en promedio, y la región de Oriente Medio y el
Norte de África tiene el más alto. Los niveles de segregación
son también relativamente altos en otros países en vías de desarrollo,
en tanto que los países que componen la OCDE y los países europeos
con economías en transición tienden a mostrar unos niveles próximos
a la media de todo el mundo. Resulta interesante observar que
las altas tasas de segregación ocupacional por géneros que hoy
se dan en el mundo solían ser mucho más altas antes: hay pruebas
convincentes de que dichos niveles han descendido desde 1970.
Según el libro de Anker, de 1970 a 1990 se produjo un descenso
de once puntos porcentuales en la proporción de mano de obra no
agrícola dedicado a ocupaciones en las que no se da el predominio
de un género. Sin embargo, esta espectacular mejora no se encuentra
en todas las regiones del mundo. Hubo escaso o nulo progreso en
los grandes países del Este asiático, así como en algunos de Oriente
Medio y el Norte de África, europeos de la OCDE y de los que viven
el proceso de transición a la economía de mercado. Resulta interesante
observar que las altas tasas de segregación ocupacional por razón
del género que hoy encontramos en el mundo eran mucho mayores
antes; hay pruebas convincentes de que han bajado desde 1970.
Según el libro de Anker, de 1970 a 1990 se produjo un descenso
de 11 puntos porcentuales en la proporción de mano de obra no
agrícola empleada en ocupaciones con predominio de hombres o de
mujeres. Sin embargo, esta espectacular mejora no se ha dado en
todas las regiones del mundo. Ha sido escasa o nula en los grandes
países de Asia oriental, así como en algunos de Oriente Medio
y Norte de África, europeos integrados en la OCDE y países en
transición a una economía de mercado.
El
papel de la OIT
En
los últimos años, el tema de la segregación ocupacional ha adquirido
creciente importancia en el seno de la OIT y de la comunidad internacional
con la ratificación de la Declaración de la OIT sobre los principios
y derechos fundamentales en el trabajo, puesto que "la eliminación
de la discriminación en el empleo y la ocupación" figura
como parte de una de las cuatro áreas básicas sobre las que versa
dicha Declaración. Es obvio que la segregación ocupacional por
razón del género y la existencia de mercados del trabajo segmentados
y separados para los hombres y para las mujeres son manifestaciones
importantes de esta discriminación. Por consiguiente, en adelante
la OIT tendrá que prestar ayuda a sus Estados Miembros para que
aumenten las oportunidades y posibilidades de elegir en el mercado
del trabajo -tanto para los hombres como para las mujeres- reduciendo
la segregación ocupacional por razón del género. Y puesto que
la mayoría de los trabajadores del mundo desempeñan su trabajo
en ocupaciones dominadas por uno de los géneros, está claro que
queda mucho por hacer.
La
tendencia descendente de la segregación ocupacional por razón
del género en buena parte del mundo es un signo positivo. Es de
esperar que no sólo prosiga, sino que se extienda también a todo
el mundo.

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