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Fecha de actualización:
17/07/2008

 

 

 

 

Reestructurar una economía en transición

Su efecto sobre las mujeres

 

Las reformas políticas y sociales han traído consigo cambios fundamentales en los mercados del trabajo de los países en transición. Las crisis de transición, la necesidad de ajustarse a nuevas condiciones de mercado y el aumento de la productividad del trabajo han conducido a grandes pérdidas de empleo, que en parte se han traducido en un alto nivel de paro manifiesto y en parte en abandonos del mercado del trabajo, a menudo motivados también por la falta de empleos. Y las mujeres son quienes más han padecido a consecuencia de estos cambios. Porque el impacto de las pérdidas de empleo, del alto paro y de los cambios estructurales que han vivido estos países se ha repartido desigualmente por géneros y ha recaído en especial sobre las mujeres.

Empleo en transición

La composición del empleo por sectores ha cambiado también espectacularmente. Las pérdidas más graves se han dado en el sector industrial. Los subsectores de la industria con mayor valor añadido fueron los más perjudicados por la recesión económica. Por el contrario, otros han sufrido menores pérdidas y en muchos países incluso han aumentado su participación en la producción y en el empleo.

La contribución de la agricultura al empleo ha menguado rápidamente en aquellos países en que la población rural puede encontrar importantes fuentes de ingresos en sectores distintos del agrícola. En otros países, la agricultura se ha convertido en un tampón de absorción del desempleo a través del aumento de la producción de subsistencia, lo que ha hecho crecer la participación de los agricultores en el empleo total.

El sector de servicios ha experimentado un fuerte crecimiento en la mayoría de los países en transición, puesto que en él se han creado la mayor parte de los nuevos empleos, particularmente en los servicios financieros y de producción, en la administración pública, y en el comercio, turismo y otros servicios al consumo. Pero, por contra, también ha habido unos pocos países que no han experimentado ningún aumento sustancial en el sector de servicios, salvo en la administración del estado y en el subsector financiero. Debe observarse, con todo, que estos datos se refieren tan sólo al empleo regulado y que son muchos los servicios que se prestan en el sector no estructurado de la economía.

 

¿Cómo les ha ido a las mujeres?

Las tensiones del mercado del trabajo en las economías en transición se han resuelto a menudo en detrimento de las mujeres. Ellas se han enfrentado a la discriminación en el despido y en la contratación, y, con mayor frecuencia que los hombres, no han encontrado más salida para solventar su incómoda situación que la de abandonar el mercado del trabajo. Como resultado de esto, en la mayoría de los países en transición, las tasas de participación de las mujeres en el empleo se han reducido más que las de los hombres. Aun así, la participación de las mujeres en la economía de los países en transición se ha mantenido entre las más altas del mundo; y con otra circunstancia notable: que más del 90% de las mujeres empleadas en esos países lo son a jornada completa. Sin embargo, la comparación de las tasas de desempleo por géneros no ofrece pruebas unívocas de que el desempleo haya afectado a las mujeres con mayor frecuencia que a los hombres, sino más bien de que el desempleo de las mujeres depende de factores específicos para cada país, tales como la estructura económica, el sistema de protección social, las actitudes de los empleadores hacia las mujeres trabajadoras y, finalmente, la calidad de los datos estadísticos recogidos.

 

Las mujeres en el empleo

La participación de las mujeres en el empleo total se ha reducido en la mayoría de los países en transición. En aquellos que contaban con participaciones relativamente más altas de industrias en que predominaban tradicionalmente las mujeres, y que se han recuperado de la crisis económica, a las mujeres les ha ido muy bien. En el sector de servicios dominan aún las mujeres, pero su participación ha disminuido en la mayoría de los países a consecuencia de nuevas tendencias de desarrollo en ese sector que han provocado cambios significativos en la segregación del trabajo por géneros. Por un lado, unos servicios en rápida expansión, que ofrecen oportunidades de trabajo de alta capacitación y dinamismo, tienden ahora a contratar a más hombres, con lo que la participación de las mujeres ha declinado en ellos. Por otro, algunas industrias que ofrecían buenas oportunidades para pequeñas empresas, tales como el comercio, los hoteles y los restaurantes, así como ciertos servicios domésticos, han comenzado a atraer a más hombres que antes. Por contraste, los servicios sociales, como la educación, la cultura y la atención sanitaria, que ya antes estaban notablemente feminizados y, en su mayoría, financiados con fondos públicos, muestran hoy tasas de participación todavía más altas de trabajadoras.

 

Diferencias salariales

El común denominador de todos estos cambios estructurales con relación al género son las diferencias salariales. Los hombres tienen a dejar sus empleos por otros mejor remunerados, muchos de los cuales han surgido ahora en sectores tradicionalmente dominados por las mujeres. Estos empleos son, comúnmente, o bien puestos de dirección y altos cargos en la administración pública, cuyos salarios han aumentado a un ritmo superior al de los demás empleos, o bien se trata de trabajos por cuenta propia y/o como empleadores. En cambio, los empleos en servicios sociales, que son más seguros y requieren con frecuencia altas capacitaciones, pero en los que, por financiarse con cargo a unos presupuestos públicos recortados, son inferiores los salarios, están siendo desempeñados sobre todo y cada vez más por mujeres. La participación de las mujeres en puestos directivos, que en el pasado era muy baja en comparación con la de los hombres, pero que estaba creciendo gradualmente, ha caído de nuevo en la mayoría de las economías en transición. Entre los empleadores privados, las mujeres están muy poco representadas: menos de un tercio, de ordinario. Pero, por contra, la concentración de mujeres en los servicios en general ha aumentado todavía más. Esta cambiante segregación sectorial y ocupacional en el trabajo por razón del género se atribuye a la persistencia de prejuicios en contra de las mujeres, en virtud de los cuales se dice que no quieren o no son capaces de supervisar grupos grandes de trabajadores, o de dirigir satisfactoriamente departamentos de producción. Los empleadores suelen discriminarlas también a la hora de la contratación y de facilitarles ulterior formación escudándose en que tienen que cuidar a sus hijos (los permisos por maternidad/paternidad, que en la mayoría de los países van de 2 a 4 años, son tomados aún casi exclusivamente por las mujeres), y en algunos países los directivos incluso instan a las mujeres a prolongar esos permisos, como recurso para reducir el exceso de mano de obra en la empresa. Los estudios de la OIT por empresas revelan también un acceso más limitado de las trabajadoras a la puesta al día de su formación. Consiguientemente, puede decirse que durante la transición se ha retardado todavía más el avance de las mujeres en sus carreras profesionales. Esta nueva segregación en el empleo, unida a los diferenciales salariales, ha ensanchado aún más la brecha existente entre las remuneraciones de los hombres y de las mujeres en muchos países en transición.

 

¿Qué se puede hacer?

Los esfuerzos para reducir el impacto negativo de los cambios estructurales sobre las mujeres, así como las desventajas y la discriminación con que se enfrentan en estos mercados del trabajo cambiantes, deberían centrarse en varias áreas:

Recomendaciones

Las mujeres deberían tener mejor representación política, para lo que habría que fortalecer el movimiento femenino dentro y fuera de los partidos políticos

Legislación antidiscriminatoria, junto con instituciones e instrumentos eficaces para velar por su cumplimiento

Habría que animar a las mujeres a optar por profesiones distintas de las tradicionalmente consideradas "adecuadas" para ellas

Las mujeres necesitan destrezas competitivas: debe proporcionárseles acceso y guía a una educación y formación en profesiones solicitadas por el mercado del trabajo, y animarlas a actualizarlas cuando sea necesario

Habría que estimular a los empleadores para que favorezcan más positivamente el avance de las mujeres en sus carreras, y animarlos a promover a más mujeres a puestos directivos, con ayuda de las organizaciones de empleadores para convencerlos de las ventajas de una política de personal sensible a las cuestiones de género

Habría que animar a las mujeres a montar sus propias empresas, darles acceso a servicios de apoyo eficaces y a líneas especiales de crédito

Las mujeres deberían tener mayor acceso a las políticas activas sobre el mercado del trabajo para mejorar su aptitud para el empleo y ayudarlas a encontrar empleo, incluyendo el empleo subsidiado, si fuera necesario, y favoreciendo la asequibilidad de acuerdos de trabajo flexible para las mujeres con responsabilidades familiares

Es preciso diseñar un nuevo sistema de cuidado a los niños, que facilite el empleo de mujeres

 

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