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Fecha de actualización:
17/07/2008

 

 

 

 

Mujeres en puestos directivos

Peldaños perdidos en la escala profesional

Las mujeres están hoy mejor educadas y desempeñan más puestos de trabajo en el mundo que en ninguna otra época antes, hasta el punto de constituir ya más del 40% de la mano de obra mundial. Sin embargo, la mayoría de las mujeres continúan padeciendo una segregación ocupacional en la empresa y rara vez atraviesan el llamado "techo de cristal": la barrera invisible que impide el acceso de las mujeres a los puestos de alta dirección y a cargos profesionales en las empresas y organizaciones. Su participación global en los puestos directivos rara vez supera el 20%, según estudios nacionales, y cae hasta el 2 o el 3% en las empresas y organizaciones mayores y más poderosas.

 

Los efectos

Resultado

Consecuencias

Las mujeres suelen ganar menos que los hombres

Reducida contribución a los ingresos familiares

Las mujeres están infrautilizadas

Inferior competitividad, pérdida económica para la empresa

Falta de acceso a las funciones directivas

Infracciones de los derechos humanos y de la justicia social

Falta de modelos de rol

Perpetuación de la discriminación en razón del género

 

Progreso

Los amplios cambios producidos en la composición del mercado del trabajo, con el aumento de la actividad económica de las mujeres en una gama de ocupaciones cada vez más extensa junto con sus ascendentes niveles de formación, han llevado a una presión creciente para que se dedique mayor atención al tema de las mujeres en los puestos de dirección. A pesar de las desigualdades, las mujeres han hecho en todo el mundo notables progresos en la conquista de una participación cada vez mayor en los puestos profesionales y de dirección. En algunos países, las mujeres ocupan más del 40% de todos los puestos administrativos y directivos. Y no sólo están ya dirigiendo en muchos países el 30% o más de las pequeñas y medianas empresas, sino que, al hacerlo, están creando trabajo para otros.

 

Pero persisten los obstáculos

Y, sin embargo, los resultados de las investigaciones muestran lo difícil que es traspasar el techo de cristal. Cuanto más alto es el puesto, más nítida es la brecha entre los géneros. Los estudios prueban que, aun cuando con frecuencia las mujeres estén mejor educadas y calificadas que los hombres en un mismo trabajo, aún siguen teniendo que trabajar y rendir más que ellos para poder progresar en la empresa.

Un obstáculo sumamente real en la práctica para que las mujeres alcancen puestos de alto nivel es la responsabilidad que llevan sobre sus hombros de cuidar de sus hijos y de realizar las tareas de sus hogares. El trabajo profesional –y especialmente el directivo– se caracteriza a menudo por las largas horas que hay que dedicarle para conseguir reconocimiento y eventuales ascensos. Las políticas y estructuras de promoción en las empresas están pensadas con frecuencia para destacar el periodo comprendido entre los 30 y los 40 años de edad como el más importante para el desarrollo de una carrera. Pero estos años son precisamente los que exigen una dedicación más intensiva al cuidado de los hijos. Así, las mujeres que quieren tener a la vez una familia y una carrera han de hacer auténticos malabarismos con pesadas responsabilidades en ambas esferas. La cosa es más sutil aún porque, incluso las mujeres que no tienen responsabilidades familiares son vistas como madres potenciales, con el resultado de que a menudo se presta menos atención a las inversiones requeridas para ofrecerles formación y oportunidades de progresar en sus carreras que la que se les brinda a los hombres que desempeñan su mismo trabajo, lo cual reduce sus oportunidades de ascender más adelante a los puestos más altos.

Uno de los principales obstáculos que se oponen al ascenso de las mujeres en la empresa es el estereotipo sexual con respecto a la capacidad y disposición de las mujeres a aceptar puestos de responsabilidad, especialmente si eso implica horarios de trabajo largos, viajes y traslados. Eso supone, para muchas mujeres, verse situadas en áreas de actividad menos estratégicas, que no se les confíen tareas variadas y comprometidas, y que no puedan familiarizarse con toda la gama de operaciones y actividades de la empresa: factores todos éstos que son cruciales para ascender a los altos puestos de dirección. De ahí que, en consecuencia, sus jefes piensen que son pocas las mujeres que tienen la experiencia empresarial adecuada y que en su mayoría no han pasado el tiempo suficiente en distintos puestos de mando para poder desempeñar los máximos cargos directivos: situación que es un perfecto círculo vicioso.

 

Un cambio para bien

Afortunadamente, muchas empresas están comprobando que los talentos y capacidades de la mujer son útiles para la buena marcha de sus negocios. Por lo que se preocupan de atraer y retener a las mujeres como profesionales y directivas. Un paso importante en este sentido es la adopción, por parte de muchas empresas, de una política de igualdad de oportunidades. Los enfoques de acción positiva o afirmativa forman ya parte de una política conjunta de igualdad con el objetivo de nivelar el terreno de juego para dar a todos la misma oportunidad de ascender por el escalafón empresarial.

Medidas tales como los acuerdos de trabajo flexible, formación y adiestramiento, asignación de tareas variadas y que entrañen nuevos retos, planificación en el desarrollo de la carrera, así como todo cuanto se hace para promover desde la empresa políticas favorables a las familias y prevenir el acoso sexual en el trabajo, son pasos positivos en esta dirección. La formación en capacidades directivas y en tomar decisiones, y el adiestramiento en distintas áreas de la propia empresa para que las mujeres consigan una experiencia y un conocimiento más amplios de la estructura y funcionamiento de la organización son los instrumentos claves para darles la confianza en sí mismas, las técnicas, los conocimientos y los contactos que necesitarán para labrar su propio futuro.

Programas como los denominados "trabajo y familia" o "trabajo y vida" ayudan a los a los trabajadores a rebajar su estrés y rendir más. En estos programas suelen incluirse aspectos tales como el permiso por maternidad y cuidado de la familia, instalaciones y servicios para la atención de niños y ancianos, y acuerdos de trabajo flexible como el trabajo a tiempo parcial, el horario flexible, la semana laboral comprimida y el teletrabajo. Si bien estas medidas se adoptan a menudo con el propósito de atraer y retener a las mujeres, es importante animar también a los hombres a hacer uso de estas opciones. También los hombres pueden tener responsabilidades familiares y necesitar, por lo mismo, un sano equilibrio entre el trabajo y su vida personal. Si sólo las mujeres recurrieran a estas opciones, podrían derivarse efectos negativos para ellas, puesto que tal vez se las considerara menos comprometidas con sus empleos.

La puesta en marcha de políticas y programas para combatir el acoso sexual es fundamental para prevenir actos de comportamiento sexual indeseado en el trabajo, tanto para los hombres como para las mujeres. Pero tiene especial importancia para las mujeres que aspiran a puestos de dirección, predominantemente ocupados por hombres, y en los las mujeres pueden ser víctimas del resentimiento de algunos hombres, tanto sus subordinados, sus iguales o directivos de superior nivel.

 

Estrategias para forjar carreras profesionales

Entre las estrategias específicas que se ha comprobado que ayudan a las mujeres a progresar en la empresa se incluyen la creación de redes de trabajo, el seguimiento de la carrera, y las tutorías. Es esencial la integración de las mujeres en las redes o grupos de trabajo que se crean de manera no regulada en las empresas, puesto que les permite recoger información valiosa, alcanzar notoriedad y establecer contactos y apoyos que las ayudarán a alcanzar puestos de alto nivel. Como parte de sus políticas de recursos humanos e igualdad de oportunidades, las empresas deberían alentar e invitar conscientemente a las mujeres a formar parte de esas redes para ayudarlas en sus vidas personales y profesionales. El seguimiento de sus carreras permite identificar a las mujeres potencialmente más valiosas y ofrece la posibilidad de ayudarlas a alcanzar notoriedad y experiencia confiándoles tareas difíciles y que les supongan un reto. Permite también darles una formación especial, y una preparación práctica, por parte de directivos de alto nivel. Normalmente es a los hombres a quienes se les ofrece tal seguimiento, debido a la percepción tradicional de que la dirección es una ocupación masculina.

La tutoría es un proceso en el que directivos antiguos y experimentados (tutores o mentores) dialogan e intercambian información e ideas con los jóvenes que se piensa podrán llegar a ocupar puestos de dirección en las empresas. Es una práctica importante para la trasmisión de la cultura y la memoria institucional de una empresa. La forma típica de llevarla a cabo consiste en emparejar informalmente a mayores y jóvenes. Como estrategia para promocionar a las mujeres, en algunos países las empresas están introduciendo programas formales de tutoría para las mujeres potencialmente más capacitadas. Puesto que la mayoría de los directivos de alto nivel suelen ser hombres, es importante que esos programas estén estructurados, tengan alguna limitación temporal y sean controlados para evitar los problemas sociales asociados al hecho de que un hombre comparta su poder y su información con una mujer. La tutoría ayuda también a los hombres que dirigen la empresa a comprender mejor las dificultades con que se encuentran las mujeres, las diferencias entre los enfoques masculinos y femeninos, y la importancia de incluir unos y otros en la marcha de una empresa.

 

Un buen negocio

Cualesquiera que sean las estrategias adoptadas, el principal ingrediente para que tengan éxito en atraer y retener a las mujeres es el firme compromiso de la alta dirección de la empresa por lograr la igualdad de los géneros, incluyendo la adopción de un enfoque amplio para garantizar que se lleva a todos los niveles y que todos los directivos se responsabilicen de su puesta en práctica. Aparte de los mandatos legales y del hecho de que están cambiando los puntos de vista sociales sobre los roles de las mujeres, la motivación más poderosa para que las empresas promuevan el ascenso de las mujeres a los cargos directivos es probablemente su convicción de que se trata de un buen negocio. No se trata sólo de que utilizar el potencial pleno de las mujeres preparadas y calificadas constituya un ventajoso valor añadido para la empresa, sino también de que así se mejora la imagen de la empresa y, eventualmente, la satisfacción de sus clientes con servicios y productos más "amistosos para las mujeres". La visibilidad de las mujeres en los puestos de dirección refuerza esta imagen, especialmente de cara a las mujeres consumidoras.

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