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Fecha de actualización: 17/07/2008
La formación profesional para las
mujeres
Un mundo
imperfecto
En un mundo perfecto, no haría falta plantear el tema de la formación
profesional para las mujeres. Todas las personas, sin distinción
de género, no sólo tendrían acceso a esa formación, sino también
a un mercado del trabajo que valoraría exclusivamente la calidad
del trabajo realizado. No existiría ningún tipo de discriminación
en el empleo y la ocupación.
Pero sabemos que éste no es un mundo perfecto, sino más bien
un mundo en el que existen barreras muy reales para las mujeres
que quieren acceder al mercado del trabajo. Incluso cuando cuentan
con las mejores calificaciones técnicas, han de afrontar retos
enormes, que van desde compaginar sus responsabilidades en el
hogar y en el trabajo hasta el acceso a la formación profesional,
pasando por la segregación de ocupaciones en razón del género.
En consecuencia, la formación profesional de las mujeres no es
una panacea, pero sí una parte importantísima de un proceso que
hay que vincular a reformas sociales y económicas para promover
la igualdad entre los géneros en el mundo del trabajo.
La situación
Hay tres situaciones en el mundo que constituyen importantes
puntos de partida para explorar los temas relativos a los programas
de formación profesional para las mujeres y los criterios que
podrían hacerla más accesible a las mujeres.
Situación 1: Las ocupaciones dominadas por hombres
son siete veces más comunes que las dominadas por mujeres
La segregación por razones de género en las destrezas laborales
viene promulgada por consideraciones sociales y culturales,
y juega un papel clave tanto en las posibilidades de formación
profesional asequibles para las mujeres como en la selección
de materias impartidas por las instituciones de formación. Para
romper el ciclo de un empleo segregado por géneros hace falta
una abanico de políticas que lo faciliten, tales como programas
de igualdad de oportunidades y leyes en contra de la discriminación,
así como sistemas más eficaces de información sobre las carreras
en todos los niveles de la sociedad. Por ejemplo, campañas nacionales
de sensibilización pública, que den notoriedad a las mujeres
que han conseguido éxitos significativos en ocupaciones tradicionalmente
no femeninas, lo que ayudaría a proponerlas como modelos que
otras mujeres pueden emular.
Situación 2: Se considera que las mujeres ofrecen
un alto riesgo para invertir en su formación profesional, por
lo que los empleadores a menudo se muestran reacios a invertir
en programas de formación para ellas
Las instituciones de formación profesional pueden ser el único
medio que tienen las mujeres para desarrollar capacidades técnicas.
Es importante conseguir que estas instituciones pongan en marcha
programas flexibles de formación profesional y servicios de
información al alcance de las mujeres. Así es probable que estén
mejor preparadas para acceder y reincorporarse al mercado del
trabajo, que tal vez deban abandonar varias veces durante su
vida laboral por razón de sus responsabilidades familiares,
para adaptarse a nuevas situaciones de trabajo, para responder
a la necesidad de actualizar sus destrezas, etc. Tan importantes
como los programas de formación son los sistemas de asesoramiento
y de información a los que puedan recurrir las mujeres cuando
los necesiten. Proporcionarles consejo y apoyo en los niveles
previos y posteriores a su formación profesional es de todo
punto necesario, y debería ir acompañado de unos programas de
formación que sean sólidos en sus contenidos, flexibles en sus
tiempos, y orientados hacia el mercado del trabajo. Cuanta mayor
información se facilite a las potenciales estudiantes, mayor
será su capacidad de tomar decisiones con respecto a sus posibles
ocupaciones.
Situación 3: En muchos países los sistemas de formación
profesional están mal preparados para responder adecuadamente
a la demanda de destrezas que se da en distintos sectores; capacitaciones
básicas, como la formación en el uso de ordenadores, desarrollo
de cualidades interpersonales y capacidad analítica, a menudo
se ignoran en los currículos de la formación profesional
Las instituciones de formación profesional suelen centrarse
demasiado a menudo en los cursos largos y "tradicionales"
de capacitación ocupacional. Compaginar estos planes de estudios
con la formación en destrezas especializadas e impartidas en
cursillos breves requerirá cambiar su estructura organizativa.
En particular, habrá que reformar la formación y los currículos
de los instructores, para combinar capacidades técnicas y analíticas.
En los programas de formación de esos instructores se les deberá
concienciar sobre las dificultades sociales y las responsabilidades
familiares con que tropiezan las mujeres a la hora de formarse
profesionalmente. Y, además, el currículo de todos los instructores
debería incluir conocimientos sobre el aprendizaje de los adultos,
que va más allá de las actividades dirigidas por el instructor
y que se diferencia de la formación que requieren los jóvenes.
Cauces para el cambio
La puesta en marcha de programas de formación profesional para
las mujeres no eliminará por sí sola la discriminación de las
mujeres en empleo. Pero, además de desarrollar sus capacidades
laborales, estos programas especialmente concebidos para ellas
pueden proporcionar un ámbito que fomente el diálogo sobre las
políticas a seguir y promueva el desarrollo social y económico.
Unidos a las reformas sociales, los programas de formación profesional
para las mujeres hacen mucho más que capacitarlas para el trabajo,
puesto que ofrecen un potencial enorme para integrar las cuestiones
de género no sólo en la formación impartida, sino también en el
mercado del trabajo. Los programas de formación profesional, a
través de consejos asesores tripartitos, brindan cauces para el
cambio. Más aún, fortalecer la capacidad de las instituciones
que imparten formación profesional en la tarea de formar y educar
a las mujeres beneficia a todos sus usuarios y desencadena la
reforma de la propia institución.
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