Cómo deberían ser
¿Qué tal abordan las cuestiones de
género las estadísticas del mundo del trabajo? Las buenas decisiones
políticas son las que se basan en estadísticas de calidad. Y las
buenas estadísticas son aquellas que reflejan la realidad con
la mayor fidelidad posible. Las que abarcan a todas las personas
que participan en el mercado del trabajo, sin distinciones de
género, edad o estado social. Las que describen sus diferentes
tipos de situación laboral, incluidos el pluriempleo, el trabajo
de temporada y el eventual, así como el trabajo domiciliario,
con el suficiente detalle para que se manifiesten estas distinciones.
Las que incluyen aquellos temas que son importantes para describir
diferencias y semejanzas entre los diversos tipos de trabajadores.
Y, finalmente, las que están desglosadas -por géneros, por ejemplo-
de manera que describen los factores subyacentes responsables
de tales diferencias.
En particular, las buenas estadísticas
laborales permiten a quienes las emplean comprender y analizar
la posición y las dificultades de las mujeres trabajadoras, en
comparación con los hombres, y brindan así una base más sólida
para promover la igualdad entre las mujeres y los hombres en el
mercado del trabajo.
Cómo deberían no ser
Por el contrario, unas estadísticas
del trabajo parciales informan erróneamente y minusvaloran la
contribución de ciertos grupos de trabajadores a la economía.
Con lo cual contribuyen a la elaboración de políticas y programas
inadecuados, a la vez que mantienen una percepción distorsionada
de la realidad de la economía de un país y de sus recursos humanos.
Esto, a su vez, perpetúa el círculo vicioso de la desigualdad.
¿Qué es lo que falla?
Es cierto que, al correr de los años,
las estadísticas del trabajo han mejorado sustancialmente y que
hoy nos permiten identificar diferencias y semejanzas entre los
hombres y las mujeres en el mercado del trabajo. Pero también
lo es que siguen siendo incompletas y que tienen limitaciones
a la hora de abordar plenamente las preocupaciones de género.
Esto es debido a que la calidad de las estadísticas del trabajo
depende principalmente de los métodos de recogida de datos
que hoy cabe emplear y de las prioridades y objetivos que
se fijan antes de recoger tales datos.
Los diferentes métodos de recogida
de datos presentan varias limitaciones, y las prioridades asumidas
a la hora de aplicarlos dependen en gran medida de la percepción
social que se tiene acerca del funcionamiento del mercado del
trabajo, que jamás puede ser completa. Como resultado de ello,
las estadísticas del trabajo nacionales han conseguido, en general,
identificar situaciones básicas de empleo y de desempleo, que
reflejan el punto de vista convencional de lo que se entiende
por "trabajo" (trabajadores a jornada completa, en un
empleo regulado, en empresas del sector estructurado) y "desempleo"
(personas que buscan un trabajo como el que se ha descrito). Pero
han tenido menos éxito en lo relativo a identificar y describir
otras situaciones de trabajo.
Las mujeres suelen encontrarse a
menudo en estas "otras" situaciones de trabajo y pueden
pasar inadvertidas o estar inadecuadamente descritas en las estadísticas
del trabajo que, por lo mismo, tienden a rebajar el número y la
representación de las mujeres mucho más que en el caso de los
hombres. Por ejemplo: el objetivo asignado a esas estadísticas
laborales excluye los servicios no remunerados que se consumen
en el propio hogar. Con esto, se excluye de entrada la contribución
a la economía de un gran número de trabajadores, la mayoría de
los cuales son mujeres. A mayor abundamiento, en virtud de los
criterios empleados para definir y caracterizar a los grupos de
empleados y desempleados, así como de las limitaciones de cobertura
que tienen los actuales sistemas de recogida de datos, determinados
grupos de trabajadores tienden a quedar excluidos del ámbito de
las estadísticas. Y, puesto que la composición de esos grupos
excluidos no es de ordinario igualitaria, sino se da en ellos
mayor proporción de mujeres que de hombres, queda muy reducida
la utilidad de las estadísticas resultantes para reflejar las
cuestiones de género. Para mejorar esta situación pueden ser necesarias
directrices internacionales que identifiquen y describan mejor
esos grupos de trabajadores, mujeres mayoritariamente, que tienden
a quedar excluidos de las estadísticas.
¿Qué se echa de menos?
Hay ciertos temas que las estadísticas
nacionales del trabajo no cubren actualmente: no existen definiciones
internacionales para ellos, pero son importantes para aumentar
el conocimiento de las situaciones e interrelaciones de los hombres
y de las mujeres en el mercado del trabajo. ¿Cuáles son algunas
de esas estadísticas que se echan de menos?
- Acuerdos sobre horarios
de trabajo: Estas estadísticas indicarían en qué medida
hombres y mujeres trabajan con lo que se conoce como una "Jornada
normal a tiempo completo"o lo hacen con otras fórmulas
más irregulares, tales como durante una parte del año, con un
empleo a tiempo parcial, un determinado número de horas al año
u otras formas variables de distribución del tiempo de trabajo.
- Horas extraordinarias:
Las estadísticas al respecto serían útiles para evaluar si las
respuestas dadas por los usos actuales a las demandas del mercado
afectan o no de la misma a los hombres y a las mujeres.
- Ausencias del trabajo:
Nos ayudaría para observar cualesquiera diferencias en los tipos
de ausencias que afectan a los hombres y a las mujeres, en particular
en relación con sus responsabilidades familiares.
- Enfermedades ocupacionales: Sería
importante , dadas la mayor tendencia de los hombres a verse
expuestos a lesiones y la de las mujeres a contraer enfermedades.
- Trabajo domiciliario,
empleo eventual (o no permanente), pobreza, participación sindical,
acceso a recursos productivos y asignación de prestaciones ente
los distintos miembros de la familia, etc.: Son otros temas
pertinentes cuyo conocimiento resultaría de gran ayuda en el
contexto de las cuestiones de género.
Finalmente, se echa mucho de menos,
en general, un mayor desglose en las estadísticas nacionales del
trabajo. Para caracterizar adecuadamente los factores que provocan
las diferencias entre los hombres y las mujeres en el trabajo,
es importante separar y desglosar la información, como mínimo,
por géneros. Pero esto solo no es suficiente. Para abordar las
cuestiones de género, hace falta indicar asimismo datos sobre
la situación laboral de la persona; en particular, sobre el contexto
de su situación personal y familiar. Por ejemplo, sería interesante
tener información sobre la presencia de niños pequeños y de otros
miembros de la familia necesitados de cuidados. En este campo
sería también de lo más útil contar con directrices internacionalmente
reconocidas.