En la mayoría de los países en desarrollo,
las mujeres y las niñas tienen mucho más difícil acceder a una
educación y una formación profesional de calidad que niños y hombres.
Éste es un serio problema en relación con el desarrollo económico
y social, que se inicia con la educación básica y prosigue en
la educación superior. Y es así aun cuando se ha demostrado que
existe un firme nexo entre el mayor acceso de las niñas a las
oportunidades de educación y los avances en salud, planificación
familiar y desarrollo económico.
Otro reto potencial se da en muchos
de los países más desarrollados económicamente de la OCDE y en
los del Caribe; en concreto, la tendencia a una creciente desproporción
en el número de niñas matriculadas en los niveles secundarios
de enseñanza y el porcentaje de las que se gradúan en ella, que
es muy superior al de niños, y todavía más en niveles más altos.
Paradójicamente, esto podría crear en el futuro barreras a la
igualdad de acceso de los muchachos, en forma de una mayor proporción
de abandono escolar en el nivel de enseñanza secundario y restricciones
para acceder a niveles de educación superiores, a pesar de que
todavía persiste la segregación en la formación profesional secundaria
y en la enseñanza superior.
Un factor importante en ambos contextos
es la persistencia de un desequilibrio entre géneros en la profesión
docente, incluyendo las enseñanzas técnicas y la formación profesional.
La posición minoritaria de mujeres maestras en algunas regiones
BÁfrica y Asia meridional, en particularB se ha vinculado directamente
a la baja matriculación y a las altas tasas de abandono escolar
de las niñas. El reducido número de maestras y profesoras susceptibles
de servir como modelos de rol y consejeras capaces de animar a
las niñas y a las mujeres a emprender carreras en oficios técnicos
es otro e importante obstáculo para la igualdad de oportunidades
en estos campos.
Recientes investigaciones llevadas
a cabo por la OIT sugieren que el hecho de que la profesión de
maestra esté altamente feminizada en algunos países puede tener
un impacto negativo sobre las mejoras salariales y sobre otras
condiciones propias del servicio que contribuyen a darle una consideración
profesional más alta, a la incorporación y la continuidad en la
enseñanza de titulados altamente calificados y, en última instancia,
a una educación de calidad para hombres y mujeres. La sostenida
prosperidad el dinamismo del mercado del trabajo en muchos países
de la OCDE sigue atrayendo a muchos hombres y mujeres a opciones
profesionales diferentes de la enseñanza, provocando una escasez
de docentes Btanto en número como en calidadB que probablemente
se irá agravando a medida que la cada vez más gris tarea docente
sufra el abandono masivo de profesionales de la generación actual.
Las mujeres en la educación
En casi todos los países se da un
predominio de maestras en el nivel educativo previo a la enseñanza
primaria (más del 90% en la mayoría, un mínimo del 50%
en los restantes), en la enseñanza primaria, y en la secundaria
(80% y 60%, respectivamente, en los países más desarrollados).
Esta tendencia ha seguido acentuándose a lo largo de la década
de 1990. Sin embargo, las maestras totalizan sólo una tercera
parte de los docentes del nivel de educación primaria en los países
en desarrollo, tomados en conjunto, y no alcanzan el 30% en el
de secundaria; en ambos niveles se registra un lentísimo incremento
del número de mujeres dedicadas a la enseñanza.
Con raras excepciones, empero, las
mujeres están escasamente representadas en la enseñanza a adultos
y en los cargos de dirección. Y aún hay más: a pesar de la falta
de datos desglosados por géneros en la mayoría de los países,
resulta de hecho, en casi todas las regiones, que las mujeres
que trabajan en la enseñanza ganan en conjunto menos que los hombres
en razón de sus inferiores calificaciones (en muchos países en
desarrollo), de las interrupciones que imponen en sus carreras
las responsabilidades familiares, y por su relativa ausencia en
cargos de responsabilidad. Se han observado algunos indicios de
que el acoso sexual puede ser un impedimento en sus carreras.
Sin embargo, el principal obstáculo para la igualdad en el desarrollo
de éstas siguen siendo los procedimientos y criterios de contratación
sesgados por una óptica masculina, que no tiene suficientemente
en cuenta los condicionamientos que imponen a las mujeres sus
responsabilidades familiares, así como la persistencia de estereotipos
"camuflados" con respecto a su capacidad para desempeñar
puestos de liderazgo.
En unos pocos países persiste también
la discriminación legal en la asignación de retribuciones y subsidios.
Pero incluso cuando esta discriminación no se da, los informes
de la OIT han puesto de relieve que las maestras y profesoras
en muchos países ganan menos que sus colegas masculinos en los
mismos niveles y las mismas materias en la enseñanza secundaria
y en la superior. Un factor que contribuye a esta situación es
el que las mujeres no estén representadas proporcionalmente en
los órganos directivos de los sindicatos de profesores y de sus
organizaciones profesionales, lo que ha minimizado la atención
que se presta a sus preocupaciones en los temas de negociación
colectiva y de reglamentación profesional.
Hay muy pocas mujeres dedicadas a
la educación técnica y a la formación y preparación profesional,
y en su mayoría se concentran en un limitado número de disciplinas
tradicionalmente consideradas "femeninas", tales como
secretariado, trabajos de oficina y ciencias domésticas. En la
educación superior, las mujeres profesoras tienden a concentrarse
en instituciones de bajo nivel, sin guardar proporción con su
número. Y ocupan los peldaños inferiores del escalafón en las
universidades prestigiosas o predominantemente en puestos de dirección
de áreas tales como las de servicios a los estudiantes, más que
altos cargos directivos como el decanato o la jefatura de departamento.
Progreso y logros
Con objeto de fomentar el aumento
de matriculación y el porcentaje de finalización de los estudios
por parte de las niñas en los países donde son relativamente pocas
las mujeres dedicadas a la docencia -sobre todo en las zonas rurales-
algunas autoridades educativas han elaborado programas especiales
para reclutar profesoras, formarlas y garantizarles un puesto.
Otros países han puesto en marcha programas especiales para conceder
créditos de antigüedad a las mujeres que tienen que interrumpir
sus carreras por razones familiares, han creado grupos conjuntos
de promoción (integrados por hombres y mujeres), introducido sistemas
de cuotas o ampliado sus programas de formación para animar a
las mujeres a continuar en la enseñanza y acceder en mayor número
a los puestos de responsabilidad.