Tanto en las economías del mundo desarrollado como en las del
mundo en desarrollo están teniendo lugar profundos cambios estructurales.
Las microempresas y pequeñas empresas se han convertido en importantes
generadoras de trabajo, impulsando el empleo en todo el mundo.
Un rasgo sorprendente de esta tendencia es el significativo aumento,
especialmente en la pasada década, del número de mujeres empresarias,
sobre todo en ese tipo de empresas.
Cuestiones clave
En la mayoría de los países, las mujeres no sólo tienen que enfrentarse
a unos marcos políticos, normativos e institucionales que les
resultan hostiles y que tienen cierta prevención contra las pequeñas
empresas: se encuentran asimismo con obstáculos y barreras por
el simple hecho de ser mujeres. En comparación con los hombres,
las mujeres no gozan de igual acceso a la financiación, a los
bienes, la tecnología y los servicios, sus niveles de educación
son relativamente inferiores y ven restringido su acceso a las
oportunidades de formación profesional, tropiezan con actitudes
negativas social y culturalmente arraigadas hacia las mujeres
que se dedican a los negocios, han de atender exigencias conflictivas
de sus propios papeles para las que les falta tiempo, y a menudo
carecen de resolución y confianza en sí mismas. La mayor parte
de las mujeres que trabajan en todo el mundo en microempresas
y pequeñas empresas se concentran todavía en una gama limitada
de sectores de bajo rendimiento y deficientes condiciones de trabajo,
muy a menudo en el sector no estructurado: en las empresas, en
suma, que son más vulnerables a las crisis económicas.
Sin embargo, cada día son más las mujeres propietarias o gerentes
de pequeñas empresas modernas en sectores menos tradicionales
que tienen un alto potencial de desarrollo. Estas mujeres más
afortunadas montan y desarrollan sus propias empresas porque buscan
una independencia económica, o un horario flexible de trabajo
ante la falta o el elevado precio de instalaciones adecuadas para
cuidar de sus hijos, o porque quieren superar una frustración
profesional nacida del "techo de cristal" que las impide
avanzar en sus profesiones.
Como resultado de todo ello, hay un alto grado de diversidad
entre las mujeres empresarias a pequeña en cuanto a sus motivaciones,
posición socioeconómica, tipos de negocios y capacidad de desarrollo.
Lo cual tiene importantes implicaciones a la hora de diseñar,
promover y poner en marcha políticas y programas de desarrollo
de la pequeña empresa.
Estrategia de la OIT
Las actividades de la OIT en el campo del desarrollo del empresariado
femenino abarcan la investigación, la cooperación técnica, los
servicios de asesoramiento y la organización de encuentros sobre
el tema. En la medida de lo posible, sus actividades de cooperación
técnica en este terreno hacen uso de un enfoque "holístico";
es decir, proporcionan a las mujeres los elementos necesarios
para tener éxito en su actividad, diseñando y poniendo en marcha
programas de formación empresarial, mejora de la productividad,
capacitación directiva, facilitándoles información para acceder
a los recursos necesarios y asesoramiento para crear y montar
la empresa, consejos sobre la política a seguir, etc.
Los servicios de asesoramiento de la OIT versan principalmente
en torno a la formulación de políticas y normativas, así como
sobre la elaboración de programas conducentes a la creación y
el desarrollo de las empresas. Para abordar las cuestiones relativas
al desarrollo de la microempresa es preciso incluir la problemática
del género en el marco legal y normativo que rige el desarrollo
de la microempresa y la pequeña empresa. En particular se requieren
medidas para corregir las actuales desigualdades por razón del
género que laten todavía en el acceso a los recursos, en las instituciones
y en los procesos legislativos, de manera que se dé vía libre,
sin criterios discriminatorios por razón del género, a los programas
de desarrollo de la pequeña empresa en el marco de una política
macroeconómica y social. La atención se centra asimismo en garantizar
que las políticas y normativas promueven la integración de las
empresas del sector no estructurado en el tronco de la economía,
mejorando progresivamente sus estándares y prácticas.
Esta atención a la problemática del género se intensificará en
el marco del programa BESED de la OIT (siglas de Boosting
Employment through Small Enterprise Development, es decir,
Impulso al Empleo a través del Desarrollo de la Pequeña Empresa)
para responder a la creciente importancia del empresariado femenino.
El componente de atención al género en el BESED reforzará su cooperación
con los interlocutores locales implicados en el desarrollo de
la pequeña empresa: gobiernos, organizaciones de empleadores y
de trabajadores, cámaras de comercio y asociaciones de pequeñas
empresas.