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Fecha de actualización:
17/07/2008

 

 

 

 

Cooperativas
Acelerando el progreso

Mas de 800 millones de mujeres y hombres en todo el mundo son miembros de cooperativas, y otros 100 millones trabajan en ellas sin ser miembros. Las cooperativas son asociaciones de hombres y mujeres que se han unido para abordar sus comunes necesidades y aspiraciones económicas, sociales y culturales mediante empresas de propiedad conjunta, controladas democráticamente.

Aunque el movimiento cooperativista se inició con pequeñas organizaciones rurales en Europa occidental, Norteamérica y Japón a mediados del siglo pasado, hoy las cooperativas constituyen una importante fuerza económica en sectores que van desde la banca, los seguros y las modernas empresas industriales y de servicios a la comercialización agrícola y a pequeñas y medianas industrias artesanales. Cada día se crean nuevas e innovadoras cooperativas, tales como proveedoras de Internet, estaciones de TV por cable y las llamadas "nuevas cooperativas" en algunos países.

Países con mayor número de miembros de cooperativas

Los problemas

La igualdad de géneros se promueve mediante principios y valores universalmente adoptados que hacen hincapié en la ayuda entre los miembros, la democracia, la responsabilidad social, la igualdad y la equidad. Sin embargo, las cooperativas se ven influenciadas por la sociedad en la que operan y, aunque la mayoría mantienen criterios de igualdad de oportunidades y trato para hombres y mujeres, la práctica real puede ser diferente.

Un problema relativo al género, de la máxima importancia en todo el mundo, es el bajo nivel de participación activa de las mujeres y su escasa representación en los puestos de dirección y liderazgo. Para que las cooperativas funcionen como organizaciones o empresas democráticas y dirigidas por sus miembros, las mujeres tienen que tener igual acceso que los hombres a los procesos decisorios. Si no están representadas o su representación es menor de la que debería ser cuando se adoptan decisiones, sus necesidades e intereses no pueden ser adecuadamente considerados, y no cabe esperar que acepten la legitimidad de las decisiones tomadas en su lugar.

Otro problema crítico es el de si los hombres y mujeres miembros tienen igual acceso, e idéntico control, a y sobre los recursos cooperativos, tales como créditos, financiación, educación y formación, insumos de producción y márgenes de comercialización, etc. Muchas cooperativas proporcionan a sus miembros programas de educación y formación profesional, pero deberían garantizar que estos programas son igualmente (y con la misma facilidad) asequibles a sus mujeres miembros. Habría que prestar también especial atención para que estos programas respondieran a las necesidades, expectativas y aspiraciones de las mujeres en igual medida que a las de los hombres. De ahí la necesidad de introducir análisis y planificaciones de género.

 

Tendencias emergentes

En un medio económico mundializado y en tan rápido cambio, las cooperativas se han visto obligadas a adaptarse y procurar ser más competitivas e innovadoras. Se han dado cuenta de que desarrollando las potencialidades de las mujeres y fortaleciendo su capacidad productiva se benefician ellas mismas. Implicando a un número mayor de mujeres en puestos decisorios y directivos, se amplían los horizontes de las cooperativas, se diversifican sus actividades y se refuerza su papel social. Y, como importantes grupos de presión que ya son, adquieren mayor poder económico y mayor capacidad de influencia política cuanto más numerosas son las mujeres activamente implicadas en ellas.

Se han dado abundantes ejemplos de iniciativas adoptadas por mujeres que han acelerado el progreso y el cambio de su situación socioeconómica. En África, el Programa ACOPAM ("Appui Associatif et Coopératif aux Initiatives de Développement à la Base") para la región del Sahel ha sido uno de los programas de la OIT que mayores frutos han dado en cuanto a generación de empleo y de ingresos, al igual que el Programa Zinder, en Níger, centrado en el desarrollo económico local y en la seguridad de producción de alimentos.

 

Resolviendo los problemas

Los dirigentes de las cooperativas pueden abordar las cuestiones de igualdad:

  • Diseñando políticas, estrategias y planes que tengan en cuenta el género, en un esfuerzo conjunto entre hombres y mujeres; por ejemplo, afrontando los problemas de acceso de las mujeres al crédito, a la propiedad de la tierra, al equipamiento, a los servicios de extensión, etc., y adoptando medidas positivas para incluir a mayor número de mujeres en sus programas de formación, y en sus puestos decisorios y de dirección.
  • Creando conciencia y sensibilidad por las cuestiones de género, mediante la educación y la influencia. Las cooperativas pueden ayudar a eliminar las barreras que se oponen a la participación activa de las mujeres y a su acceso a puestos de dirección (por ejemplo, criterios de admisión de miembros, cortapisas legales, tradicionales, financieras o, meramente, actitudes negativas).
  • Haciendo que sus programas de educación y formación sean sensibles a las necesidades de las mujeres. Las capacidades y potencialidades de la s mujeres pueden ser fortalecidas, lo que redundará en una mayor confianza en sí mismas y las participar más plenamente en los órganos decisorios y en los puestos directivos
  • Identificando a las mujeres capacitadas para desempeñar puestos de dirección y ayudándolas a alcanzar notoriedad y experiencia dentro de la cooperativa; por ejemplo, formándolas y asignándoles asesores de entre el personal directivo ("mentores")
  • Empleando las organizaciones y redes nacionales para reunir datos desglosados por géneros e identificando los tipos de proyectos centrados en las necesidades de las mujeres, en ayudarlas a incrementar su capacidad de obtener ingresos y en aliviar su carga de trabajo. Por ejemplo, pueden estudiar cuánto tiempo dedican los hombres y las mujeres a sus diversas tareas o actividades, y cómo encajar esto con potenciales actividades cooperativas sostenibles y económicamente viables.


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