Mas de 800 millones de mujeres y hombres en todo
el mundo son miembros de cooperativas, y otros 100 millones trabajan
en ellas sin ser miembros. Las cooperativas son asociaciones de
hombres y mujeres que se han unido para abordar sus comunes necesidades
y aspiraciones económicas, sociales y culturales mediante empresas
de propiedad conjunta, controladas democráticamente.
Aunque el movimiento cooperativista se inició
con pequeñas organizaciones rurales en Europa occidental, Norteamérica
y Japón a mediados del siglo pasado, hoy las cooperativas constituyen
una importante fuerza económica en sectores que van desde la banca,
los seguros y las modernas empresas industriales y de servicios
a la comercialización agrícola y a pequeñas y medianas industrias
artesanales. Cada día se crean nuevas e innovadoras cooperativas,
tales como proveedoras de Internet, estaciones de TV por cable
y las llamadas "nuevas cooperativas" en algunos países.
Los problemas
La igualdad
de géneros se promueve mediante principios y valores universalmente
adoptados que hacen hincapié en la ayuda entre los miembros, la
democracia, la responsabilidad social, la igualdad y la equidad.
Sin embargo, las cooperativas se ven influenciadas por la sociedad
en la que operan y, aunque la mayoría mantienen criterios de igualdad
de oportunidades y trato para hombres y mujeres, la práctica real
puede ser diferente.
Un problema
relativo al género, de la máxima importancia en todo el mundo,
es el bajo nivel de participación activa de las mujeres
y su escasa representación en los puestos de dirección y liderazgo.
Para que las cooperativas funcionen como organizaciones o empresas
democráticas y dirigidas por sus miembros, las mujeres
tienen que tener igual acceso que los hombres a los procesos decisorios.
Si no están representadas o su representación es menor de la que
debería ser cuando se adoptan decisiones, sus necesidades e intereses
no pueden ser adecuadamente considerados, y no cabe esperar que
acepten la legitimidad de las decisiones tomadas en su lugar.
Otro problema
crítico es el de si los hombres y mujeres miembros tienen igual
acceso, e idéntico control, a y sobre los recursos cooperativos,
tales como créditos, financiación, educación y formación, insumos
de producción y márgenes de comercialización, etc. Muchas cooperativas
proporcionan a sus miembros programas de educación y formación
profesional, pero deberían garantizar que estos programas son
igualmente (y con la misma facilidad) asequibles a sus mujeres
miembros. Habría que prestar también especial atención para que
estos programas respondieran a las necesidades, expectativas y
aspiraciones de las mujeres en igual medida que a las de los hombres.
De ahí la necesidad de introducir análisis y planificaciones de
género.
Tendencias
emergentes
En un medio
económico mundializado y en tan rápido cambio, las cooperativas
se han visto obligadas a adaptarse y procurar ser más competitivas
e innovadoras. Se han dado cuenta de que desarrollando las potencialidades
de las mujeres y fortaleciendo su capacidad productiva se benefician
ellas mismas. Implicando a un número mayor de mujeres en puestos
decisorios y directivos, se amplían los horizontes de las cooperativas,
se diversifican sus actividades y se refuerza su papel social.
Y, como importantes grupos de presión que ya son, adquieren mayor
poder económico y mayor capacidad de influencia política cuanto
más numerosas son las mujeres activamente implicadas en ellas.
Se han dado
abundantes ejemplos de iniciativas adoptadas por mujeres que han
acelerado el progreso y el cambio de su situación socioeconómica.
En África, el Programa ACOPAM ("Appui Associatif et Coopératif
aux Initiatives de Développement à la Base") para la región
del Sahel ha sido uno de los programas de la OIT que mayores frutos
han dado en cuanto a generación de empleo y de ingresos, al igual
que el Programa Zinder, en Níger, centrado en el desarrollo económico
local y en la seguridad de producción de alimentos.
Resolviendo
los problemas
Los dirigentes
de las cooperativas pueden abordar las cuestiones de igualdad:
- Diseñando
políticas, estrategias y planes que tengan en cuenta el género,
en un esfuerzo conjunto entre hombres y mujeres; por ejemplo,
afrontando los problemas de acceso de las mujeres al crédito,
a la propiedad de la tierra, al equipamiento, a los servicios
de extensión, etc., y adoptando medidas positivas para incluir
a mayor número de mujeres en sus programas de formación, y en
sus puestos decisorios y de dirección.
- Creando conciencia
y sensibilidad por las cuestiones de género, mediante la educación
y la influencia. Las cooperativas pueden ayudar a eliminar las
barreras que se oponen a la participación activa de las mujeres
y a su acceso a puestos de dirección (por ejemplo, criterios
de admisión de miembros, cortapisas legales, tradicionales,
financieras o, meramente, actitudes negativas).
- Haciendo
que sus programas de educación y formación sean sensibles a
las necesidades de las mujeres. Las capacidades y potencialidades
de la s mujeres pueden ser fortalecidas, lo que redundará en
una mayor confianza en sí mismas y las participar más plenamente
en los órganos decisorios y en los puestos directivos
- Identificando
a las mujeres capacitadas para desempeñar puestos de dirección
y ayudándolas a alcanzar notoriedad y experiencia dentro de
la cooperativa; por ejemplo, formándolas y asignándoles asesores
de entre el personal directivo ("mentores")
- Empleando
las organizaciones y redes nacionales para reunir datos desglosados
por géneros e identificando los tipos de proyectos centrados
en las necesidades de las mujeres, en ayudarlas a incrementar
su capacidad de obtener ingresos y en aliviar su carga de trabajo.
Por ejemplo, pueden estudiar cuánto tiempo dedican los hombres
y las mujeres a sus diversas tareas o actividades, y cómo encajar
esto con potenciales actividades cooperativas sostenibles y
económicamente viables.