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Fecha de actualización:
17/07/2008

 

 

 

 

El conflicto armado y la promoción en el empleo

"Hombres y mujeres experimentan y responden al conflicto de diferentes maneras.
Es esencial, por lo tanto, considerar tales respuestas
al diseñar y poner en marcha un programa"

--- Eugenia Date-Bah

Hay muchos aspectos a considerar en el impacto del conflicto armado sobre las cuestiones de género. El tipo de conflicto, los cambios demográficos, el trastorno de la economía y el mercado del trabajo, así como el propio proceso de paz, tienen profundas implicaciones para las mujeres y para la estructura de los roles atribuidos a los géneros, tanto durante el conflicto como después de él.

La penuria económica, la inseguridad física y el desigual acceso de las mujeres a los recursos pueden acentuar su vulnerabilidad durante el conflicto, debido sobre todo al aumento del número de mujeres que se convierten cabezas de sus respectivas familias. Al mismo tiempo, se advierte que las mujeres abandonan los roles que se les atribuyen socialmente para responder a la crisis. Este cambio en los papeles puede facilitar a las mujeres la entrada en sectores previamente dominados por los hombres y contribuir a la ruptura de los estereotipos que las impiden avanzar en los campos económico, político y social. Es, por lo tanto, una oportunidad que puede ser capitalizada mediante una promoción del empleo sensible a las cuestiones de género y mediante programas de formación.

La planificación es capital para conseguir que las implicaciones de género de los conflictos queden íntegramente reflejadas en los programas. El empleo de los análisis de género, de estadísticas diferenciadas (esto es, desglosadas por sexos) y una participación basada en la comunidad pueden ayudar a resaltar el diferente impacto del conflicto sobre las mujeres y sobre los hombres. Sirven también para detectar pasados desequilibrios y disparidades que deberían corregirse. Para poder emplear estas herramientas sacando el máximo partido de ellas, habría que formar a los propios planificadores en los análisis y cuestiones de género, en especial en las relativas a un medio afectado por el conflicto bélico.

Lo rogramas de reintegración, reconstrucción y construcción de la paz deberían estar guiados por el propósito de contribuir a una sociedad más justa y equitativa en la que los grupos anteriormente marginados, y particularmente las mujeres, se conviertan en protagonistas del nuevo desarrollo del país. Sin embargo, las urgentes demandas de los conflictos plantean muchos retos para logro de la estabilidad y la prosperidad. En el propio nivel familiar, hombres y mujeres encuentran dificultades para ajustarse y reajustarse al cambio de papeles que se produce con frecuencia durante una guerra. Pero también cabe sacar partido de las oportunidades, tales como el aprendizaje de nuevas habilidades, el cese de la violencia y las nuevas posibilidades ofrecidas por el mercado.

El desafío consiste en aprovechar al máximo las oportunidades y superar las cortapisas. Es importantísimo adoptar un enfoque incluyente y basado en la comunidad para reducir la competencia entre los diferentes grupos y en el seno de ellos. El recurso a categorías de población afectada por la guerra artificialmente creadas enmascara el impacto diferencial de los conflictos sobre las experiencias de los individuos y puede crear conflictos entre comunidades en lugar de minimizarlos. Esto es también válido para los proyectos de las mujeres que excluyen a los hombres. La segregación de hombres y mujeres refuerza a menudo los supuestos de vulnerabilidad y de represalias contra las mujeres, y crea conflictos y competición entre los géneros.

También hace falta combatir los supuestos de género en los programas de desmovilización, que se dirigen primariamente a los hombres hasta el punto de excluir a las mujeres excombatientes y a los familiares de los soldados desmovilizados. Puesto que los esfuerzos se centran en canalizar la agresividad masculina hacia actividades productivas, a menudo no se presta atención a las necesidades y los problemas de las mujeres veteranas de guerra. Más aún: rara vez se contemplan las implicaciones de la desmovilización para la familia.
Está claro que los conflictos armados aumentan las vulnerabilidades en familias, comunidades e individuos, pero no lo están tanto las capacidades de las personas y de las comunidades. Habría que identificarlas y los programas deberían de tratar de fortalecerlas para mejorar la situación actual y reducir el riesgo de futuras crisis. Reconocer, en particular, las capacidades de las mujeres podría contribuir a que la ampliación de su papel en la sociedad encontrara mayor aceptación dentro de ésta.

Aumentar la sensibilidad de los sistemas de información y del personal del mercado del trabajo con respecto las cuestiones de género contribuirá a asegurar una representación más adecuada de las mujeres. Los ministerios de trabajo pueden sacar provecho de una formación en la sensibilidad hacia los géneros, así como de la creación de puntos focales de atención a las cuestiones de género en las oficinas responsables de las políticas económicas y laborales, así como de una mayor participación de mujeres profesionales en el desarrollo de tales políticas. Los grupos de la sociedad civil, entre los que hay que incluir a los sindicatos y a las organizaciones de mujeres, tienen un importante papel que jugar abogando por aquellas políticas y prácticas que promuevan la igualdad de los géneros. Aquí también habría que tomar en consideración los estatutos y las leyes que han dificultado el acceso de las mujeres a medios de vida más productivos, como son los derechos de propiedad y la posibilidad de obtener créditos.

La rehabilitación de la infraestructura física es esencial para que las mujeres puedan desarrollar sus capacidades productivas y reproductivas; requiere, por consiguiente, la implicación de las mujeres en todos los niveles, así como sensibilidad hacia las dificultades que les plantean sus roles, tales como sus obligaciones en el cuidado de sus hijos, los agobios de tiempo, las preocupaciones por la salud, etc. Las destrezas adquiridas a través de estos programas pueden servir también para lograr las metas a largo plazo la meta de favorecer el ingreso de las mujeres en profesiones no tradicionales y más lucrativas.

La formación profesional puede ofrecer a las mujeres la oportunidad de aumentar sus perspectivas de empleo y de obtener mayores ingresos. Existen, sin embargo, ciertos factores que dificultan la participación de las mujeres en estos programas y, en consecuencia, el disfrute de sus beneficios. Las habilidades para la vida diaria pueden ser un componente de importante valor añadido en los cursos de formación profesional. También son asequibles mediante estos programas una alfabetización y aritmética básicas, información sobre el cuidado de la salud, etc. Es importante que esa información sobre la salud, el cuidado de los hijos y otros temas afines sea facilitada también a los hombres asistentes, porque los papeles atribuidos a los géneros no cambiarán a menos que se haga el esfuerzo de extender a los hombres el conocimiento de las "responsabilidades femeninas".

La microempresa y el microcrédito ofrecen también a las mujeres la oportunidad de obtener unos ingresos. Existe una evidente necesidad de investir en formación, asesoramiento e información empresariales, así como de instituciones microfinancieras flexibles e imaginativas capaces de ofrecer una financiación, que constituirá la base de empresas más rentables y de una mayor capacitación económica de las mujeres.

A medida que los conflictos multiplican el número de personas vulnerables, se acentúa la necesidad de los sistemas de seguridad y protección social. Para las mujeres, la ampliación de las coberturas de la seguridad social y de las prestaciones básicas para vivir pueden evitarles el recurso a estrategias peligrosas, tales como el comercio sexual, que incrementan su vulnerabilidad a largo plazo.
Con su mandato histórico de construir la paz a través del empleo, y en la igualdad entre hombres y mujeres, la OIT está bien situada para poner de manifiesto el vínculo existente entre ambas cosas, abogando por promover el reconocimiento y la participación de las mujeres en la reintegración, reconstrucción y consolidación de la paz. En sus servicios de asesoramiento, de control de la aplicación de las normas internacionales del trabajo y en la provisión de asistencia técnica en capítulos como la promoción del empleo y la formación profesional, la OIT puede desempeñar un importante papel para que sean reconocidos, considerados y abordados los efectos del conflicto bélico en la problemática de los géneros, con vistas a crear una sociedad más equitativa y justa.

 

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